

Las familias más sanguinarias de la historia (I)

Se nos ocurren cientos de actividades para hacer en familia. Un día de playa, un agradable paseo por la montaña o por nuestra ciudad, irse de vacaciones al pueblo, pasar la tarde preparando pasteles… Pero, ¿matar a alguien? Sería una de las últimas cosas que haríamos en familia, pero a lo largo de la historia nos encontramos con auténticas sagas de familias asesinas. ¿Quieres conocerlas?
Los Bender
Principios de la década de 1870. Kate Bender, una joven alta y hermosa se había ganado una gran reputación como médium y sanadora de ceguera, convulsiones y sordera. Es más, con su familia como gancho, hacía espectáculos por los pueblos; y su familia tenía una granja donde vendían y servían comida. Hasta aquí todo normal, salvo porque Kate hipnotizaba a sus pacientes, y al grito de “¡ahora!” su padre o su hermano los mataban de un martillazo.
Cuando en 1873 los descubrieron, la familia huyó de la granja y pese a los muchos cazarecompensas que los buscaron nunca más se supo de ellos. En su sótano aparecieron 24 cadáveres, pero se sospecha que mataron a más gente.
El Clan de los Beane
Durante 25 años, la desaparición de viajeros en las proximidades de Galloway (Escocia) en el siglo XVI, se atribuyó a lobos, hombres lobo, demonios e incluso a dueños de posadas que asesinaban a sus clientes. Pero la explicación es más sencilla: Sawney Beane y su mujer abandonaron Edimburgo y se fueron a la otra punta del país, quedándose en una cueva. Allí empezaron a robar a las víctimas, pero el incesto era cada vez más habitual.
A medida que crecía la familia, más necesidades, por lo que la familia recurrió al canibalismo. Un superviviente (su mujer murió y la presencia de un gran grupo lo salvó) alertó al rey, que envió a 400 soldados a la cueva. En total había 48 personas, fruto de las muchas relaciones entre padres, hijos y nietos.
Las Poquianchis
Delfina y María de Jesús González Valenzuela aparecen en el Libro Guinness de los récords como la asociación de asesinos más prolífica, con 91 muertes a sus espaldas. Estas dos mexicanas contaron con la ayuda de Carmen y Maria Luisa, sus otras dos hermanas, que no aparecen en el récord Guinness aunque también fueron condenadas por los asesinatos.
A principios de la década de 1960 abrieron varios burdeles en Guanajuato y Jalisco, donde asesinaban a prostitutas, clientes y a los bebés de las prostitutas. Aunque solo se reconocieron 91 muertes, se les atribuyen más de 150. En 1964 una joven logró escapar de un prostíbulo y denunciar a las sanguinarias hermanas. Dos de ellas murieron en la cárcel.

