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Vení y sacate la timidez con este Post!

Info•6/6/2018
LA ORATORIA EN GENERAL

El Don de la palabra hablada.
La palabra es el atributo que distingue al hombre de los demás seres que pueblan la tierra, y justo será que se esfuerce en llevar al más alto grado de perfección posible el don que se le ha concedido
por esta singular prerrogativa. Es el lazo invisible del amor y de la benevolencia, es el eco fiel que repite a los demás lo que pasa dentro de nosotros, es el nuncio de nuestra felicidad o de nuestros dolores, es para decirlo de una vez, la vida; porque la vida circula con ella, y por eso no se le encuentra entre los mudos y obscuros sepulcros.
Porque la palabra en su origen viene de Dios, su desarrollo, su espontaneidad y la improvisación en que se ostentan se deben exclusivamente al hombre.


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1.- ¿Qué es Oratoria?
La oratoria es una forma particular del fenómeno social de la comunicación, es la ciencia de la persuasión oral, dicho de otra manera es el arte de comunicar y persuadir a los demás por medio
de la palabra.
La oratoria no es sólo el arte del bien decir, sino también el arte de la demostración en donde el orador domina las voluntades y abre luz al criterio valiéndose de la ciencia, de la poesía, de la dialéctica y del inmenso poder de la elocuencia.
2.- ¿Qué es Elocuencia?
Etimológicamente la palabra Elocuencia deriva del verbo latín: elocuor, que significa hablar claro y distintamente, como decía


oratoria

Quintiliano: “Manifestar nuestros pensamientos con claridad por medio del
lenguaje.” Según Cabanella, es la “facultad de expresarse de modo persuasivo y de manera que deleite a quien oye.”

En efecto la palabra, ese lazo de amor, esa melodía del alma, es para el hombre, como ha dicho muy bien un célebre escritor, un manantial inagotable, una fuente perenne de inspiración, de entusiasmo y de gloria. Sin embargo, tal es el destino y poder de la elocuencia; elocuencia, que es la poesía de la palabra; que es un arma destinada sólo para conquistar; que es un Numen que habla por la boca de un mortal inspirado para poner silencio a las malas pasiones y consagrarse sólo a la defensa de la verdad, de la razón, de la humanidad, de las leyes y de la religión.


timidez

La elocuencia tiene dos características diferentes o más bien opuestas; como son: la calma y la impetuosidad; y bien desde este punto de vista podemos compararla con el mar. El mar en su
hora inefable de serenidad y de calma suspira dulcemente como un niño; parece dormido sobre el lecho de sus arenas; su superficie refleja como un espejo los astros del infinito. Más en sus horas de
turbulencias, se revuelven las aguas, se amontonan las olas, escupen sus espumas a las nubes como si quisiera con ellas apagar los rayos que lanzan, y en aquellos momentos la vista de este espectáculo
imponente, inspira al mortal que lo contempla profundos y variados sentimientos de terror; de espanto y de sorpresa indefinible. Así la elocuencia es dulce, tranquila y armoniosa cuando representa
objetos agradables; es el arpa melodiosa que halaga nuestros oídos para dominar dulcemente nuestro corazón. Pero llega el momento solemne en que el orador se agita en las tempestades del
pensamiento; es un torrente desbordado; es un atleta formidable e invencible, es un hombre o mejor un semidiós, que por medio de grandes imágenes produce en nosotros grandes emociones, que se
hace dueño de nuestra sensibilidad, de nuestra cabeza, de nuestro corazón y que se apodera de nuestro ser por asalto y sin dejar lugar alguno a la duda ni a la resistencia.


La Fuerza Mágica de la Elocuencia:

¡Pero que ventaja y qué superioridad da al hombre la elocuencia! ¡Qué corona le ciñe! ¡Qué triunfos le proporciona! ¡Que brillante reputación le forma! El orador con placer indefinible,
en su boca las ideas toman otra vida, otras formas, otra fisonomía y otra expresión; ve que la palabra rebelde para tantos otros le obedece sumisa presentándose cuando él le llama y de la manera
que él le ordena; ve que del mismo instrumento de que los demás no pueden sacar sino sonidos confusos, él hace salir ecos misteriosos e inmortales que se derraman por el espacio, acogidos por el entusiasmo y aplauso universal, para subir a los cielos. Es el huracán que todo lo conmueve y todo lo agita; es la tempestad desencadenada que se anuncia y revuelve en general estremeciente; es el brazo poderoso e invencible que derriba y postra cuanto se le opone o le resiste.
Millares de hombres obedecen aquellos acentos que cruzan por el espacio como un meteoro inflamado y que penetran en el corazón como dardos que no es posible ni huir ni arrancar; y al mandato de aquella palabra omnipotente, el pueblo se postra, se levanta, se irrita, se calma, grita, enmudece, provoca o perdona, según le señala la voz que sigue ansioso y embriagado, en todos sus rumbos y trasformaciones


miedo

Requisitos para una adecuada Oratoria

Para que nuestra oratoria sea más eficaz y que los interlocutores logren captarla adecuadamente es necesario tomar en cuenta los siguientes requisitos:

Claridad: En términos generales significa pensamiento diáfano, conceptos bien definidos, exposición coherente, es decir, una sintaxis correcta y un vocabulario al alcance de la mayoría. En
otras palabras, un estilo es claro cuando el pensamiento del que emite el mensaje penetra sin esfuerzo en la mente del receptor.

