El dios Odin, que creó el mundo con sus hermanos a partir de la carne y la sangre del gigante Ymir, estaba considerado como el jefe de los Ases y el dios de los Dioses. La mitología nórdica nos ofrece, además del Ragnarok, una de las guerras más interesantes de todos los ciclos mitológicos, la guerra entre Ases y Vanes, es decir, entre los Señores del Valhalla y los Dioses del Mar. La información sobre este remoto conflicto es vaga y fragmentada. Las fuentes confiables son escasas. Una de ellas es la Völuspá, poema recopilado en la Edda poético en algún momento del siglo XII, a partir de una fuente tradicional mucho más antigua. La guerra entre Ases y Vanes, vital para comprender la unicidad posterior del panteón nórdico, y, en definitiva, para explicar quienes serán dioses y quienes no lo serán nunca; está desperdigada en varios textos. La guerra es relatada en la Völuspá por una sacerdotisa, y por Odín, participante activo del conflicto. Allí se nos dice que este conflicto entre el cielo y el mar es el más antiguo del mundo. La diosa marina Gullveig, una Vanir, fue lanceada y quemada viva tres veces en las estancias de Odín, con el inconveniente de que la divinidad renació ante cada muerte. Reformada en el fuego abrasador, Gullveig se hizo llamar Heiðr, palabra que significa “reluciente“. Gullweig practicaba un tipo de hechicería notablemente antigua, que le permitía entrar en un estado de trance y conocer cosas que estaban veladas incluso a los dioses. Este ataque de Odín a Gullweig nos aclara una cuestión vital para comprender el alcance del conflicto, que podría resumirse como la lucha de un pueblo invasor contra un antiguo culto marino oficiado por mujeres. Los Vanir,Señores del Mar, reclamaron una inmediata reparación por la tortura de Gullweig, y solicitaron los mismos privilegios que los Ases. Todas las fuerzas del mundo se congregaron en un concilio en donde se discutió el problema. Primero se estableció una tregua, por la cual todos los involucrados escupieron en una fuente. De aquella saliva emergió Kvasir, cuya sangre inspiró a los poetas. Finalmente, los Ases se negaron al diálogo y rompieron las negociaciones. La guerra estalló con rapidez y ferocidad; y los Vanir demostraron ser dignos rivales para los inmortales. Así lo señala la sacerdotisa: “Odín arrojó una lanza sobre la multitud; esa sería la primera guerra en el mundo, el muro que cerraba el bastión de los Æsir fue roto; los Vanir, indomables, aplastaron la llanura“. La guerra fue tan equilibrada que ambos bandos se vieron obligados a intercambiar rehenes a cambio de escasos momentos de tregua. Casi todas las batallas se produjeron en tierra firme, cuestión que beneficiaba a los Ases, que siempre se mantuvieron a una distancia prudente del mar. Pero ni siquiera esta ventaja estratégica inclinó la balanza hacia los dioses. Los Vanir, fuertemente armados y poseedores de una magia ancestral, resistieron cada uno de los ataques, devolviendo golpe por golpe y causando estragos en las filas celestiales. La guerra entre Ases y Vanes se asemeja a la epopeya hindú relatada en el Mahábharata, e incluso a La Ilíada griega, que, en definitiva, no son más que visiones alternativas de probablemente un mismo conflicto. Poco sabemos sobre los hechos que precipitaron el final de la guerra. Solo que los Ases vencieron, y que los Vanir fueron incorporados a un segundo orden de divinidades. Curiosamente, son los Vanir los que mejor han sobrevivido a los avatares del cristianismo contra los cultos antiguos. Ellos son, en definitiva, lo que luego se conoció como Elfos en las leyendas medievales; criaturas sobrenaturales que no responden al cielo y que viven ancladas en los círculos de la tierra, añorando la espuma del mar y el susurro casi impronunciable