El mundo se preocupa poco por la verdad y tiene poca capacidad de reacción ante la mentira, como el caso Roe vs Wade, que introdujo el aborto en EU y el mundo.
Vivimos en un mundo que se preocupa escasamente por la verdad y tiene poca capacidad de reacción frente a la mentira. Nos gusta vivir de mentiras amables, en vez de afrontar las duras, difíciles y dolorosas consecuencias que pudiese tener la verdad. La mentira nos sirve de excusa para satisfacer nuestros caprichos, y una mentira bien urdida tiene apariencia de verdad.
Quizá el más doloroso, por sus funestas consecuencias, sea la mentira que está en la raíz del caso Roe vs Wade, cuya sentencia abrió la puerta al aborto en Estados Unidos, y de allí, cual moda maldita, se extendió a casi todo el mundo. “Roe” (Norma L. McCorvey) dijo que fue violada y obligada a dar a luz. Ganó el caso y ello ocasionó que, por vía judicial, se permitiera el aborto en Estados Unidos. Pero en realidad Roe no fue violada, de hecho fue utilizada, como ella misma reconoció tardíamente por el lobby abortista. Cuando rectificó su error, y pasó a engrosar la causa provida, nadie mostró interés en escuchar su historia, o si lo hacían, ninguno pensó que podía declararse inválida una sentencia emitida sobre la base de un engaño.
años después,una arrepentida Norma McCorvey reconoció que parte de su declaración no era verdad y denunció haber sido utilizada como un peón por quienes buscaban un caso para legalizar el aborto. En junio de 2003 presentó una demanda en el estado de Dallas para que se revisara el fallo asegurando que, además de haber sido todo una farsa, existían “testimonios que comprueban que el aborto daña a las mujeres”, pero la demanda fue denegada.
En el año 2007, explicó en una entrevista concedida al semanario Alba que todavía seguía “sufriendo la manipulación de las feministas que la usaron en 1973” y que si las mujeres conocieran la verdadera cara del aborto, “jamás considerarían someterse a él”.
En diversas entrevistas y declaraciones públicas a lo largo de estos años, McCorvey ha admitido que nunca tuvo un aborto y que el embarazo no había sido producto de una violación, sino que el padre de su hijo -que fue dado en adopción-, era alguien a quien conocía y quería.
En los últimos años, McCorvey se convirtió en miembro del movimiento pro-vida estadounidense y luchó por defender el derecho a la vida de los no nacidos.
Cuando se cumplió el cuarenta aniversario de Roe v. Wade, McCorvey explicó en un vídeo:
otra
Vivimos en un mundo que se preocupa escasamente por la verdad y tiene poca capacidad de reacción frente a la mentira. Nos gusta vivir de mentiras amables, en vez de afrontar las duras, difíciles y dolorosas consecuencias que pudiese tener la verdad. La mentira nos sirve de excusa para satisfacer nuestros caprichos, y una mentira bien urdida tiene apariencia de verdad.
Quizá el más doloroso, por sus funestas consecuencias, sea la mentira que está en la raíz del caso Roe vs Wade, cuya sentencia abrió la puerta al aborto en Estados Unidos, y de allí, cual moda maldita, se extendió a casi todo el mundo. “Roe” (Norma L. McCorvey) dijo que fue violada y obligada a dar a luz. Ganó el caso y ello ocasionó que, por vía judicial, se permitiera el aborto en Estados Unidos. Pero en realidad Roe no fue violada, de hecho fue utilizada, como ella misma reconoció tardíamente por el lobby abortista. Cuando rectificó su error, y pasó a engrosar la causa provida, nadie mostró interés en escuchar su historia, o si lo hacían, ninguno pensó que podía declararse inválida una sentencia emitida sobre la base de un engaño.
años después,una arrepentida Norma McCorvey reconoció que parte de su declaración no era verdad y denunció haber sido utilizada como un peón por quienes buscaban un caso para legalizar el aborto. En junio de 2003 presentó una demanda en el estado de Dallas para que se revisara el fallo asegurando que, además de haber sido todo una farsa, existían “testimonios que comprueban que el aborto daña a las mujeres”, pero la demanda fue denegada.
En el año 2007, explicó en una entrevista concedida al semanario Alba que todavía seguía “sufriendo la manipulación de las feministas que la usaron en 1973” y que si las mujeres conocieran la verdadera cara del aborto, “jamás considerarían someterse a él”.
En diversas entrevistas y declaraciones públicas a lo largo de estos años, McCorvey ha admitido que nunca tuvo un aborto y que el embarazo no había sido producto de una violación, sino que el padre de su hijo -que fue dado en adopción-, era alguien a quien conocía y quería.
En los últimos años, McCorvey se convirtió en miembro del movimiento pro-vida estadounidense y luchó por defender el derecho a la vida de los no nacidos.
Cuando se cumplió el cuarenta aniversario de Roe v. Wade, McCorvey explicó en un vídeo:
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