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La población argentina votará por una dictadura democrática

Info8/2/2015
Nota del que sube este post, cuyo título de la fuente original es : Un país en manos de los indiferentes.


Publicar esto en un post me causa un gran dolor por mi patria, donde pensaba volver en Diciembre luego de 12 años en el exterior, pero debo admintir quetodos los centros académicos en EE.UU. y Europa, al igual que los grandes grupos empresarios manifiestan claramente y en forma pública preocupante para el futuro del pueblo argentino.

Como economistay sociólogo, cuyo trabajo es estar al tanto de cuanto ocurre en mi país para recomendar acciones e inversiones, debo admitir e informar a mis compatriotas que lean esto que se prevee un futuro distinto para mi querido país y para la parte de mi familia que vive en él, alejándose del mundo occidental.

El oficialismo ganará sin mayores sobresaltos las elecciones y mantendrá su mayoría automática en el Congreso con lo cual - y con el control total del poder judicial - será el primer ejemplo mundial de una dictadura elegida por el pueblo en forma voluntaria, Ese poder absoluto, que hasta el momento ha colocado al país al tope de la inflación mundial negándola y ha generado en 4 años una cultura del consumo y endeudamiento que no está en línea con la tradición cuidadosa de lo que fuera su población.

Mediante una brillante estrategia de información constante y mendaz ha conseguido que la enorme mayoría de quienes no comprenden o se desinteresan por lo que ocurre y mucho menos lo que ocurrirá en su inmediato futuro no visualicen que en el año 2016 mi querido país comenzará a vivir una etapa muy oscura cuando el oficialismo del FPV que ganará las elecciones casi en primera vuelta trate de resolver el atraso cambiario que hace de argentina uno de los países mas caros del mundo para una población con sueldo reales mucho mas bajos que las de los países donde los precios son menores.

En argentina el 30% de la población compra la comida y los consumos básicos de un mes en tres pagos mensuales o más, lo cual tiene un límite inexorable y es una inmoralidad de la que no pueden darse cuenta, aturdidos por el bombardeo de la información que fomenta el consumo mediante programas de financiación que en algún momento tendrá que salir a rescatar.

En mi país, desde que cambió el Poder Ejecutivo en 2011 cayeron las exportaciones, las reservas en el Banco Central, se prohibió la libertad de cambio, los impuestos llegaron al límite de la curva de presión donde comienza a ser imposible aumentarlos, todas las empresas estatales tanto de energía como de transporte aereo y terrestre dan pérdida y se subsidian mediante emisión monetaria, sin ninguna inversión, con caída de la producción y una fuerte recesión, donde la pobreza y la miseria se ocultan tras cifras falsas y el ruído militante de una sana juventud llena de vida.

Esa hermosa juventud es engañada - como en la década de sangre del siglo pasado de donde provienen los cerebros principales del actual gobierno - mediante promesas de un futuro lleno de ideales etereos e inalcanzables con el actual y el futuro gobierno K, que los lleva a ellos y a la clase media, como el Flautista de Amelín a otra tragedia sin precedentes.

El actual gobierno ingresó sin dudar en una etapa de reemplazar la realidad por el pensamiento mágico de suponer que pueden violentar en forma permanente las principales leyes de la economía, y han logrado convencer a la población mediante planes de ayuda que han distorsionado la cultura del trabajo y del estudio en forma profunda, que es una situación permanente.




Daniel Scioli ha hecho algo más que cambiar su discurso: ahora tiene dos discursos. Uno es el de la tribuna, que no lo modificó, y el otro es el que despliega en reportajes periodísticos, que cambió sustancialmente. Ha recurrido a la misma estrategia de Mauricio Macri (con contenidos distintos, desde ya), con la única diferencia de que Macri muestra sus cambios tanto en la tribuna como en los reportajes. Los dos han salido a la caza desesperada de los indiferentes, alrededor de un 25 por ciento de la sociedad, que no militan en ningún fanatismo, que no adscriben a ideologías ni a partidos y que, en última instancia, votan con pragmatismo según la última de sus volátiles decisiones. La falta de creencias y de adhesiones hace prevalecer en ese sector social la valoración del sentido común y del provecho propio. Esos votantes tienen más aspiraciones que despechos o resentimientos y detestan las confrontaciones.