de antiquísimas ciudades bajo las olas. El Enûma Elish es un poema babilónico que narra el origen del mundo. Enûma Elish significa en acadio “cuando en lo alto“, y son las dos primeras palabras del poema. Está recogido en unas tablillas halladas en las ruinas de la biblioteca de Asurbanipal (669 – 627 a. C.), en Nínive. Cada una de las tablillas contiene entre 115 y 170 líneas de caracteres cuneiformes datados del año 1200 a. C. El poema está constituido en versos de dos líneas, y la función del segundo es enfatizar el primero mediante oposición, por ejemplo: “Cuando en lo alto el cielo no había sido nombrado, abajo no había sido llamada con un nombre la tierra firme“. Según esta cosmogonía, antes de que el cielo y la tierra tuviesen nombre, la diosa del agua salada Tiamat y el dios del agua dulce Apsu, engendraron una familia de dioses con la mezcla de sus aguas, y estos a su vez a otros dioses. Estos nuevos dioses perturbaban a Apsu, que decidió destruirlos. Aunque uno de ellos, Ea (o Enki), se anticipó a los deseos de Apsu, haciendo un conjuro y derramando el sueño sobre él, para luego matarlo. Ea, o Nudimmud, el dios parricida, junto a Damkina, engendraron a Marduk, el dios de Babilonia. Al tiempo, Tiamat es convencida de tomar venganza y rebelarse, por lo que decide dar mucho poder a Kingu, su nuevo esposo, y le entrega las tablillas del destino. Marduk es nombrado por los dioses para enfrentar a Tiamat. Accede con la condición de ser nombrado “príncipe de los dioses o dios supremo“. Finalmente vence a Tiamat, la mata y con su cuerpo crea el cielo y la tierra. Luego le son arrebatadas las tablas del destino a Kingu. Marduk, exultante, planea realizar obras estupendas y las comunica a Ea: “Amasaré la sangre y haré que haya huesos. Crearé una criatura salvaje, ‘hombre’ se llamará. Tendrá que estar al servicio de los dioses, para que ellos vivan sin cuidado“. Kingu es condenado a morir por ser el jefe de la rebelión, y, con su sangre, Ea crea a la humanidad. En honor a Marduk se construyó el Esagila en el Etemenanki, nombre de un zigurat dedicado a Marduk en la ciudad de Babilonia en el siglo VI a. C. de la dinastía caldea. Originalmente de siete pisos de altura, pocos restos permanecen en la actualidad. El Etemenanki fue popularmente identificado con la Torre de Babel en cuya cúspide estaba la Esagila, que era el templo de Marduk. La mayoría de los relatos de la mitología hitita se han perdido, y se carece de los elementos que podrían dar una visión equilibrada de la “religión hitita” entre las tablillas recuperadas en la capital hitita Hattusa y otros lugares hititas: “no hay escrituras canónicas, ni disquisiciones teológicas ni discursos, tampoco ayudas para la devoción privada“. Algunos documentos religiosos forman parte del corpus con que fueron entrenados jóvenes escribas y han sobrevivido, datando la mayoría de ellos de las últimas décadas históricas, antes de que los lugares fueran quemados. Los escribas de la administración real, algunos de cuyos archivos han sobrevivido, formaban parte de una burocracia encargada de organizar y mantener las responsabilidades reales en áreas, que hoy día, se considerarían parte de la religión, tales como organización del templo, administración del culto o informes adivinatorios. Todo esto ha conformado el cuerpo principal de los textos que se han podido recuperar. La comprensión de la mitología hitita ha dependido de las lecturas de determinadas tallas de piedra que han sobrevivido, el desciframiento de la iconología representada en sellos de piedra o de la interpretación de las plantas de los templos. Además, se han conservado unas cuantas imágenes de deidades, pues, a menudo, los hititas adoraban a sus dioses a través de piedras Huwasi, que representaba