Los patéticos K ya no batallan por la épica y la gloria: ahora pelean para conseguirle un escritorio a Máximo. Los restos del kirchnerismo sílo son los más obsecuentes y pagos, intentan agitar las redes sociales y las plazas públicas con arengas ya muertas y audiencias escasas. Antes le daban a la productora de 6 7 8, la cómica criatura emblemática de la propaganda K, $ 55 millones anuales provenientes del bolsillo de los argentinos. Hoy no tienen cómo. Siempre hicieron “periodismo militante”, pero sobre todo de minorías. Ahora, sin poder y sin dinero, le quedan la guarida de las redes sociales con unatáctica minusválida del ciberacoso. Pobreza política total: una devaluada guerra de guerrillas cibernéticas con chicos que ni saben manejar computadoras. Para colmo creen que están llevando adelante un plan revolucionario en Sierra Maestra, invocando la “resistencia” a un gobierno que no llega a los 60 días en el mando. Atrasan en el reloj de la historia. Son lo que son: una camarilla que ha sido eyectada del poder por los votos, con una jefa política que tiene más carisma (ahora para pocos) que nunca tuvo conducción y un grupo de rostros impresentables detrás suyo: Kicillof, Moreno, Ottavis, Larroque, Sabbatella. El peronismo busca apurado la forma de reorganizarse y así enterrar para siempre en el cementerio de la historia a Cristina Kirchner, en plena resistencia hotelera, quien sin embargo planea su reaparición pública. Recordar con que facilidad el peronismo supo desembarazarse de Carlos Menem, y luego usarlo como un trapo de piso. Menemismo y kirchnerismo, finalmente, son patologías con sello peronista de apariencias ideológicas diferentes, unidas por la misma debilidad: la tendencia a adulterar la historia y el habre desesperada por los fondos públicos mal habidos. Lo cierto es que el kirchnerismo se va quedando sin refugios en el Estado. Están siendo removidos los ñoquis enquistados de apuro en distintas estructuras del Estado; la penosa y teatralizada resistencia de Sabbatella en la disuelta AFSCA devino en el gesto patético de un estalinista tardío; Milagro Sala sigue presa en Jujuy por “instigación a cometer delitos” y ahora será acusada por sus vínculos con el narcotráfico. Todo viene con el ridículo: ya no batallan por la épica y la gloria presunta. Lo hacen para custodiarle un despacho a Máximo en Diputados. El poder es cruel y lo es doblemente con aquellos que han hecho abuso de su ejercicio. Los K antes golpeaban con prepotencia las puertas de los medios críticos para meterse en ellos a como diera lugar: pisotear sus directorios, amedrentar a sus periodistas, acusar falsamente de latrocinios institucionales. Señores, han mentido. Y la historia perdona el error, jamás el engaño. Ahora se quedaron pataleando del otro lado, como un grupo “guerrillero” menor sin destino relevante en la política. Y acaso sin lugar en el peronismo.
Los nuevos guerrilleros K.El vamos por todo es un escritorio
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