Un hombre pidió una orden de hamburguesa, papas fritas y una bebida.
Después, se sentó en una mesa con su esposa y cortó la hamburguesa por la mitad y se la pasó a ella.
Luego contó las papas fritas y le dio la mitad a su esposa.
Empezaron también a compartir la bebida y la gente los miraba con asombro mientras secreteaba.
Ellos pensaban “Pobre pareja de viejitos, deben ser muy pobres, solo pueden pagar 1 comida para los dos”.
Un hombre se acercó y se ofreció a comprar otro plato para uno de ellos dos, pero el viejito le agradeció y le dijo que ya estaban acostumbrados a compartir todo.
Las personas luego notaron que la esposa del viejito no había comido nada, solo tomaba gaseosa de vez en cuando.
El hombre volvió a acercarse y les rogó que le dejaran comprarle otro plato, pero esta vez la viejita dijo “no, estamos acostumbrados a compartir todo”.
Finalmente, cuando el viejito terminó, el hombre se les volvió a acercar y le preguntó a la abuelita por qué no comía y qué estaba esperando. La viejita dijo “LOS DIENTES”.
Después, se sentó en una mesa con su esposa y cortó la hamburguesa por la mitad y se la pasó a ella.
Luego contó las papas fritas y le dio la mitad a su esposa.
Empezaron también a compartir la bebida y la gente los miraba con asombro mientras secreteaba.
Ellos pensaban “Pobre pareja de viejitos, deben ser muy pobres, solo pueden pagar 1 comida para los dos”.
Un hombre se acercó y se ofreció a comprar otro plato para uno de ellos dos, pero el viejito le agradeció y le dijo que ya estaban acostumbrados a compartir todo.
Las personas luego notaron que la esposa del viejito no había comido nada, solo tomaba gaseosa de vez en cuando.
El hombre volvió a acercarse y les rogó que le dejaran comprarle otro plato, pero esta vez la viejita dijo “no, estamos acostumbrados a compartir todo”.
Finalmente, cuando el viejito terminó, el hombre se les volvió a acercar y le preguntó a la abuelita por qué no comía y qué estaba esperando. La viejita dijo “LOS DIENTES”.