El show de fuegos artificiales judiciales no afecta la dura marcha de la corrección económica.
Los fuegos artificiales judiciales que se han disparado durante la última semana provocarán una enorme decepción a la población que espera equivocadamente sanciones severas y rápidas para los autores de los desmanes de la última administración.
El tibio mani pulite argentino no ha provocado por el momento cambios en el avance de la corrección de los números de la economía. La administración mantiene la misma línea, atraviesa su peor momento y necesita por lo menos un semestre para mostrar algún resultado positivo. Siempre que los actuales imputados no queden en libertad inmediata y los procesos judiciales mantengan su proverbial ineficacia la economía podrá seguir su curso correctivo sin que el malhumor de la población – ya exacerbado – la impacte negativamente, algo que no se puede descartar.
La pequeña y concentrada economía argentina está en el peor momento del proceso de reacomodamiento donde se combina el pico de inflación derivado del proceso de aumentos de precios relativos – de marzo y abril - provocados por la devaluación, con salarios aun no ajustados a la espera de las negociaciones paritarias, con altas tasas de interés para estabilizar la demanda de pesos y contener la inflación a costa de recesión y con la carencia total de apoyo de las empresas formadoras de precios que no resignan ninguna oportunidad para mantener sus utilidades.
A esto se debe sumar la imperiosa necesidad de reducir el enorme déficit fiscal ajustando tarifas de energía, nafta, transporte y suministro de agua, para comenzar.
La sensación de la población no es buena al ver incrementados sus gastos sin contraprestación, y percibir que el resto del sector privado – léase grandes empresas y sectores como el agropecuario, industrial y hasta la inexplicable minería han visto claramente mejorados sus ingresos sin prestar ninguna colaboración tanto a la administración cuanto a sus empleados. Claramente, no es un buen momento y puede ser peor si la justicia federal genera mayor malhumor algo altamente probable.
Los números del mal momento inflacionario:
La nueva administración sabe muy bien, como cualquier economista, que cuando se corrigen el tipo de cambio y las tarifas, es imposible evitar varios meses de alta inflación.
La magnitud y duración de la suba de los precios depende de las acciones para reducir el monstruoso déficit fiscal y monetario. No hay ninguna duda que en 2016 habrá una inflación más alta que en 2015. Ese año superó el 28% y este año será mayor a 35% cifra que es una proyección mezcla de realismo y optimismo. La meta de inflación para todo el 2016 era 20 a 25%. Pero ya es imposible sostener esa pauta y deberá revisarse, no en este momento porque sería políticamente correcto.
Se esperaban cuatro meses de cuatro por ciento de inflación promedio por mes (desde diciembre hasta marzo) pero la demora en subir las tarifas de gas, transporte y agua extendió el lapso a seis meses.
En marzo la inflación superó largamente el 3%, algo muy similar a febrero. Con este dato, en el trimestre la suba de los precios estará entre 12 y 15%. Las proyecciones inflacionarias para abril marcan un piso de 7%.
Sin poder evitarlo esto lo convalida el Banco Central que mantiene en 38% la tasa de interés con tendencia a bajar a 32% en los próximos 252 días lo cual indica una tendencia poco alentadora (si la tasa a futuro esta prevista en 32% en 7 meses no se puede suponer una caída de la inflación al apresuradamente declamado 1% mensual en Noviembre)
El BCRA no puede frenar con política monetaria el impacto de los cambios de precios relativos y esta tomando acciones contractivas para reducir la inflación, en esencia sube las tasas de interés y contiene el tipo de cambio mientras resuelve el sector externo, algo crucial para la política monetaria.
Conviven muchas veces las siguientes conclusiones. Por ejemplo que los controles de precios no sirven para controlar la inflación. Naturalmente porque si hay una cantidad de dinero para gastar, y si esa cantidad aumenta en forma constante se puede controlar algúnos precios, pero esa capacidad de gasto se moverá hacia la compra de otros bienes entonces si controlar y fijar precios, significa que habrá más capacidad de gasto en los otros bienes y que sus precios se elevarán, por lo que la inflación seguirá su curso a pesar de los controles.
