Desde diciembre de 2015 esta administración estableció una opinable estrategia económica que por un cambio negativo del medio ambiente internacional condicionante y la fragilidad de la macroeconomía que nunca fue debidamente explicitada, generó una crisis básicamente de confianza.
Las empresas multinacionales, los operadores más importantes y hasta la población menos informada llevó al extremo la dolarización de sus carteras y los inversores especulativos retiraron sus inversiones con toma de ganancias y salida a lugares más seguros cuando la rentabilidad de sus inversiones en argentina se redujo.
El tipo de cambio aumentó en pocos días 40% y la autoridad monetaria debió enfocarse por completo en detener la demanda contenida por divisas que es habitual en un país bimonetario. Se tomaron medidas de emergencia y se logró contener la depreciación del peso en algo más de $ 27.6 por dólar que ya se mantiene por más de dos semanas.
Las medidas de emergencia fueron subir la tasa de interés a niveles exóticos para atraer los dólares a pesos rentables y desalentar a los inversores locales para mantener sus carteras dolarizadas.
Aumentaron los encajes bancarios en casi 10% para disminuir los pesos en circulación, y también colocaron bonos del Tesoro dolarizados para evitar la demanda de dólares billete.
También se ofrecieron Letras del Tesoro en dólares que se podían comprar con las Letras en pesos del BCRA (LEBACS) – sin mucho éxito en este último intento – y se decidió vender dólares de las reservas para contener el tipo de cambio en cantidades moderadas.
Hasta el momento se vendieron US$ 2.000 millones.
Lo que esta administración intenta es superar la emergencia con una política monetaria en extremo restrictiva, quitando pesos del mercado y colocando bonos para financiar al tesoro. Por el momento han logrado que las tensiones bajen y que el tipo de cambio se mantenga. Pero se han utilizado todos los recursos más o menos ortodoxos disponibles.
El costo es una caída del nivel de actividad con duración no determinable.
Desde la administración muestran un cauto optimismo: una recesión corta, y una reactivación liderada por la inversión y el campo a fines de 2018 con un crecimiento anual del PBI de 0,4% este año, algo que es improbable.
Los operadores e inversores internacionales muestran cierta apatía y desinterés por invertir en bonos argentinos y mucho menos en instalar inversiones a riesgo, hasta percibir con claridad la realidad que muestren los números, porque no se conoce a fondo el impacto pleno de la corrida cambiaria y la sequía.
Un conjunto de medidas que tienden a reducir el déficit fiscal cuyo peso recae en gran medida sobre el sector privado y en particular sobre los sectores medios de la población más el ajuste del tipo de cambio para reducir el déficit de la balanza de pagos ha generado una recesión rápidamente percibida y que puede llegar a agravarse por un deterioro del inestable contexto externo o de Brasil -que tiene muy complejas elecciones este año-
Es indudable que existe una desconfianza persistente que oscurece el programa financiero y lleva al Banco Central a mantener la tasa de interés en el nivel actual. La incertidumbre por el contexto político es grande porque resulta imposible prever si la recesión culminará antes del proceso de marketing para la relección de esta administración y un – hasta hace poco tiempo improbable – regreso del populismo exagerado que es ahora una alternativa posible aunque poco probable.
La situación internacional es negativa
Subsiste y hasta se incrementa el enfrentamiento comercial entre EE.UU. y China, que tiene y tendrá repercusiones negativas para la economía local.
El 26 de agosto Qualcomm, el mayor fabricante de procesadores para teléfonos móviles del mundo, no pudo comprar la firma de chips holandesa NXP, por la que iba a pagar US$ 44.000 millones, por no haber recibido el visto bueno de los reguladores de la competencia en China. Qualcomm fue la primera de muchas futuras víctimas de las disputas comerciales entre Beijing y Washington. La consecuencia es que Apple rompió relaciones con Qualcomm y los iPhone tendrán chips Intel – mucho mas caros - lo que cambia el panorama de varias empresas gigantes y un considerable aumento del costo de los productos o una caída de rentabilidad de las empresas del sector tecnológico. Esto es solo un ejemplo de la gravedad de la disputa internacional.
