La historia del increíble viaje del cuaderno de sanciones a soldados en Malvinas. a 34 años, vuelve a la Argentina.
A horas solamente de el aniversario número 34 de la guerra de Malvinas, cerrará una historia de esas que parecen salidas de algún guión o novela adaptada para película: un cuaderno de sanciones disciplinarias a los soldados, registro que llevaba un subteniente y fue encontrado días después de la rendición por un marine británico, vuelve a la Argentina casi intacto para formar parte del museo Nacional de Malvinas e islas del Atlántico Sur.
En el medio, el derrotero de ese cuaderno Laprida de tapas duras ha sido fortuito por donde se lo mire , fue entregado a Florencia Figar Laborde, una joven de 20 años que en 2013 estuvo de intercambio cultural en Folkestone, Inglaterra, en la casa de la familia de Martin Bradford, un Royal Marine que había combatido en la guerra.

"Él hacía muchos chistes sobre la marina. Entonces un día me animé a preguntar sobre Malvinas, cómo lo habían vivido ellos. Y resultó que él había estado en Malvinas", contó Florencia , durante su visita al cenotafio de la capital neuquina dedicado a los caídos en la guerra.
La chica, que estudia Comunicación Social en la UBA, agrega: "En un momento de la conversación, él se paró y dijo: 'Bueno te voy a traer algo que me traje de allá, yo traté de buscar al dueño'". Bradford le alcanzó el cuaderno. Se lo exhibió: "Lo encontré abierto", le dijo, y le aclaró que para él no se trataba de un trofeo de guerra.
Entonces, Laborde hizo lo que hace un periodista: buscó la historia. Y se percató de que el cabo Daniel Vera aparecía muchas veces con sanciones como esta: "Grado: Cbo. Nombre y apellido: Miguel Vera, 10 junio 1982. Causa: No dar cumplimiento a una orden impartida por el jefe de sección de afeitarse como corresponde pese a tener los medios para hacerlo. Sanción: cinco días de arresto".
La joven rastreó a Vera. Empezó por el centro de veteranos de Quilmes, que a su vez se contactó con La Matanza, luego con Rosario y desde allí la información la llevó a a Neuquén, desde cuyo centro de veteranos contactaron al exsoldado. Además, se determinó que las anotaciones habrían sido del subteniente Barri, de quien se conocen pocos datos.
"¿Cómo era el arresto?", le preguntó Florencia a Vera, cuando le dio el cuaderno. "El arresto... te ponían en el cuaderno y tenías que ir porque estaban bombardeando. No había arrestos. Guarda, hubo estaqueados", aseguró el excombatiente. Aparentemente, en el cuaderno (que conserva pisadas en algunas de sus hojas) solamente están consignadas las faltas disciplinarias y los días de arresto, no los tormentos a que fueron sometidos contra los combatientes por sus propios superiores.
A horas solamente de el aniversario número 34 de la guerra de Malvinas, cerrará una historia de esas que parecen salidas de algún guión o novela adaptada para película: un cuaderno de sanciones disciplinarias a los soldados, registro que llevaba un subteniente y fue encontrado días después de la rendición por un marine británico, vuelve a la Argentina casi intacto para formar parte del museo Nacional de Malvinas e islas del Atlántico Sur.
En el medio, el derrotero de ese cuaderno Laprida de tapas duras ha sido fortuito por donde se lo mire , fue entregado a Florencia Figar Laborde, una joven de 20 años que en 2013 estuvo de intercambio cultural en Folkestone, Inglaterra, en la casa de la familia de Martin Bradford, un Royal Marine que había combatido en la guerra.

"Él hacía muchos chistes sobre la marina. Entonces un día me animé a preguntar sobre Malvinas, cómo lo habían vivido ellos. Y resultó que él había estado en Malvinas", contó Florencia , durante su visita al cenotafio de la capital neuquina dedicado a los caídos en la guerra.
La chica, que estudia Comunicación Social en la UBA, agrega: "En un momento de la conversación, él se paró y dijo: 'Bueno te voy a traer algo que me traje de allá, yo traté de buscar al dueño'". Bradford le alcanzó el cuaderno. Se lo exhibió: "Lo encontré abierto", le dijo, y le aclaró que para él no se trataba de un trofeo de guerra.
Entonces, Laborde hizo lo que hace un periodista: buscó la historia. Y se percató de que el cabo Daniel Vera aparecía muchas veces con sanciones como esta: "Grado: Cbo. Nombre y apellido: Miguel Vera, 10 junio 1982. Causa: No dar cumplimiento a una orden impartida por el jefe de sección de afeitarse como corresponde pese a tener los medios para hacerlo. Sanción: cinco días de arresto".
La joven rastreó a Vera. Empezó por el centro de veteranos de Quilmes, que a su vez se contactó con La Matanza, luego con Rosario y desde allí la información la llevó a a Neuquén, desde cuyo centro de veteranos contactaron al exsoldado. Además, se determinó que las anotaciones habrían sido del subteniente Barri, de quien se conocen pocos datos.
"¿Cómo era el arresto?", le preguntó Florencia a Vera, cuando le dio el cuaderno. "El arresto... te ponían en el cuaderno y tenías que ir porque estaban bombardeando. No había arrestos. Guarda, hubo estaqueados", aseguró el excombatiente. Aparentemente, en el cuaderno (que conserva pisadas en algunas de sus hojas) solamente están consignadas las faltas disciplinarias y los días de arresto, no los tormentos a que fueron sometidos contra los combatientes por sus propios superiores.