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El aterrizaje de Valensole.




El caso de Maurice Masse

1 de julio de 1965. Valensole, Francia. Un agricultor de cuarenta y un años llamado Maurice Masse se encuentra en una finca de su propiedad cuando oye un extraño silbido. Pocos segundos después observa una especie de balón de rugby que se encuentra posado en el suelo, sobre sus propios terrenos. Junto al artefacto observa dos extrañas figuras humanoides de escasa estatura. Acto seguido, Masse se acercó a la escena. Aquellos dos personajes parecieron asustarse…


Ahí comenzó una aventura casi única en la historia de la ufología. Según declaró Masse, en ese instante, uno de aquellos hombrecillos sacó de su cintura algo parecido a un cilindro. Le apuntó y del artefacto salió un haz de luz que lo dejó completamente paralizado. Únicamente se sentía capaz de mover los ojos y de respirar, pero su cuerpo quedó clavado en el suelo.

Tan sorprendente testimonio fue el que ofreció a los primeros investigadores del caso, que no eran sino los gendarmes de la localidad de Valensole. Pese a lo insólito del relato, en ningún momento detectaron contradicción alguna en el testimonio que les estaba ofreciendo el testigo.


Maurice Masse


En su expediente, la Gendarmería explicaba que se analizó y estudió la zona del presunto aterrizaje con total meticulosidad. Como en otros casos había ocurrido, aparecieron huellas en el terreno. Se trataba de varias hendiduras perimetrales y una zona hundida en el sitio exacto del presunto aterrizaje. Según comprobaron los investigadores, en torno a esa huella apareció el barro mojado, algo que no sería extraño a no ser – como realmente era – que no hubiera llovido en los días anteriores. Sin embargo, en cuestión de pocas horas, el terreno volvió a secarse de forma inexplicable.

Al lugar también se aproximó el equipo de investigación del GEPAN (Grupo de Estudios de Fenómenos Aéreos), grupo oficial dependiente de las principales instituciones científicas de Francia. Constataron la existencia de las evidencias y concluyeron que el peso del artefacto era enorme.

El GEPAN constató que las huellas permanecieron en el terreno ¡Durante años!

Lo comprobaron tras visitar el lugar en diversas ocasiones a lo largo del tiempo. Certificaron que la vegetación que crecía llí había dejado de hacerlo. Era como si la presunta energía que generaba el objeto hubiera matado la naturaleza en el lugar. Treinta años después del suceso, las características de estos efectos seguían siendo evidentes. Los estudiosos incluso intentaron reanimar artificialmente la vegetación del lugar, pero se vieron incapaces de lograrlo. Ninguno de los científicos del GEPAN logró explicar satisfactoriamente por qué se producía tal cosa.

Pero el GEPAN e investigadores como el mítico estudioso francés Aimé Michel no sólo examinaron los efectos físicos del encuentro OVNI . Y es que se registraron también efectos fisiológicos en el testigo. Según relató Maurice Masse, en cuanto al extraño objeto desapareció comenzó a notar en su cuerpo los efectos de su exposición al extraño artefacto. En primer lugar, sintió mareos y dolor de cabeza. Luego, todo se complicó…


Ilustración del encuentro de Michael Buhler

Masse empezó a sufrir crisis de sueño. Pasó de dormir apenas cinco horas al día a ser incapaz de dejar de hacerlo al menos durante dos terceras partes del día, en una suerte de narcolepsia que tuvo su origen en aquel encuentro cercano, extremo que fue certificado por un equipo de médicos. Los investigadores no lograron explicar satisfactoriamente todos estos efectos, sin embargo, el GEPAN encontró que reacciones fisiológicas muy similares se habían registrado en otro tipo de sucesos que nada tenían que ver con los OVNIS, en concreto, en aquellas personas que habían estado expuestas a fuertes campos electromagnéticos generados de forma artificial. Así pues, para el GEPAN, la máquina que había visto el campesino generaba a su alrededor un poderosa energía que explicaba los efectos sobre el terreno y el testigo. Ambas cosas evidenciaban que había intervenido, según el expediente, algún tipo de tecnología. Eso sí, de origen totalmente desconocido hasta la fecha.





La desaparición de Frederick Valentich.



¡Está sobrevolando pero no es un avión!

21 de octubre de 1978, el joven piloto australiano Frederick Valentich despega con su Cessna 128 desde Moorabbin, en Melbourne. Son las 18:19h. Valentich se dirige hacia King Island sin saber que ese será su último vuelo y que en tan apenas 50 minutos, pasará a los anales de la historia de la ufología como protagonista de una de las desapariciones más enigmáticas documentadas.


