Sus figuras deformes esconden más de lo que esperabas.
A cuatro años del desastre de Fukushima, las consecuencias de la fuga de radiación de la planta nuclear Daiichi continúan presentes en los alrededores de la ciudad donde plantas, insectos y aves se han visto afectados; se han observado deformidades físicas o problemas de crecimiento y su esperanza de vida e incluso sus poblaciones se han visto alteradas. Los habitantes de Fukushima se vieron obligados a abandonar la ciudad y dejar atrás no sólo sus pertenencias sino que en muchas ocasiones incluso a sus animales, pero hay algunos que simplemente no pueden huir: las plantas.
Una fotografía publicada en Twitter y que se ha viralizado rápidamente, trae nuevamente a la palestra el tema de los efectos de la catástrofe en la planta nuclear japonesa: se trata de unas flores con crecimiento deforme encontradas a 170 km del sitio donde se encontraba la planta nuclear. Pero mientras la mayoría ha sacado conclusiones apresuradas culpando a la radiación de su forma mutante, estas flores en realidad podrían no ser lo que parecen.
Resulta que, si bien existe una posibilidad de que sus figuras deformes se deban a los efectos de la radiación, la verdad es que este tipo de crecimiento anormal sí se ha observado antes en flores y no se relaciona al contacto con la radiación sino que a algo mucho más sencillo: la genética. Esta alteración en su crecimiento y forma comúnmente se debe a una condición llamada fasciación, que puede ocurrir por una mutación en las células meristemáticas de la planta, por una infección bacteriana, ataques de parásitos e insectos o algún daño químico u hormonal –y que puede heredarse–. Al presentarse estos factores, se altera el crecimiento de la planta que, en vez de concentrar su crecimiento alrededor de un solo punto se alarga de forma perpendicular a la dirección de crecimiento dándole una extravagante forma a la planta o flor. “Es una mutación muy común en las margaritas que he visto esporádicamente en varios lugares que no están asociados a radioactividad”, señala el experto en biología de las plantas de la Universidad de Cornell, Jeffrey J. Doyle.