deidades y eran tratadas como objetos sagrados. Los dioses eran representados a menudo de pie sobre el lomo de sus respectivos animales, o bien han podido ser identificados por su forma animal. Entre otros,Tarhun, el dios del trueno y la tormenta, cuyo emblema era un hacha, y donde su conflicto con la serpiente Illuyanka se asemeja al conflicto entre Indra y la serpiente cósmica Vritra en la mitología indoaria. Su consorte es la diosa solar Arinna. Se rendía culto divino a la pareja, presumiblemente, en el más grande templo de Hattusa. Los hititas, que se refieren a sus “mil dioses“, que aparecen en un número asombroso de inscripciones. Pero sólo son conocidos sus nombres en la actualidad. “Muchas ciudades hititas mantuvieron dioses de la tormenta individuales, y no quisieron identificar a las deidades locales como manifestaciones de una única figura nacional“, observó Gary Beckman. La multiplicidad es, sin duda, un hecho de localización socio-político dentro del Imperio hitita y no es fácil de reconstruir. Por ejemplo, el centro de culto de Nerik, en la Edad de Bronce, al norte de la capital Hattusa y de Sapinuwa, era un lugar sagrado de los hititas dedicado a un dios local de la tormenta, que era hijo de Wurusemu, diosa solar de Arinna y que fue propiciado desde Hattusa. Según un texto hitita: “Puesto que los Gasgas han tomado la tierra de Nerik por sí mismos, estamos constantemente enviando material para los rituales del dios de la tormenta en Nerik y para los dioses de Nerik desde Hattusa en la ciudad de Ḫakmišša, (es decir) gruesos panes, libaciones, bueyes y ovejas“. El dios del tiempo atmosférico fue identificado allí con el monte Zaliyanu, cerca de Nerik, responsable de la asignación de la lluvia en las tierras de cultivo de la ciudad. Entre la multitud de dioses, unos pocos se destacan como algo más que locales. Teshub es el nombre dado al dios del Cielo y de la Tormenta en la mitología hitita, que previamente lo había tomado de loshurritas, que era su dios principal, el rey de los dioses. Su nombre hitita y luvita fue Tarhun. El lugar principal de culto era en Kumme, en el Kurdistán, pero también era venerado en los templos consagrados en general al dios de la Tormenta, como en Alepo, Arrafa, Kumani y en el santuario rupestre hitita de Yazilikaya. Los hititas lo representaban usualmente como un guerrero y dios que sostiene un rayo triple, casco y armas, generalmente un hacha y espada. También viajaba sobre las espaldas o en el carro que llevaban los toros de las mitologías hurrita e hitita, Seri y Hurri (‘Día’ y ‘Noche’), que pacían en las ruinas de las ciudades. Teshub es descrito en la cultura hitita como el esposo de Arinna, con la cual tuvo muchos hijos. Igualmente se le describe como el dios que mató al dragón Illuyanka, pero que previamente había sido derrotado por él. Este mito se recitaba en el Festival hitita del Año Nuevo. Tarhun tuvo un hijo, Telepinu y una hija, Inara. Inara es una deidad protectora involucrada en la fiesta de la primavera y del Año Nuevo, Purulli. Ishara es una diosa del juramento, y una lista de tratados y testigos divinos parece representar el panteón hitita más claramente, aunque algunos dioses han desaparecido inexplicablemente. La ciudad de Arinna, a un día de marcha desde Hattusa, fue quizás el centro de culto principal de los hititas, y desde luego de su más importante diosa del sol, conocido como “diosa solar de Arinna“. Durante el siglo XIII a. C. aparecen en las inscripciones algunos gestos explícitos hacia el sincretismo, o intento de conciliar doctrinas distintas. Puduhepa, reina y sacerdotisa, trabajó en la organización y la racionalización de la religión de su pueblo. En una inscripción invoca: “Diosa solar de Arinna, mi señora, ¡eres la reina