El comienzo del vuelo transcurre con total normalidad hasta las 19:o6 horas, mientras la avioneta Cessna sobrevuela el estrecho de Bass. Valentich se pone en contacto con los controladores de tránsito aéreo para reportarles lo que están viendo sus ojos. Un aparato veloz, luminoso y de origen desconocido comienza una especie de juego aéreo con su pequeña avioneta.

A continuación van los informes oficiales de la comunicación completa que Frederick mantiene con la Unidad del Servicio de Vuelo de Melbourne.







Transcripción del informe:

19.06’14″
DSJ: Melbourne, aquí Delta Sierra Juliet. ¿Hay tráfico conocido por debajo de los 1.520 m?
FS: Delta Sierra Juliet, no hay tráfico conocido.
DSJ: Delta Sierra Juliet, parece que hay un avión enorme por debajo de los 1.520 m.

19.06’44″
FS: Delta Sierra Juliet. ¿Qué tipo de avión?
DSJ: Delta Sierra Juliet. No puedo asegurarlo, es muy brillante.. me recuerda a las luces de aterrizaje.

19.07’00″
FS: Delta Sierra Juliet.

19.07’31″
DSJ: Melbourne, aquí Delta Sierra Juliet. El avión acaba de pasar por encima de mí unos 304 m más arriba.
FS: Delta Sierra Juliet, ¿de verdad es un avión tan grande?
DSJ: Mmm…, no puedo asegurarlo por la velocidad a la que vuela. ¿Hay alguna actividad de las Fuerzas Aéreas en la zona?
FS: Delta Sierra Juliet, no hay actividad conocida en el área.

19.08′ 18″
DSJ: Melbourne, ahora se está aproximando desde el este hacia mí.
FS: Delta Sierra Juliet.

19.08’41″
[micrófono abierto durante dos segundos]

19.08’48″
DSJ: Delta Sierra Juliet. Parece que está jugando, pasó volando sobre mí, dos, tres veces, a una velocidad que no pude determinar.

19.09’00″
FS: Delta Sierra Juliet, ¿cuál es su nivel actual?
DSJ: Mi nivel es cuatro mil quinientos, cuatro cinco cero cero.
FS: Delta Sierra Juliet, ¿nos confirma que no puede identificar el aparato?
DSJ: Afirmativo.
FS: Delta Sierra Juliet, entendido.

19.09’27″
DSJ: Melbourne, Delta Sierra Juliet, no es un avión, es [micrófono abierto durante dos segundos].

19.09’42″
FS: Delta Sierra Juliet, ¿puede describir al avión?
DSJ: Delta Sierra Juliet, cuando pasa volando veo que es muy largo [micrófono abierto durante tres segundos] no puedo identificarlo más debido a la velocidad [micrófono abierto durante tres segundos]. Está delante de mí en este momento Melbourne.

19.10’00″
FS: Delta Sierra Juliet, entendido, y ¿cómo sería de grande el objeto?

19.10′ 19″
DSJ: Delta Sierra Juliet, Melbourne, parece que permanece estacionario. En este momento estoy describiendo una órbita y él hace lo mismo encima de mí. Tiene una luz verde y parece metálico. Es muy brillante.
FS: Delta Sierra Juliet.

19.10’46″
DSJ: Delta Sierra Juliet [micrófono abierto durante cinco segundos]. Ha desaparecido.
FS: Delta Sierra Juliet.

19.11’00″
DSJ: Melbourne, ¿saben qué tipo de avión es? ¿Es un avión militar?
FS: Delta Sierra Juliet, confirme si el avión se ha ido.
DSJ: Repítalo.
FS: Delta Sierra Juliet, ¿el avión todavía está con usted?
DSJ: Delta Sierra Juliet, está [micrófono abierto durante dos segundos] ahora se aproxima desde el sudoeste.
FS: Delta Sierra Juliet.

19.11’50″
DSJ: Delta Sierra Juliet, parece que el motor no responde. Marca veintitrés, veinticuatro y está fallando
FS: Delta Sierra Juliet, entendido, ¿cuáles son sus intenciones?
FS: Mi intención es ir a King Island. Ese extraño avión sigue volando encima de mí [micrófono abierto durante dos segundos]. Está sobrevolando pero no es un avión.
FS: Delta Sierra Juliet.
DS: Delta Sierra Juliet, Melbourne [micrófono abierto durante diecisiete segundos]. [No hubo conclusión oficial sobre el extraño ruido que se oyó y que interrumpió la última frase del piloto].