Concisión: Significa que se deben de emplear únicamente palabras significativas, indispensables para expresar lo que se quiere decir. La concisión es enemiga de la verborrea, la redundancia y
el titubeo, elementos que obstruyen la comunicación; el mensaje no llega adecuadamente y en muchos casos ni siquiera llega.

Coherencia: Las relaciones entre las ideas expuestas deben de ser lógicas y las contradicciones evitadas. Cuando el emisor, orador o conferenciante esté expresando puntos de vista personales
y puntos de vista de otra persona, debe de prevenir a quienes lo escuchan, porque de lo contrario provocara incomprensión y distorsión en lo que esta diciendo. Además, emplear un vocabulario
que se adapte al nivel de los oyentes, es requisito importante para la claridad de la exposición.


Sencillez: Es una cualidad necesaria para la expresión oral y la oratoria. La sencillez es para Martín Vivaldi “huir de lo enrevesado, de lo artificioso, de lo complicado, de lo barroco”. Ser
sencillo no es tan fácil, porque cuando nos situamos ante un público que está pendiente de nuestras palabras, hay un sentimiento natural que nos lleva a tratar de hablar mejor.


Naturalidad: El orador se sirve de su propio vocabulario, de su habitual modo expresivo. La naturalidad no está reñida con la elegancia. El orador debe conjugar lo natural con lo preciso,
procurando aunar la sencillez y la exactitud. Ser uno mismo, sin artificios, no disfrazar la voz, ni emplear palabras ni frases rebuscadas


Preparación inmediata:

discursos

Cuando se ha decidido una capacitación más específica e inmediata en el arte de la comunicación con grandes grupos, es menester procurarse por: LOS OJOS; LOS OIDOS; LA
ACCION.


Cuidado Personal: Demuestra consideración hacia el público, a quien no debemos ofender con un aspecto descuidado o sucio. La persona limpia, aseada, bien presentable, atrae simpatías.

Obstáculos psicológicos a la comunicación:

El sentimiento de miedo o de timidez que paralizan u obstaculizan la comunicación de un individuo con los grandes grupos, no deben de desalentar a nadie. La historia enseña que de los tímidos han surgido los más grandes oradores.

El gran enemigo del orador es el temor o el miedo, esto paraliza la lengua, seca la garganta, produce transpiración, engendra movimientos torpes del cuerpo, los brazos y las piernas, traba la
articulación y la voz y lo que es peor, obnubila o turba la mente. En otras palabras es un fenómeno psíquico paralizante.

No se conoce ningún remedio contra el temor al auditorio, aun cuando se hayan pronunciado miles de conferencias, ante los auditorios más diversos, se suele sentir miedo, que llegan en alguno
de los casos hasta el malestar físico. No obstante hay algunos paliativos que permiten superar este fenómeno. Lo primero que puede ayudar a quitar el susto, es saber cabalmente el tema que uno va a tratar. Por ello hay que hablar de un tema que pertenezca al propio ámbito de conocimiento y experiencia.


Hay que romper el círculo vicioso de la tensión muscular, mediante el relajamiento
corporal. Realice algo que alivie la tensión.
Desconfíe de los estimulantes: el vaso de vino, o el trago de ron que alguien le recomienda para
sacudir sus nervios, le pueden dejar más oprimido que antes, a menos que beba demasiado y luego no sepa que decir.
Por último, nada mejor que proceder con confianza en si mismo. La desconfianza en si mismo no ayuda en nada a la oratoria. Paran presentarse ante un auditorio con confianza, valor y seguridad, - te
repetimos una vez más- hay que saber el tema, de modo que las ideas puedan surgir libremente. Puede sucederles que se queden “en blanco” o que se rompan la pierna al subir la tarima en tal caso, si
esto sucede, digan la verdad al público “señoras y señores lo siento pero con la emoción o por los nervios me he quedado en blanco, les ruego que me disculpen. Gracias”


La Expresión Corporal

Nos comunicamos con nuestros oyentes por medio de las palabras y de lo que evocan sus entonaciones, ritmos, pero además con ese elocuente lenguaje mudo que es la expresión corporal. El
cuerpo con sus movimientos o con la ausencia de ellos, interviene decisivamente en la comunicación oral, de tal manera que no es fácil concebir una comunicación a través de la palabra hablada en la que
no entre en juego todo el ser del que la pronuncia.


En la vida diaria, una persona puede, sin hablarnos, comunicarnos una impresión de simpatía, hostilidad, desdén o de indiferencia, con solo el movimiento de sus hombros, de sus manos,
de sus cejas o la expresión visual, por eso cuando hablemos no debemos de permanecer inmóviles, no con el rostro impenetrable, pues es dar lugar a la monotonía y la impresión que estamos lejos
del público.


