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Pedro Nakada – El Apóstol de la Muerte

Info•2/6/2016
“Sólo trato de purificar la Tierra de prostitutas, drogadictos, homosexuales y asaltantes”, dijo Pedro Nakada, el mayor asesino serial del Perú, quien confesó acabar con veinticinco personas por orden de Dios, que le pedía “limpiar el mundo de la escoria”[/color]

Pedro Pablo Nakada Ludeña nació de José y María en El Agustino, dentro de la ciudad peruana de Lima, el 28 de febrero de 1973. Mucho después, en el año 2001, Pedro se establecería en Huaral, donde causaría el pánico de los ciudadanos al acabar, según confesó el mismo, con unas 25 personas, todo para “limpiar el mundo de la escoria” y, de ese modo, obedecer a Dios, que según él le ordenaba matar…

Como en el caso de tantos otros asesinos seriales, la infancia de Pedro estuvo marcada por el abuso y la violencia. En la escuela, Pedro sufría bullying; dice al respecto de eso: “No tenía amistad con los demás niños. Sí, era solitario. ¿Por qué? Porque los niños eran malos. Me jalaban el pelo. Me molestaban todo el tiempo….”. También cuando era niño (aparentemente esto habría empezado a los cinco años), sus hermanas mayores lo vestían de mujer y lo obligaban a salir así a la calle, donde las risas y las burlas de la gente se unían a las de sus propias hermanas. Junto a eso, el padre de Pedro era alcohólico y, cuando estaba borracho, humillaba y maltrataba físicamente a su madre. Todas estas cosas hacían que el pequeño Pedro, pese a ser un chico sumiso, tímido y callado, desahogase con los animales la agresividad que iba acumulando por los abusos que experimentaba y percibía: así, no solamente torturaba o mataba gatos u otras criaturas que encontrase y de las cuales pudiera abusar, sino que además se untaba la sangre de estos indefensos seres (esto último no está confirmado). Como bien se sabe, matar y torturar animales es una de las tres conductas que caracterizan la infancia de los asesinos seriales, y es psicológicamente la más preocupante, ya que la repetición de actos crueles va mermando la capacidad empática del sujeto.


Respecto a esos abusos que sufría y a la terrible familia que le tocó, Pedro expresó lo siguiente: “Es mala, mi familia es mala. Mis padres siempre peleaban. Se insultaban mucho. Desde que yo era chico. Éramos nueve hermanos. Yo soy el tercero. Me molestaban los laberintos. Mi papá le pegaba mucho a mi mamá. Yo me escapaba de la casa. Pero volvía, escondido, para que mi papá no me pegara con un cable. Volvía por no tener dónde comer. Con mis hermanos nos criamos separados. Con un tío, con una tía…, mi hermana me violó, ella era mayor… Mi hermano me obligó a tener sexo oral, yo tenía seis años ¿Hay gente que no me cree? Yo no olvido lo que viví…”

Pero el peor de todos los traumas de Pedro sucedió cuando tenía cuatro años y sus hermanos lo acusaron de matar a una perra embarazada que era mascota familiar, violándolo a modo de castigo. Dice Pedro al respecto: “Odio a los maricones. Cuando yo era niño, mis hermanos me violaron porque creían que yo había matado a una perra que teníamos y que además estaba preñada. Juro que yo jamás le hice nada al animal”. Bien puede verse que aquella experiencia constituyó el detonante de la homofobia que más adelante habría de caracterizar parte de la conducta criminal de Pedro; y, según las palabras del asesino, también esa experiencia fue determinante en sus primeros actos de crueldad, dirigidos a los animales: ‹‹“Tú lo mataste, tú lo mataste”. Yo les decía que no, y ellos no me creían; y como me dijeron eso, entonces yo comencé a matar animales. Mi mayor defecto es ser colérico, la cólera me hacía matar››.

Sus crimenes:

En el caso de Pedro Nakada, la motivación es un factor muy importante ya que indiscutiblemente es un “asesino misionero”. El dictamen psiquiátrico fue que Pedro padecía “esquizofrenia paranoide”, pero que era capaz de distinguir el bien del mal. Ahora bien, en la esquizofrenia paranoide suele presentarse el sentimiento de tener una misión especial en la vida, así como también otros delirios de grandeza. En Pedro esa esquizofrenia paranoide se unía a una tendencia psicópata; y así, la ira que tenía acumulada y ciertos juicios de su conciencia moral, se proyectaron en cierta forma en la alucinación auditiva de la voz de Dios, elección que no era fortuita, pues era ideal para evitarle sentimientos de angustia y culpabilidad. Naturalmente, la elección de sus víctimas también respondía en parte a esa búsqueda por armonizar su tendencia psicópata con su conciencia moral, y eso se veía aún más facilitado por su homofobia. De ese modo, Pedro se veía en la misión de exterminar a los homosexuales, a las prostitutas, a los drogadictos y a otros tipos de individuos mal vistos desde una moral canónica de raigambre religiosa.

