Confinados en una jaula en el zoológico Capron Park de Massachusetts Amy y Goof, dos osos bezudos de 25 y 27 años de edad respectivamente, sólo se tenían el uno al otro para hacerse compañía. Juntos habían soportado 19 largos años en cautiverio tras las barras de metal, y habían tenido 3 oseznos a los que apenas conocieron ya que fueron trasladados a otros establecimientos. Pero al menos se tenían el uno al otro.
En ese tiempo formaron un lazo tan fuerte que ni la muerte de uno de ellos lo desharía y eso quedó en evidencia cuando el equipo del zoológico tuvo que sacrificar a Amy, que presentaba síntomas de una enfermedad común en la especie que afectaba su hígado.
Lo que los cuidadores del zoológico no previeron fue el grave impacto que la muerte de Amy tendría sobre Goof. Sin su mejor amiga, amante y compañera, lo único que a Goof le quedaba era un deprimente futuro en soledad en una jaula de cemento. Y Goof lo sabía. Después de que sacrificaron a Amy, Goof no fue el mismo. Estaba deprimido y muy decaído y durante cuatro días prácticamente no quiso moverse. Pero su ánimo no fue lo único que se vio afectado, sino que su cuerpo también. En menos de una semana su salud empeoró tanto que el zoológico decidió sacrificarlo a él también y así librarlo de su sufrimiento.
“Esperábamos que estuviera un poco triste porque habían formado un lazo y tuvieron crías juntos. Pero durante el fin de semana todo se volvió peor”, contó la veterinaria Lisa Abbo. “Siento que el estrés de Goof al perder a Amy lo llevó a mostrar sus afecciones mucho más rápido“, agregó luego. Durante su necropsia, los veterinarios descubrieron que Goof tenía algunos problemas de salud relacionados con la edad, pero reconocieron que su rápido declive se debió a razones más allá de las clínicas. La tristeza de perder a su único amor fue demasiado para él.
Historias como estas nos demuestran que los animales, al igual que nosotros, son seres de emociones complejas y muy conscientes de lo que ocurre a su alrededor.