Matías se despierta no del todo contento ni descansado y no tiene claro porqué. En el desayuno charla apurado con su mujer. No se ponen de acuerdo en como decirles a los chicos que tienen que cambiarlos del colegio donde estuvieron tres años, porque ya les resulta imposible pagar la cuota. Sale con esa amargura de su casa y camina hasta el subte y antes de entrar tropieza con un grupo de gente protestando ya desmayadamente y casi sin fuerzas porque el subte no funciona: hay un conflicto gremial por salarios o por la pelea interna de sindicatos, o porque le gritaron a una empleada en una cabina que carga el SUBE. NO, nadie sabe cuando se ranuda el servicio, no nadie sabe poqué es. Colectivo repleto, media hora tarde, no es el único, igual se come una mala mirada del jefe…que también llegó tarde. Trabaja en el banco hasta el mediodía y cuando sale a comer algo descubre que su comida aumentó 10% de un día para el otro, algo que ya pasó varias veces en al año en diferentes porcentajes, no sabe cuanto suman y ya no le importa mucho, está anestesiado. De regreso en el laburo su jefe le informa con una sonrisa – finalmente gracias a Dios porque la incertidumbre era insoportable – que el ajuste de sueldo se acordó en 30% a partir del mes que viene, con 5% no remunerativo y que el Banco decidió que él tendrá que hacerse cargo de la prepaga un 15% de su sueldo, o bien aceptar la Obra Social del Sindicato donde el Hospital es la antesala segura del cementerio. Pero Matías sabe bien que un beneficio acordado y repetido mas de 90 días no se puede cortar. Piensa en el reclamo a personal y hasta en un juicio y su fantasía de un recurso de ampara, que no sabe bien que es. Pero sería el fin de su carrera en ese y otro banco, mejor se calla. Está anestesiado. No puede discutir con nadie, no le conviene reclamar a nadie y no puede buscarse otro trabajo porque en todas partes están echando gente y el mismo Banco está reduciendo el personal. Agacha simbólicamente su cabeza y se sumerje en el análsis de los balances de empresas que nunca recibirán un crédito comercial a una tasa que le permita crecer, solo sobrevivir y eso por un tiempo nada más. Al fin del día, ya funciona el subte y llega su casa con esa aprensión conocida por todos los argentinos, con cierta angustia que no le deja percibir su cansancio y su deseo de ver a sus chiquitos porque sabe que encontrará debajo de la puerta alguna de las diarias facturas de AYSA, Metrogas, o la patente del auto, la cuota mensual del club, Cablevisión, y por la fecha casi seguramente la liquidación de la tarjeta de crédito, la cuota de la tienda donde compraron unos pocos muebles y que todavía no terminaron de pagar. Su angustia le provoca un malestar físico porque sabe sin dudar que cualquiera que sea tendrá un aumento con un vencimiento anterios a cobrar su aumento del banco. Con miedo, rasga el sobre de la tarjeta y comprueba que ese Banco, por mas descuentos que ofrece para que él haya tomado la tarjeta para comprar comida, le ha cargado $ 45 por enviar el resumen y 85% de intereses (mas 21% de IVA sobre los intereses) por su estúpida idea de haber pagado el mínimo enla cuenta del mes anterior para ir tirando hasta el aumento de su sueldo. No quiere hacer cuentas, no podría, no tiene ganas de hacerse malasangre porque sabe que será más que el sueldo de bolsillo de él y de su mujer que trabaja en un estudio que cada día tiene menos clientes y menos empleados . Los chicos hacen los deberes en el comedor, y Matías y su mujer buscan argumentos para que no se angustien por el inminente cambio de colegio. Repasan por tercera vez en este mes: la TV por cable es la mínima y no se puede bajar, vender el auto utilitario que duerme en la calle y tiene 7 años no resuelve nada y empeoraría la ya inevitable angustia de los chicos, dejar el club donde se divierten con amigos y deportes todos los fines de semana y perder el gimnasio gratuito sería una zozobra más, entonces …que les queda por hacer? Además, hay un sobre amenazante, como una serpiente enroscada y sibilante con un membrete en letras de molde que dice AFIP y que Matís escondió – a si mismo en el cajón de la cómoda – porque no se ha atrevido a abrir. Lo enfrenta, ya no con angustia ahora es miedo. Tuvo razón: su departamento de 93m2. en un Flores ha sido revaluado y Matías ingresa a la distinguida categoría de quienes pagan Bienes Personales, o el impuesto a la riqueza, como lo llama ese curioso ministro pequeñito de cuerpo y alma. No entiende bien porqué, y aunque todavía no le dijo a su mujer, consulta per teléfono a su hermano contador y se entera no sólo que debe pagarlo, sino que deberá pagar un año completo anticipadamente. El impuesto que le consume el 3% de los ingresos mensuales de toda la familia. Se pregunta pero no se responde: adonde irá ese dinero? Esa noche promete ojos