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¿Por qué no quieren refugiados sirios los países del Golfo?

Info•9/11/2015
¿Por qué no quieren refugiados sirios los países del Golfo? Las potencias petroleras árabes temen que los refugiados -pese a ser musulmanes y en su mayoría suníes- desestabilicen sus sistemas y los privilegios de príncipes y clérigos Una refugiada siria con su hijo en un campo de refugiados en Jordania Más de cuatro millones de refugiados sirios se hacinan en campamentos míseros de las vecinas Turquía, Líbano, Jordania e Irak. Centenares de miles han emprendido o se disponen a hacerlo la travesía desesperada a Europa -junto a afganos, iraquíes y otras nacionalidades-, aunque muchos han perecido y otros seguirán muriendo en el Mediterráneo. ¿Por qué no huyen a los ricos países árabes del Golfo Pérsico, donde les espera un éxodo mucho más seguro y un futuro confortable? Los refugiados, tanto políticos como económicos, optan por Occidente y están dispuestos a pagar cualquier precio. Pero existe también un rechazo recíproco por parte de las petromonarquías del Golfo Pérsico. Más allá de algunos gestos aislados dirigidos a la galería, Arabia Saudí, Qatar, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos han dado olímpicamente la espalda a los desesperados que se han visto desplazados, por millones, por los conflictos armados en la región. Las autoridades saudíes han deslizado la tesis de que una llegada masiva de sirios a su territorio crearía problemas de seguridad. Riad siempre ha sido rival de la dictadura de Damasco, y teme un afán de revancha. El argumento no se sostiene: la inmensa mayoría de los refugiados y desplazados sirios no son chiíes -la secta musulmana de los Assad- sino suníes, la corriente musulmana mayoritaria que tiene su epicentro en Arabia Saudí. Sí es más convincente el argumento del temor cerval de las ricas monarquías del Golfo a que una ola migratoria de musulmanes ponga en peligro su frágil sistema social y político. Arabia Saudí es un caso paradigmático. El país vive de las rentas del petróleo, y del trabajo de sus millones de inmigrantes asiáticos. El poder político reside en una elite -encabezada por los 7.000 príncipes- y el poder religioso obedece a los dictados de la secta más radical del islam, la wahabí, que otorga legitimidad a la monarquía absoluta a cambio de privilegios y control de la sociedad. Los inmigrantes -en su mayoría procedentes de la India, Filipinas y Sri Lanka- son extranjeros y dóciles, y viven siempre bajo el riesgo de ser deportados al menor gesto de insubordinación. Son casi un tercio de la población -nueve millones, en una población de 31 millones- pero 9 de cada 10 trabajadores de la empresa privada saudí son extranjeros. Las rentas del petróleo sostienen el sistema de funcionarios, y pese a ello no dan abasto: un elevado porcentaje de saudíes están en paro y generan un clima de malestar social, que iría a más si los recursos del régimen tuvieran que ser compartidos con centenares de miles de refugiados sirios o iraquíes. Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Baréin, Kuwait y Catar son los países que se mantienen al margen de la política de asilo acordada en 1951 en la Convención de Refugiados. Por eso, el blog Guerra Eterna plantea que "no debe extrañar que, con la crisis actual, no hayan recibido a refugiados", situación que ha vuelto a denunciar la organización Amnistía Internacional. Sin embargo, Turquía, Arabia Saudita y Catar son tres de los países que más apoyo brindaron a los insurgentes sirios. Según datos del Financial Times, el año pasado Catar aportó 3.000 millones de dólares... pero no para ayudar a la población, sino para terminar con el Gobierno de Bashar al Assad. Los ciudadanos sirios que lograron instalarse en las naciones del Golfo Pérsico es porque fueron considerados "refugiados cinco estrellas”, ya que gozan de dinero y contactos que les permitieron obtener visados temporales. Este es el tipo de refugiado que los países de la región están dispuestos a aceptar. Mientras tanto, la mayoría de los extranjeros que viven en esos lugares trabajan en los empleos que los locales no quieren realizar, carecen de todo derecho laboral y no tendrán la oportunidad de conseguir la ciudadanía. Son víctimas, señala el portal, "de una desconfianza y una xenofobia política o religiosa muy extendida en la región". La solución se encuentra en la chequera Aunque ACNUR sólo tenga registrados 417 refugiados en Emiratos Árabes Unidos y 561 en Arabia Saudita, sus aportes al fondo de ayuda a los refugiados sirios organizado por las Naciones Unidas es millonario. Hasta el 8 de septiembre, Kuwait donó 304 millones de dólares; EAU 29,9 y Arabia Saudita 18,3; cifras muy superiores a las de países europeos como España, que aportó 4,3 millones de dólares. Todos estos países están dispuestos a aportar dinero en cantidad, pero no a dar asilo a los civiles que huyen de Siria espantados por una guerra que las mismas naciones del Golfo se encargan de financiar, concluye el portal.
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