En caso de persistir la disputa se acelera la salida de capitales desde argentina a lugares más seguros y desincentiva la intención de préstamos financieros al país y menos de inversiones de riesgo. Eso podría generar un nuevo colapso, al margen de que ya se han endurecido las condiciones para Argentina.
Las medidas adoptadas por esta administración
Localmente se utilizaron todos los recursos (dentro de lo ortodoxo llevado al extremo) para superar transitoriamente la emergencia cambiaria, pero ahora hay que enfrentar los efectos colaterales no deseados.
El peor de todos es que tras siete trimestres consecutivos de recuperación del nivel de actividad y un primer trimestre del año en el que la economía creció a una velocidad anualizada de 4.7%, el PBI bajó -3.0/-3.5% con respecto al trimestre anterior por las medidas macroeconómicos y el fuerte impacto de la sequía. Nunca hubo un cambio negativo semejante en las recesiones previas.
El estancamiento será – según nuestros modelos con supuestos que no incluyen nuevos Actos de Dios en el ámbito internacional - de casi un año y mucho peor que las recesiones de 2014 y 2016.
Agregando la creciente conflictividad social y política motorizada en forma poco razonable desde la oposición más radicalizada resultará difícil cumplir con las metas del Acuerdo con el FMI.
JP Morgan recalculó desde 1,5% a 0,7% el PBI de 2018, pero habla de desafíos para el 2019. Y Standard and Poor’s aún mantiene el 1% de crecimiento pero avisa que hay un “downside risk” muy alto que lo llevaría a 0,5% en el año en curso. En ambos casos el IPC se estima en 30%, y esperan ambos una tasa interés de 45% (o sea arriba del nivel actual tomando los pases).
Confirmando pronósticos en el mes de junio, la producción de vehículos presentó una caída del 13,4% y las ventas mayoristas hacia el mercado interno cayeron 31% con respecto al mismo mes del año anterior.
Los datos de actividad de junio están en línea con lo esperado . El Indice Construya (del grupo que tiene las once empresas líderes del sector de la construcción) indica una caída en términos anuales del 5,4% por primera vez desde febrero de 2017 (o sea, en quince meses) y registró la segunda caída consecutiva contra el mes anterior.
Es el principio. Habra que esperar datos negativos sobre el nivel de actividad. Porque hasta mayo podíamos encontrar buenos indicadores, como fue el desagregado de la recaudación. Pero los indicadores sectoriales ya van a mostrar el impacto”, explicaba un industrial que se lamenta más por la “pérdida de oportunidad” que está viviendo el país que por su propia realidad. Claro, porque cree que la recesión no será profunda sino que tardará dos trimestres en salir de ella. “Si se extiende esto va a ser duro”, advirtió.
Recientemente se empezaron a conocer signos de la recesión que se avecina. El indicador que sigue la actividad industrial (el EMI del Indec) exhibió una caída del 1,2% interanual en el mes de mayo.
El FMI se muestra optimista respecto del escenario económico para 2019, pero eso requiere que el país pueda financiar su déficit en los mercados de capitales. También asume que pueda existir una situación adversa internacional, de baja probabilidad, para la cual han elaborado un plan B, aún desconocido.
Esta administración deberá superar fuertes problemas en el frente externo y en el interno enfrentar una oposición política totalmente egoísta para con la población.
El frente externo más imprevisible: incertidumbre.
A nadie escapa la existencia de hostilidades comerciales entre China y los EE.UU. que se manifiestan de diversas formas. El proteccionismo ¨populista¨ del Presidente Trump aumentó aranceles a los paneles solares en enero, igualmente para aluminio y acero, e instaló un arancel de 25% a u$s36, 000 millones de importaciones Chinas a EE.UU. Por su parte China impuso un arancel adicional de 25% sobre el mismo monto de importaciones de Estados Unidos.
Todo esto ya se puede sentir dentro de los EE.UU. Quienes tiene la oportunidad de permanecer largos períodos en ese país en vida familiar, perciben claramente un creciente desplazamiento voluntario y por precios de los productos con componentes Chinos y una clara desorientación de los inversores en acciones que genera una inicial volatilidad de precios de las acciones con consecuencias indefinibles por el momento.
