Se acerca fin de octubre y todos los noticieros, canales de Youtube, boliches, incluso comercios, mencionan Halloween. Una festividad extranjera, que poco tiene que ver con las golosinas y disfraces y no hay ni un solo vestigio de sus orígenes.
Los antiguos pueblos celtas, llegado el final de Octubre, solían celebrar una gran fiesta para conmemorar “el final de la cosecha”, bautizada con la palabra gaélica de Samhain. Significa, etimológicamente, ‘el final del verano’.
La ceremonia se realizaba en las ciudades más importantes, duraban días y se creía que los muertos atravesaban un portal hacia nuestro mundo.
Esta fiesta representaba el momento del año en el que los antiguos celtas almacenaban provisiones para el invierno y sacrificaban animales. Era la fiesta nocturna de bienvenida al Año Nuevo.
Los celtas iban recogiendo alimentos por las casas para las ofrendas a sus dioses. Rituales que, supuestamente, incluían algún que otro sacrificio humano y para los que preparaban un gran nabo hueco con carbones encendidos dentro, representando al espíritu que creían que les otorgaba poder.
Con el auge de la nueva religión-el cristianismo- la fiesta pagana se cristianizó después como el día ‘de Todos los Santos. A mediados del siglo XVIII, los emigrantes irlandeses empiezan a llegar a Norteamérica. Con ellos llegan, su cultura, su folclore, sus tradiciones, y también su noche de Samhain. Eso sí con algunos cambios, estos europeos comenzaron a utilizar calabazas-mucho más grandes y fáciles de ahuecar- en lugar de los nabos. En un primer momento, la fiesta sufre una fuerte represión por parte de las autoridades de Nueva Inglaterra, de arraigada tradición luterana.
Ahora Samheim es una festividad dedicada al destrozo de los dientes y al consumo de hidratos, fomentando la mala salud, a la obesidad y el mal gusto. Pero no es la única fiesta extranjera que hace eso.
Si vas a festejar Halloween hacelo bien, es más divertido el original.
Le gran fiesta