Cuando tu trabajo te puede costar mil disgustos, gestionar tu identidad se convierte en un juego con muchas tramas. Jiz Lee recoge algunas en Coming Out Like a Porn Star
Estás en un bar y notas que alguien te mira. La persona al otro lado te gusta, te acercas, empezáis a hablar y desde el primer momento sientes que hay conexión. Tras unos minutos llega la pregunta de rigor: ¿Y tú, a qué te dedicas? Esa persona responde: "Al porno".
Probablemente te rías y pienses que está bromeando, ¿pero y si no fuera broma? ¿Cambiaría esa palabra tu juicio inicial sobre esa persona? ¿Podrías imaginar un futuro con él o ella más allá de un par de noches de sexo guarro?
¿Y si en vez de contarte su "secreto", se lo hubiera guardado?
Cuando Jiz Lee empezó a trabajar como actriz en producciones independientes de corte queer encontró algo con lo que verdaderamente disfrutaba. No tenía ninguna duda de que quería hacer lo que estaba haciendo. Lee fue sumando y sumando rodajes durante cinco años, ganando reconocimiento en la escena, pero a medida que su visibilidad crecía, crecía también su intranquilidad.
"El porno es una de las mejores cosas que he hecho en mi vida", asegura la actriz en declaraciones a Salon, "pero siempre ha habido tantos estigmas que no sabía cómo decírselo a mi familia".
Jiz no encontraba la manera, ni el momento, de hablar con su madre y su abuela sobre aquello a lo que se venía dedicando. ¿Qué pensarían de ella? ¿Cómo reaccionarían?
Cada vez que conozco a un extraño me pregunto: ¿cuánto podrías saber ya de mí? Mi nombre es lo último que te diría (Lorelei Lee)
A Jiz se le ocurrió pedir consejo entre sus amigos del gremio. Todos tenían historias jugosas que contar sobre su particular "salida del armario". Algunas eran duras, complejas, dramáticas, y otras sorprendentemente positivas, incluso jocosas. Aquellos relatos íntimos, advirtió Jiz, retrataban una cara del mundo del porno que nadie había mostrado. Aquello, pensó, merecía ser un libro.
Coming Out Like a Porn Star es ese libro. Cincuenta ensayos de otras tantas personas —fundamentalmente actores y actrices, pero no sólo— que reflexionan sobre las implicaciones de salir (o no) del armario como trabajador sexual.
Créenos. Nunca habías oído a estas personas hablando de una forma tan personal y sincera.
Se nos suele representar como gente que haría cualquier cosa sexual por dinero, y que no lo disfrutamos, que los actores y actrices son víctimas (Jiz Lee)
El valor de la primera persona
Normalmente vemos el porno como una gran mancha, un vertido tóxico que, si te toca, te ensucia para toda siempre. Sin embargo, lo cierto es que en la industria del sexo hay gente con experiencias y posturas muy diferentes.
En ese sentido, un vistazo rápido a la lista de participantes en Coming Out Like a Porn Star devuelve una imagen tremendamente diversa que obliga a reconsiderar convenciones e ideas equivocadas sobre el mundo del porno. ¿Qué tipo de ideas?
" Que somos gente sin educación e incapaces de realizar una actividad intelectual. También se nos suele representar como gente que no tiene barreras, que haríamos cualquier cosa sexual por dinero, y que no lo disfrutamos. Que los actores y actrices son víctimas. Que trafican con nosotros y somos forzados a la pornografía. También existe esa idea equivocada de que no tenemos familias, compañeros sentimentales o hijos, y que si tenemos padres, deben estar muy repugnados moralmente por lo que hacemos", explica Jiz Lee.
Hablar con mi hija sobre mi trabajo sexual privado fue fácil, pero hablar con ella sobre mi trabajo público en el porno no fue nada sencillo (Ignacio Rivera aka Papí Coxxx)
La posición de Lee es clara: antes de que los medios fabriquen historias sobre ellos, mejor las cuentan ellos. El resultado será más honesto.
En el libro hay personas que se identifican como queer, defensores del género fluido, dominatrix, transexuales... Todos los colores del arcoíris están representados. Y, igual de importante, la mayoría de los escritores dejan claro que disfrutan con cada minuto de su trabajo sexual.
¿Quiere eso decir que sólo piensan en sexo? Ni mucho menos.