Hay razonamientos incorrectos como suponer que la inflación queda reprimida por que se controlan algunos precios. Creer que hay una inflación contenida es creer que los controles sirven para controlar la inflación.
Un programa eficaz para reducir la tasa de inflación tiene que extenderse más allá de la política monetaria y necesita ser complementado con programas diseñados para aumentar la competencia y para corregir problemas estructurales.
Tipo de cambio. El valor del dólar.
En el mercado de cambios, las tasas altas durante los dos próximos meses y los ingresos dólares comerciales y financieros, mantuvieron el precio del dólar y eliminaron las expectativas de devaluación que quedaron en evidencia con la caída de los precios de los contratos de futuro de Dólar de los últimos días, convirtiéndose en un canal alternativo de absorción de pesos durante el mes de marzo.
Se compraron US$334 millones la semana pasada, acumulando en los primeros tres meses del año un ingreso de divisas por US$5.901 millones, que resulta un aumento del 73% respecto del nivel del mismo período del año pasado.
En base al ingreso de los dólares comerciales de la cosecha gruesa, de los dólares financieros por la colocación de títulos en moneda extranjera y de la venta obligada de dólares de los bancos que debieron reducir desde abril su tenencia de 15% a 10% de sus patrimonios netos líquidos, el BCRA siguió liberando fondos para las importaciones, extendiendo a 1 año los plazos para la compra de dólares para pagos de importaciones, sin necesidad de recibir la autorización oficial y sin límite de monto.
El tipo de cambio durante abril se mantendrá en un nivel cercano a $ 14,70
Que se debe esperar en lo inmediato.
Tasas altas hasta que haya certeza de que la inflación está en descenso.
No habrá otra suba de tarifas de luz, gas, agua y transporte en lo que queda del año. Si de combustibles.
Hay una fuerte preocupación de la nueva administración sobre lo que está pasando con los aumentos de precios y el camino elegido para tratar de bajar la inflación.
La aspiración es que a partir de junio los precios crezcan por debajo del 1,5% por mes. Para lograrlo, se insiste en poner en tasas de interés de las letras que ofrece semanalmente en 38% anual, un nivel que coincide con los pronósticos de inflación más pesimistas del sector privado.
Pero con las tasas en el 38%, lo mas probable es que el precio del dólar se quede por debajo en los $ 15, al menos en los próximos 60 días.
Es un pronóstico consistente porque empezaron a entrar los dólares de las exportaciones de soja, con lo que aumenta la oferta de divisas en el mercado y tanto los bancos como los especuladores golondrina pasan dólares a pesos para colocarlos al 38% anual, una tasa rentable.
Claro que esto impacta fuertemente sobre el nivel de actividad, resultado que conocen muy bien los funcionarios (y todo el mundo en realidad) y que están dispuestos a afrontar.
Habrá fuerte caída de ventas y producción en las próximas semanas en un mercado influenciado por las altas tasas de interés, al que llega después de una devaluación que entre noviembre y marzo generó aumentos de precios, especialmente sobre los alimentos.
Menor nivel de actividad, Pymes cobrando y pagando con cheques a mas largo plazo, probables suspensiones en las industrias automotrices y una feroz batalla corporativa por los salarios entre sindicatos y empresas, con alto grado de inquietud social que finalmente será atenuada desde la nueva administración con algún sacrificio de emisión monetaria.
Mientras tanto el Banco Central va sacando dinero del mercado por medio de las Lebac, llegando a acumular un stock de $ 420.000 millones en esas letras que hoy pagan una tasa promedio del orden del 36% anual en promedio. Por eso cuando se saca plata del mercado, se sube la tasa de interés y se encarece el crédito inevitablemente el círculo cierra en una caída del consumo que, finalmente debería traducirse en estabilidad de los precios. Apuesta dudosa con buen premio y muy duro recorrido.
