El actual gobierno tiene - casi con seguridad - algún corrupto o varios que aun no han comenzado a hacer trampas. Pero es la naturaleza humana y sea quienes sean los que gobiernen inevitablemente tendrán que lidiar con esas trampas.
Lo único que nosotros - los laburantes, estudiantes y gente de a pié - podemos hacer es rezar o desear al menos, que no sean, Dios no lo permita, tan ladrones y caraduras como los miembros del gobierno que inició Kirchner y terminó con argentina sumida en el caos económico, con su población anestesiada por un relato al estilo nazi - miente, miente que al final se hace verdad - formando parte de un bloque de países obres que se derrumba como Venezuela o que se gobiernan sin controles como Bolivia y Ecuador.
Argentina tenía una Presidenta agotadora que dedicaba a su cuerpo enfermo y pintado unas 10 horas por día y delegaba controles y decisiones sin pensar permitiendo que todo su entorno se desquisiara, amiga íntima de quienes mataron a sus compatriotas como Irán donde uno de los acusados de poner las bombas que mataron a cientos de argentinos hoy es buscado por la interpol y candidato a Presidente de Irán.
Cuando se escriba la verdadera historia, los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández serán recordados por la exitosa implementación de las mil y una formas de robar al Estado. Ayer se conoció la última.
Es una muy berreta, propia de ladrones de celulares, pero no por eso menos escandalosa.
Parece que los pibes para la liberación se quedaron con unos cuántos miles de dólares que manotearon de los últimos viajes presidenciales realizados a Nueva York y Asunción del Paraguay, el año pasado. Por lo menos 150 mil. Unos 20 millones de pesos.
Participaron del choreo entre otros, Andrés Cuervo Larroque, Eduardo Wado de Pedro y Hernán Reibel, el incondicional de Máximo Kirchner que repartía la publicidad oficial. La denuncia ante la Oficina Anticorrupción la hizo el secretario General de la Presidencia.
La cifra afanada surge de la diferencia entre las rendiciones de cuentas de los viajeros y los proveedores que fueron consultados, a través de una auditoría. Parece que los funcionarios adulteraban las facturas de gastos de diferentes maneras.
¿Estaban al tanto los hombres de confianza de la Presidenta y de su hijo sobre semejante dibujo contable? Todavía no se pudo comprobar si lo sabían o lo alentaron pero es razonable plantear una hipótesis de sentido común.
Por su estilo es imposible, que a gente tancontroladora y vigilante como Larroque, De Pedro o Reibel se les escape un asunto así. Ahora que el escandalete salió a la luz, deberían explicárselo a la militancia. Pero sin gritos ni consignas, sino con datos en la mano. Y también deberían explicar, los máximos responsables del gobierno anterior, porqué la metieron a Cristina Fernández en el centro del huracán del escándalo de corrupción del Plan Qunita. Porque Cristina es insoportable pero no boluda.

Primero, alguien, quizá el más creativo, armó el negocio y la justificación ‘política’. El kit para los bebés y sus jóvenes madres no parecía tener contra en el universo del populismo mentiroso que venía esgrimiendo la anterior administración. Después, el corrupto más creativo reclutó a unos cuantos pseudoempresarios sin experiencia en la actividad pero dispuestos a presentarse en una licitación trucha. Más tarde la ganó el elegido. Y se supone que al final repartieron el botín de cientos de millones de pesos.
Que las cunas no se pudieron usar porque no eran seguras es otro de los pequeños detalles que hacen más tristes las circunstancias del sistema de negocios. Stella falleció de manera repentina, antes del procesamiento de Aníbal Fernández y los ex ministros de Salud Juan Manzur y Daniel Gollán.

Los procesamientos pueden ser interpretados como un homenaje a su perseverancia de periodista no militante. Pero no fueron solo los viáticos de los pibes o el Plan Qunita lo que demuestra que durante los últimos 12 años el kirchnerismo no dejó negocio sin hacer. También lo prueba la causa Hotesur, el caso Ciccone, la Tragedia de Once, el financiamiento de la campaña del Frente para la Victoria a cargo de empresarios y laboratorios que traficaban efedrina y adulteraban medicamentos.
Además, por supuesto, de los multimillonarios negocios de Los Dueños de la Argentina K, en áreas tan diversas y de superrentabilidad como el petróleo, la obra pública, el transporte público, el juego y la hotelería.
Por ciento: el juego y la hotelería, más que cualquier otra actividad, son las más propicias para lavar dinero, como se enseña en las primeras materias de Derecho Penal.
Y los pagos compulsivos de Lázaro Báez para contratar las habitaciones vacías del Hotel Alto Calafate, de Cristina Fernández y su hijo, podría ser una maniobra clásica de lavado de dinero, según se investiga en la causa Hotesur.
Es decir: al pagar Báez las habitaciones contratadas aunque no las necesitara, incorporaría el circuito legal de dinero el retorno o la coima que abonó a la jefa de Estado, en agradecimiento por las innumerables obras públicas que se le otorgaron y por las que recaudó un mínimo de 8 mil millones de pesos y un máximo de 12 mil, según diferentes cifras oficiales.
En su momento, Elisa Carrió denunció que la mayoría de las licitaciones eran truchas y estaban cartelizadas. Pero además, igual que los empresarios del Plan Qunita, Báez no tenía ningún antecedente en la obra pública antes de que Néstor Kirchner asumiera la presidencia. De hecho, fundó Austral construcciones y compró otras del mismo rubro recién cuando Kirchner se transformó en Jefe de Estado. Es decir: se hizo empresario de la obra pública solo después de que su amigo, el ex Presidente, le garantizara el ingreso al club de la obra pública.
Pero cuando se escriba la verdadera historia, ya lejos del relato mentiroso y manipulador, el gobierno que se acaba de ir también será recordado como el que más bombas de tiempo le dejó a la nueva administración en asuntos tan complejos y graves como la inflación, el empleo público, el impuesto a las ganancias y el congelamiento de las tarifas de luz, gas, agua y transporte.
La inexperiencia y la ingenuidad política del presidente Mauricio Macri y su equipo más cercano les hizo creer que era mejor, en un principio, no hacer hincapié en la herencia recibida, para no contagiar mala onda y favorecer las expectativas positivas de cambio. Pero, a poco de andar, se están dando cuenta que, para que la mayoría de la gente comprenda porque se ejecuta una medida antipática,
inoportuna o insuficiente también hay que gastar energía en explicar, por ejemplo, el tiempo real que va a insumir el desarme de la bomba de tiempo en asuntos como el sistema de mediciones del INDEC, las distorsiones de precios de la economía, los organismos encargados de controlar las prácticas monopólicas de los formadores de precios y casi todo el Estado Nacional.
Un Estado que fue concebido, más que para mejorarle la vida a los argentinos, para robar y hacer como que contenía a los pobres, los jóvenes, los viejos y los desocupados.
Un Estado que fue entregado en modo campo minado para que la economía explote por el aire junto con el nuevo Presidente y Ella pueda volver, junto sus incondicionales, incluso antes de lo que marca el calendario electoral.
Y no es solo por conveniencia política que Macri lo debe denunciar. También debe hacerlo para que ningún distraído se confunda y piense que Cristina Fernández fue la más honesta y la más efectiva de todos los presidentes de la Argentina desde 1983 hasta la fecha.
Lo único que nosotros - los laburantes, estudiantes y gente de a pié - podemos hacer es rezar o desear al menos, que no sean, Dios no lo permita, tan ladrones y caraduras como los miembros del gobierno que inició Kirchner y terminó con argentina sumida en el caos económico, con su población anestesiada por un relato al estilo nazi - miente, miente que al final se hace verdad - formando parte de un bloque de países obres que se derrumba como Venezuela o que se gobiernan sin controles como Bolivia y Ecuador.
Argentina tenía una Presidenta agotadora que dedicaba a su cuerpo enfermo y pintado unas 10 horas por día y delegaba controles y decisiones sin pensar permitiendo que todo su entorno se desquisiara, amiga íntima de quienes mataron a sus compatriotas como Irán donde uno de los acusados de poner las bombas que mataron a cientos de argentinos hoy es buscado por la interpol y candidato a Presidente de Irán.
Cuando se escriba la verdadera historia, los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández serán recordados por la exitosa implementación de las mil y una formas de robar al Estado. Ayer se conoció la última.
Es una muy berreta, propia de ladrones de celulares, pero no por eso menos escandalosa.
Parece que los pibes para la liberación se quedaron con unos cuántos miles de dólares que manotearon de los últimos viajes presidenciales realizados a Nueva York y Asunción del Paraguay, el año pasado. Por lo menos 150 mil. Unos 20 millones de pesos.
Participaron del choreo entre otros, Andrés Cuervo Larroque, Eduardo Wado de Pedro y Hernán Reibel, el incondicional de Máximo Kirchner que repartía la publicidad oficial. La denuncia ante la Oficina Anticorrupción la hizo el secretario General de la Presidencia.
La cifra afanada surge de la diferencia entre las rendiciones de cuentas de los viajeros y los proveedores que fueron consultados, a través de una auditoría. Parece que los funcionarios adulteraban las facturas de gastos de diferentes maneras.
¿Estaban al tanto los hombres de confianza de la Presidenta y de su hijo sobre semejante dibujo contable? Todavía no se pudo comprobar si lo sabían o lo alentaron pero es razonable plantear una hipótesis de sentido común.
