La tradición fotográfica de retratarse con un hombre disfrazado de oso polar vivió su máximo esplendor durante el III Reich. Sin embargo, su origen es algo anterior, ya que las primeras imágenes en las que aparece este peculiar mamífero datan de la década de los años veinte.
Lo confirma la colección de fotos reunida por el francés Jean-Marie Donat, que ha ido buscando imágenes de la época en las que apareciera, como uno más de los fotografiados, el popular oso. El resultado de la búsqueda no puede ser más sorprendente: Donat se ha hecho con más de 10.000 instantáneas de entre 1920 y 1960 protagonizadas por el animal. Aunque esta peculiar colección le ha servido para publicar un libro, Teddybär, el porqué de las fotos sigue siendo todo un misterio. ¿Cómo se convirtió en una moda germánica fotografiarse con una persona disfrazada de oso polar? Por suerte, hay algunas teorías al respecto.
Nadie se quedó durante ese período de más de tres décadas sin su foto correspondiente con el oso de turno. Entre las instantáneas rescatadas del olvido por Donat hay un poco de todo: familias al completo posando junto al disfrazado, escenas de lo más rústico protagonizadas por un par de abuelos junto a un impoluto oso polar e incluso imágenes de escolares reunidos en torno al adorable bicho.
La primera imagen que encontró el coleccionista fue tomada justo después de la Segunda Guerra Mundial. Se trata del retrato de un hombre de negocios acompañado por la bestia. Este surrealista descubrimiento fue seguido por otro aún más impactante: el éxito del personaje era tal que en la segunda foto encontrada por Donat aparece confraternizando con unos soldados nazis la mar de sonrientes.
La recopilación hecha por el coleccionista serviría para ilustrar la evolución de la sociedad alemana durante esos más de 30 años. Sin ir más lejos, si en algunas fotografías el famoso disfraz de oso polar aparece acompañando a unos soldados nazis, en otras el popular personaje posa junto a militares estadounidenses. La Segunda Guerra Mundial había acabado, pero el oso seguía ahí.
Según el propio Donat, la explicación de este fenómeno podría encontrarse a las puertas del zoo berlinés. Tal y como cuenta el coleccionista, a principios de la década de los años 20, dos osos polares llegaron a la capital alemana para ser mostrados al mundo en el recinto. Así, todos los niños querían fotografiarse cerca del zoológico acompañados por estos peculiares tipos disfrazados de plantígrados. La moda se extendió por la ciudad y muchos apostaron por esta extravagante profesión. Tanto es así que Donat asegura tener en su colección hasta treinta osos diferentes.
También hay otra teoría contada por el crítico de arte austriaco Klaus Speidel que cuenta cómo dos amigos habrían decidido en aquella época soportar el duro invierno centroeuropeo enfundándose sus trajes de carnaval de oso polar y, de paso, hacer algo de dinero ofreciéndole a los transeúntes una sesión de fotos barata y atractiva.
Al fin y al cabo, la gente necesita una razón para hacerse una foto, y toparse con un oso en mitad de la calle es el pretexto perfecto. Tal y como se hace hoy en muchas ciudades con tipos disfrazados de Bob Esponja, de Minion o de Dora la exploradora.
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