“Yo no soy un criminal, soy un limpiador, he librado a la sociedad de homosexuales y vagabundos”, “Sólo trato de purificar la tierra de prostitutas, drogadictos, homosexuales y asaltantes”, “¿Qué siento cuando mato –dice–? Siento que ayudo. ¿A qué? A que la gente cambie. A que el mundo cambie. Quiero que haya paz.” o “Maté a 25 personas para limpiar el mundo de la escoria”.

Algunos casos:

1). Aproximadamente a las 18:00 horas del 1 de enero del 2005, Carlos Edilberto Merino Aguilar (de 26 años) estaba en la playa, cuando de pronto recibió un disparo que le atravesó el tórax y el abdomen, acabando con su vida… Según admitiría después Pedro Nakada, él le había disparado a Carlos porque pensaba que éste lo iba a asaltar, aunque lo cierto es que fue Pedro quien tomó dinero de Carlos tras asesinarlo.

2). El 31 de mayo del 2006, a las 2:00 am , la Policía encontró el cadáver de Teresa Cotrina Abad (de 50 años). Las indagaciones determinaron que Teresa había muerto por traumatismo encéfalo craneano perforante, ocasionado por un proyectil de arma de fuego… Cuando le preguntaron a Pedro por qué le había disparado en la cabeza a Teresa, el asesino se expresó así: ‹‹la encontré fumando droga, pase por su lado y me pregunté: “esta señora por las puras vive”, y le disparé dos balazos en la cabeza››


3). A las 8:30 am del 8 de agosto del 2006, policías encontraron el cadáver de Gerardo Leonardo Cruz Libia (de 30 años), sumergido al fondo de un pozo de agua, en posición cúbito dorsal, y con TEC (Traumatismo Encéfalo Craneal) grave causado por arma de fuego. El pozo estaba ubicado en las inmediaciones de lo que antiguamente fue una hacienda Jesús del Valle. Según se supo, Pedro mató a Gerardo para evitar que éste lo delate por un delito anterior de robo y homicidio, ya que anteriormente ambos habían robado coches y, antes del 18 de enero del 2004, habían matado a un conductor para robarle su automóvil; sin embargo, Pedro había querido dejar el deshonesto “negocio”, y como Gerardo lo presionó, acabó con una bala calibre 9 en la cabeza…

4). El 19 de agosto del 2006, a las 20:00 de la noche, policías encontraron el cadáver de la quinceañera María Verónica Tolentino Pajuelo. Igual que otras víctimas, María Verónica había muerto con una bala de calibre 9 en la cabeza. Sorprendentemente, Pedro había dejado su pistola semi automática Taurus en el lugar de los hechos, junto a la bicicleta de la víctima. Esta vez el asesino no se justificó, y dijo que María Verónica era la única de sus víctimas que no merecía morir, que la mató sin ver que era una menor, en una ocasión en que fue a matar “fumones” a Santa Rosa y, al ver que venía una persona, le disparó dos veces, aunque se sintió terrible cuando se acercó y comprobó que se trataba de una adolescente. Aunque fuere así, Pedro dijo que quería robar la bicicleta, pero no la robó porque tenía una llanta averiada.

5). En la tarde del 22 de noviembre del 2006, policías encontraron los cadáveres de Luis Enrique Morán Cervantes de 32 años, Pedro Omar Carrera Carrera de 24 años, y Enoch Eliseo Félix Zorrilla de 22 años. El primero era un taxista, los otros dos eran pasajeros. En cuanto al coche, Pedro se lo robó… Cuando le preguntaron sobre la razón del triple homicidio, Pedro dijo que los tres sujetos eran asaltantes, que operaban desde el taxi, que habían protagonizado muchos asaltos, que los estaba buscando, y que él solo acabó con los tres, disparándoles en la cabeza.

6). El cosmetólogo de 42 años, Widmar Jesús Muñoz Villanueva, era un homosexual que trabajaba en la peluquería Guisella (ubicada en la calle Las Ánimas 352, en Huaral), donde además de cortar el cabello, se prostituía, contagiando la muerte a sus clientes sexuales, ya que tenía VIH… Sin embargo, el 19 de noviembre del 2006, a eso de las 18:00 de la tarde, entró Pedro Nakada a la peluquería. Pedro había escuchado los rumores de que Widmar era “maricón” y se prostituía, pero no quería matarlo sin estar seguro, así que hizo lo siguiente, según cuenta: “Me había enterado de que el cosmetólogo que trabajaba allí era homosexual, tenía sida y se prostituía. Le pedí que me diera un servicio (sexual). Cuando se bajó el pantalón, le disparé tres veces en la nuca”… Tras matar a Widmar, Pedro se llevó una cantidad de soles equivalente a 541 dólares, y se fue…

