¿Cuántas veces te has preocupado por algo pequeño? ¿Cuántas veces has discutido por un asunto que no tenía importancia? ¿Cuántas veces has lamentado algo que con el paso del tiempo se ha revelado como irrelevante? Cuando miramos los hechos desde nuestras emociones ardiendo, lo más pequeño nos puede hacer sentir extremadamente infelices. Una palabra inadecuada de la persona que quieres, un roce en el coche, una pequeña decepción, nos pueden hundir el estado de ánimo. Una cosa pequeña puede causar una gran sombra. Desde una emoción intensa la preocupación es grande No son cosas importantes. Pero en ese momento, nos lo parecen. Es la intensidad de nuestras propias emociones la que actúa como un sol brillante que da al suceso una sombra intensa y oscura. Mirando desde esas emociones, jamás conseguiremos dejar de darle importancia. Son nuestras propias emociones las que crean la sombra. Necesitamos alejarnos. Moderar por unos instantes el fuego de nuestros sentimientos y entonces sí, mirar de nuevo. Desde una emoción menos intensa la preocupación es más pequeña Entonces descubriremos que la sombra no era para tanto.
La preocupación le da a las pequeñas cosas una gran sombra.
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