Ese núcleo social, decisivo en cualquier elección, es al mismo tiempo un elemento sustancial que contribuye al error en las encuestas de opinión pública. El fenómeno no es sólo argentino; se ha dado en muchos otros países en elecciones recientes. El actual sistema de mediciones está hecho para la modernidad, pero nunca se previó que la posmodernidad procrearía ciudadanos indiferentes, políticamente etéreos, ideológicamente vacíos.

La política es un rayo fugaz que sucede en sus vidas una vez cada dos o cuatro años. Pueden ir de Scioli a Macri o de Stolbizer a Carrió con una pasmosa velocidad.

La pesca de ese electorado (o de una parte de él, para ser más precisos) es un objetivo cansador, lleno de obstáculos cambiantes. Scioli necesita de cuatro o cinco puntos más, todos provenientes de ese sector social medio y apolítico, para ganar en primera vuelta, que es su definitiva apuesta para llegar a la presidencia. Macri precisa agregar un caudal parecido de votos a su candidatura para forzarlo a Scioli a una segunda vuelta, que podría constituir su oportunidad perfecta para suceder a Cristina Kirchner. Por lo pronto, la conclusión más clara de la encuesta de Poliarquía que hoy publica lanacion es que no existe, con los números actuales, la posibilidad de que la elección presidencial de octubre se resuelva en primera vuelta. Esa novedad podría encoger el amplio optimismo con el que se venía moviendo el sciolismo o convertir su triunfalismo en un arma suicida.

Sorprende del reclamo oficial a Macri el robo de la AUH. En todo caso, Macri se la robó a su aliada Carrió, autora del proyecto, a quien Cristina se la había robado primero

Scioli se siente más cómodo con el discurso que dice en los reportajes. Lo expresan más a él que sus profesiones de fe kirchneristas explayadas en las tribunas. Una innovación importante que sumó en los últimos días a sus expresiones públicas es la promesa de "desestresar" a la sociedad. Es el reconocimiento implícito de que existe una sociedad estresada, aunque eso signifique aceptar también que es el Gobierno el que la estresó. ¿Quién estaría en condiciones, si no el poder político, de fatigar y enfrentar a los ciudadanos? Macri promete lo mismo, con otras palabras, pero eso es lo que todo el mundo espera de él.

En rigor, y si se miran bien las condiciones de los dos candidatos que están polarizando la opinión electoral, el kirchnerismo, tal como se lo conoció, se terminará el 10 de diciembre. Una cosa es lo que Scioli podría hacer con las políticas de fondo (economía, relaciones internacionales, Justicia), para las que el ritmo de los cambios será más lento, y otra cosa es la creación de un clima político y social más pacífico. Este nuevo estado de ánimo social, que desliza en las entrevistas, será una prioridad inmediata para él. La "pacificación de la sociedad", según una expresión (y un anhelo) del papa Francisco, la asegurarán tanto Macri como Scioli. A ninguno de los dos le saldría otra cosa. No están hechos para guerras culturales ni para combates épicos por la verdad ideológica.

Cuando se baja de la tribuna para hablar en un reportaje, Scioli provoca otra modificación en su discurso. Subraya la necesidad de una marea de inversiones (reconociendo de hecho que ahora no las hay) y promete que irá en busca de ellas a Brasil, Europa, Asia. y Estados Unidos. Sucedió en la misma semana que el gobierno de Cristina Kirchner provocó a Washington preguntándole si había hecho algo por la AMIA en sus negociaciones con Irán. Washington le contestó con dureza, pero la Presidenta no se molesta con Scioli. Ella hizo lo mismo que él: prometió en sus campañas presidenciales lo necesario para ganar.