7). El 17 de diciembre del 2006, los profesores Nazario Julián Tamariz Pérez (24 años) y Didier Jesús Zapata Dulanto (26 años), caminaban por las inmediaciones de un canal de regadío . Eran aproximadamente las 18:00 de la tarde, y la pareja homosexual disfrutaba de un tranquilo paseo, cuando de pronto apareció Pedro… “Yo maté a los profesores Nazario Tamariz Pérez y Didier Zapata Dulanto, ellos caminaban por el borde de un canal de regadío agarrados de la mano, se hacían cariños como una pareja de enamorados, y como yo soy el ‘purificador de la tierra’, no quedó otra opción que asesinarlos, porque los homosexuales solo hacen daño a la sociedad”, dijo Pedro ante la Prensa, meciéndose con inquietud en una silla. Ahora, y según refirieron fuentes policiales, Pedro fue sumamente cruel; ya que, tras haberle disparado dos veces en la cabeza a uno de los profesores, el otro se arrodilló y le suplicó llorando que no lo matara, pero aquello solo encendió más el enseñamiento de Pedro, y el monstruo le disparó dos veces en la cabeza… Por último y tras matarlos, Pedro les sustrajo el calzado y el dinero a ambos, llevándose una cantidad de soles equivalente a 36 dólares.


Esta lista apareció en la revista peruana “Caretas”


Detención y confesiones

Gracias a una veintena de testigos, la noche del 28 de diciembre del 2006, decenas de efectivos policiales acudieron hasta el taller mecánico en que trabajaba Pedro. Al comienzo no estaban seguros si realmente se trataba del asesino serial que buscaban; pero, cuando uno de los policías se acercó para indagar por su presencia en el sitio, Pedro lo empujó, sacó su pistola Bryco de calibre9, y empezó a disparar y a correr intentando huir. Cuentan que Pedro dio una feroz resistencia, que hirió a uno de los policías, y que probablemente hubiese escapado si no fuera porque se le acabaron las balas…

Cuando lo llevaron al cuartel para interrogarlo y le mostraron evidencias de ocho asesinatos, Pedro dijo que estaban equivocados, que en realidad había matado a veinticinco personas, que su misión era librar al mundo de la escoria, y otras cosas más que ya se han dicho con respecto al rol mesiánico que Pedro se otorgaba; aunque, para él, era Dios quien le asignaba aquel rol.

Como señalaron algunos diarios, la detención de Pedro sucedió en un momento muy oportuno, casi al borde de lo que probablemente hubiese constituido una enorme desgracia. Y es que Nakada, para Año Nuevo, planeaba lanzar una granada en una discoteca: “Quería meter una granada de guerra a la discoteca esa, para que se mueran todos los corruptos, todos los perdidos, todos los fumones que están ahí”

Juicio, dictámenes y condena

Durante el juicio al que Pedro fue sometido a inicios del 2007, hubo cierta discusión entre los psiquíatras sobre si estaba loco o no, pero el dictamen final fue que diferenciaba el bien del mal, y que no padecía esquizofrenia sino Trastorno Disocial, como ‹‹un patrón de conducta persistente en el que se transgreden los derechos básicos de los demás y las principales normas sociales propias de la edad››. Debido a eso, se le condenó a 35 años (pena máxima) de prisión por el asesinato de 17 personas (esto consta en la resolución escrita, aunque algunos medios hablan de 16 personas).

Para Pedro, ir a la cárcel representaba un tormento insoportable, al punto de que prefería la muerte, según expresó con estas palabras: “Pido un fusilamiento… algo práctico… así como hice con la gente… les metí un tiro en la cabeza”. Naturalmente no le dieron un tiro en la cabeza; y, en la primera noche que estuvo en la celda, intentó suicidarse dándose cabezazos contra las paredes. Al respecto de lo anterior, Pedro explicó a la Prensa: “Escucho la voz de mis padres y una voz mala que me dice que mate a toda la gente corrupta, como homosexuales, rateros, alcohólicos y maricones. Pero ya no puedo cumplir la misión de Dios ya que me capturaron. Ahora sigo escuchando esa voz que me dice que me mate”.

Después del referido intento de suicidio, Pedro fue constantemente vigilado para que no se mate, aunque en el 2009 la Justicia se inclinó a su favor, ya que el dictamen psiquiátrico anterior fue cuestionado y, en virtud de las más recientes evidencias e investigaciones, se concluyó que tenía esquizofrenia paranoide, por lo que se declaró inimputable la sentencia de 35 años, y Pedro fue conducido al Pabellón de Psiquiatría del Penal de Lurigancho. Lógicamente, la sociedad peruana prefiere que Pedro se quede allí el mayor tiempo posible, ya que admitió públicamente que, de estar libre, seguiría cumpliendo su sanguinaria misión “purificadora”. Y es que nadie en su sano juicio pensará que Pedro tenía el derecho de asesinar a otros seres humanos a causa de ciertas faltas morales; pero, al menos en parte, no se puede negar que tenía algo de razón cuando en cierta ocasión, con tono airado, lloroso y chillón, dijo ante periodistas y policías que le rodeaban: “¡Esto es una porquería, por eso es que soy así, maldita sea!”
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