No es de ahora este fenómeno que tiende a mostrarnos niñas que imitan no sólo la ropa y los gestos de las mujeres de más edad y que tiene una explicación en los juegos de imitación tan frecuentes en la infancia. Lo que es relativamente nueva es la progresiva sexualización, erotización mediante la ropa, maquillajes y sobre todo los gestos y movimientos que se está produciendo y que se exhibe no sólo con tranquilidad sino a menudo con gran complacencia por parte de padres y familia. Algunos viven este hecho como una promoción personal de la niña e indirectamente de ellos mismos. Quizás esperan convertirse así en personajes mediáticos, en personas importantes.
Estamos incorporando modelos de comportamiento que nos llegan directamente de las Américas: los concursos de belleza para niñas abundan. Pronto se las enseña a competir en estos términos mientras las grandes industrias, las corporaciones de la moda y productos de belleza se frotan las manos buscando nuevos mercados. El cuerpo de la mujer ha sido y sigue siendo un buen y lucrativo mercado. Sobre la normal voluntad de ser y estar agradables ha construido una mitología y una esclavitud que impone normas y medidas. Y culpabiliza e inseguriza toda persona que no se ajusta a unos ideales que como tales son evidentemente inalcanzables. Y que continúan generando una frustración que impulsa a comprar más, gastar, operarse, etc.
Resulta que hay otro terreno, otro nicho de negocio para explotar: la infancia femenina. La avidez incontrolable de los mercados se está instalando de lleno, sin que haya suficiente respuesta sobre las consecuencias de este fenómeno. Ellas, las niñas, son eso, niñas: seres humanos completos y a la vez a medio madurar. La inteligencia, pero sobre todos los sentimientos y lo que es más importante, la conciencia de sí mismas, su autoestima se está construyendo día a día. Y en este contexto, la erotización prematura les va enseñando que lo verdaderamente importante para los demás y para su propia autoestima radica prioritariamente en su capacidad de seducir, de agradar a los demás y en último término estimular sexualmente. Y que este es el camino que a la larga les servirá para vivir bien.
¿No es este un aprendizaje hacia la dependencia? ¿Una buena preparación para un tipo de relación de pareja y para hacer de ellas unas excelentes consumidoras de los mercados de belleza?. Otras cualidades fundamentales, la inteligencia, valentía, la honestidad, la capacidad de trabajar y compartir, es decir las virtudes necesarias para convertirse en un ser humano mujer valiosa y útil, pueden pasar a un segundo plano.
¿Estamos fabricando nuevas geishas? ¿Es que el mercado nunca tiene suficiente?. Atención a sus consecuencias. Muchas familias quizás creen de buena fe que ésta es una manera eficaz de mejorar la situación actual y futura de sus hijas.
Estamos incorporando modelos de comportamiento que nos llegan directamente de las Américas: los concursos de belleza para niñas abundan. Pronto se las enseña a competir en estos términos mientras las grandes industrias, las corporaciones de la moda y productos de belleza se frotan las manos buscando nuevos mercados. El cuerpo de la mujer ha sido y sigue siendo un buen y lucrativo mercado. Sobre la normal voluntad de ser y estar agradables ha construido una mitología y una esclavitud que impone normas y medidas. Y culpabiliza e inseguriza toda persona que no se ajusta a unos ideales que como tales son evidentemente inalcanzables. Y que continúan generando una frustración que impulsa a comprar más, gastar, operarse, etc.
Resulta que hay otro terreno, otro nicho de negocio para explotar: la infancia femenina. La avidez incontrolable de los mercados se está instalando de lleno, sin que haya suficiente respuesta sobre las consecuencias de este fenómeno. Ellas, las niñas, son eso, niñas: seres humanos completos y a la vez a medio madurar. La inteligencia, pero sobre todos los sentimientos y lo que es más importante, la conciencia de sí mismas, su autoestima se está construyendo día a día. Y en este contexto, la erotización prematura les va enseñando que lo verdaderamente importante para los demás y para su propia autoestima radica prioritariamente en su capacidad de seducir, de agradar a los demás y en último término estimular sexualmente. Y que este es el camino que a la larga les servirá para vivir bien.
¿No es este un aprendizaje hacia la dependencia? ¿Una buena preparación para un tipo de relación de pareja y para hacer de ellas unas excelentes consumidoras de los mercados de belleza?. Otras cualidades fundamentales, la inteligencia, valentía, la honestidad, la capacidad de trabajar y compartir, es decir las virtudes necesarias para convertirse en un ser humano mujer valiosa y útil, pueden pasar a un segundo plano.
¿Estamos fabricando nuevas geishas? ¿Es que el mercado nunca tiene suficiente?. Atención a sus consecuencias. Muchas familias quizás creen de buena fe que ésta es una manera eficaz de mejorar la situación actual y futura de sus hijas.