de todas las tierras!. En la tierra de Hatti has tomado el nombre de diosa solar de Arinna, pero con respecto a la tierra que hiciste de cedros, has asumido el nombre de Hebat“. Kumarbi es el padre de Tarhun y su papel en la Canción de Kumarbi recuerda al de Crono en la Teogonía de Hesíodo. Kumarbi es el dios principal de los hurritas, padre de dioses. Era hijo de Anu, dios del cielo, y padre del dios de la tormenta, Teshub. Fue identificado por los hurritas con el sumerio Enlil y por los ugaritas con El. Kumarbi es conocido por una serie de textos mitológicos hititas, a veces resumidos bajo el término de “Ciclo de Kumarbi“. Estos textos incluyen, en particular, el Cantar de Kumarbi o laTeogonía hitita. El Cantar de Kumarbi o la Realeza en el Cielo es el título dado a una versión hitita del mito hurrita de Kumarbi, que data del siglo XIV a. C. Se conserva en tres tablillas, aunque sólo una pequeña fracción del texto es legible. El cantar relata que la deidad primigenia y rey de los cielos Alalu, después que fuese derrocado por Anu, se refugiaría en el mundo subterráneo. Kumarbi pasaría a servir a Anu durante nueve años hasta que consiguió derrotarle. Cuando Anu trató de escapar volando hacia el cielo, Kumarbi le persiguió y al darle alcance, le mordió sus genitales, y una parte de la virilidad de Anu penetró en su cuerpo. En el texto, Anu advierte a su hijo que había quedado embarazado de tres dioses: Teshub, Tigris y Tasmisu, el dios hitita Suwaliya. Al oír esto, Kumarbi escupió el semen en el suelo que quedó impregnado con dos hijos. De Kumarbi nace Teshub. Juntos, Anu y Teshub depondrán a Kumarbi. En otra versión de la Realeza en el Cielo, los tres dioses, Alalu, Anu y Kumarbi, gobiernan el cielo, cada uno sirviendo al que le precede en el reinado, durante nueve años. Es Teshub, hijo de Kumarbi, dios del tiempo atmosférico, quien comienza a conspirar para derrocar a su padre. Desde la primera publicación de las tablillas de laRealeza en el Cielo, los estudiosos han señalado las similitudes entre este mito de la creación hurrita-hitita y la historia de Urano, Crono y Zeus de la mitología griega. En el Cantar de Ullikummi, para poder vencer a Teshub, Kumarbi impregna una roca con su semen, de donde nacerá Ullikummi, un monstruo gigantesco de piedra diorita que llega a crecer tanto que puede tocar el cielo. Kumarbi le había entregado a las deidades de Irsirra para mantenerlo oculto del dios de la tormenta Teshub, el dios Sol del Cielo e Ishtar. Después de que estas deidades lo presentaran a Enlil, le colocaron en el hombro de Upelluri donde creció una hectárea en un mes. Después de quince días, crece lo suficiente en el mar para que el dios Sol pueda darse cuenta y alerta de inmediato a Teshub, que se prepara para la batalla en lo alto del Monte Imgarra. Sin embargo, su primera batalla resulta en una victoria incompleta. Conduce a Hebat a su templo, cortando su comunicación con los otros dioses. Astabis lidera a setenta dioses para atacarle, tratando de sacar el agua de su alrededor, tal vez con el fin de detener su crecimiento. Caen al mar y Ullikummi crece hasta 9000 leguas de alto y ancho, agitando los cielos y la tierra y empujando hacia arriba el cielo, elevándose sobre Kummiya. Piden ayuda a Ea, que le localiza y corta los pies con el cuchillo de cobre que había separado el cielo de la tierra. A pesar de sus heridas, se jacta de que la realeza celeste le ha sido asignada por su padre. Presumiblemente, llegaría a tener una derrota a manos de Teshub. El dios del tiempo y el relámpago Pihassassa pueden estar en el origen del griego Pegaso. Las representaciones de animales híbridos, como hipogrifos o quimeras, son típicos del arte de Anatolia de este período. En el mito de Telepinu, la desaparición