Tras el corte de la comunicación, ni Frederick Valentich ni su avioneta volvieron a ser visto jamás. Durante los siguientes días se realizaron tareas de búsqueda en toda la zona de Bass Strait sin resultado positivo alguno.

Investigaciones posteriores reportaron un buen número de declaraciones de testigos que aseguraron haber visto un objeto verde y brillante sobrevolando los cielos de Bass Strait durante las horas del suceso. Tiempo después, un grupo de submarinistas aseguraban haber visto y fotografiado la avioneta de Valentich en el fondo del estrecho de Bass. Otros teorizan con que Valentich todavía sigue con vida…

Ciertamente, pese a que los amantes de la ufología hayan hecho suyo el caso de la desaparición de Valentich, no existen pruebas certeras ni suficientes para asegurarlo. De las comunicaciones por radio detalladas arriba no se pueden extraer demasiadas conclusiones más allá de que un objeto que no se asimilaba a un avión estándar se cruzó en el camino del joven e inexperto piloto pero, ¿Significa eso qué ese aparato tenga un origen no terrenal?

Como en tantos y tantos casos, parece ser que nos quedaremos por siempre con la duda.







El caso de “El niño de Tordesillas”.




El chico de Tordesillas

Estamos más que acostumbrados a ver en el mundo del cine y la literatura fantástica muchos casos en los que se representan a los visitantes de otros planetas de un modo poco amistoso. Equipados con tecnología todavía imposible para nosotros, nos fulminan y nos paralizan con sus rayos cósmicos para después esfumarse ante nosotros a la velocidad de la luz. Y como suele suceder, la realidad suele superar a la ficción.

Existen muchos casos documentados de estas extrañas ”agresiones”, hoy, por lo extenso del tema, os dejo el más sonado en España en los últimos tiempos, el caso conocido como “El niño de Tordesillas”, que sacó a la luz Iker Jiménez hace unos años. En breve posteare sobre más casos en el mundo.

1 de Octubre de 1977. Tordesillas (Valladolid)

Un grupo de niños corretean y juegan en las afueras del pueblo. Están jugando al “bote la malla”, una variante del juego del escondite. Dos niños, Martín Rodríguez Rodríguez y Fernando Caravelos, ambos con siete años de edad, se alejan del grupo en busca de un refugio seguro en el que esconderse y se dirigen hacía un antiguo y semiderruido corral próximo a la carretera Valladolid-Zamora. El corral se encuentra en el linde de Tordesillas y ya está anocheciendo, un lugar solitario y alejado en el que los niños confían no ser encontrados por el “buscador” del juego en el que están inmersos.


Martín Rodríguez “El niño de Tordesillas”

El lugar es conocido por los niños y saben que en alguna ocasión alguna persona se ha refugiado en el corral por la noche. Por precaución, el pequeño Martín lanza una piedra sobre la tapia. Un sonido seco y metálico semejante “a la chapa de los automóviles cuando chocan” sonó al otro lado. El extraño sonido sorprendió a los dos niños, pues allí dentro tan solo había una antigua maquina de labranza en desuso y ambos sabían que el sonido que habían escuchado no pertenecía al golpe con dicha máquina.

Con precaución entraron al corral y la sorpresa fue mayúscula cuando, en un rincón del corral descubrieron un extraño artefacto parecido a “una gran lágrima de metal”, sostenido sobre tres gruesas patas, y envuelto en mil y un colores que llegaba a hacer visibles las vigas y recovecos de aquel corral sin techo…

El extraño artefacto:
El objeto medía unos 2.80 metros de alto por 1.95 metros de ancho y se encontraba posado en tierra emitiendo un sonido muy tenue. Tres ventanas circulares a modo de “ojos de buey” por las que surgía una luz muy parecida a los colores rosas y azulados de las pompas de jabón parecían escrutarlo desde la oscuridad. La forma de ovni , según los testigos (el testigo), era como una pera metálica o como el gorro típico de Semana Santa pero más ancho por su base. Las patas, aferradas al suelo, tenían una serie de líneas en zigzag que las recorrían de arriba abajo. En pleno centro de su estructura, una puerta dividida en dos como las de los ascensores, se dibujaba cerrada y con un color metálico brillante. Asimismo, y en el lateral derecho, una especie de tobera formada por varios cilindros sobresalía envuelta en una especie de vapor condensado. Al elevarse también pudieron observar unos pinchos en la base de las patas.