abiertos hasta pasadas las 2 de la mañana, un nudo en la garganta, una ansiedad incontrolable por el temor al futuro y el dolor de guardase para si – al menos por unos días – sus sentimientos de miedo y desesperanza, antes de transmitírselo a su mujer. Nada hace mas daño que la incertidumbre sobre el futuro de su familia y porque no, de él mismo. Matías trata de sumergirse en el pensamiento mágico de que, como dicen en los guiones de las películas norteamericanas ante un moribundo o un tipo colgando a mil metros del suelo…no te preocupes, todo saldrá bien, pero él sabe que esa es una frase hecha que se les dice como consuelo a los que se sabe que nada les saldrá bien. Matías tiene que llevar a los chicos al colegio, tres cuadras que en cualquier parte del mundo, excepto donde hay guerras santas o en Venezuela, los chicos pueden caminar seguros desde los 10 años esas tres cuadras, pero Matías sabe que a varios compañeros les robaron las zapatillas y las mochilas, por eso en lugar de salir a correr que era su escape diario, a las 8 camina tres cuadras hasta el colegio regresa y se va a banco. Ya no le importa, está anestesiado. Matías no compra el diario porque se dio cuenta que pagar $ 15 x día y $ 25 los fines de semana le consumen $600 por mes, pero lo mira por internet en versión reducida cuando llega a su oficina pero ni eso quiere hacer porque ya los diarios no son diarios, son panfletos políticos apocalípticos o folletos de Disneyworld según quien les paga los avisos. Por eso se va encerrando en si mismo, pero ya está anestesiado. Este es solamente un breve relato de la situación diaria de millones de familias porque nuestro país se ha sumergido desde hace unos años en un contexto de inflación mas alta, mucho mas que su tradicional suba de precios, algo que no es nuevo, es endémico y antiguo. Esto tiene terribles implicancias económicas, sociales y psicológicas. Muchos de estos efectos son registrados a un nivel plenamente consciente: la reducción inmediata de nuestro calidad de vida, la necesidad de una angustiosa espera de un aumento de sueldo, un visible cambio permanente en la vida diaria, un regreso cada vez mas liviano y de menor calidad del supermercado, cargar nafta en al auto calculando litros y recorridos, en fin, angustia e inseguridad. La inflación también produce irritación, porque no es necesario ser un economista para darse cuenta que los que tienen bienes ya sean inmuebles o en divisas no la sufren, muy por el contrario, mes a mes sus patrimonios crecen a costa del colegio de los hijos de Matías, de su auto de 7 años, del diario que ha dejado de leer, posiblemente del club o del carnet de pileta que no saca para él porque quiere que los chicos la usen. Todo lo que él deja de consumir, menos su angustia naturalmente, pasa a la cuenta de los que tienen grandes departamentos o casas que han alquilado, campos o dólares atesorados, o trabajan con el gobierno como empleados, políticos o proveedores y de la noche a la mañana sus propiedades son mas grandes, sus automóviles importados mas nuevos…cuantos Matías quedan con sus ojos abiertos hasta las 2 de la mañana para que estos otros disfruten? Pero Matías ya no sufre ni se queja o se rebela, porque está anestesiado. La inflación se ha movido como un fantasma desde las sombras, perturbando silenciosamente su vida, creando desigualdad con tremendas consecuencias en sus sentimientos, en las relaciones con sus seres queridos, o en esas durísimas decisiones que lo afectan, en toda su calidad de vida. Pero todos ya estamos anestesiados y dispuestos a recoger cualquier limosna que el poder político ofrece diariamente por Cadena Nacional a la hora de los noticiosos. Tiene realmente un efecto psicológico o lo suponemos? Existen miles de estudios y palabrerío con relación a los efectos económicos que producen las tasas elevadas de inflación en la economía de un país. Sin embargo, nadie le presta la misma atención el efecto psicológico de la constante variación de precios. Esto se debe, en parte, a la dificultad para encontrar un método técnicamente aceptable para alcanzar un resultado cierto en este tipo de investigaciones, porque implican estudios no objetivos ni mensurables y terminan siendo quejas o charlas de café. Podemos, sin embargo, desde un enfoque descriptivo, identificar cómo nos impactan algunos de estos factores desde una perspectiva psicológica. Miedo, inseguridad e incertidumbre. Uno de los ejes en que el ser humano basa su desarrollo personal y profesional es su capacidad de tener control sobre su situación actual y futura. A mayor tasa de inflación, menor es la capacidad de las personas para planificar adecuadamente sus finanzas personales, lo que promueve muchas veces sentimientos de inseguridad, incertidumbre y miedo. A modo de ejemplo, en el caso citado, la falta de certeza, sobre si van a