de este dios de la agricultura y la fertilidad provoca que toda la fertilidad se desvanezca, tanto en vegetales como en animales. El resultado es la devastación y desesperación entre los dioses y los seres humanos por igual. Con el fin de detener este caos y devastación, los dioses buscan a Telepinu pero no lo encuentran. Sólo una abeja, enviada por la diosa Hannahanna, encuentra a Telepinu, dormido en el bosque y le pica con su aguijón para despertarlo. Sin embargo, esto enfurece a Telepinu y “desvía el curso de los ríos y destruye las casas“. Al final, la diosa Kamrusepa utiliza la sanación y la magia para calmar a Telepinu, después de lo cual vuelve a su casa y restaura la vegetación y la fertilidad. En otras referencias, es un sacerdote el que ora por todos para que la ira de Telepinu sea enviada a recipientes de bronce en el inframundo, del que nada escapa. Otros dioses importantes eran Aserdus (diosa de la fertilidad), su marido Elkunirsa (creador del universo) y Sausga (equivalente hitita de Ishtar). Ugarit, actual Ras Shamra, en Siria, fue una antigua ciudad portuaria, situada en la costa mediterránea, al norte de Siria y a pocos kilómetros de la moderna ciudad de Latakia, en la región asiática conocida como Levante. Esta ciudad fue fundamental en la historia de las grandes civilizaciones del Cercano Oriente, especialmente durante el período de esplendor, en el cual Egipto tuvo estados vasallos en el Levante. Este período quedó registrado con precisión en la correspondencia de Tell el-Amarna entre funcionarios egipcios, ugaríticos, y de otras nacionalidades. El pueblo ugarítico, además, hizo importantes contribuciones a la escritura y a la religión, tanto semítica pagana como en las fases iniciales del judaísmo. Por estas contribuciones se puede identificar al pueblo que habitó Ugarit en su etapa histórica, que fue su período de esplendor, como un pueblo semita nororiental, emparentado lingüística y religiosamente con los cananeos ubicados más al sur. Las fuentes históricas destacaban que esta ciudad-estado, de alrededor de 2.000 Km² de superficie con sus áreas rurales, envió tributos al faraón de Egipto durante ciertos períodos, y mantuvo importantes relaciones políticas y comerciales con el Reino de Alasiya, estado que posiblemente comprendía la isla de Chipre. Su período de esplendor se extendió entre el 1450 a. C. y el 1180 a. C., aunque la ciudad surgió en el Neolítico, como todo asentamiento de importancia en el Levante. La correspondencia egipcia ya la menciona en su estadio histórico clásico; y no solo como un poblado neolítico, hacia el siglo XX a. C., fecha desde que se tiene conocimiento preciso de la ciudad. Hacia el siglo XIX a. C. el contacto comercial con la Ugarit histórica hacia el interior del Próximo Oriente ya estaba consolidado, tal como demuestran estelas que mencionan la ciudad en Ebla, otra ciudad-estado semita. En 1928, Mahmoud Mella Az-Zir, un campesino local alauíta descubrió la entrada a la necrópolis de Ugarit. Este fue el descubrimiento de la ubicación exacta de las ruinas de la ciudad, de la cual sólo se tenían referencias históricas. Comparado el lugar descubierto en 1928 con grabados en vasijas cretenses, confirmaron la ubicación de la destacada ciudad perdida. Su descubrimiento arqueológico moderno permitió abrir un importante campo de exploración, la cual fue principalmente efectuada por el arqueólogo francés Claude F. A. Schaeffer. Buena parte de sus descubrimientos se encuentran en el museo Prehistórico de Estrasburgo, Francia. Las investigaciones más importantes las efectuó Claude Schaffer en el edificio que pudo ser identificado como el Palacio Real durante buena parte del período de esplendor de la ciudad. Allí se hallaron 90 habitaciones y dos