Maqueta del supuesto ovni relatado, realizada por el artista Marcos Garcia para la web de Jose Antonio Caravaca


La agresión:

Tras unos instantes, el objeto comenzó a elevarse con un movimiento de balanceo. Fernando saltó hacia atrás a la desesperada e intento agarrar a Martín para apartarlo de un halo de luz que surgía del centro del objeto. Pero no pudo hacerlo. El muchacho había quedado atravesado por un haz fino y semejante “a las líneas de luz solar que se ven a través de las persianas” que cruzaba la estancia y le traspasaba el abdomen. Fernando, visiblemente asustado, intentó una y otra vez “quitar los rayos” del cuerpo de su amigo, pero fue en vano. Salió al exterior gritando para avisar a los demás. En el interior del corral, Martín seguía con las manos aferradas al estómago, pero sin poder zafarse de una daga de luz que lo mantenía allí sujeto.

-“La sensación que tuve fue que algo se me metía en el interior de la tripa. Algo que me dejaba enganchado sin permitir moverme adelante ni atrás. Fue entonces cuando comencé a marearme y a sentir que se me iba el sentido. Esa fue la última imagen que tuve, Creo que caí hacia atrás al tiempo que aquello aceleraba recto y en vertical hacia el cielo mientras las patas se metían dentro del aparato.”


Ilustración representativa del investigador Jose Antonio Caravaca

Pocos minutos después, Fernando y el resto de niños que habían acudido tras los gritos de alerta, llevaban en volandas a Martín hasta su domicilio en estado semiinconsciente. No podía articular palabra, su color se había vuelto amarillento y tenía las pupilas completamente dilatadas.

El padre de Martín, tras escuchar lo sucedido, supuestamente por Fernando, acude junto con un amigo al corral donde encontraría tres huellas humeantes en posición triangular y un círculo donde la tierra parecía haber sido abrasada. Llenaron una bolsa de plástico con la tierra ennegrecida y volvieron a casa.

(Un posterior estudio de la tierra por parte de Iker Jiménez, veinte años después del suceso, arrojaría el dato de que la tierra estuvo sometida a 600º, sin más datos relevantes.)



Dibujo del artefacto de la mano del propio Martín.


Las consecuencias:
Tras los hechos relatados, el pequeño Martín, que hasta entonces había gozado de una salud estupenda, comienza a encontrarse mal. Sufre de dolores estomacales, vómitos y mareos, perdidas de visión…

Tras unas primeras observaciones por los médicos de Tordesillas, Martín es ingresado en el hospital Onésimo Redondo de Valladolid. En este punto comienza una verdadera odisea donde la vida del Martín Rodríguez Rodríguez pende de un hilo en varias ocasiones. En pocos años sufrirá catorce operaciones, las recaídas y las entradas al hospital en estado de coma se convertirán en algo rutinario para él y su familia.

- ” En el colegio se llegó a hacer una colecta para comprarme flores. Cada niño puso cinco duros. Cuando llegué a Tordesillas me di cuenta de que me habían hecho una mortaja. Aquello no se puede olvidar. lo que ocurre es que había vuelto a salvarme… y esta vez nadie lo esperaba. Todos me daban por muerto…”




Uno de los partes hospitalarios en los que Martin ingreso en estado de coma.

Increíblemente, Martín se sobrepuso a todas las operaciones. Trece de ellas a modo de trepanación, abriendo su cráneo para controlar el sistema valvular artificial que le pusieron tras diagnosticarle “estenosis a nivel del acueducto de su tercio superior” (Hidrocefalia). La infancia de Martín transcurrió entre vendajes y heridas, con el paso de los años superó la enfermedad aunque todavía hoy en día sufre las consecuencias de tan delicadas operaciones, pero hace una vida normal.



Entrevista a Martín en el programa, Cuarto Milenio:















Operación “Ojo rojo”.



Perseguidores y perseguidos

4 de noviembre de 1970. Base aérea de Zaragoza. Son las 11.00 horas de la mañana: la hora señalada para la operación Ojo Rojo, una serie de maniobras militares que realizaban conjuntamente las Fuerzas Aéreas españolas y el Ejército de Estados Unidos. El ejercicio consistía en situar sobre unas coordenadas del espacio aéreo la ubicación de un enemigo ficticio hacia el cual debían dirigirse los cazas. El objetivo de la simulación era conocer la capacidad de respuesta ante un hipotético enfrentamiento bélico en el aire. La operación se dirigía desde el radar de Calatayud (Zaragoza), también conocido con el sobrenombre de Siesta. El misterio llegó cuando uno de los cazas se aproximó al enemigo invisible…



Base aérea de Zaragoza, años 60.

