Lapicero, lapicera, birome, bolígrafo, boli, lápiz pasta o esferográfico, no importa cómo lo llames; seguramente te habrás dado cuenta de que el que más se repite siempre es el clásico Bic. Ya sea en la escuela, en la universidad o en el trabajo, es un clásico mundial. De hecho, es el bolígrafo más vendido en todo el mundo. Conocido como el Bic Cristal, en 2004 alcanzó la cifra récord de cien mil millones de bolígrafos vendidos.
Y te aseguro que algunas vez te cuestionaste para que sirve ese pequeño agujero que suelen tener en el medio del tubo:
La idea de este agujero es prevenir las pérdidas de tinta. Sin él sería imposible usar de forma correcta el objeto dentro de un avión o en una ciudad a muchos metros sobre el mar, por ejemplo. Incluso una diferencia en la presión atmosférica entre el interior y el exterior provocaría que la pluma “explotara”.
Y hay otro agujero que también llama mucho la atención. Quizás habrás notado que en algún momento todas las tapas de los Bic Cristal comenzaron a tener un agujero en su punta. Esto se hizo en 1991, como medida de seguridad de la empresa, para evitar que las personas se ahoguen si se llegaban a tragar este pedazo de plástico. Como te darás cuenta son muchos los que suelen masticar los bolígrafos y sus tapas.
La tinta de uno de estos bolígrafos debería durar 3,2 kilómetros si se dibuja una línea recta. Aunque muchos suelen perderlo antes… ¿Has notado, también, que el tubo donde se almacena la tinta suele tener la parte final vacía? Esto no lo hace la empresa para ahorrar en costos. Si estuviera cargado de tinta hasta el borde esta se desparramaría sobre tu mano pues la tinta es un material que se expande con el calor. Por eso, los 37º de media que suelen tener nuestras manos serían suficientes para arruinarlo todo.
Otro dato curioso sobre este popular bolígrafo es su forma hexagonal. Está hecho así para que sea más fácil almacenarlos y ahorrar espacio. Además, si tuvieran forma circular rodarían fácilmente por las mesas. Esta forma también ayudó a muchos jóvenes de la década de los 80 y 90 a rebobinar sus casete y así ahorrar la pila de su walkman o radio portátil.
El creador de este maravilloso bolígrafo fue Marcel Bich quién decidió borrarle la letra “h” del apellido a la marca cuando fue a patentarlo. Su diseño ha sido tan popular en la historia que hoy es parte de la colección permanente del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA).