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CyberZapatismo: el activismo digital como nueva herramienta

Info1/2/2009

CyberZapatismo: el activismo digital como nueva herramienta discursiva



30/12/2008





Por: Edén Bastida Kullick




El Subcomandante Marcos escribió con papel y lápiz la Primera Declaración de la Selva Lacandona la cual salió a la luz pública el primero de enero de 1994; en ese momento alguien se cuestionó si la podía copiar o multiplicar. Dicen las “malas” lenguas que alguien fue a la iglesia donde estaba un obispo, el cual tenía una computadora, lo transcribió y se puso en contacto con el periódico La jornada para su movilización en la red: ahí nace el cyberzapatismo. Esto fue un proceso más que veloz, en pocos días los zapatistas se dieron cuenta del poder que tenía la red para conformar redes sociales y de lucha. Según estos principios, entenderemos por cyberzaptismo toda aquella acción e intervenciones que se sirvan del medio masivo de la Internet para colaborar y promover la causa del movimiento zapatista.

De esta manera, los mensajes zapatistas se deslizaban por el mundo entero. El zapatismo entendió la importancia de la red de forma rápida ya que, sin ningún tipo de filtro mediático, se iban creando nodos de apoyo alrededor del mundo y se creaban entes contra-informativos que luchaban uno a uno contra la tergiversación de las corporaciones mediáticas.

A partir de este acontecimiento, se creó un campo de resistencia electrónica alrededor de las comunidades en resistencia; esa especie de cinturón protegió a las comunidades zapatistas de un inminente aniquilamiento por parte del gobierno federal mexicano que se hubiera podido realizar en días. Ese cinturón de múltiples miradas observaba y actuaba en solidaridad con los pueblos zapatistas; el mismo consolidó una alianza entre los zapatistas y millones de personas sin rostro alrededor del mundo que mantenían una dualidad de acción y observación. Es importante acotar que la acción se ejerce como forma de dar a conocer la lucha zapatista alrededor del mundo -mediante el envío de comunicados vía correos electrónicos, manifestaciones callejeras, etc.- y la observación se ejerce como acto de vigilancia por parte de la sociedad civil.

Algo interesante que sucedió fue que el flujo de información respecto a la situación y las actividades zapatistas rondó de manera horizontal al ras de la tierra, sin pasar por ninguna estructura central que filtrara o controlara el mensaje; fue la idea de organizarse desde “abajo y a la izquierda”, algo que pregona el zapatismo.

En el momento exacto que nace el cyberzapatismo digital inicia igualmente la ciberguerra.

Según los informes de la Rand Corporation1, la ciberguerra se divide en tres capas: la capa física (definida por la infraestructura de hardware y redes), la capa lógica o sintáctica (definida por los programas, protocolos y sistemas que corren sobre la capa física) y la capa semántica (de contenido). Los cyberzapatistas, sabedores de la imposibilidad real de ganar batallas tanto en la capa física como en la capa lógica, inician su lucha directa en la capa semántica ampliando el mensaje zapatista a través de la red. Así, empiezan a utilizar la red como espacio de intervención política y acción tecno poética.

Los zapatistas no contaban con electricidad (físico), ni código (sintáctico) pero contaban con la palabra (semántico), fue ahí donde supieron atrincherarse y empezaron a lanzar bombas semánticas alrededor del mundo y con ellas el mensaje de dignidad viajaba sin detenerse canalizadas por redes sociales.

Sin embargo, se intentará apartar la lucha zapatista de la “ciberguerra”. Más bien es preferible considerar que está dentro de lo que se llamaría una “ciberpaz” ya que la resistencia semántica que han empleado siempre ha tenido que ver con lo poético, con lo visual, con lo lingüístico, con, digamos, una imaginería.

Esta “ciberguerra” tiene lugar en el ciberespacio cuyo término se origina en la novela NEUROMENCER de William Gibson en 1984; en la misma se prevé un futuro donde millones de computadoras estarán interconectadas facilitando que personajes habiten mundos virtuales. Este ciberespacio --o mejor conocido como “la red”- viene a fungir como un espejo claro del capital global que sacude a nuestro mundo por lo que las acciones del cyberzapatismo se proponen romper ese “espejo” y al fragmentarlo creará un sin número de visiones e interpretaciones posibles donde tengan cabida “los más”.

Igualmente, el cyberzapatismo sabe que en la red está su lucha directa, ya que reconoce el poderío contracultural que puede llegar a tener. Cree así en la unión de múltiples cuerpos como sujetos de cambio y es ahí, en la red, la cual permite que un número indefinido de cuerpos virtuales se unan, se organicen y luchen; y a la vez permitió que se entablara un diálogo directo de transformación. “Somos frágiles ante ello. Somos poderosos con ello y con ellos.”