librerías privadas, con textos grabados en tablillas. Una de estas bibliotecas pudo identificarse como perteneciente a una persona llamada Rapanou, que posiblemente fue un diplomático, dada la gran cantidad de manuscritos referentes a relaciones internacionales encontrados allí. Es una prolífica biblioteca, donde se encontraron textos no sólo diplomáticos, sino también religiosos, políticos, legales o listas de Reyes Ugaríticos, costumbre registral que los diversos pueblos de la zona aplicaban desde los tiempos sumerios. Estos textos, escritos principalmente en alfabeto cuneiforme, fueron hallados no sólo en idioma local, sino también en los grandes idiomas del Próximo Oriente de la época. Todo ello demuestra la estratégica posición de la ciudad, tanto como nudo de comunicaciones terrestres entre Asia Menor y Mesopotamia, como puerta de entrada por vía portuaria de esta ruta comercial hacia otros pueblos del Próximo Oriente. Este cruce de caminos se desarrolló desde el 6.000 a. C., todavía en tiempos neolíticos. Pero especialmente se destacó en el período más tardío e histórico de la ciudad, durante la Edad del Hierro, que hizo que por lo tanto ésta fuese su época más clásica y esplendorosa en población y de desarrollo económico y cultural, hacia el siglo XII a. C. Excavaciones posteriores, en 1958, 1973, en la que se encontraron 120 tablillas, y 1994, en la que se encontraron 300 tablillas, permitieron detectar respectivamente en cada una de ellas una nueva biblioteca, totalizando cinco, con las dos previamente descubiertas del Palacio Real. La colección de tablillas correspondiente a la primera fue vendida en el mercado negro, y rescatada casi en su totalidad por el Instituto de Antigüedad y Cristiandad de la Escuela de Teología de Claremont. Su traducción e interpretación científica fue publicada por Loren R. Fisher en 1971. Paul Decharme nos recuerda otro personaje igualmente misterioso, aunque menos conocido que Prometeo, y cuya leyenda presenta analogías notables con la del Titán. El nombre de este segundo antecesor es Phoroneo, héroe de un poema antiguo llamado Phoroneida, que desgraciadamente ya no es accesible. En la mitología griega, Foroneo, o Phoroneo, era un rey del Peloponeso, península de Grecia, unida al continente por el istmo de Corinto. Era hijo del río Ínaco y de la ninfa Melia. Reunió y civilizó a los habitantes del país, hasta entonces salvajes y errantes, les enseñó cómo hacer fuego, ya que fue el primer hombre que lo descubrió después de haberlo robado Prometeo. Les introdujo en el culto a Hera y construyó para ellos la ciudad de Foronea, que su nieto bautizaría con el nombre de Argos. Fue el primer hombre que construyó una ciudad y Zeus le dio permiso para reinar sobre otros humanos por haber sido tan piadoso con los dioses, en particular con Hera, a la que construyó un templo. Fue durante el reinado de Foroneo cuando Hermes enseñó a los hombres las distintas lenguas, pues hasta entonces habían hablado un idioma común. Pero, por esta razón, Eris (la discordia) se asentó entre los mortales, dividiéndolos en distintas naciones. Foroneo se casó con la ninfa Laódice, con la que tuvo a Níobe, Apis y Car, a los que otros autores, como Apolodoro y Paternio, añaden los nombres de Lirco y Ctonia. También se le atribuye la paternidad de Licaón, Espartón y Europs. Eurípides le atribuye, sin embargo, dos mujeres. Con la primera, llamada Peito, fue padre de Egialeo y Apia, y con la segunda, Europa, tuvo a Níobe. Helánico afirma que tuvo tres hijos (Pelasgo, Yaso y Agenor), que se distribuyeron el reino cuando Foroneo murió. Plinio le daba el título de rey más antiguo de Grecia, mientras que un poema anónimo, titulado Forónides, le llama padre de los mortales. Por él los habitantes de Argos en