De la base aérea de Zaragoza despegaron dos cazas F-86. Los pilotaban los capitanes Juan Alfonso Sáez-Benito y Luis Carvayo. Pocos minutos después, desde Calatayud indicaron a los pilotos que debían dirigirse hacia el mar Cantábrico. El lugar señalado desde Siesta estaba ubicado a unos ochenta kilómetros al norte de Gijón. Hacia allí se encaminaron. Sin embargo, en ese instante los planes cambiaron. Y es que en las pantallas del Escuadrón de vigilancia Aérea (EVA) apareció un auténtico eco no identificado. No se trataba de nada ficticio. En aquel momento, los controladores decidieron enviar a los F-86 hacia ese punto. Entonces los pilotos aún creían que todo formaba parte del ejercicio de simulación, pero ya no era así: la amenaza se había convertido en real…

Unos minutos después, los pilotos alcanzaron el punto señalado. El eco no identificado se encontraba a 8.000 metros de altitud y aproximadamente a unos 1.000 metros por encima de donde estaban los cazas. Los pilotos no observaron nada en un primer momento, pero los operadores insistieron, al tiempo que repetían una y otra vez que aquello ya no era un ejercicio ficticio. Tanto a Sáez-Benito como a Carvayo les costó creerlo. Además, no veían por ninguna parte al intruso.

Tras varias vueltas y revueltas, el combustible de los cazas comenzó a escasear y se inició el proceso de retorno a Zaragoza. Lo que sucedió a continuación explica por qué el expediente del caso sigue siendo secreto casi cuarenta años después…

Los F-86 iniciaron la maniobra de retorno, pero en Siesta la inquietud fue en aumento, puesto que el no identificado no sólo seguía allí, sino que de acuerdo con lo que señalaban las pantallas, el eco se situó a unos tres mil metros por detrás de los cazas. Parecía seguir a los aviones de combate españoles. Sin embargo, surgido a la vista de los militares, pero sería por poco tiempo, puesto que aparecería justo cuando apenas les faltaban cien kilómetros para enfilar la pista de aterrizaje de la base aérea.



Cazas F-86

El primero en ver algo extraño fue Juan Alfonso Sáez-Benito, quien, paradójicamente, años después llegó a ser jefe de la base de Zaragoza. Se trataba, en principio, de un reflejo a la izquierda del avión.

Ambos pilotos decidieron averiguar qué era aquello.

Variaron su ruta y se dirigieron hacia aquel destello que también aparecía en el radar. Quedaron atónitos. Cuando se acercaron al objeto pudieron ver perfectamente la forma. Era un artefacto ovoidal, de aspecto metálico. Sobre la parte superior se divisaba una especie de plataforma o tejadillo rectangular. Jamás habían visto algo semejante. Sin lugar a dudas era un objeto sólido, manufacturado. Una auténtica nave. Sin embargo, por su forma no respondía a principio aeronáutico alguno…

Los pilotos intentaron situarse frente al artefacto, pero les fue imposible. Cada vez que lo intentaban, aquel objeto no identificado evitaba el morro de los cazas: ascendía, disminuía la velocidad y se colocaba detrás de los F-86. En términos aeronáuticos, la maniobra que realizaba es conocida como “una percha”, una táctica de combate que sólo los ases de la aviación saben realizar con precisión. El problema – y menudo problema — es que algún tipo de inteligencia debía manejar aquel objeto, que, por si fuera poco, no tenía la forma adecuada para realizar tales operaciones.

Absurdo…

Pero real.

La escena se repitió en varias ocasiones. Según declararon los pilotos, el no identificado efectuaba aquellas maniobras con total limpieza y a una velocidad inconcebible.

Ya muy cerca de la pista de aterrizaje, el OVNI se situó de nuevo detrás de los aviones. Esta última parte de la observación duró apenas unos instantes: todo acabó cuando el objeto se catapultó hacia la vertical a una velocidad inconcebible.

Tras aquello, desapareció también de las pantallas de radar. Cuando tomaron tierra, a los pilotos, que permanecieron lívidos durante horas, se les exigió silencio, aunque de sus recuerdos jamás desapareció la escena que habían vivido. Estaban convencidos de que aquel artefacto no era de aquí. El expediente oficial del caso no ha visto la luz y permanece archivado.