Originalmente, las funciones del zapatismo digital eran la comunicación, la difusión y la protección en términos de mantener los canales abiertos ante cualquier amenaza de ataque al movimiento. Esta última función, la de protección, interesantemente entra en oposición al concepto foucaultiano de “panóptico” -en cual son las fuerzas hegemónicas las que ejercen este tipo de vigilancia sobre los individuos como forma de control- aquí el control y la vigilancia son ejercidas por la sociedad civil internacional sobre los posibles ataques provenientes del gobierno mexicano. Es decir, que existe una posible “vigilancia involuntaria” por parte de la sociedad civil internacional al esta estar al tanto de los aconteceres del movimiento mediante los comunicados; esto de alguna manera incide en las posibles decisiones gubernamentales que puedan afectar al movimiento. De esta manera tiene lugar una subversión de uso de los medios donde lo que en principio fue creado o utilizado para vigilar a la población ahora sirve como herramienta de organización protección y vigilancia a la misma población que se pretendía mantener vigilada; esto sin abandonar las funciones de comunicación y difusión.

Posteriormente tiene lugar un punto de inflexión que hizo que se cambiaran las tácticas de lucha. Fue la matanza de 45 indígenas tzotziles en la comunidad de Acteal en el municipio de Chenalhó a finales de diciembre de 1997. En ese momento las acciones de resistencia se radicalizaron y se empezó a utilizar internet más como acción directa y de desobediencia civil y no como mera forma de comunicación y difusión.

Surgen prácticas in situ o los defacement web2 cuyo objetivo es cambiar la información de una página web a fin de dar un contra-discurso. Estas pueden ser denominadas acciones electrónicas que trasladan la ontología de las redes de sistemas de un espacio binario, de archivos y comunicación, a una nueva zona de choque para realizar acción masiva y sin violencia en la red. Estas acciones entran en el llamado hacktivismo3 cuya palabra surge de combinar las técnicas del hacking (utilizadas para analizar la intrusión en sistemas informáticos) con la participación política activa y sostenida de sus participantes.

Una vez que el cyberzapatismo se había dado cuenta del poder que podía ejercer con la palabra, el siguiente paso fue iniciar una desobediencia civil y electrónica. En este caso un grupo de gente, el Electronic Disturbance Theater (EDT), se unió de forma directa a ese bombardeo semántico que se estaba ejerciendo a gran escala. Este grupo conformado por 4 personas (Ricardo Domínguez, un hijo de mexicanos residente en Brooklyn; Carmin Karasic, una mamá de Boston, experta en computadoras; Brett Stalbum, que vive en California, profesor de arte y nuevos medios; y Stefan Wary, escritor, que vive en Texas) empezó con estrategias para intervenir en esa ciberguerra que estaba en auge, convirtiéndose totalmente en una célula zapatista y, utilizando el disfraz de artistas, sabedores de que el artista al trabajar con la simulación y no con la realidad, parece inofensivos para las estructuras políticas dominantes.

El EDT se apropia del concepto de desobediencia civil que Henry David Thoreau usó en 1846, cuando se negó a pagar impuestos como una acción en contra de la invasión norteamericana a México; quien después publicara en 1866 el ensayo “La desobediencia civil”. Así mismo, coinciden en los conceptos a los que llegara a fines de los ochenta el grupo Critical Art Ensamble que de alguna forma reinventaba las luchas de resistencia promoviendo ciertas ideas, entre ellas la de que en lugar de crear un movimiento de masas de elementos públicos de oposición, era necesario crear un flujo descentralizado de micro-organizaciones o “células” (Deleuze y Guattari). Estas células deberán realizar acciones, principalmente simuladas, por encima de las acciones directas y con la clara idea de que uniendo cuerpos reales y cuerpos electrónicos es la única forma de frenar la velocidad de la economía global capitalista.

De esta forma el EDT, entendida ya como célula zapatista, inicia su bombardeo semántico dejando a un lado los avances tecnológicos y utilizando el código más básico de programación del HTML4 y, por lo tanto, más enfocados en la utilización del ciberespacio (esa nueva matriz interpretativa) como herramienta para enarbolar la lucha zapatista. Siempre teniendo claro que ese bombardeo semántico que ejecutaban no es tecnológicamente eficiente, pero es simbólicamente eficaz.

Así el EDT crea un pequeño programa denominado Zapatista Flood Net, este programa mandaba preguntas políticas a los servidores del gobierno mexicano tales como “¿puedo encontrar justicia.html en este servidor?”. En este caso la lógica del sistema servía para generar un contra-discurso dentro del circuito operativo, ya que la lógica decía “no existe justicia”; esto servía como reflejo real de las condiciones sociopolíticas de México.