general, y en especial Anfiarao y Adrasto, recibieron el epíteto de Foroneidas. La leyenda de Foroneo estaba localizada en Argolis, en el Peloponeso griego, en donde se conservaba una llama perpetua en su altar, como recordatorio de que era el portador del fuego a los humanos de la Tierra. Era un bienhechor de los hombres que, como Prometeo, les había hecho partícipes de todas las felicidades de la tierra. Platón y Clemente de Alejandría dicen que Foroneo fue el primer hombre, o el “padre de los mortales”. Su genealogía, que le asigna el río Ínaco como padre, nos recuerda la de Prometeo, que hace a este Titán hijo de la Oceánica Climene. Pero la madre de Foroneo fue la ninfa Melia, descendencia significativa que le distingue de Prometeo. Cree Decharme que la ninfa Melia es la personificación del fresno , del cual, según Hesiodo, salió la raza de la Edad de Bronce, y que, para los griegos, es el árbol celestial común a toda mitología aria. Este árbol de gran resistencia y fuertes raíces ha sido venerado desde antiguo en la mayoría de las culturas paganas, incluida la Celta. Este fresno es el Yggdrasil de la antigüedad escandinava, al que las Nornas rocían diariamente con las aguas de la fuente de Urd para que no se seque. Permanece lozano hasta los últimos días de la Edad de Oro. Yggdrasil es un fresno perenne, el árbol de la vida, o fresno del universo, en la mitología nórdica. Sus raíces y ramas mantienen unidos los diferentes mundos: Asgard, Midgard, Helheim, Niflheim, Muspellheim, Svartalfheim, Alfheim, Vanaheim y Jötunheim. De su raíz emana la fuente que llena el pozo del conocimiento, custodiado por Mímir, gigante mitológico escandinavo. Mímir era tío materno de Odín y guardián de las fuentes de la sabiduría, ubicadas en las raíces de Yggdrasil. En su momento negó a Odín beber de dichas fuentes. Odín tuvo que negociar y ofrecerle uno de sus ojos. Mímir es uno de los dioses fundamentales en la mitología nórdica, cuya cabeza fue amputada y mandada a Odín durante la guerra entre los Æsir y los Vanir. Era reconocido por su conocimiento y sabiduría. Odín viajó a la tierra de los gigantes, Jötunheim, para adquirir la sabiduría y el conocimiento omnisciente de Mímir. El conocimiento fue obtenido al beber del pozo mágico de Mímir, pero como precio por beber de él, Odín fue forzado a sacarse uno de sus ojos. Luego de lo cual, volvió a Asgard con la cabeza de Mímir para consultas oraculares de acuerdo a algunas historias. Mímir fue también el consejero de Hœnir, después de que se convirtiera en el soberano de los Vanir. A los pies del árbol se encontraba el dios Heimdall, que era el encargado de protegerlo de los ataques del dragón Níðhöggr y de una multitud de gusanos que trataban de corroer sus raíces y derrocar a los dioses a los que este representaba. Pero también contaba con la ayuda de las Nornas que lo cuidaban, regándolo con las aguas del pozo de Urd. Un puente unía el Yggdrasil con la morada de los dioses, el Bifröst, el arco iris, por el que todos los dioses cruzaban para entrar en el Midgard. Yggdrasil rezuma miel y cobija a un águila sin nombre que entre sus ojos tiene un halcón que se llama Veðrfölnir, a una ardilla llamada Ratatösk, a un dragón llamado Níðhöggr y a cuatro ciervos, Dáinn, Dvalin, Duneyrr y Duraþrór. Cerca de sus raíces habitan las Nornas, que son tres hermanas que contemplan respectivamente el Pasado, el Presente y el Futuro, y hacen conocer el decreto de Orlog o el Destino (Karma). Pero los hombres sólo son conscientes del Presente. Cuando Gultweig, el Ascua de oro, viene, la encantadora hechicera, que por tres veces es arrojada al fuego, surge cada vez más hermosa que antes y llena las almas de los dioses y hombres de deseos devoradores. Entonces las Nornas entran en la