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Mira la idea de este hombre para superar el capitalismo...!

Info9/25/2015




David Brooks es un periodista canadiense-estadounidense que escribe sobre política en los diarios New York Times y PBS News Hour. Su postura suele ser conservadora, aunque no se queda sólo en críticas ni se concentra sólo en escribir artículos. Él se desempeñó también como crítico de cine y creó un medio online llamado The Vincent Van Gogh Gallery, un catálogo web con todas las obras del pintor holandés. En el artículo a continuación, Brooks habla sobre la importancia de la gratitud en nuestra vida cotidiana. Analiza de manera exhaustiva un tipo de personalidad que él llama los “con disposición a la gratitud”, y reflexiona sobre el tema de una manera muy clara.

Este es el artículo que escribió, el cual lleva el nombre de “La estructura de la gratitud”:

A veces me enfado cuando me quedo en un buen hotel. Me hago ciertas expectativas sobre el servicio que recibiré y me pongo impaciente si tengo que arrastrarme para buscar un enchufe, si los controles de la ducha son incómodos o si el lugar se considera demasiado elegante como para poner una máquina de café en cada pieza. A veces soy más feliz en los hotel comunes, donde mis expectativas son bajas, donde una plancha que funciona es un golpe de suerte y la máquina de waffles del desayuno cocina delicias maravillosas.




Este pequeño fenómeno muestra cuán poderosamente las expectativas estructuran nuestro humor y emociones, y no hay emoción tan hermosa como la gratitud.

La gratitud sucede cuando la bondad excede nuestras expectativas, cuando no es esperada. La gratitud es una especie de risa del corazón que surge por actos sorpresivos de amabilidad.

La mayoría de la gente se siente agradecida esporádicamente -después de que alguien te salva de un error que cometiste o te trae comida durante una enfermedad. Pero algunas personas parecen agradecidas por disposición propia. Y parecen agradecidas todo el tiempo.

Estas personas pueden tener grandes ambiciones, pero saben distinguir las pequeñas anticipaciones. La mayoría de la gente con el tiempo gana estatus, lo que se traduce en un trato agradable y respetuoso de parte de los demás. Sin embargo, la gente con disposición a la gratitud no da nada por sentado. Ellos tienen la emoción de un principiante, están felices y alaban cada día soleado. Esta gente vive en el ahora y posee una gran sensibilidad para apreciarlo.



Este tipo de disposición a la gratitud vale la pena analizarla, porque está en contrapeso con la corriente principal de nuestra cultura.

Vivimos en una meritocracia capitalista. Esta meritocracia anima a la gente a ser autosuficiente -dueños de su propio destino. Pero las personas con disposición a la gratitud son conscientes de su continua dependencia a los demás. Ellos atesoran la forma en que se han formado por padres, amigos y antepasados que eran, en algunos aspectos, sus superiores. Están encantados de que el ideal de la autonomía individual sea una ilusión, porque saben que si sólo se tuvieran a ellos mismos, las cosas serían muy distintas.

La lógica básica de la meritocracia capitalista es que se obtiene lo que se paga, que se gana lo que se merece. Pero las personas con disposición a la gratitud son continuamente golpeadas por el hecho de que se les da mucho más que aquello por lo que han pagado -y son mucho más ricas de lo que se esperan. Sus familias, escuelas y campamentos de verano depositan mucho más en ellas de lo que otros esperarían. Hay una gran cantidad de excedentes de bondad en la vida diaria que no puede ser explicado por la lógica del intercambio equitativo.



El capitalismo nos anima a ver a los seres humanos como a criaturas que maximizan las utilidades egoístas. Las personas con disposición a la gratitud están en sintonía con la economía del desprendimiento, junto con otros que se interesan por la simpatía y también por su bienestar. En la economía del desprendimiento, la intención importa. Estamos agradecidos por la gente que trató de hacernos favores, incluso cuando esos favores no tuvieron resultado. En la economía del desprendimiento, la imaginación empática importa. Estamos agradecidos porque algunas personas mostraron que se preocuparon por nosotros más de lo que ellas pensaban que lo hicieron. Estamos agradecidos con los que dieron un salto imaginativo y se situaron en nuestra mente, incluso sin ningún beneficio para ellos mismos.



La gratitud también es una forma de pegamento social. En la economía capitalista, la deuda debe pagarse al prestamista. Una deuda de gratitud se paga hacia adelante, a otra persona que tampoco se lo espera. De esta manera, cada regalo ondula y se mueve afectando a miles de personas mediante lazos de bondad. Esto nos recuerda que una sociedad no es sólo un contrato para el beneficio mutuo, sino una conexión orgánica basada en la simpatía -son conexiones que se nutren no por el interés egoísta, sino por la lealtad y el servicio.



Si piensas que la naturaleza humana es buena y poderosa, entonces pasarás mucho tiempo frustrado, porque la sociedad perfecta aún no se ha logrado. En cambio, si vas por la vida creyendo que nuestro objetivo no es tan monumental, nuestros talentos individuales no son tan impresionantes, y que nuestra bondad está severamente limitada, entonces eres una especie de ser vivo que se las ha arreglado para ser tan dulce como es posible. Estás agradecido de todas las instituciones que nuestros ancestros nos dieron, como la Constitución y nuestras costumbres que nos hacen ser mejores de lo que seríamos sin ellas. La apreciación es la primera virtud política, y la necesidad de perfeccionar los dones de los demás es la primera tarea política.



Vivimos en una meritocracia capitalista que fomenta el individualismo y el utilitarismo, la ambición y el orgullo. Esta sociedad se vendría abajo si no fuera por otro tipo de economía, una en la cual los regalos superan las expectativas, y en donde la insuficiencia se reconoce y la dependencia se celebra.

La gratitud es la capacidad de ver y de apreciar esta otra economía casi mágica. GK Chesterton escribió: “el agradecimiento es la forma de pensamiento más elevada, y la gratitud es la felicidad multiplicada por dos”.



Las personas con disposición a la gratitud ven sus esfuerzos grandiosamente, pero no los toman como parte de ellos mismos. La vida no supera sus sueños, pero sí supera sus expectativas.


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