Hola, este es tu amigo Roy con la segunda parte de un post fantástico. La historia de una niña que creció y fue educada en un medio salvaje y completamente natural. En la primera parte del post hablábamos de las similitudes de esta historia con la que se relata en El Libro de la Selva de Rudyard Kipling. Tippi al igual que Mowgli vivieron su infancia y fueron educados en contacto directo con la Madre Naturaleza. Compartiendo la riqueza natural en pie de igualdad con los demás seres vivos que pueblan el exótico paisaje namibio. En esta segunda parte vamos a hacer hincapié justamente en esta riqueza y en cómo la experiencia de esta niña podría ser útil para cambiar nuestra relación con la Naturaleza. ¿Vamos a la segunda parte del post?: TIPPI: ¡Y VERÁS LAS COSAS DE OTRA MANERA (II) Cada día nos llega la misma noticia: los seres humanos no sabemos vivir con el resto de los seres planetarios. Hemos perdido el sentido de la convivencia y debemos recuperarlo si es que queremos sobrevivir. Necesitamos ejemplos actuales que nos devuelvan la esperanza en nosotros mismos. ¿Dónde están los hombres y mujeres que practican el respeto por los demás seres vivos? Los que no rompen las reglas del equilibrio natural conviertiendo los hábitats en lugares inhóspitos para las especies que albergan. Los que piensan que cuando una especie migra o simplemente desaparece tan sólo está anticipando nuestro propio destino. Ése es el valor de la experiencia de Tippi que puede ser para nosotros una luz en medio de la noche cerrada. Compartiendo aventuras con sus amigos de la sabana y el desierto Tippi aprendió una importante ley natural: es posible la amistad con cachorros de otras especies. Esta es una experiencia privilegiada que marca un camino educativo. Un dato quizás fundamental al momento de planificar nuestra enseñanza escolar. ¿Y quiénes eran estos amigos de Tippi? En las fotografías podemos ver algunos de ellos. Nativos de otra raza que la suya, miembros de los diversos poblados aborígenes del desierto y la sabana. Pero además un leopardo llamado J&B, camaleones, avestruces, jirafas, ranas, cocodrilos, suricatos, cheetahs y hasta cachorros de león. Llama especialmente la atención el afecto inocente que se respira en las imágenes. Tippi descubrió que en la Naturaleza no es estrictamente necesario crecer juntos desde pequeños para que surja la amistad. Algunos animales adultos también están abiertos a la amistad con los humanos. Así uno de sus mayores y mejores amigos de aventuras por la sabana fue un elefante de 28 años llamado Abu. La amistad de Tippi con los miembros de los pueblos nativos también fue gratificante. Se trata de muy antiguos grupos humanos. Pertenecen a la misma etnia de los primeros humanos que salieron de la región para colonizar el resto del mundo. No se trata de un pueblo homogéneo con costumbres establecidas sino de un crisol de pequeños grupos esparcidos por la región. Esto hace que su cultura sea muy rica y variada. Son los bosquimanos, hombres del bosque, y de ellos Tippi aprendió a sobrevivir en base a la recolección de raíces y semillas. También a practicar el necesario arte de la caza y a comunicarse con ellos en su propio idioma. ¿Y si tuviéramos en cuenta estas riquezas al momento de educar a nuestros niños? ¿Si enseñáramos en nuestras aulas a valorar las culturas más lejanas y nos preparáramos para la igualdad en la diversidad desde pequeños? ¿Podría esta educación beneficiar nuestra conciencia planetaria? Luego de una infancia rica en experiencias de contacto directo con la Naturaleza, digna de ser compartida con todos los que estamos ávidos por retornar a una relación respetuosa con el medio ambiente, Tippi regresó con su familia a Francia. "Toda la gente tiene problemas. Yo no los tuve cuando vivía en África." "Cuando me vine a vivir a Francia traté de hablar con los gorriones, con los perros y las palomas, con los gatos, los perros y los caballos. Pero no pude hacerlo. No sé el porqué. Creo que mi verdadero país es África y no Francia." Ya en Paris asistió con los demás niños de su edad a la escuela pública francesa. Hizo un esfuerzo por integrarse a la vida de todos los días pero finalmente hubo de ser educada de manera particular en casa. La ciudad del asfalto no era el hábitat de Tippi. La ausencia de aquellos inmensos espacios naturales en los cuales había crecido le provocaba asfixia. La falta de sus amigos de cada día, los animales, los nativos del desierto y la sabana namibia, era para la niña una gran pérdida. Este es tu amigo Roy que espera haberte sido útil. Tus puntos me lo dirán. Gracias y hasta pronto.
Tippi: ¡Y Verás las Cosas de Otra Manera! (II)
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