Después de una exitosa salida del cepo y una rápida negociación con los holdouts para dejar atrás la cesación de los pagos, la suba de las tarifas era inevitable pero una inflación posible de 6% en abril obliga a a serenar las aguas y si la justicia enardece a la población, la situación puede tornarse muy compleja.
Se necesitan 60 días de dólar estable, y con una mejora en los salarios a partir de las paritarias. Entonces puede ser que junio comience a cambiarle la cara a una primera parte del año durísima para los asalariados y jubilados.
Pero el corto plazo financiero tiene facetas positivas: la fortaleza de los bonos argentinos en el exterior y la expectativa sobre la etapa que se abrirá una vez que la Argentina deje atrás el default.
La demanda de bonos argentinos tiene una lógica impecable.
El bajo nivel de endeudamiento del Tesoro con el exterior y que los bonos ofrezcan rendimientos del orden del 8% anual en dólares determinan que la demanda de títulos esté asegurada en el corto plazo.
Sólo a modo de ejemplo, los bonos chilenos ofrecen 3,4% y los colombianos 3,8%. Los argentinos con 8% anual en dólares pasaron a ser muy buscados porque termina el default.
Cuanta financiación externa se puede conseguir al salir del default.
Cuando ingresen US$ 32.000 millones, cada dólar adicional irá a parar a la recuperación de la economía. De ese total, habrían ingresado en lo que va del año menos del 10%.
El número fatal de US$ 32.000 millones surge de la emisión de bonos para salir del default y de las necesidades de la deuda del sector privado, de las provincias y del giro de dividendos de las empresas.
La cifra es impactante por lo enorme y sería por eso que dentro del Gobierno se estudia la muy equivocada y muchas veces fracasada idea de un amplio blanqueo de capitales en la segunda parte del año.
La recaudación mínima necesaria para un blanqueo exitoso es de unos US$ 12.000 millones, apostando a que se declaren y paguen impuestos por los ya famosos US$ 200.000 millones que los argentinos mantienen fuera del sistema. Nunca ha ocurrido y nunca ocurrirá, ya se incorporaron al ADN y mucho menos con los escándalos judiciales en danza que dejarán libres a los sospechosos de siempre, y muy decepcionados a los ciudadanos de a pie, pagadores de impuestos. Por eso es mejor armar un Plan B y tal vez un Plan C, pero sin blanqueo.
Quienes serían los que blanquean? Como serían vistos (porque sus nombres siempre trascienden)? Para que lo harían?
Se puede almorzar en la mesa del diablo, siempre que uno tenga una cuchara muy larga, y no la tenemos.
La apuesta a una menor inflación y a una lluvia de dólares a partir de mayo son las dos vías principales de reactivación que la nueva administración aspira para la segunda parte del año, después de otro invierno que será duro de pasar (ahora se le llama ¨bache¨ porque se agotan los sustantivos).
Entre 2011 y 2015, se dilapidó irresponsablemente para extender forzada y ficticiamente un inexistente modelo “nacional y popular”: cepo, controles de precios, impuesto inflacionario, uso de reservas, freno importador, atraso cambiario y tarifario y hasta una devaluación enorme en enero 2014.
El camino inevitable hoy es acomodar la macroeconomía y corregir los precios relativos.
Acomodar la economía es reducir el monumental déficit fiscal y la emisión de moneda.
Corregir los precios fue devaluar la moneda y aumentar las tarifas públicas. La nueva administración está pagando altos costos hoy contra la promesa de obtener beneficios en el futuro.
Hay dificultades infranqueables: sube la tasa de inflación y baja el nivel de actividad. No se debe creer en el optimismo oficial de una expectativa de descenso rápido de la inflación y recuperación rápida de la actividad.