Quienes leen un
horóscopo
quieren creer en él
Se consulta un horóscopo para encontrar esperanzas o explicaciones esperanzadoras. Si una persona está segura de sí misma y de lo que hace, no siente la necesidad de indagar por su futuro a través de los astros. El consultante es por lo general alguien que está confundido e invadido por un fuerte sentimiento de inseguridad sobre su vida.
Los mensajes de los horóscopos son, y deben ser, alentadores. Presagian éxitos, sorpresas, encuentros y toda una serie de situaciones amables.
También prevén peligros y se comportan como cómplices del consultante frente a ellos: “cuídate de comer en demasía”, “ten cuidado con el estrés”, etc. Son amigables y protectores, por eso se convierten en un fuerte aliado para los momentos de duda.
Por eso las personas quieren creer que el horóscopo es cierto y encuentran la manera de aplicar lo que dice allí a su vida diaria. Además, está comprobado que los “horoscopofílicos” olvidan los desaciertos en las predicciones y eligen recordar solo sus aparentes aciertos.
Los horóscopos se basan en el perfil de los lectores
Quienes leen los horóscopos tienen algunos rasgos en común. Como lo decíamos anteriormente, se trata de personas con un importante grado de confusión sobre quiénes son y qué son capaces de hacer. El lector típico de horóscopos no se conoce lo suficiente, o tiene dudas acerca de sí mismo. Por eso no logra visualizar el futuro como fruto de sus actos, sino como la acción de fuerzas superiores a su propia voluntad.
Se trata de personas con dificultad para manejar sus relaciones amorosas y con problemas para afirmarse a través de su trabajo. Los horóscopos se valen de generalidades que a la gente le gusta escuchar cuando se siente frustrada o insegura: “Has pasado por muchas dificultades, pero obtendrás una gran recompensa”. Para alguien confundido y asustado, leer el horóscopo es absolutamente gratificante.
El reino de la ambigüedad
El quid de un buen horóscopo está en redactarlo con los recursos adecuados: bastante lenguaje metafórico, gran ambigüedad en las afirmaciones y construcción de profecías enigmáticas, de difícil interpretación. Un ejemplo del lenguaje metafórico: “El amor es esa gota de lluvia que necesitas en tu desierto. No dejes que se evapore”. Conclusión: con palabras seudo-poéticas se dice nada.
Un ejemplo de la ambigüedad en las afirmaciones: “Tendrás un gran éxito económico, si pones suficiente empeño en ello.” Si llega el éxito, acertaron; si no llega, fue por la falta de empeño tuya. Un ejemplo de profecías enigmáticas: “Así como el cielo y el mar se unen, tu destino es unirte con el horizonte del infinito”. Hay millones de situaciones que podrían encajar con esa afirmación tan etérea.
Se consulta un horóscopo para encontrar esperanzas o explicaciones esperanzadoras. Si una persona está segura de sí misma y de lo que hace, no siente la necesidad de indagar por su futuro a través de los astros. El consultante es por lo general alguien que está confundido e invadido por un fuerte sentimiento de inseguridad sobre su vida.
Los mensajes de los horóscopos son, y deben ser, alentadores. Presagian éxitos, sorpresas, encuentros y toda una serie de situaciones amables.
También prevén peligros y se comportan como cómplices del consultante frente a ellos: “cuídate de comer en demasía”, “ten cuidado con el estrés”, etc. Son amigables y protectores, por eso se convierten en un fuerte aliado para los momentos de duda.
Por eso las personas quieren creer que el horóscopo es cierto y encuentran la manera de aplicar lo que dice allí a su vida diaria. Además, está comprobado que los “horoscopofílicos” olvidan los desaciertos en las predicciones y eligen recordar solo sus aparentes aciertos.
Los horóscopos se basan en el perfil de los lectores
Quienes leen los horóscopos tienen algunos rasgos en común. Como lo decíamos anteriormente, se trata de personas con un importante grado de confusión sobre quiénes son y qué son capaces de hacer. El lector típico de horóscopos no se conoce lo suficiente, o tiene dudas acerca de sí mismo. Por eso no logra visualizar el futuro como fruto de sus actos, sino como la acción de fuerzas superiores a su propia voluntad.
Se trata de personas con dificultad para manejar sus relaciones amorosas y con problemas para afirmarse a través de su trabajo. Los horóscopos se valen de generalidades que a la gente le gusta escuchar cuando se siente frustrada o insegura: “Has pasado por muchas dificultades, pero obtendrás una gran recompensa”. Para alguien confundido y asustado, leer el horóscopo es absolutamente gratificante.
El reino de la ambigüedad
El quid de un buen horóscopo está en redactarlo con los recursos adecuados: bastante lenguaje metafórico, gran ambigüedad en las afirmaciones y construcción de profecías enigmáticas, de difícil interpretación. Un ejemplo del lenguaje metafórico: “El amor es esa gota de lluvia que necesitas en tu desierto. No dejes que se evapore”. Conclusión: con palabras seudo-poéticas se dice nada.
Un ejemplo de la ambigüedad en las afirmaciones: “Tendrás un gran éxito económico, si pones suficiente empeño en ello.” Si llega el éxito, acertaron; si no llega, fue por la falta de empeño tuya. Un ejemplo de profecías enigmáticas: “Así como el cielo y el mar se unen, tu destino es unirte con el horizonte del infinito”. Hay millones de situaciones que podrían encajar con esa afirmación tan etérea.