Gestos: La función del cuerpo es la expresión, el gesto se entiende como un complemento de la palabra y sólo en raros casos un subtitulo de ella. Es mejor que la palabra se diga con naturalidad, y espontaneidad del gesto.

Cualidades generales del orador:

Las cualidades oratorias se estudian como ideal a alcanzar, pero sin significar que para ser orador, se haya de poseer todas en igual grado, que es lo excepcional. Ha habido célebres oradores,
que carecían de algunas de las cualidades indicadas y a pesar de ello alcanzaron fama, por poseer otras de modo relevante. Estas cualidades varían según los tratadistas.


Integridad
El romano Quintiliano insistía en que un buen orador debe ser ante todo, un hombre bueno, luego aclara que los oyentes no separan aquello que se dice de la persona que lo dice y la impresión causada por el orador influye en ellos tanto como la exhortación que éste puede dirigirles

Sinceridad: La virtud propia del orador consiste en el acuerdo perfecto entre el pensamiento y la palabra y dentro de lo posible, entre la palabra y los actos. No diga nunca nada que no crea; no adelante nada de lo que no esté seguro; no afecte una actitud exterior que no esté de acuerdo con lo interior. Que la elocuencia tome fuerza de la energía de tu convicción. Aunque hable con
torpeza, un orador sincero despierta la emoción de aquellos que lo escuchan, ya que la sinceridad profunda es casi tangible.


Conocimiento: El conocimiento profundo del tema, es decir, el dominio del tema, confiere a la palabra una fuerza expresiva que a veces se vuelve contagiosa, que procura una buena conciencia al
que habla y ayuda a aumentar el aplomo.


Seguridad en si mismo: Esta seguridad debe de ser tanto intelectual como psicológica, ya que guardan una estrecha relación entre sí. Mientras esta confianza no se logra, existe el temor de
hablar, temor que se agudiza sobre todo en los instantes mismos de comenzar a hablar. La confianza en si mismo es la principal acción de sostén para hablar en público.


Voluntad firme y decidida: Para dominar la oratoria como cualquier otra disciplina, hay que aplicar sin desmayo la voluntad con toda su intensidad; voluntad y perseverancia durante el periodo
de estudio y preparación. Aunque parezca que el estudio es lento, que no progresamos, no hay que darse por vencidos; el estudio de la oratoria no es cosa de un instante sino de toda la vida.


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Destrezas: El orador experto se caracteriza por la facilidad de palabras, equilibrio y control de la voz y la coordinación de los movimientos corporales. Dicho de otra manera consiste en la
habilidad para encontrar palabras apropiadas, organizarlas en frases correctas y disponerlas, enlazándolas unas con otras, en un cierto modo o estilo personal, con el fin de comunicar ideas y sentimientos.
Estas cualidades junto con la integridad, conocimiento y confianza en si mismo, realza la eficacia del orador y le permite comunicar sus ideas en forma clara y atractiva. Esta facilidad de expresión se
adquiere leyendo y haciendo ejercicios, como si se pronunciara un discurso, aun estando solo


Claridad de ideas : Las ideas deben de ser fácilmente entendible por los oyentes. Por lo tanto se deben de articular las ideas de una manera lógica y coherente. Los que hablan de manera
oscura, incomprensible y esotérica es simplemente porque no tienen ideas claras.


Memoria:
oratoria

Una excelente memoria ayuda a la oratoria, pues asegura en cualquier momento un manantial de ideas , a las que se puede recurrir en un discurso. Cicerón llama a la memoria “tesoro de todas las cosas,” pues la consideraba como una de las facultades que más favorece al orador puesto que la buena memoria permite evocar en cualquier instante todos los pormenores del asunto.

La memoria lenta y perezosa, que exige grandes esfuerzos de concentración y que busca con frecuencia el auxilio de los apuntes, distrae y enfría la atención y la emoción del auditorio.

Sensibilidad: Un orador razonador y frío que pronuncia un discurso puramente intelectual es seco y deshumanizado y deja indiferentes a los oyentes. La sensibilidad es la capacidad de conmover ante el espectáculo de la vida y de los hombres, de experimentar emociones y pasiones en relación con las cosas, de comunicarnos mediante el corazón. Todo orador ha de saber que los hombres se relacionan más por el corazón que por el cerebro. Un discurso sin emoción no conmueve

Mantené el contacto visual. Analiza y utiliza la mirada que te llevará a dominar con más efectividad el arte de la comunicación.

No te confíes de los estimulantes como pastillas o licores, café o cigarrillos. Esto más bien puede ser contraproducente y disminuirá tu prestigio. Mejor toma el reto siendo del todo natural.

Los perfumes u esencias demasiadas penetrantes son empalagosas y de muy mal gusto.

La idea del post no es convertirte en un orador pero siguiendo estos pasos puede ayudar a quitar la timidez

timidez
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