Tú que al ver a tus abuelos, dudas que en algún momento pudieron haber tenido encencida la llama de la pasión, debes saber que disponían incluso de condones radioactivos.
Corrían los primeros años del S. XX y el radio causaba sensación, así que venga a meterle radio a todo. Y hablando de meter… pues sí, a los preservativos también!. Luego se enteraron de que el material no era precisamente benigno y corrías el riesgo de que se te cayera a cachos, pero mientras tanto ¿y lo bien que lo habían pasado?
Eso de ver la hora en el reloj en la oscuridad era sólo la punta del iceberg de lo que podía hacerse con el radio.
Si impregnando de esa sustancia los pequeños puntitos de la esfera del reloj y las agujas tenías el espectáculo montado, imagina si impregnas de radio un preservativo.
Afortunadamente la moda duró poco y no hubo que lamentar mutaciones peneanas ni apocalípsis atómicos vaginales, pero es una lección más sobre la osadía del ser humano cuando descubre un juguete nuevo del que desconoce la totalidad de sus propiedades.
Corrían los primeros años del S. XX y el radio causaba sensación, así que venga a meterle radio a todo. Y hablando de meter… pues sí, a los preservativos también!. Luego se enteraron de que el material no era precisamente benigno y corrías el riesgo de que se te cayera a cachos, pero mientras tanto ¿y lo bien que lo habían pasado?
Eso de ver la hora en el reloj en la oscuridad era sólo la punta del iceberg de lo que podía hacerse con el radio.
Si impregnando de esa sustancia los pequeños puntitos de la esfera del reloj y las agujas tenías el espectáculo montado, imagina si impregnas de radio un preservativo.
Afortunadamente la moda duró poco y no hubo que lamentar mutaciones peneanas ni apocalípsis atómicos vaginales, pero es una lección más sobre la osadía del ser humano cuando descubre un juguete nuevo del que desconoce la totalidad de sus propiedades.