A lo largo de la historia, la ciencia y la religión han ido atacándose de manera continua tratando de desmontarse la una a la otra. Pero todo esto parece haber llegado a un punto en el que ambas podrían comenzar a ir de la mano. Y nada mejor para comenzar este
camino por la ciencia religiosa que el propio génesis del universo, a partir de los nuevos descubrimientos que se han realizado en el campo de la física y la astronomía sobre la teoría del Big Bang.
1. Origen del universo
Aunque en un principio se creía que el universo siempre habría estado tal y como lo conocemos, gracias a la aportación del científico astrónomo Fred Hoyle y a su teoría del estado estacionario. La precursora del concepto del Big Bang defendía que en un principio
existió un universo comprimido infinitamente en un único punto conocido como huevo cósmico. Luego, tras una enorme explosión, comenzó a generarse toda la materia del espacio. La clave de esto radica en la idea de que la creación no se detuvo ahí.
2. La comunión con la Biblia
En el libro de la Biblia del Génesis se dice que fue Dios, un ser superior, quien creó todo el universo en tan solo 7 días. Este hecho se podría comparar con la explosión creativa del Big Bang. Diferentes científicos aseguraron que este suceso no fue caótico y desordenado, sino
que se fundamentó en un principios regidores que dieron lugar a los diferentes sistemas estelares que hay en cada una de las galaxias. Esto hace pensar que no pudieron ser solo producto de la aleatoriedad que se colocaran en su sitio.
3. Espacio vacío
Otro de los postulados de la teoría del nacimiento del universo es la creencia de que este está constantemente expandiéndose. Esto dejaría las estrellas cada vez más distanciadas entre sí, dando lugar a una organización casi literalmente vacía. Por ello comenzaron a
asegurar que se sigue generando materia a una velocidad muy inferior a la que sucedió durante la “explosión” o más bien “expansión” del Big Bang. Como cabría esperar, hay que concebir una idea de “algo” que es el encargado de “crear” todo lo nuevo. Algunos de los científicos más prestigiosos han sabido aunar sus creencias laborales con las religiosas sin que les genere problema alguno.
4. Las “palabras de Dios”
Uno de estos valorados científicos es Francis S. Collins, quien fuera durante nueve años el director del proyecto Genoma Humano. A pesar de que durante su juventud se declaró ateo, tras trabajar con este proyecto para tratar de “traducir” nuestra genética descubrió en
Genoma Humano. A pesar de que durante su juventud se declaró ateo, tras trabajar con este proyecto para tratar de “traducir” nuestra genética descubrió en
ella una belleza impropia de un agente caótico. Llegó a la conclusión de que en realidad eran las propias instrucciones de un ente superior, Dios, para poder crearnos a su imagen y semejanza.
5. Origen de la humanidad
Hoy en día prácticamente toda la comunidad científica está de acuerdo en que el origen de las especies en general y del ser humano en particular es fruto de una evolución adaptativa. Pero a pesar de que esto choque con la información recogida en la Biblia, no lo
es tanto con la idea de que todo tiene un origen común y, por lo tanto, un generador primigenio que tuvo que sentar las bases de la genética. Es, por lo tanto, un pequeño punto intermedio que podría significar la propia idea del Génesis.
6. El rastro del Big Bang
Para poder demostrar la teoría del Big Bang, que aún hoy en día no ha podido ser trasladada a la realidad por no encontrar vestigios de dicho momento, era necesario dar con unas pequeñas pistas. En concreto hablamos de los restos que quedaron, a modo de
radiación, de la primera expansión y que fueron detectados por el físico astrónomo John M. Kovac mediante el telescopio internacional Bicep2. De ser cierto podríamos estar ante la primera pista que nos lleve al centro de la creación y, por lo tanto, al concepto científico de Dios.
7. Conclusión
El origen del universo, tanto desde la visión religiosa como de la científica, siguen estando bajo un halo de misterio y desconocimiento. Pero queda claro que ambos caminos parecen estar destinados a converger en un punto común.