Del más común al más extremo, son muchos los desenlaces que esta decisión tiene. De todas maneras, no es una buena idea aguantar las ganas de orinar.
Son muchos los factores que intervienen en tu capacidad de resistir las ganas de ir al baño (a orinar, claramente). La cantidad de líquido que tomaste, las propias condiciones de tu organismo y tu estado de salud en general.
De todas maneras, la vejiga urinaria de un adulto promedio resiste aproximadamente medio litro hasta que se producen las ganas de orinar. Y en condiciones normales, una persona promedio aguanta más o menos un litro antes de que las ganas de orinar se vuelvan demasiado molestas. En casos extremos es capaz de resistir más de dos litros.
Pero, ¿qué pasa cuando resistimos por mucho tiempo la urgencia de ir al baño? Si todo funciona bien, en principio podemos decidir no evacuar y aguantar las ganas. Quizá no sea una idea sensata porque con el tiempo viene la molestia y el dolor. La probabilidad nos dice que vas a orinarte encima. Llega un momento en que la vejiga no aguanta más, y ya no dependemos más de nuestra voluntad, sino de la capacidad fisiológica de tu vejiga.
Además, desarrollar un hábito de “aguantar las ganas”, puede ser perjudicial a largo plazo. Este hábito está asociado a la retención urinaria, y a la posibilidad de hacerte más suceptible a infecciones.
En algunos casos, realmente raros y extremos, una vejiga puede explotar. No es común, pero puede suceder. Especialmente si se trata de una persona que pasó por una cirugía abdominal mayor, se sometió a radiación o le han remplazado su vejiga por una realizada con tejido intestinal.