Norma Plá no fue una abuela más.
Con sus anteojos y su corta estatura peleó siempre y hasta el final por los 450 pesos mensuales que creía dignos para cualquier jubilación.
Su figura fue siempre conflictiva. Hay quienes la recordarán como una persona con infinito entusiasmo y coraje como uno de los personajes inolvidables en la Argentina del ´90. Otros en cambio no harán más que creer que fue una viejita que no estaba del todo cuerda.
Fue una aguerrida activista y la cabeza del grupo de jubilados de Plaza Lavalle . Todos los miércoles durante cinco años lideraba la concentración semanal que realizan los pasivos.
"No puedo quedarme quieta"
Pero ¿era ella una mujer pasiva? Alguna vez se definió como muy nerviosa y a veces incontrolable: "No puedo quedarme quieta" repetía a quien quisiera oírla.
Los abuelos con sus marchas mostraron a todos que aunque mayores no habían perdido la fuerza de pelear por lo que creían suyo.
No es habitual en nuestros días que durante años se mantenga constante una lucha por algo que se cree justo. Sin embargo ahí estaban ellos: nuestros abuelos enseñándonos a luchar. Arremetiendo contra todo y contra todos.
Quienes se topaban con ellos mientras intentaban transitar por las calles más de una vez se habrán molestado con cierta razón. Aquellos que desde sus pantallas o desde una radio seguían los entretelones de la lucha de los jubilados seguramente los envidiaron por su fuerza inagotable y su admirable perseverancia.
Le quedó poco por hacer
Norma Plá hizo llorar a Carlos Ruckauf y a le sacó algunas lágrimas a Domingo Cavallo. Organizó choriceadas en lugares insólitos de la ciudad y hasta se dio el lujo de ir a bailar una noche a El Cielo.
Se peleó ciento de veces con políticos y policías. Arrojó más de una vez huevos harina chorizos e insultos a agentes poco dispuestos a ejercer la virtud de la paciencia. Dialogó con distintos dirigentes partidarios y llegó a proclamar suicidarse si no era escuchada en la Casa de Gobierno.
Hasta el invierno de 1991 esta señora madre de cuatro hijos abuela de más de una decena de nietos y viuda desde hace 12 años sólo era famosa en su círculo íntimo. La conocían sus amigos por las pastas que cocinaba al dente y los vecinos por sus asaditos en el patio de atrás. También algunos integrantes del movimiento carapintada así como el gremialista derechista Rubén Gioaninni.
Después de dormir más de 80 noches en Plaza Lavalle conocer distintas celdas policiales -por sus frecuentes reclamos y peleas con la policía- y enviarle una corona mortuoria al domicilio particular del actual ministro de Economía la jubilada Plá cobró una curiosa notoriedad.
Tenía más de veinte procesos judiciales padeció varios desmayos y tuvo cáncer de mama. Hizo huelgas de hambre y lideró ollas populares hasta amenazó con instalarse a vivir en una carpa frente a la casa de Cavallo.
Aunque según dijo "lo odiaba al ministro" él no era el único. No quería a Menem ni tampoco a Alfonsín: "Ambos me engañaron" declaró alguna vez.