"Macri jamás puede ser presidente de este país”. “Puso a Vidal de candidata, regaló la provincia.” “Si De la Rúa duró dos años, a Macri le doy seis meses”. Las frases se escucharon, y siguen sonando, en cada mesa política. Muestran uno de los errores más grandes que cometió el Frente para la Victoria en la última elección: subestimar a su rival.
Vidal arrasó en la provincia y garantizó la presidencia de Macri. El Presidente, en sus primeros 45 días de gobierno, demostró que no es ningún extraño en las artes políticas. Aprovechó la luna de miel y el aturdimiento total del peronismo para avanzar con velocidad y de forma implacable sobre algunos de sus puntos más polémicos. Designó jueces en la Corte Suprema por decreto, anuló todo lo que importaba de la Ley de Medios, volvió al Fondo Monetario Internacional, devaluó la moneda, quitó retenciones al campo, avanzó con cerca de 30.000 despidos en el sector público y reprimió la protesta social.
Como los equipos que ganan cinco a cero el partido previo, Macri siente que todo lo que intente le va a salir bien. Por eso se dio el lujo de meterse en la interna peronista, algo que le puede costar a futuro. Massa es su aliado más importante, pero puede transformarse en su enemigo más letal si lo traiciona. Algo que, por cierto, no sería para nada descabellado en un futuro. Hasta ahora, el único campo en el que titubeó Macri fue en el ajuste económico. Allí está la razón por la que todavía no se dice cuánto subirán las tarifas de luz y gas. Macri ganó diciembre y enero como el Barcelona, pero mientras febrero se presenta tranquilo, marzo será una prueba de fuego. El regreso de la actividad legislativa y las paritarias determinan dos puntos clave: la gobernabilidad y la economía. Mientras el PJ lo siga subestimando y se dirima en egos y lamentos, el campo político será un paseo.