Un estudio ha revelado que las hembras del escarabajo Callosobruchus maculatus se aparean para saciar su sed. Los machos de algunas especies de insectos, entre los que se incluyen algunos tipos de escarabajos, polillas y grillos, producen eyaculaciones anormalmente abundantes que en algunos casos pueden suponer alrededor del 10% de su peso corporal (las comparaciones en este caso son más que odiosas). Una hembra deshidratada puede aceptar la cópula simplemente para obtener el agua del fluido seminal
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El escarabajo brúquido C. maculatus constituye una plaga en las regiones más templadas. En el experimento, algunas hembras se les proporcionó acceso ilimitado al agua, mientras que a otras se les privó de ella. Todas eran libres de aparearse con los machos, pero las hembras con pocos recursos hídricos lo hicieron un 40% más que aquéllas con acceso al agua.
Las hembras de estos escarabajos pueden absorber el agua del fluido seminal de los machos a través de su aparato reproductor, por lo que necesitan aparearse menos si toman más agua en cada cópula. Para el macho esto supone una ventaja ya que cuánto más tiempo pasa una hembra sin aparearse con otro macho, más posibilidades tiene de haberla fertilizado. Así, transfiriendo una gran cantidad de agua al esperma, un macho puede asegurarse de que el suyo tiene más tiempo para fertilizar los huevos sin tener que competir con el esperma de otros futuros apareamientos.
Se cree que los regalos nupciales en insectos, ya sean en forma de comida u ofrendas menos útiles como hojas secas o bolas de seda, se utilizan para seducir a las hembras o alimentar a la progenie resultante. Este estudio ha revelado que también se pueden emplear de un modo más sutil en forma de «soborno» y así impedir que las hembras se apareen con otros machos.
Sopesar los costes y beneficios del apareamiento es muy importante para las hembras de estos escarabajos. Los machos tienen espinas en su aparato genital que perforan el conducto reproductor de las hembras durante el apareamiento. Debido a los daños que esto puede causar, las hembras deben considerar cuidadosamente los pros y los contras de aparearse y limitar el número de veces que copulan en función de sus necesidades de agua y esperma.
Puesto que siempre hay costes y beneficios asociados al apareamiento, es probable que sean importantes valoraciones similares en otras especies donde los machos proporcionan a sus parejas recursos materiales. La clave del asunto es que el regalo resulta menos beneficioso para las hembras si ya disponen de él, ya sea, por ejemplo, en forma de comida o agua.
Una cuestión espinosa
El macho de C. maculatus tiene un pene espinoso que durante el apareamiento pueden causar graves heridas en el aparato reproductor de las hembras. La evolución de este «instrumento de tortura» no parece estar relacionada con causar un daño premeditado a las hembras, sino más bien se trata de un dispositivo de anclaje que evita que los machos libres separen a los que se están apareando; un momento en el que es mucho más importante impedir la interrupción de la cópula que el daño que se le pueda causar a la hembra. Por otra parte, éstas han desarrollado sistemas de protección para minimizar los daños.
La cuestión resulta paradójica ya que si los machos hieren a las hembras durante el apareamiento, éstas tendrán menores probabilidades de dejar descendencia; de ahí que las hembras con mejores protecciones son las que tienen mayores posibilidades de sobrevivir a la cópula. Además, esta adaptación que presentan los machos incluso les resulta beneficiosa ya que favorece que los machos de su descendencia se apareen con éxito y transmitan sus genes. Por otra parte, también supone un riesgo ya que cualquier desequilibrio en este sistema podría resultar fatal.