Los extraterrestres gigantes de Voronez



Contacto Voronez

El 10 de octubre de 1989 las televisiones de medio mundo abrieron sus diarios con una noticia sorprendente: un Objeto Volador No Identificado había aterrizado sobre un parque público de la Unión Soviética causando gran expectación y temor…




La jugosa noticia, ofrecida por la Agencia Tass, corrió como la pólvora y cientos de periódicos se ocuparon de plasmar en sus páginas los sucesos que se narraban de la casi desconocida Unión Soviética. Incluso se leía en el telex enviado a las agencias europeas que del OVNI surgieron unos extraños y gigantescos seres acompañados de un robot que hicieron desaparecer a un niño que había en las inmediaciones, utilizando para ello una especie de “pistola de rayos”. Recordamos algunas de las notas de prensa reproducidas en algunos medios de comunicación: “URSS: científicos confirman el aterrizaje de un OVNI . Informe Especial de la agencia rusa Tass: un OVNI aterriza en un parque en Voronez, Rusia. Cuatro alienígenas de 3 metros –10 pies– de alto salen de la nave, causando el pánico entre la muchedumbre de espectadores que huyen. Los hechos habían sucedido a las 18.30 horas del miércoles 27 de septiembre cuando varios niños que jugaban en el parque de la ciudad rusa de Voronez, y personas que esperaban al autobús habían visto en el cielo una luz rosada, que después se convirtió en un globo de color rojo oscuro de 10 m de diámetro aproximadamente. Según Vladimir Lebedev, corresponsal de la Agencia Tass, en la pequeña ciudad rusa, muchos niños habían presenciado el aterrizaje del OVNI y posterior descenso de varios alienígenas en el parque. Ataviado con un mono plateado, botas de color bronce y un disco en el pecho, de tres metros de altura, con cabeza diminuta y tres ojos, uno de los supuestos alienígenas salía de la nave acompañado por un robot. ‘El extraterrestre emitió un sonido y dibujó sobre la tierra un triángulo luminoso de unos 30 por 50 cm que desapareció rápidamente.



La extraña criatura tocó el pecho del robot, y éste comenzó a andar. En ese momento, uno de los niños gritó aterrorizado, el extraterrestre le miró y el pequeño se quedó paralizado’. Después, el alienígena apuntó a uno de los jóvenes con un ‘arma’, un objeto similar a un tubo de medio metro de largo, y el muchacho desapareció instantáneamente, para reaparecer cuando el ser regresó a su nave y ésta partió a gran velocidad”. Pero lo más irritante del asunto, como indicaba el titular, era la confirmación del fenómeno por parte de científicos de la Universidad de Voronez. “Un equipo de científicos del laboratorio de Geofísica, a 500 km de Moscú, ha confirmado el reciente aterrizaje de un objeto volador no identificado –OVNI–, al tiempo que han localizado pisadas de alienígenas, que según los testigos presenciales medían de tres a cuatro metros y tenían la cabeza muy pequeña. Junto a ellos, de la nave descendió un pequeño robot. ‘Hemos identificado el lugar del aterrizaje mediante sistemas de biolocalización’, declaró a Tass Genrij Silanov, jefe del laboratorio de Geofísica de Voronez. ‘Detectamos un círculo de 20 m de diámetro, en el que se ven cuatro hendiduras de 4 a 5 cm de profundidad y de 14 a 16 cm de diámetro cada una, situadas en los cuatro puntos de un rombo. Encontramos una misteriosa piedra de color rojo’. El científico añadió que el análisis de la misteriosa roca roja mostró que en la Tierra no existen sustancia análogas, aunque se necesitan más investigaciones para una conclusión definitiva. El periodista Vladimir Ledevev indicó que los científicos del laboratorio también encontraron un hoyo en el que, según los análisis, los supuestos extraterrestres tomaron muestras del terreno”. ¿Se podía pedir más a un aterrizaje OVNI ? Múltiples testigos, huellas sobre el terreno, elementos dejados por los tripulantes del objeto y la participación de personal científico para la encuesta; el caso soñado…





