Una realidad de tantas problematicas del pais. Venezuela es uno de los peores países para ejercer el oficio de policía. Al menos, en la Gran Caracas más de un centenar de uniformados acabaron tendidos en el pavimento a manos de delincuentes. Y encima, están mal pagados, por lo que muchos buscan cerrar los números recurriendo a los “negocios turbios”. A pesar de todo esto, no deja de ser una salida laboral, incluso, para un ex delincuente.
Si ser policía en cualquier lugar del mundo es un trabajo de alto riesgo, en Venezuela es aún más peligroso. En lo que va de año, sólo en la Gran Caracas, 102 agentes han perdido la vida en manos del hampa. Además del riesgo que supone, los que eligen el oficio de la seguridad no están bien remunerados. Este fenómeno se repite en toda América Latina, pero con la devaluación que ha sufrido la moneda venezolana, sus salarios nos les alcanza. Un policía gana al cambio unos 14,5 dólares al mes.
Joselyn - pide reservar su apellido–una oficial de la Policía Nacional Bolivariana, cuenta que percibe un salario de 12 mil bolívares. Si nos guiamos por la tasa oficial del dólar (bs 6,30), se traduciría en U$S 1.900, pero la realidad es que el venezolano de a pie –al igual que el que circula en automóvil…– no accede a este cambio que parece destinado sólo al Estado, por lo tanto tendrá que acudir al paralelo o el llamado dólar negro (que hoy por hoy se ubica en bs 825), lo que aterriza el sueldo de los policías en 14,5 dólares.
La mujer, de tez morena y estatura de 1.65 metros, relata: “Los policías estamos muy mal pagados, exponemos nuestra vida a diario, por eso muchos se dedican a otros ‘negocios turbios’ pues es la única manera que tienen para sobrevivir”. Cuando se le pregunta si ella también recurre a lo mismo, responde: “Bueno, recibimos formación para no hacerlo, pero a veces tenemos que pedir una ayuda, pero es eso, ayuda nada más, yo por ejemplo nunca pongo una multa si no es debida, ni mucho menos, me gusta ser legal, pero soy de las pocas chamo”, asegura.
Una cantidad considerable de policías no cumple con su juramento de servir a la sociedad, pero luego hay miles y miles que cada mañana exponen sus vidas para resguardar las de los demás, sin saber si volverán a sus casas.
Al menos en la capital del país, Caracas, más de 100 funcionarios han dejado tendidas en el pavimento sus esperanzas de construir un país mejor.
Por eso desde esta trinchera resaltamos su labor, más allá de la actitud de algunos que ha manchado, lastimosamente, el honor de los que se dedican a este loable oficio.
Un caso distinto
Para ilustrar lo anterior, nos citamos con Josué –quién también pide el anonimato porque, al igual que Joselyn teme que se le imponga alguna sanción. Josué cuenta que vivía en el barrio de Catia, al oeste de la ciudad capital, y que antes de sumarse a las fuerzas policiales integraba una banda de carteristas en el centro caraqueño: “Yo tenía 16 o 17 años, y lo hacía por conseguir algo de dinero, por las malas juntas que tenía y por tomar licor e ir a fiestas con mi grupo”, rememora.
Este hombre corpulento, de tez blanca y de 1.78 metros de altura, no se jacta de su pasado. Lo oculta. Sin embargo, comenta que al morir su padre entendió que no estaba haciendo lo correcto, y justo comenzó la Universidad Experimental de la Seguridad (UNES): “Me llamó la atención esta idea de Hugo Chávez, creí en este proyecto y creo que se está haciendo bien…, y sí, supe que lo que hacía antes era parte de la inmadurez, que quería tener poder, menos mal que nunca me agarraron. Mi papá me pidió antes de fallecer que cuide a la familia, y así lo estoy haciendo ahora”, confiesa Josué.
Con respecto a los “negocios turbios” en los que un porcentaje considerable de policías se ve involucrado, Josué responde: “Estamos recibiendo una buena formación, muchos vienen del cerro, con malas mañas y creen que la idea es portar un arma legal y ya, así que en la Unes nos capacitan no sólo a nivel físico, sino psicológico”. También comenta que a veces cuando patrulla por las calles de Caracas algunos amigos de su adolescencia le reconocen: “Pero yo me siento bien con lo que hago ahora, estoy para servir porque uno sabe lo candela que son los barrios”, señala como queriendo dar vuelta de página.