Otra acción importante fue el Zapatista Tribal PortScan, en donde se atacaba por medio de avioncitos de papel virtuales a los servidores de la Presidencia de la República de México, la Casa Blanca y la bolsa de Frankfurt; los bombardeos de las “fuerzas aéreas” zapatistas contenían poemas.

Como ejemplo más austero aun, y utilizando el correo electrónico como forma total de difusión y conexión, el 15 de junio de 1999 se llamó a un acto de desobediencia civil electrónica para detener la ofensiva militar sobre territorio zapatista. Más de 18,000 personas en más de 40 países apoyaron la causa y participaron en el mitin virtual contra el gobierno mexicano y estadounidense principalmente.

Ante estas acciones se tiene claro que la importancia de las mismas no reside en tumbar un sitio o no; la idea es que la sociedad civil se entere de lo que está sucediendo y envíe su respaldo y solidaridad y así crear espacios de invención y resistencia global.

Ya más recientemente, y como parte de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona en 2006, es creado el sitio www.possibleworlds.org por Fran Illich; el mismo consiste en un servidor autónomo y cooperativo que engloba una comunidad virtual, archivos, mediateca y proporciona hospedaje a proyectos colectivos, sociales, artísticos. La idea parte de evitar la política de mercado por la cual se rigen la mayoría de los servidores en internet y recordar a los poderes corporativos y gubernamentales que otro internet es posible.

Otra función importante del cyberzapatismo como herramienta de lucha tiene que ver con la utilización de los servidores como red de comercio justo para promover la autonomía económica de las comunidades, esto a través de la venta de café zapatista, telares y demás productos realizados en las comunidades autónomas. Así la red sirve como vehículo para que las comunidades en resistencia establezcan formas alternativas de comercio con el fin de escapar a la dependencia con respecto a intermediarios y las multinacionales.

Como conclusión, el zapatismo supo usar el lenguaje como arma de resistencia, en este caso utilizando el lenguaje como lo definía Debord “no solo como un conjunto de códigos y signos, sino como una relación social entre personas mediatizada por códigos y signos” después se convierte en materia digital (sujeta a copia, recombinación representación, desplazamiento, re codificación, imitación y descodificación). Dejando en claro que la carga política del lenguaje no reside tanto en el contenido que se dice o en la información vertida en un acto de habla, los códigos establecen los modos de comunicación posible (quien puede hablar, para que, en qué relación de fuerzas, bajo que autoridad en qué dirección y sentido).

La tendencia del cyberzapatismo parte de la reconfiguración y reconstrucción permanente de abajo hacia arriba y de lo local a lo global frente a la idea globalista de arriba hacia abajo. El activismo se debía realizar a una escala molecular o micro-política (Deleuze y Guattari), desde la intuición de que”El poder no es algo que llega al sujeto desde el exterior: algo que se tiene, que se conquista o que se pretende.” “El poder es el universo de relaciones en el que se está. El conjunto de relaciones que constituyen el sujeto” (Lanceros)

Se entenderán entonces los conceptos de performance de ‘’alta’’ y ‘’baja’’ fidelidad, readaptados de la idea de performance ‘’mayor’’ y ‘’menor”” de Deleuze y Guattari que definen las formas del arte y/o la ciencia como mayores y dominantes, como menores a los procesos de resistencia de la investigación y la experimentación. De esta forma el cyberzapatismo entiende que la clave no es la oposición de performance mayores y menores, más bien la confluencia de ambos.

Por lo tanto todas las intervenciones hechas por el cyberzapatismo entran en las categorías de performance “menor” pero se llevan a cabo dentro de las redes de performance “mayor” y de “alta fidelidad” y realmente deben suceder en dichas redes para que logren los efectos de desestratificación y resistencia. Simplemente manipulan la estructura sintáctica del código y de esta forma revierten la lógica del sistema haciéndolo funcionar de una manera para la cual no fue diseñado. Todo esto se realiza de forma poética que, a la vez, se contrapone con las tácticas de las guerrillas tradicionales y con la idea cimentada de que las acciones se basan un 98% en comunicación y 2% en acciones sin violencia.

Por último, creo que el cyberzapatismo nos ancla a nuestra situación actual, pero siempre está en conexión con el futuro, como los mismos zapatistas dicen “buscar una especie de agrupación intergaláctica”, son el peso de nuestro presente, y como seres del futuro utilizan los artefactos del presente para escribir contra-realidades, en busca de futuras y mejores formas de vida.






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