Verdades y mentiras del “aterrizaje

Para analizar qué puede esconderse tras un episodio de tal espectacularidad, es obligado que analicemos punto por punto los pormenores de la experiencia con todos los datos de los que dispongamos. Por lo pronto hay que decir que exceptuando al sobresaliente investigador Jacques Vallée, ningún reconocido ufólogo occidental ha acudido hasta la ciudad de Voronez con la intención de desvelar el enigma. De momento baste decir, para todo aquel que piensa que el asunto puede resolverse de un plumazo, que el propio Vallée en su libro UFO Chronicles of the Soviet Union: A Cosmic Samizdat, coescrito con la periodista científica del prestigioso diario Le Figaro, Martine Castello, asevera que hay indicios de realidad en el mismo. En su visita a la localidad en 1990, pese a que no estaba nada convencido de lo sucedido, descubrió que se pudo desinformar desde un principio para que el aterrizaje cayera en el olvido y no fuera tomado en serio más allá de las fronteras rusas. Muchos datos e informaciones pueden no ajustarse a la verdadera naturaleza del fenómeno manifestado en Voronez. La utilización del símbolo ummita es una de las cuestiones que más hizo dudar a Vallée en un principio sobre la credibilidad del aterrizaje, y a su vez le confirmaría, una vez desarrolladas todas las pesquisas, la posible participación de “agentes externos” a los testigos para añadir detalles fraudulentos a la experiencia. La manipulación obviamente ha de tener un propósito: restar credibilidad a un hecho y crear confusión, por tanto algo de realidad debía haber tras el singular episodio OVNI . Como ejemplo del interés en zanjar el asunto por la vía rápida, veamos la siguiente nota de prensa reproducida solo dos días después: “El corresponsal de Tass que dio el notición de los OVNIs, un amante del vodka”. “El redactor jefe adjunto de la agencia de noticias soviética Tass, Igor Yefimov, declaró que no cree en la historia del OVNI de la ciudad rusa de Voronez difundida anteayer por un corresponsal de la agencia conocido por su amor al vodka. ‘El reportero Vladimir Ledebev deberá examinar el caso con lupa’, dijo Yefimov”. Con esta nueva panorámica de los acontecimientos podemos afrontar una revisión de lo acontecido en Voronez e intentar dilucidar qué ocurrió aquella tarde en una populosa localidad rusa que ha pasado por méritos propios a los anales de la ufología internacional como uno de los sucesos más debatidos, controvertidos y mediáticos que se han conocido.


Descifrando el enigma


Al poco tiempo se presentó en el parque el científico Genrij Silanov, jefe del Laboratorio de Geofísica de Voronez y destacado miembro de un grupo de investigación de fenómenos anómalos de la ciudad, por lo que se supone que su participación en el caso se debe más a una iniciativa particular y privada que a una determinación del citado laboratorio por esclarecer los hechos.

Situado en el lugar del supuesto aterrizaje, Silanov descubrió, como posteriormente indicaría a la prensa –concretamente al periodista Vladimir Lebedev–, cuatro huellas formando un rombo, que atribuyó a las “patas” del OVNI , y una huella circular de 20 m de diámetro. Las marcas ocasionadas por las “patas” se pudieron medir y fotografiar, situandose entre unos 4 ó 5 cm de profundidad, y entre 14 ó 16 de diámetro. El peso del artefacto se estimó en unas 11 toneladas. A este respecto Jacques Vallée afirmaba en su libro que coincidía plenamente “con la gama de las estimaciones alcanzadas por los científicos franceses que estudiaron marcas físicas en aterrizajes OVNIs durante la oleada sucedida en Francia en 1954”. La altura de las “patas” debería ser considerable, ya que los ramajes no presentaban torceduras ni roturas, y los “gigantes” trabajaron en los alrededores con cierta comodidad. En la misma zona, el científico ruso encontró una extraña piedra roja oscura, parecida a la arenisca –algunas citas hablan de dos piedras rojas– que en un principio, y tras un examen mineralógico se dijo era desconocida en nuestro planeta. Sin embargo a los pocos días la prensa anunciaba, en un nueva entrega, que “analizada la piedra no se detecta ningún componente extraño”. Uno de los elementos más importantes y desconcertantes hallados en el lugar del aterrizaje se realizó cuando Silanov descubrió que existía un elevado grado de radiactividad entre las cuatro huellas. Este detalle fue oficializado y confirmado plenamente por una “comisión” estatal, en la que participó Stanislav Kádmenski, titular de la Cátedra de Física Nuclear de la Universidad de Voronez, que preocupados por la salud pública de los habitantes de la urbe, investigó los hechos. Aunque se pronunció negativamente sobre el supuesto aterrizaje de un OVNI , el experto confirmó que en el área se registró el doble de radiactividad.