estar en condiciones o no de afrontar los gastos, o se vea obligado paulatinamente a caer y caer en su nivel de vida tiene un alto impacto sobre la relación de pareja, su autoestima, su sensación de tener el control. Incompetencia relativa. La mayoría de las personas carecen de las habilidades para manejarse con parámetros que cambian todo el tiempo. Una inflación alta es, en realidad, un cambio relativamente gradual de sistema de moneda. Está muy bien documentada la confusión (y consecuente vivencia de incompetencia) de personas mayores o poco educadas cuando sucede este cambio paulatino. Frustración. La inflación genera fuertes asimetrías en la economía. Como se ha explicado algunos sectores se ven más beneficiados que otros. Las personas varían en su capacidad para tolerar algunos de los cambios bruscos que perciben a su alrededor. Matías puede enojarse con el banco – su empleador – porque aparentemente el banco sube sus comisiones e intereses hasta donde le permite el mercado pero lo hace en forma autónoma, mientras que él sabe, sufre y siente que no puede hacer lo mismo porque se quedaría sin trabajo. También se enojará silenciosamente consigo mismo, por sentirse incapaz de mantener feliz a su familia y, por ende, victimizarse. Sentimiento de injusticia. Lo anterior puede darse en un marco más amplio. La justicia comprende un conjunto de reglas y normas que establecen un marco adecuado para las relaciones entre personas. En otras palabras, es el arte de dar lo justo o hacer dar lo justo a un individuo, sin tener ningún tipo de discriminación o preferencia hacia ninguna persona. En el contexto inflacionario que vivimos, hay gente que ven crecer sus ingresos y el valor de sus activos mucho y otros no, otros ceden su nivel de vida a favor de los que la mejoran. Esto genera en mucha gente la sensación de que su situación es injusta y les cuesta entender los motivos por los cuales a otros sectores de la población les va mejor independientemente de las características intrínsecas de su actividad. Conductas y emociones asociadas con hechos del pasado. Si el individuo tiene edad suficiente para haber experimentado previamente algún contexto inflacionario, es probable que, conscientemente o inconscientemente, asocie los hechos actuales con situaciones pasadas y esto tenga algún impacto en su conducta o forma de sentir. A su vez, esta conducta puede o ser o no muy adecuada a la situación actual. A modo de ejemplo, un ama de casa decide retirar sus ahorros de banco por miedo a perderlos y gastarlos en un viaje o un inversor decide tomar un crédito en pesos a tasa fija especulando que la inflación suba, en búsqueda de una tasa de interés negativa de acuerdo a su experiencia previa. Y siempre se equivocarán. Conducta especulativa No solo un empleado, un obrero, un comerciante, un profesional independiente y ni hablar un jubilado han adoptado formas legales, ilegales y hasta picarescas para defenderse contra la erosión que la inflación causa a su calidad de vida. Los empresarios tienen una completa deformación mental respecto del comportamiento industrial y comercial. En un país sin inflación, una empresa puede planificar y ejecutar dentro de un marco de cierta previsibilidad con un mínimo de incertidumbre sobre circunstancias que no controla. Puede aplicar sus esfuerzos y su dinero al desarrollo de productos y servicios. En cambio, entre nosotros,mlos campeones mundiales históricos de la inflación, ésta les obliga a un constante análisis de costos y precios y le añade tanta inseguridad que no puede planificar a largo plazo. En un país sin inflación un 5/7% de rentabilidad bruta anual es un porcentaje muy aceptable. Para un empresario argentino, con la mente distorsionada por el temor y sus idea corrompidas por la inflación pensar en menos de un 30% anual de utilidades sobre la inflación no es concebible y ese es otro motivo para que aumente la inflación, mas allá de la incongruencia de la disparatada emisión monetaria o el exótico gasto público. Afecta nuestra vida mucho más que lo imaginable La inflación afecta nuestras vidas, no sólo en términos económicos sino también, como hemos visto, tiene importantes efectos en otros aspectos de nuestra cotidianeidad. La inflación moldea nuestros sentimientos, nuestras acciones y nuestra forma de pensar. Cuanto más consciente tengamos las repercusiones de este proceso, más fácil será afrontarlas y evitar que se generen conflictos tanto a nivel personal como con los demás. Está totalmente fuera de nuestro alcance modificar las variables económicas que afectan la inflación, entonces nuestro gran desafío es cuidarnos, aprendiendo a identificar, manejar y neutralizar los efectos espantosamente negativos de la inflación.
Tenés la segunda inflación del mundo. Mirá destruir tu vida
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