La diferencia con Cristina es que Scioli se siente más él con el discurso de los reportajes. Esas frases describen a un conservador popular, según la vieja categoría política. Un Solano Lima del nuevo siglo. Toda campaña está llena de cinismos, pero no por eso hay que dejarlos pasar. ¿Por qué el Gobierno se escandaliza tanto con el cambio de discurso de Macri mientras su propio candidato está cambiando el suyo? Tal vez porque lo que persigue es la polarización con Macri; teme que un eventual crecimiento de Sergio Massa le saque más votos peronistas a Scioli que a cualquier otro. Los furiosos ataques del kirchnerismo contra el líder de Pro no hicieron más que beneficiarlo a éste; el público antikirchnerista percibe que Macri es el principal enemigo del Gobierno.

La tribuna es un lugar donde sólo se pueden decir algunos eslóganes. El error de Macri fue plantear ahí la modificación (que no es nueva) en su discurso. Otra cosa habría resultado si hubiera explicado sus mutaciones en exposiciones más serenas. La conservación de Aerolíneas Argentinas como empresa estatal no es una opción; es la única alternativa. ¿Quién compraría una empresa que tiene el doble del personal que necesita, que convive con siete gremios y que tiene un déficit insostenible para cualquier empresa privada? Nadie. El único proyecto viable para la empresa aérea es hacerla más eficiente y menos dependiente de los generosos recursos del Estado nacional.

Un caso parecido sucede con YPF. ¿Podría alguien, en su sano juicio, insistir en una nueva privatización de la petrolera cuando todavía no se pagaron los 13.000 millones de dólares que costó en total, sumados los intereses, su confiscación? Mucho antes, Macri había avanzado aún más con el caso YPF: dijo que le gusta la administración de Miguel Galuccio y que pensaba confirmarlo en el cargo si él accediera a la Presidencia. Pero lo dijo en reportajes tranquilos. Es la diferencia entre la tribuna y la entrevista periodística.

Con todo, lo que más sorprende del reclamo oficial es el reproche a Macri por haberle robado al Gobierno la Asignación Universal por Hijo. En todo caso, se la hurtó a su aliada Carrió (que fue la autora original de ese proyecto), a quien ya se la había robado Cristina Kirchner en una imprevisible víspera electoral. De todos modos, es cierto que Macri necesita destruir el fantasma que creó el Gobierno, que insiste en que él podaría los planes sociales hasta extinguirlos. En medio de ese esfuerzo contra los fantasmas y la rumorología, Macri chocó con el propio Massa; éste se propuso ocupar el lugar simbólico que tenía Macri. Según Massa, los que reciben los planes sociales deben trabajar en tareas públicas. El que no trabaja no recibirá planes, aseguró. No es una ocurrencia suya; es el resultado de muchas consultas sociales (o focus grups) que lo sorprendieron por el grado de virulencia de los consultados contra el descontrol de la ayuda social.

Macri requiere también que sus aliados Carrió y Sanz crezcan en las elecciones primarias para hacer viable su elección en la primea vuelta y, eventualmente, su presidencia. Carrió ya anticipó que si otra vez sacara el dos por ciento de los votos en las PASO se irá a vivir al extranjero. "No tendré poder ni fuerza moral para seguir defendiendo los principios republicanos", adelantó. Quizá su valor sea más político que electoral. Fue ella la que derrumbó prejuicios y abrió puertas para que la coalición con Macri fuera posible.

Llama la atención, al fin y al cabo, que los dos principales candidatos presidenciales den tan poca importancia a las ideologías después de una década empapada de ideologías. Macri no es un político ideologizado y eso lo demostró en el gobierno de la Capital. Le importa más el contenido de las cosas que sus símbolos. Scioli puede tocar en la orquesta kirchnerista con la misma precisión que afina una melodía capitalista y reconciliadora.

El problema de Scioli es que él y su discurso no vienen solos. Amado Boudou salió a apoyarlo en lo que pareció una conspiración de sus opositores. Es la historia del cristinismo que siempre vuelve. La cuestión económica se complica cada vez más por la crisis sin fondo, política y económica, de Brasil, el principal socio comercial de la Argentina. Nadie del Gobierno parece detenerse en ella, cuando el destino electoral depende de la estabilidad económica. Sin ella, no habrá discurso, nuevo o viejo, que valga la pena.
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