(continuación de http://www.taringa.net/posts/info/1938550/Enanitos-verdes-alienígenas-argentinos-en-tiempos-del-E_T_.html)
Diluyéndose todo
Anahí y yo nos integramos al C.I.F.A., (lo cual sería efímero) y participamos de algunas reuniones en la sede (la casa de Alberto Belisario Vázquez), desde antes de Navidad hasta principios de enero de 1984. Eran los primeros días del año, cuando fui a Buenos Aires con Luis Burgos y Néstor Gil (que también acababa de entrar) a una entrevista para “Flash” en la que reseñamos el caso Villa Montoro. Con ambos, con Belisario y otros, viajé (a más de 40 Km. de La Plata) a las localidades de San Vicente y Guernica, donde hubo reportes de apariciones de los enanitos verdes y de círculos en un jardín (de la casa de la señora Hilda Martínez, que adquirió fama de contactada) y en un campo (donde eran decenas los círculos que vimos en el pasto).
En la medida en que los testimonios de apariciones de los seres se expandían más allá de La Plata, esa dispersión iba desconcentrando la fuerza con que se había gestado tanto interés en el caso de los enanitos verdes. Villa Montoro ya no era lugar de visitas de curiosos, y sólo quedó el mismo enigma con que todo se había iniciado.
Pero, para entonces, mis ojos dejaron de buscar ovnis en el cielo, y mis piernas, de buscar tripulantes evasivos entre pastizales: mi interés se focalizó en las canalizaciones de Olivera junto a Valentina de Andrade (lo cual había empezado a presenciar en grupo cerrado de invitados), y en el mensaje cósmico de los seres canalizados. Decían que eran de tal superioridad por encima de las galaxias, que unos enanitos verdes que no había podido encontrar, comparativamente quedaban reducidos, en jerarquía y conocimiento, al tamaño de microbios que, para mí, ya no valían la pena investigar.
Monterrey, México, Diciembre de 2008
Nota: Luis Burgos, convertido tras su paso por el C.I.F.A., en autor y director de la Fundación Argentina de Ovnilogía, continúa con la actividad, y ha aportado para la elaboración del presente informe, datos como éste:
“El caso comienza a fines de Noviembre con la observación de una vecina, la señora Ortiz, mujer de un colectivero de la linea 275, que ve los enanitos frente a su casa, que daba frente a la casa abandonada. Tuve una experiencia rara: me metí yo solo con la linterna al medio del cañaveral que estaba a unos 100 metros. Apagué la luz y al rato siento como que alguien me observa... al mismo tiempo que escucho a mi ex mujer, Graciela, gritarme: ¡Luis... Luis!... Cuando salgo, me dice que percibió pasos que se acercaban a mi persona”.
Mensaje De Hipólito Sanzone
Thursday, January 01, 2009 12:24:01 PM
“He quedado gratamente sorprendido por la certeza de tu relato, sobre todo porque la abundancia de detalles fue como abrir una ventana al pasado y ver que todo sigue ahí, como entonces. Uno quizá no se da cuenta, pero han pasado casi 30 años...”
”Quedaron apenas retazos de algunas anécdotas, como aquella directora de escuela que juró haber visto salir de su portafolios a un ser verde y diminuto, el relato del comisario de la zona, que confesó haber tenido que dar licencia a un sargento que quedó traumado por un encuentro, y la odisea con el cerrajero de Diagonal 73 y 6 que dijo haber fotografiado a un enanito verde con una cámara Kodak Fiesta que llevamos al estudio Kent en medio de precauciones y medidas de seguridad como si fuese una caja con plutonio y que, tras el trabajo de revelado, resultó una mancha. Lo demás, lo grosso, está en tu relato y esto me dio mucha satisfacción.”