El enfrentamiento comercial debería detenerse ya mismo para controlar mayores daños colaterales porque las importaciones que están afectadas por los aranceles son menos del 0.45%% del PIB de EE.UU. y un 0.2% del PIB de China.
Puede generarse una situación inconveniente en caso que se materialice un arancel de 10% a una lista de u$s200, 000 millones de importaciones chinas a EE.UU o incluso al total de importaciones desde China que hoy superan los u$s500,000 millones de dólares. Obviamente, a su modo China responderá.
Pero además en EE.UU. avanzan con su opinable proteccionismo: han sugerido la posibilidad de incrementar los aranceles a vehículos y autopartes europeos por más de u$s300,000 millones algo que haría reaccionar negativamente a la Unión Europea.
EE.UU. abandonó sus socios de tantos años justamente cuando la economía mundial estaba en plena expansión. Por ahora no hay efectos visibles: el FMI estima un crecimiento mundial de 3.9% para 2018 y 3.9% para 2019. Pero los operadores muestran preocupación y toman posiciones.
Argentina ya ha visto muy aumentado el riesgo de que la liquidez financiera internacional siga negativa lo que podría aumentar la crisis de liquidez que tiene hoy el país.
El Programa Financiero de esta administración
A pesar del ambiente internacional negativo – que aún no ha generado grandes cambios pero es amenazante - el FMI es optimista y considera que Argentina puede recuperar rápidamente la confianza perdida.
Se necesitan – desde junio a diciembre de 2018 - US$ 82.000 millones, incluyendo el pago de todos los intereses, sin refinanciar nada y pagando todas las deudas. Hay financiamientos acordados por hasta US$ 47.000 millones de modo que quedaría un remanente a financiar de u$s45, 270 Millones
En 2018 se renovarán todas las Letras del Tesoro en dólares por u$s13, 000 millones por lo cual será necesario financiar solamente u$s 22.000 millones y con los recursos puestos disposición por el fondo solo quedan por obtener US$ 9.000 millones.
Esto quiere decir que se debe renovar la totalidad de las Letras del Tesoro, utilizar todo el préstamo del FMI y no reembolsar al BCRA el crédito otorgado al Tesoro - creando cierto stress monetario - y de esa forma se podría llegar a los 450 puntos de riesgo país y recuperar confianza.
Todo lo anterior nos indica que el país sigue en riesgo de ¨sudden stop¨o no poder pagar su
deuda a su vencimiento porque aun renovando el 100% de la deuda interna y utilizando todos los recursos externos hasta el final de 2019 esta administración necesita obtener U$S 19.000 millones algo que solamente se puede conseguir bajando el riesgo país a menos de 500 puntos.
El problema es de liquidez, no saber si se podrá colocar deuda interna o externa sin acudir a medidas heterodoxas que suenan algo preocupantes como colocar un bono que ajusta por inflación o por devaluación – o sea ajusta siempre en forma variable y no controlable – o un bono que tome el encaje de los bancos.
Hacia dónde vamos
La administración está enfocada en mantener contenido el tipo de cambio, al que consideran su principal problema. Utilizan todos los recursos disponibles como ajustes monetarios, regulación de la liquidez reduciendo encajes bancarios y una tasa de interés de emergencia, elevada que impacta muy negativamente en el nivel de actividad y pone en tela de juicio la posibilidad de alcanzar el exigente ajuste fiscal que se acordó con el FMI, algo que aumenta las dudas sobre las posibilidad de reelección de esta administración y sobre el futuro de la economía.
La política monetaria es muy contractiva, la política fiscal necesariamente restrictiva y la masa salarial deteriorada (por la caída del salario real y retracción del empleo), hace proyectar para 2018 una caída del PBI de -0.4/-1.0%, con un retroceso anual de 3% lo que genera un arrastre negativo para 2019 de -1.6%.
Un panorama que bien explotado por la oposición podría generar un severo problema para esta administración.
Cuando se estructuró el acuerdo con el FMI se asumió que habría un riesgo país más bajo en poco tiempo pero eso no ocurrió, está cerca de 600 puntos lo que hace muy difícil para esta administración conseguir financiamiento.