Puede que se ganen la vida teniendo orgasmos frente a la cámara, pero muchas de las firmas tienen vidas más allá del porno. Licenciados en ciencias políticas, másters en escritura creativa, profesores con doctorados, actrices con estudios de dirección cinematográfica, novelistas con varios títulos publicados, columnistas para cabeceras de prestigio como The New York Times, The Guardian, Salon, Wired...
Los medios empiezan a darle voz a los trabajadores de la industria del sexo. Y es un paso necesario. Quizás así se pueda ir desgastando el estigma que pesa sobre un mundo plagado de malentendidos.
Puede que se ganen la vida teniendo orgasmos frente a la cámara, pero muchas de esas firmas tienen vidas más allá del porno: licenciados en políticas, profesores con doctorados, novelistas con varios títulos publicados, columnistas para cabeceras de prestigio como The New York Times o The Guardian…
La importancia de un nombre propio
"Cada vez que conozco a un extraño, me hago esta pregunta: ¿Cuánto podrías saber ya de mí? ¿Qué mereces saber de mí? Mi nombre es lo último que te diría. No es que no confíe en ti, pero no confío. No es que mi nombre verdadero no se ajuste a mí, pero no se ajusta".
Con esas palabras, Lorelei Lee captura los muchos matices de una de las preocupaciones que más se repiten en el libro: el significado de los nombres como garantes de una cierta privacidad, la necesidad de adoptar otras identidades para protegerse.
Identidades que acaban siendo una parte irrenunciable de la persona.
" Nuestros nombres son constructos, de la misma manera que lo son nuestros cuerpos", escribe Lorelei. "Fue a fuerza de robar un nombre, contratando mi cuerpo en cada performance, cuando realmente empecé a ser dueño de ambos".
No estoy intentando ser provocativa; al contrario, siempre he pensado que ‘exponerme’ es la herramienta de activismo más poderosa para las comunidades minoritarias, trabajadores sexuales incluidos (Andre Shakti)
En ese sentido, llama la atención que varios de los autores hayan querido firmar sus escritos de forma anónima.
Es su manera de protegerse en un mundo en el que la "salida del armario" no es un momento único, sino un proceso por etapas (frente a la familia, los amigos, posibles parejas, jefes, hijos...), y en el que los performers se exponen a perder demasiadas cosas, desde trabajos fuera del porno a la custodia de sus hijos.
Cada vez que he tenido que salir de las sombras como algo nuevo y diferente, me he tenido que enfrentar al shock, los juicios y el rechazo (Annie Sprinkle)
Conner Habi nos recuerda que "no hay un 'después del porno'". Y a veces es mejor tener una identidad desconocida que una intimidad invadida, o una integridad expuesta a cualquier tipo de agravio o agresión.
Como dice la veterana Annie Sprinkle en su ensayo, "salir de las sombras es un lujo" que no todo el mundo se puede permitir.
Normalizando
"Si aspiramos a superar estas barreras y a ganar derechos para los trabajadores sexuales, es necesario que creemos un diálogo que se sostenga sobre la base de que las personas que eligen trabajar en el porno no son diferentes a cualquier otra persona", sentencia Lee en su capítulo.
Qué exponer, de qué manera, y en qué momento. La decisión sobre eso corresponde —o debería— siempre a cada uno. Pero entre las causas que intervienen en esa decisión hay aspectos que nos incumben a todos.
Porque en su radiografía de la realidad emocional que subyace a la industria del sexo, el libro también habla de nosotros, de nuestra hipocresía.
Como remarca la actriz Milcah Halili, "mirar porno necesita ser visto como algo aceptable, sin el tabú que ahora mismo existe. Porque, ¿cómo puede ser que sea tabú cuando todo el mundo lo está mirando?".
Y si el consumo de porno está tan extendido, tan normalizado, ¿por qué seguimos viendo a sus trabajadores como personas marginales, seres viciosos y amorales?
Nosotros alumbramos el porno en primer lugar. Porque el porno nació en el cerebro del hombre mucho antes de que hubiera revistas guarras, televisiones y porntubes
En el fondo, su trabajo no es otro que el de poner cara (y cuerpo) a nuestras fantasías. Nosotros alumbramos el porno en primer lugar, y no ellos. Porque el porno nació en el cerebro del hombre mucho antes de que hubiera revistas guarras, televisiones y porntubes.
Quizás todo se deba a nuestras propias inseguridades. A mirar con malos ojos a quienes han vencido esos pudores que nos mantienen atados. O como dice Jiz Lee: "La gente está asustada de lo que no conoce. Y la mayoría de la gente sabe muy poco sobre sexo y sobre género".
