Cuando la respuesta no es la deseada, no tienes que volver a preguntarle (sucede cuando la otra persona no te lo ha contado todo, no te lo dice de forma clara o, simplemente, te mintió). En vez de eso, simplemente, sin decirle nada, mírala a los ojos con atención, fijamente. Con este método no le darás oportunidad alguna de esquivarte, tendrá que seguir expresándose y acabará diciendo lo que piensa.
Si alguien te grita, mantén la calma e intenta que no te moleste. La primera reacción a tu tranquilidad provocará que grite más y tenga un comportamiento basado en la irritación, en la ira, como si fuera a salir de allí disparado. En un principio, tu comportamiento provoca ese estado, pero desaparecerá rápidamente, dando lugar a una segunda reacción, supeditada a un sentimiento de culpabilidad por su mal comportamiento. Lo más probable es que la persona que pida perdón sea aquella que te ha gritado.
Si sabes que la otra persona incide en algo que has hecho mal, sé valiente y ponte a su lado, se suavizará y, probablemente, será menos negativa que si estuviera lejos de ti.
La ingesta de alimentos siempre se asocia con la paz y la seguridad, lo hacemos con más frecuencia en nuestra casa. Por eso, si estás nervioso, ayúdate con goma de mascar, así engañas a tu mente, creando la sensación de que estás comiendo, lo que hará que te sientas más confiado y relajado.