Los únicos barrios que contienen calles con su propio nombre dentro de su perímetro son Boedo y Constitución. Paradójicamente, la calle Almagro se encuentra en Villa Crespo; Floresta, en Villa Luro; Caballito, en Parque Chacabuco; Coghlan, en Villa Devoto; Vélez Sársfield, en Barracas y Parque de los Patricios; Belgrano, en Almagro, Balvanera y Montserrat; Saavedra, en Balvanera; y Liniers, en Boedo y Almagro.
La calle Núñez, en el barrio homónimo, no recuerda a su fundador, Florencio Núñez sino a un militar de igual apellido. Lo mismo sucede con Venancio Flores, un militar uruguayo cuyo apellido no dio nombre al barrio.
Hay en Buenos Aires dos calles circulares: Berlín, en Parque Chas, y Patricias Argentinas, bordeando el parque Centenario, en Caballito.
Tres pasajes de la ciudad reciben nombres de marcas comerciales: La América y La Estrella en Parque de los Patricios, y La Mundial en San Nicolás. En los tres casos se trataba de compañías de seguros. La calle Spika, en Barracas, no recuerda a la tradicional radio portátil, sino a un militar argentino.
La continuación de la avenida Ingeniero Huergo es Eduardo Madero, ambos ingenieros y rivales en la pugna por la concesión de las obras de remodelación del puerto de Buenos Aires. Triunfó Madero, de ahí el nombre del puerto y del actual barrio. Huergo tendría su revancha más tarde, al diseñar y construir el llamado Puerto Nuevo. Curiosamente, uno de los límites de Puerto Madero es la avenida... ¡Huergo!
Antes de llamarse Leandro N. Alem, la avenida del Bajo era conocida como Paseo de la Alameda. Ese nombre era completamente impropio ya que entre los árboles que ornaban el lugar no había un solo álamo: eran todos ombúes y sauces.
Once calles de la ciudad repiten el apellido García; Le siguen López y Martínez, connueve; con ocho, Álvarez y Rodríguez; con siete, Fernández y González; con seis, Castro, Díaz, Pérez y Sáenz; con cinco, Gómez, Ortiz, Paz y Sánchez; con cuatro, Castillo, Méndez, Moreno y Ramírez; con tres, Aráoz, Bermúdez; Campos, Carranza, Correa, Demaría, Escalada, Güemes, Gutiérrez, Irigoyen; Leguizamón, Lynch, Mitre, Montes, Pueyrredón, Quintana, Quiroga, Rivera, Rojas, Romero, Ruiz, Suárez, Uriburu, Valle, Varela, Vedia y Vega.
Los cónyuges de cinco parejas dan nombre a diez calles: Marcelo T. de Alvear y Regina Pacini; José de San Martín y Remedios de Escalada; Juan B. Justo y Alicia Moreau; Martín Thompson y Mariquita Sánchez y Juan D. Perón y María Eva Duarte, esta última con su apellido de casada, Eva Perón.
Uno de los miembros de una pareja célebre no ha obtenido aún su calle: Encarnación Ezcurra figura en la nomenclatura porteña, pero no Juan Manuel de Rosas. En 2003 el historiador Pacho O’ Donnell –entonces diputado de la Ciudad– propuso ese nombre para la avenida Sarmiento, ya que en ese terreno se ubicaba el caserón de Rosas, “Palermo de San Benito”. Tras una polémica pública, el proyecto no prosperó. La avenida Monroe se llamó Juan Manuel de Rosas desde 1974 hasta 1976, cuando se le devolvió su denominación actual.
Según la geometría, las paralelas no se tocan. Sin embargo ese principio no se cumple en algunas calles porteñas. Por ejemplo, Ecuador y Anchorena nacen paralelas a la avenida Pueyrredón. En su finalización, Ecuador desemboca en Anchorena, y Anchorena en Pueyrredón.
·¿Es posible recorrer en automóvil la calle Florida? Sí, pues una cuadra de esa calle está abierta al tránsito vehicular, entre Marcelo T. de Alvear y San Martín, donde se encuentran el Hotel Marrito-Plaza y el edificio Kavanagh. ¿Y la peatonal Lavalle? Sólo una cuadra, ya que hay un estacionamiento en Lavalle al 600. Para acceder a él los autos deben doblar hacia Lavalle desde Maipú e, irremediablemente, circular con cuidado entre los peatones.
La calle San Martín, que nace junto a la Catedral y termina en Retiro, no homenajea al general José de San Martín sino a San Martín de Tours. Una calle de Palermo recuerda por segunda vez al santo. Sin duda, cuando los concejales decidieron el nombre de esa arteria, desconocían el reconocimiento previo.
· Además de la avenida que lleva su nombre y de la Avenida del Libertador, también se encuentra en la nomenclatura urbana la madre del general San Martín, Gregoria Matorras; su esposa, Remedios de Escalada; su suegro, Antonio Escalada; el lugar donde nació, Yapeyú, y donde falleció, Boulogne Sur Mer, además de cuatro batallas en las que participó: Arjonilla, San Lorenzo, Chacabuco y Maipú.
Una única calle homenajea a un futbolista: se trata de Herminio Masantonio, en Nueva Pompeya, a pocas cuadras del club para el que jugaba, Huracán, que tiene su estadio en Parque de los Patricios.
¿Están seguros de que Rivadavia es la calle más larga del mundo? Es sólo un mito, ya que ni siquiera es la más larga de Buenos Aires. Rivadavia recorre 18,5 kilómetros dentro de la ciudad, pero la supera la avenida General Paz, con poco más de 24. aunque siempre se discute si la General Paz es sólo porteña o compartida con los partidos del Conurbano Norte y Oeste, lo cierto es que está bajo jurisdicción de Buenos Aires en su totalidad, incluso su colectora externa. Hasta donde comienza la línea de edificación de las propiedades en territorio provincial.
. Aunque les pese a los porteños, la avenida 9 de Julio no es la más ancha del mundo. Lo fue cuando se inauguró el primer tramo, el 12 de octubre de 1937, porque para abrir esta gran vía fue necesario demoler las manzanas comprendidas por la numeración del 1001 al 1100 entre los barrios de Constitución y Retiro. Entonces, el espacio resultante era de 140 metros. Luego, con la incorporación de plazoletas, playas de estacionamiento y canteros centrales, ese ancho se perdió. Sólo tres edificios se salvaron de ser demolidos: la iglesia Inmaculado Corazón de María; el ex MOP, edificio Apertura de la avenida hoy compartido por los Ministerios de 9 de Julio, con el Obelisco y el edificio del MOP Salud y de Desarrollo Social; y el palacio al fondo de la familia Ortiz Basualdo, sede de la Embajada de Francia desde 1939.
A Mariano de Vedia y Mitre, el intendente porteño que decidió abrir la avenida 9 de Julio, lo llamaban Guillermo tell, por las manzanas que había derribado.
· La avenida 9 de Julio se abrió por etapas en poco más de cuarenta años. En la década de 1960 se extendió hasta Independencia y Santa Fe, y en los setenta hasta caseros y del Libertador. Con los escombros de los cientos de viviendas demolidas se ganaron tierras al río en la Costanera Norte. Por otro lado, con objetos rescatados entre las topadoras nació la colección del Museo de la Ciudad (ver “Barrio de Montserrat”).
· En 1914 fallecieron los ex presidentes Roque Sáenz Peña, el 9 de agosto, y Julio A. Roca, el 20 de octubre. Eran dos destacados representantes de la llamada Generación del Ochenta, y por esa razón se les dio sus nombres a las dos avenidas que proyectaban abrirse en esos años: las diagonales Norte y Sur, respectivamente.
·El monumento que recuerda al presidente Roque Sáenz Peña se encuentra en el cruce de esa avenida con la calle Florida. El presidente Agustín P. Justo asistió al acto de inauguración, en agosto de 1936, con su ministro de Relaciones Exteriores, Carlos Saavedra Lamas, yerno de Sáenz Peña.
· Las diagonales Norte y Sur, abiertas en la década de 1920, se diferenciaban del tradicional trazado del damero español. Esas arterias exhiben además una característica curiosa y única entre las calles de Buenos Aires todos sus edificios tienen la misma altura, 33 metros, y una cornisa que se extiende a 28.66 metros. También las ventanas y balcones son uniformes a lo largo del trazado de las avenidas.
¿Cuál es la calle más corta de la ciudad? Emilio Pettoruti, en Recoleta. Une las avenidas Del Libertador y Figueroa Alcorta, casi junto al Palais de Glace.
·¿Y la más angosta? Santa Magdalena, en Barracas: tiene poco más de un metro de ancho cuando nace en la calle Osvaldo Cruz, debajo del viaducto del FC Roca. Se encuentra junto a la estación Hipólito Yrigoyen.
· Tres calles de la ciudad evocan a Domingo F. Sarmiento. Una es la paralela inmediata a Corrientes, otra es la avenida que se encuentra en Palermo, y la tercera un pasaje de Balvanera, que comunica Rivadavia con Bartolomé Mitre. Por otro lado, también existe la calle Fragata Sarmiento y la que homenajea a su madre, Paula Albarracín de Sarmiento, además de la calle que recuerda la fecha de su fallecimiento: 11 de septiembre de 1888.
· Hasta febrero de 2008, Buenos Aires era atravesada por 2.159 arterias entre calles, avenidas, pasajes y autopistas. La siguiente es la división temática de sus nombres:
· Las calles porteñas con nombres de mujeres. Esta cifra se acrecentó en 1995 con el bautismo de todas las calles de Puerto Madero con los nombres de políticas, educadoras, artistas y el de la fundadora de las Madres de Plaza de Mayo, Azucena Villaflor.
· A pesar de lo que pueda pensarse por su forma sinuosa y por su nombre, no corría ningún arroyo por la calle Arroyo, en el barrio de Retiro. Debe su nombre al funcionario criollo Manuel Arroyo y Pinedo.
. Ninguna calle recuerda a la actual capital brasileña, Brasilia, aunque dos evocan a las anteriores, Bahía y Río de Janeiro.
· Dos calles porteñas homenajean a boxeadores: a Justo Suárez, el Torito de Mataderos, donde se encuentra el estadio del club Nueva Chicago, en ese barrio. A Oscar Bonavena, en Nueva Pompeya, a pesar de que el deportista era oriundo de Parque de los Patricios. En su barrio lo recuerda un monumento, sobre la avenida Caseros.
· La calle de Buenos Aires que cambió más veces de nombre es Defensa. Se llamó –hasta su actual denominación- Real, Del Fuerte, San Francisco, Mayor, San Martín, Liniers y De la reconquista. Nace en Montserrat, y más al Sur es el límite de los barrios de San Telmo y Constitución.
Las calles que llevan el nombre más corto son Ohm, en Villa Ortúzar, y las dos Mom, una en Nueva Pompeya y la otra en Belgrano.
Las de nombre más largo son María Antonia de la Paz y Figueroa, en el barrio de Vélez Sársfield, y Severo García Grande de Zequeira, en Mataderos, ambas con veintiocho letras.
¿Qué esconden las iniciales de los nombres de algunas personalidades históricas homenajeadas en calles de Buenos Aires?
La T de Marcelo T. de Alvear oculta a Torcuato
La V de Joaquín V. González, a Víctor
La B de Juan B. Justo, a Bautista
La C de José C. Paz, a Clemente
La L de Ramón L. Falcón, a Lorenzo, igual que la L de Alfredo L. Palacios
La N de Lucio N. Mansilla, a Norberto
La M de Roberto M. Ortiz, a Marcelino
La P de Francisco P. Moreno no corresponde a “perito”, como cree mucha gente, sino a su segundo nombre, Pascasio.
A pesar de la versión más divulgada, la N de Leandro N. Alem no pertenece al nombre Nicéforo. Según cuenta Daniel Balmaceda en Espadas y corazones, las tarjetas personales del político radical decían “Ln. Alem” –tal vez una forma apocopada de Leandro. Inexplicablemente, en algún momento alguien le adjudicó el Nicéforo como segundo nombre. Por otro lado, su verdadero apellido era Alén.
