En la Argentina existen aún algunos velos que debemos levantar si pretendemos entender mejor nuestra propia historia, como aquel que cubre la figura casi olvidada hasta hace pocos años de Félix José Weil, un intelectual y mecenas argentino, hijo de un rico comerciante de granos judío-alemán que hizo su fortuna en el país. Weil es conocido sobre todo por haber financiado en Alemania, antes de la llegada del nazismo, un instituto de estudios sociales, económicos y filosóficos que dio origen a la famosa Escuela de Frankfurt, integrada por prestigiosos pensadores europeos de izquierda, cuya influencia trascendió en los movimientos estudiantiles de 1968 y fue objeto de numerosos estudios.
En mi libro "Bolchevique de Salón" el relato se centra en torno a la persona de Weil, sus labores institucionales, sus compromisos políticos y sus contribuciones intelectuales. Comprende también la historia de su padre, Hermann, y de la compañía de exportación de granos que constituyó la génesis de su fabulosa fortuna, así como la incidencia y forma de actuar de ese tipo de empresas en el boom agroexportador de fines del siglo xix y las primeras décadas del xx.
Hermann, de orígenes humildes, fue un personaje igualmente notable tanto por sus emprendimientos
empresariales en la Argentina, donde especulación e ingenio jugaron a la par, como por su vinculación con el imperio alemán durante la guerra o su posterior apoyo a las iniciativas contestatarias de su hijo.
Un elemento común de las publicaciones sobre la Escuela de Frankfurt es que, por lo general, toman a Félix sólo como su mecenas, no como una figura destacada intelectualmente entre sus miembros. Habría que preguntarse si esa aserción es cierta. "Félix Weil, hijo de un millonario, funda un instituto de marxismo con la esperanza de poderlo entregar algún día a un victorioso Estado alemán de consejos obreros". Con esa frase, que encabeza el primer capítulo de su gran obra sobre la Escuela de Frankfurt, Rolf Wiggershaus da por definido y casi terminado el rol de Weil en ella.
Por suerte no fue así. Lo más extraño, quizá porque sus trabajos escritos se centraron sobre todo en la Argentina, es que aquí tampoco resultó debidamente valorado. En su caso, sus vivencias personales y su toma de conciencia sobre los cambios políticos, económicos e ideológicos que se produjeron en el mundo con la Primera Guerra Mundial y las revoluciones rusa y alemana, tendrán sobre él una influencia decisiva que lo llevaría a romper con su medio y a destinar su fortuna a actividades académicas y militantes donde se sostenían principios contrarios a sus propios intereses personales.
Su vida, que parece extraída de una novela, incluye su niñez en Buenos Aires; una educación secundaria y universitaria en Alemania; su participación a favor de su país de adopción en la Primera Guerra Mundial; su adhesión al marxismo; su intervención después de la guerra en actividades revolucionarias en Europa y América del Sur; la creación del Instituto de Investigación Social de Frankfurt; sus vínculos con la Rusia soviética; el retorno a su país de origen en 1920, que dio por resultado un trabajo sobre la clase obrera argentina; su colaboración en la Argentina de los años treinta con el equipo económico de un gobierno conservador y fraudulento, representante de la vieja oligarquía que él condenaba, pero entre quienes tenía algunos amigos; y la publicación, en 1944, en Estados Unidos, donde se radicó hasta su muerte, de un notable y controvertido libro, Argentine Riddle.
En ese texto realiza un precursor y polémico análisis histórico y de la coyuntura argentina de entonces, en el cual se interroga acerca de lo que podría ocurrir en el país luego de la experiencia de la crisis mundial y de la guerra. Argentine Riddle muestra sus cualidades de economista e historiador, y pertenece a lo mejor de lo escrito sobre el país para su época, aunque sostenga una discutible propuesta de crear un vínculo especial con Estados Unidos, existan en él errores en la interpretación de algunos hechos clave y hoy, a la luz de la bibliografía aparecida posteriormente, podamos hacer un balance más crítico de su contenido. Su análisis descarnado sobre la cuestión agraria y la industrialización, así como su enfoque interdisciplinario, todavía tienen valor y constituyen uno de sus mayores méritos
A ese libro se agregan artículos y reseñas sobre problemas de la industrialización en América Latina y sobre la economía y la política de la primera presidencia de Perón, además de una serie de trabajos en torno a cuestiones más técnicas de la implementación del impuesto a los réditos en la Argentina.
También realizó varios ensayos y artículos polémicos con respecto a temas económicos y políticos clave de su época, algunos con planteos teóricos, otros de divulgación: el proceso de socialización, el capitalismo de Estado y la planifi cación económica, el nazismo, la experiencia soviética, el New Deal. Editó trabajos de Rosa Luxemburgo y acerca del antisemitismo, y estuvo involucrado en la publicación de las obras de Marx y Engels en alemán. Otras ideas se las guardó para sus memorias, como muchos de sus juicios sobre el comercio de cereales y su posición frente al marxismo y la Teoría Crítica elaborada en el marco de la Escuela de Frankfurt.
El estudio de esos textos demuestran que no sólo escribió sobre su país natal, aunque este fuera el centro de su interés. Sin embargo, salvo excepciones, tanto sobre su obra en general como sobre su vida casi novelesca, sólo se escribieron en la Argentina artículos periodísticos o de tono biográfico. En Alemania, en cambio, hubo algunas contribuciones más significativas.
Con todo, cabe destacar que casi setenta años más tarde la Biblioteca Nacional publicó su obra principal traducida al español con el nombre de El enigma argentino. Y a su vez, en octubre de 2010 se realizó en Frankfurt, mediante una carta de intención firmada por la presidente argentina, un acuerdo con el Instituto de Investigación Social fundado por Weil a fin de establecer un espacio de investigación y actualización del pensamiento de la Escuela en nuestro país.