Por su estilo es imposible, que a gente tancontroladora y vigilante como Larroque, De Pedro o Reibel se les escape un asunto así. Ahora que el escandalete salió a la luz, deberían explicárselo a la militancia. Pero sin gritos ni consignas, sino con datos en la mano. Y también deberían explicar, los máximos responsables del gobierno anterior, porqué la metieron a Cristina Fernández en el centro del huracán del escándalo de corrupción del Plan Qunita. Porque Cristina es insoportable pero no boluda.

Primero, alguien, quizá el más creativo, armó el negocio y la justificación ‘política’. El kit para los bebés y sus jóvenes madres no parecía tener contra en el universo del populismo mentiroso que venía esgrimiendo la anterior administración. Después, el corrupto más creativo reclutó a unos cuantos pseudoempresarios sin experiencia en la actividad pero dispuestos a presentarse en una licitación trucha. Más tarde la ganó el elegido. Y se supone que al final repartieron el botín de cientos de millones de pesos.
Que las cunas no se pudieron usar porque no eran seguras es otro de los pequeños detalles que hacen más tristes las circunstancias del sistema de negocios. Stella falleció de manera repentina, antes del procesamiento de Aníbal Fernández y los ex ministros de Salud Juan Manzur y Daniel Gollán.

Los procesamientos pueden ser interpretados como un homenaje a su perseverancia de periodista no militante. Pero no fueron solo los viáticos de los pibes o el Plan Qunita lo que demuestra que durante los últimos 12 años el kirchnerismo no dejó negocio sin hacer. También lo prueba la causa Hotesur, el caso Ciccone, la Tragedia de Once, el financiamiento de la campaña del Frente para la Victoria a cargo de empresarios y laboratorios que traficaban efedrina y adulteraban medicamentos.
Además, por supuesto, de los multimillonarios negocios de Los Dueños de la Argentina K, en áreas tan diversas y de superrentabilidad como el petróleo, la obra pública, el transporte público, el juego y la hotelería.
Por ciento: el juego y la hotelería, más que cualquier otra actividad, son las más propicias para lavar dinero, como se enseña en las primeras materias de Derecho Penal.
Y los pagos compulsivos de Lázaro Báez para contratar las habitaciones vacías del Hotel Alto Calafate, de Cristina Fernández y su hijo, podría ser una maniobra clásica de lavado de dinero, según se investiga en la causa Hotesur.
Es decir: al pagar Báez las habitaciones contratadas aunque no las necesitara, incorporaría el circuito legal de dinero el retorno o la coima que abonó a la jefa de Estado, en agradecimiento por las innumerables obras públicas que se le otorgaron y por las que recaudó un mínimo de 8 mil millones de pesos y un máximo de 12 mil, según diferentes cifras oficiales.
En su momento, Elisa Carrió denunció que la mayoría de las licitaciones eran truchas y estaban cartelizadas. Pero además, igual que los empresarios del Plan Qunita, Báez no tenía ningún antecedente en la obra pública antes de que Néstor Kirchner asumiera la presidencia. De hecho, fundó Austral construcciones y compró otras del mismo rubro recién cuando Kirchner se transformó en Jefe de Estado. Es decir: se hizo empresario de la obra pública solo después de que su amigo, el ex Presidente, le garantizara el ingreso al club de la obra pública.
Pero cuando se escriba la verdadera historia, ya lejos del relato mentiroso y manipulador, el gobierno que se acaba de ir también será recordado como el que más bombas de tiempo le dejó a la nueva administración en asuntos tan complejos y graves como la inflación, el empleo público, el impuesto a las ganancias y el congelamiento de las tarifas de luz, gas, agua y transporte.
La inexperiencia y la ingenuidad política del presidente Mauricio Macri y su equipo más cercano les hizo creer que era mejor, en un principio, no hacer hincapié en la herencia recibida, para no contagiar mala onda y favorecer las expectativas positivas de cambio. Pero, a poco de andar, se están dando cuenta que, para que la mayoría de la gente comprenda porque se ejecuta una medida antipática,
inoportuna o insuficiente también hay que gastar energía en explicar, por ejemplo, el tiempo real que va a insumir el desarme de la bomba de tiempo en asuntos como el sistema de mediciones del INDEC, las distorsiones de precios de la economía, los organismos encargados de controlar las prácticas monopólicas de los formadores de precios y casi todo el Estado Nacional.
Un Estado que fue concebido, más que para mejorarle la vida a los argentinos, para robar y hacer como que contenía a los pobres, los jóvenes, los viejos y los desocupados.
Un Estado que fue entregado en modo campo minado para que la economía explote por el aire junto con el nuevo Presidente y Ella pueda volver, junto sus incondicionales, incluso antes de lo que marca el calendario electoral.
Y no es solo por conveniencia política que Macri lo debe denunciar. También debe hacerlo para que ningún distraído se confunda y piense que Cristina Fernández fue la más honesta y la más efectiva de todos los presidentes de la Argentina desde 1983 hasta la fecha.