Últimamente, los fans de GoT discuten si HBO tiene el “derecho moral” de modificar las novelas de George R.R. Martin para subir ratings y “sorprender” a las audiencias televisivas.
Cada uno de esos papelitos es una muerte en “A Song of Ice and Fire”.
No necesitas ser un lector ávido para saber que la literatura, como medio narrativo, es muy diferente a los medios audiovisuales. Muchos incluso asegurarían que no sólo es diferente, sino que es fundamentalmente mejor. Un libro describe detalles de mundos interiores y exteriores que sólo pueden ser capturados por la imaginación, y nunca superados por un medio audiovisual. Un libro empeña nuestra mente en un nivel mucho más completo que la televisión, y es entonces una experiencia más profunda. ¿Qué clase de idiota discutiría un axioma tan sencillo?
Debo comenzar diciendo que la televisión es un medio que generalmente pide más de mí que lo que estoy dispuesto a dar. Para mí, docenas o hasta centenas de horas es demasiado para contar una sola historia, y aunque hay muchas series que han capturado mi atención e imaginación, es raro que yo siga una obsesivamente; Game of Thrones es una de estas.
Jon Snow tiene 14 años en los libros. Kit Harington tiene 27.
Leí A Game of Thrones, el primer libro en la saga de Martin, en el 2004, mucho antes de que HBO anunciara sus planes de adaptarlo. Aunque me encantó, hice el error de enfocarme en otras series de fantasía mediocres, y no continué en el mundo de A Song of Ice and Fire hasta mucho después. Aunque sigo pensando que A Storm of Swords (tercer volumen) podría ser mi libro favorito de fantasía, al llegar al cuarto y quinto libro, comencé a notar que Martin tiene muy malos hábitos como escritor y que a pesar de su brillante world-building y cojones de acero, tiende a perder control de la historia. Feast y Dance, aunque cuentan con grandes sorpresas, son –narrativamente hablando– un desastre. Personajes principales desaparecen por libros enteros, tramas se extienden al punto de lo absurdo y algunos protagonistas frenan por completo en su arco dramático.
Ya ni te preocupes porque Martin mate a tu personaje favorito –preocúpate porque aunque siga vivo/a, tenga nada más dos o tres capítulos, o ya de plano ni se aparezca o sea mencionado/a en un libro entero. Considerando que cada volumen puede tardar hasta siete años en salir, esto es muy frustrante.
Cuando Game of Thrones terminó su tercera temporada, Martin había puesto a Weiss y Beinoff (creadores) en una posición difícil, una en la que sería necesario hacer grandes cambios para que la narrativa de su serie no pierda el momentum que ya cargaba. Con cada capítulo de su cuarta temporada, que ya está incluyendo tramas del libro cuatro y cinco, estoy más y más convencido de que Game of Thrones es la versión definitiva de A Song of Ice and Fire.
Joffrey, Rey del Meme: Jack Gleeson, el actor irlandés que le dio vida al afeminado y cobarde Lannister, se inspiró en Joaquin Phoenix en “Gladiador” para darle vida a su odiado –pero memorable– personaje en GoT.
Me gusta considerar que Game of Thrones no es una adaptación, sino una re-estructuración de una historia brillante pero mal narrada, particularmente después del tercer libro. La verdad es que la naturaleza de los libros cuatro y cinco es tan poco lineal y confusa, que sería imposible adaptarse a la televisión sin cambios radicales. Y peor aún: si no se hicieran cambios, les aseguro que la serie sería cancelada por aburrida. Casi todas las historias en Feast y Dance se mueven a paso glacial y no tienen avances significativos hasta casi el final. Sí, cuando llegan a sus respectivos clímax, tu quijada cae al suelo, pero, ¿realmente querrías ver una serie de diez capítulos donde no pasa nada hasta el final de temporada?
Puedo admitir que los cambios en Game of Thrones, con algunas excepciones, han funcionado a favor de la historia. ¿Te caen bien Yggrite, Margaery, Shae, Roz, Bronn, Theon, Asha, o Varys? Agradece a la serie, porque todos estos aparecen muy poco –o no existen– en los libros. Sí, ellos tienen las mismas funciones básicas, pero por el número limitado de perspectivas con las cuales se narran los libros, casi no nos enteramos de qué onda con los personajes “secundarios”. Esto sucede porque D.B. Weiss y David Beinoff (conocidos como D&D) también son novelistas, y no están adaptando, sino re-escribiendo, deshaciéndose de los errores que Martin dejó.
(Quizá es más fácil hacer una obra maestra cuando te la dan noventa por ciento terminada.)
D.B. Weiss y David Beinoff, creadores de la serie, son también novelistas.
Una de las ventajas que tiene la serie sobre los libros es que pueden cubrir mucho más terreno, mientras los libros se limitan al punto de vista de unos cuantos personajes a quienes seguimos en cada uno. Sí, hay algunos twists enormes que no podían posiblemente lograrse en un medio visual (la identidad de Reek, por ejemplo), pero no se puede culpar a los escritores por una imposibilidad.
Si somos fríos, nos damos cuenta que la riqueza en los libros yace en una historia tan impredecible y un elenco de protagonistas tan complejos—ambos aspectos que la serie captura. La pluma de Martin no es particularmente inspirada, y tiende a perder mucho el tiempo en descripciones inútiles (ropa y comida).
Pero, ¿qué hay de las interpretaciones del texto que nosotros mismos hacemos con nuestra imaginación? Este sería un buen argumento si Game of Thrones no fuera una producción tan espectacular. Al final del día, nosotros nos podríamos imaginar un castillo muy bonito –pero Gemma Jackson (encargada del diseño de producción) puede imaginarse uno aún más bonito y completo, y ese es el castillo que vemos en la serie.
D&D están conscientes que la cantidad de lectores viendo su serie incrementa cada temporada, y han escrito la cuarta para tener a lectores y no lectores con los pelos de punta. Yo ya sé a dónde va la historia, y quién morirá, pero el no estar seguro de cómo llegaremos ahí es un plus.
La revelación al final de “Oathkeeper” (S04E04) fue brutal para todos –por primera vez en cuatro años, todos aprendimos y nos sorprendimos juntos. Habrá algunos lectores que prefieran siempre estar un paso delante de sus amigos, pero la razón principal para seguir esta serie es sorprendernos. Si no te gusta sorprenderte, ¿para qué la ves o para qué la lees?
Si te gusta sorprenderte, sigue viendo; lo que ya sé que viene es emocionante –pero lo que no sé que viene, para mí, es mucho más emocionante.