”Dejame decirte que, hasta el día de hoy, creo que Andrade tenía bajo la mesa una de esas máquinas que largan electricidad o algo así. Prefiero creer eso. La descarga fue impresionante, como impresionante, más allá de que en su momento pudo haberse tomado a broma, fue aquella charla final en la que "en nombre de la humanidad" le exigí al capitán de la astronave que se entregara, y con su entrega, todos sus secretos tecnológicos. Recuerdo que todo empezó porque Olivera o su mujer empezaron a decir que los humanos no éramos dignos de tener contacto con esos seres y que, si fuésemos "mejores", nos ayudarían con conocimientos como la droga contra el cáncer, por ejemplo. Ante eso, un poco a fuerza de mis ímpetus juveniles (pasaron casi 30 años, te repito) y mis convicciones religiosas, le dije; "vea doctor o lo que sea, el ser humano, con sus imperfecciones, es la más absoluta maravilla de la Creación y no será usted ni ningún lagarto sideral el que venga a juzgarlo". Andrade insistía en que si la gente no despejaba el área, los seres verdes podían morir, y me pedía que a través del diario convenciera al público a abandonar la zona. Ahí fue cuando le dije; "pues entonces dígale al capitán XYYZ o como corno se llame, que tiene 24 horas para entregarse, o de lo contrario que entregue alguno de esos avances científicos que dicen tener". El gordo Sagastume, que era el fotógrafo que me acompañó en aquella nota, todavía se acuerda de lo que sufrimos para escapar de aquel departamento del piso 13, lleno de fanáticos que nos decían "asesinos, asesinos".
Nota: recuerdo vagamente, que lo de las 24 horas para despejar el área pudo haber sido dicho por Olivera o la supuesta entidad canalizada por él, como que era un plazo posible en el que les podía pasar algo grave si la gente no se iba; de lo cual deduzco que lo dicho por Sanzone no era un ultimátum suyo, sino una solución que proponía dado que, de otra manera, la gente no iba a retirarse porque sí, sin un motivo. También puedo inferir que, si acaso en el inconsciente colectivo haya rondando (y pasado por la mente de Sanzone) algo en cuanto a que el estado de la humanidad se deba a que civilizaciones avanzadas que estén viniendo de otros mundos, nieguen transferencia de tecnologías y conocimientos, y que hasta en un pasado remoto hayan sido responsables de la decadencia humana (como lo proponen las tesis conspirativas), ya teníamos la oportunidad de que nos saldaran viejas cuentas unos náufragos llegados a mal puerto. Los cuales, encima, venían a pedir que se les facilitara la salida, por lo que habría que considerar que el hecho de haber pasado por aquí sin dejar aporte alguno a la humanidad, equivaldría a cuando los diplomáticos europeos y estadounidenses pasan por África sin hacer nada por las poblaciones nativas olvidadas y empobrecidas por el sistema económico neoliberal de los países centrales, y si en caso de ser tomados de rehenes o cocinados vivos en una gran olla comunitaria, se estuviera nivelando un poco la balanza de la desigualdad. Lo que supuestamente estaba sucediendo en Villa Montoro, era una oportunidad que estábamos esperando durante décadas desde los casos ovni iniciales del siglo XX, y ahora que “ellos” estaban aquí, ¿íbamos a dejar que se fueran sin hacer nada por nosotros? Parecía ser que teníamos poder sobre ellos: si no despejábamos el área, morían; ¿qué tal unas elementales y razonables condiciones de intercambio de favores, si querían sobrevivir? En aquél momento yo no veía así las cosas; si sucediera ahora, mis consideraciones sobre una negociación partirían del principio de la reparación de daños, causados a la especie humana desde que fue sucesivamente manipulada e invadida por cuanta raza alienígena hizo y deshizo lo que se le antojó en este planeta. De hecho, ésa ha sido mi postura desde los años 90, para la eventualidad de que tengamos algo que tratar con quien sea que venga de otro mundo a hablarnos de la “no intervención” para que arreglemos “nuestros propios conflictos”, cuando en realidad no son tan nuestros: fueron provocados por agentes foráneos, y ahora resulta ser que nadie de ellos se hace cargo del asunto y nos dejan librados a nuestra propia suerte. Ante lo cual, mi postura mientras no tengamos que tratar nada con alienígenas pública y oficialmente aquí en la Tierra, es: si no van a ayudar, por lo menos no vengan a joder a contactados, ni con advertencias de catástrofes si no arreglamos el mundo, ni con señalamientos de lo “pecadores” que según ellos somos, como si acaso no pecaran de omisos, si no de colaboracionistas; y si se les cae una nave y no pueden irse, que se las arreglen. Creo que Sanzone fue más diplomático de lo que con mi actual postura yo lo sería con esa raza vil. Quizá Jorge Miguez, luego de la revolcada entre los pastos al negarse a arrodillarse ante el que los comandaba, haya dicho una verdad: “Son malos”.