Si se analiza la realidad cuantitativamente – que es la única forma seria de hacerlo - se aprecia que bajar el riesgo país en medio de una recesión creada a sabiendas para contener el tipo de cambio aparecen las primeras muy concretas dudas sobre el futuro de esta administración, algo a todas luces preocupante porque las alternativas son populistas o cleptócratas.
En el cuadro se puede ver el porcentaje de los intereses sobre la recaudación. Esta administración regularizó la deuda en default pero el grueso del incremento de la deuda se origina en el financiamiento del déficit fiscal.
Por cada $ 100 recaudados, $ 20 se deben usar para pagar los intereses de la deuda. En el primer semestre de este año la relación es 18% contra 16% del primer semestre de 2017.
Se ha buscado analizar la relación intereses vs. Recaudación porque no es correcto hacer una relación entre el total de la deuda y el PBI porque están desfasados temporalmente: el PBI es el ingreso de un año y la deuda tiene vencimientos diversos y a lo largo de muchos años, por lo cual no son homogéneos ni comparables.
Esta administración tuvo que corregir los precios relativos incrementando las tarifas de servicios públicos y bajando el gasto primario en $ 38.461 millones, no obstante aumentaron el gasto en intereses para financiar el gradualismo en $ 34.101 millones.
Entre 2016 y 2017 el déficit fiscal aumentó $ 60.000 millones y los intereses pagados crecieron en $ 94.000 millones, llegando a una situación muy compleja de resolver porque si se toma endeudamiento interno para cubrirlo se quita el crédito al sector privado agravando el proceso recesivo que ya ha comenzado.
La recesión
Durante mayo -mes en el que se iniciaron las corridas cambiarias- la economía argentina se contrajo 2,8% interanual terminando con una tendencia de 14 meses seguidos de suba.
La actividad económica cayó 5,8% en mayo y se convirtió en el mayor retroceso desde julio de 2009.
Hubo alta incidencia de la actividad agropecuaria, que bajó 26,4%. Cabe recordar que el gobierno calcula en US$ 8.000 millones de dólares lo que dejó de ingresar al país por el retroceso que eso supuso en las exportaciones no sólo de granos sino de manufacturas de origen agropecuario.
La caída se debió al impacto en la producción agrícola argentina (sequía) y los pobres rindes de la cosecha gruesa del agro más la desaceleración general del crecimiento de los primeros meses del año.
Sobre 15 grandes ramas de actividad, el INDEC registró en mayo 6 con signo negativo, de las cuales únicamente dos acusaron disminuciones a tasas de dos dígitos, y muy altos.
Los sectores que hasta el mes pasado ayudaban a equilibrar con su crecimiento la baja del agro este mes tuvieron una brusca caída, haciendo negativo el índice general. Ese fue el caso de la construcción, que mostró un avance de 2,1%, luego de promediar un crecimiento superior al 10% para los primeros cuatro meses del año.
En resumen
Esta administración y el FMI confían en que la economía argentina atravesará una recesión corta y se recuperará hacia fines de este año. Pero los operadores, inversores y analistas que siguen al país estiman que la caída puede ser más prolongada y termine por jugar un papel negativo para esta administración en las elecciones presidenciales de 2019.
Como nunca antes desde que esta administración asumió, en EE.UU. la visión respecto de la Argentina se ha opacado. Los senior researcher de los fondos de inversión consultados ven una situación complicada y con preocupación. Los números les hablan de una recesión que puede ser prolongada y esa la opinión más frecuente obtenida.
Las principales dudas son qué profundidad tendrá la recesión y cuánto durará y de donde y como provendrá la reactivación, y si la economía jugará a favor o en contra en el escenario político cuando esta administración pelee la reelección el año próximo, Impensado meses atrás, algunos consideran posible aunque poco probable un retorno del kirchnerismo. . En general las opiniones pueden resumirse en si la sustentabilidad del programa con el Fondo va a generar crecimiento.
La única coincidencia es que volver a crecer es muy posible, pero ningún analista puede decir hoy cuándo y si no será demasiado tarde para esta administración.