El citado grupo, encabezado por Igor Sarotsev, vicerrector de la Universidad de Voronez, llegó a la conclusión de que “la presencia de una cantidad mayor que la media de cesio, isótopo radiactivo, no constituye prueba suficiente. Después de la catástrofe de Chernobyl, se ha encontrado cesio en cantidades superiores a la normal en muchas zonas de nuestro país”. Pero resulta chocante que el único lugar del extenso parque que registró ese grado anormal de radiactividad fuera un punto, precisamente, entre las cuatro marcas que supuestamente habían sido dejadas por el aterrizaje del extraño aparato. Y si bien es cierto que muchas localidades rusas se vieron afectadas por el terrible accidente de Chernobyl, en algunos mapas elaborados sobre los “contagios” no se señala a Voronez hasta el día del citado aterrizaje, encontrándose a unos 300 km de la ciudad más cercana afectada por el escape. Pero existen más indicios que apuntan a que algo extraño tuvo lugar en Voronez. Periodistas de la Agencia EFE, que telefonearon en aquellas fechas a la policía de la citada ciudad para intentar corroborar el telex de Tass se llevaron una grata sorpresa. La central de las Milicias –policía uniformada– informó que durante varios días, entre el 23 y 27 de septiembre, recibieron decenas de llamadas denunciando la aparición en los cielos de extrañas luces, y que incluso les relataron los supuestos encuentros con los extraterrestres. Pero ahí no acaba la historia. V. Pereverzev, funcionario de la Milicia local, afirmó a la agencia de prensa occidental que “había acompañado a los científicos de la sección de estudios de fenómenos anómalos de la ciudad, quienes cavaron un hoyo de 35 cm de profundidad y 2,5 m de diámetro en el que encontraron escorias de metal desconocido que no reacciona con ácido alguno”. Estos hallazgos fueron adjudicados también a la comisión científica que aseguraba haber hallado hasta 17 fragmentos de un material misterioso. Jamás se hicieron públicos los resultados de estos elementos, pese a que otros investigadores soviéticos los reclamaron. Pero hubo más. Los periodistas españoles, enviados por Informe Semanal a Voronez para cubrir la noticia, no tuvieron permiso para entrevistar a los adultos y sólo se les consintió hablar con Genrij Silanov y varios niños para dar una imagen al público occidental de que el caso era fruto de la imaginación infantil. Actitud ridícula y poco rigurosa, pues había elementos que avalaban la presencia de varios adultos…



Niños… y adultos

Leemos para ello la prensa de la misma fecha: “Varias decenas de personas que esperaban el autobús fueron testigos de la llegada, a las 18.30 horas, de un objeto volador no identificado”. Según el corresponsal de Sovietskaya Kultura en Perm, E. Yefremov “…el lugar estaba abarrotado de gente que esperaba el autobús y la muchedumbre pudo ver claramente cómo se abría la compuerta –del OVNI– y al humanoide que apareció en la abertura…”. En la propia televisión rusa aparecieron decenas de testigos adultos que confirmaban con sus propias palabras lo narrado por los niños, por lo que no se entiende que se dijera que el caso solo estaba respaldado por adolescentes.

El teniente de la policía C. A. Mateveyev exponía ante las cámaras lo que vio aquella tarde: “Yo estaba en el parque sur, cerca de la carretera, y vi un objeto volador a una altura de 200 y 250 m”. Su compañero, el capitán C. H. Okunev, también observó el OVNI : “Se quedó a la misma altura si moverse horizontalmente. Eso me interesó mucho, porque no podía ser un globo meteorológico”. Por su parte, Alexander Kustischev habló de los humanoides de la siguiente forma: “Era enorme, más que nosotros, parecía muy fuerte”. Algunos de los chicos incluso fueron entrevistados pasados algunos años y volvieron a ratificar sus primeras declaraciones. No obstante nunca se pudo aclarar uno de los detalles que más intrigó a los investigadores, incluido al propio Vallée: la imposibilidad de localizar al supuesto joven que desapareció al recibir el haz luminoso del tubo que portaba uno de los humanoides. Tras estudiar el suceso queda claro que algo inusitado sucedió en la ciudad de Voronez, pero las pruebas definitivas pueden estar durmiendo en algún oscuro archivador, aguardando otra revolucionaria Perestroika…




Fuentes:
http://think-aboutit.com/thinker/index.php?option=com_content&view=article&id=2139:valensole-france-landing-maurice-masse-case&catid=317:case-files&Itemid=194

http://en.wikipedia.org/wiki/Valentich_disappearance



http://caravaca.blogspot.com/2009/01/maqueta-ovni-caso-tordesillas.html






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