existencia y la paz bendita de los sueños de la infancia se desvanece, y el pecado hace su aparición con todas su malas consecuencias y con el correspondiente Karma. El Oro tres veces purificado es el Manas, el Alma Consciente. Para los griegos, el Fresno representaba la misma idea. Sus frondosas ramas son los Cielos Siderales, dorados durante el día, y tachonados de estrellas por la noche. Son frutos de Melia e Yggdrasil, bajo cuya sombra protectora vivió la humanidad durante la Edad de Oro, sin deseos y sin temores. “Aquel árbol tuvo un fruto, o un brote inflamado, que era el relámpago”, según dice Decharme. Después de no ver en Prometeo más que el “fuego por fricción”, Paul Decharme, el autor de la Mythologie de la Grèce Antique, percibe en este “fruto” muy poco más que una alusión al fuego terrestre y su descubrimiento. No es el fuego debido a la caída del rayo encendiendo alguna leña seca , y revelando así todos sus inapreciables beneficios a los hombres paleolíticos, sino algo más misterioso. Un pájaro divino que anidaba en las ramas del fresno celeste cogió aquel fruto y lo llevó a la Tierra en su pico. Ahora bien, la palabra griega utilizada es el equivalente de la palabra sánscrita bhuranyu (“el rápido”), epíteto de Agni, el dios védico del fuego, considerado como portador de la chispa divina. Foroneo, hijo de Melia o del fresno celeste, corresponde así a un concepto mucho más antiguo, probablemente, que el que transformó el pramantha, o los palos utilizados por los brahmanes para encender fuego por medio de la fricción, por parte de los antiguos indo-arios, en el Prometeo griego. Foroneo es el ave personificada que trae a la tierra el rayo celeste. Las tradiciones referentes al nacimiento de la raza de Bronce son una prueba de que este rayo, como en la leyenda de Hefesto o Pometeo, fue el origen de la especie humana. El nombre de Foroneo, lo mismo que el de Prometeo, tiene toda una serie de significados esotéricos. Ambos se refieren a los siete Fuegos Celestes. A Agni Abhim"nin, sus tres hijos, y los cuarenta y cinco hijos de estos, constituyendo los cuarenta y nueve fuegos. Ahora los orientalistas conocen el verdadero significado de los dos nombres. La leyenda está basada en un suceso de importancia universal. Celebra un gran acontecimiento que debió de haber impresionado fuertemente la imaginación de los primeros testigos del mismo, y cuyo recuerdo no se ha desvanecido nunca, desde entonces, de la memoria popular. Una nueva vida principió realmente para el hombre el día en que vio la primera chispa producida por la fricción de dos pedazos de madera, o procedente de las vetas de un pedernal. Ello generó el mito de Prometeo. Pero el estado miserable de la humanidad descrito por Esquilo y Lucrecio no era entonces más desgraciado, en los días de los arios, que lo es ahora. Aquel estado estaba limitado a las tribus salvajes. Y si existen hoy bosquimanos, en nuestra época de alta civilización, que no tienen un mayor desarrollo que la raza de hombres que habitó el Devonshire y el Sur de Francia durante la edad paleolítica, ¿por qué no habrían podido vivir estos últimos simultáneamente y como contemporáneos de otras razas más civilizadas? El tamaño del cerebro de los pueblos más antiguos que conocemos, no implica un nivel intelectual inferior al de los habitantes actuales de la Tierra. Esto hace desvanecer el concepto de “eslabón perdido”. Según nos dice el Prometheus Vinctus de Esquilo, la raza que Júpiter deseaba ardientemente “destruir para implantar otra nueva en su lugar”, sufría angustia mental, no física. El primer don que Prometeo concedió a los mortales fue imposibilitarle “prever la muerte”. Prometeo “salvó a la raza mortal de hundirse abatida en la tristeza del Hades”, y sólo entonces les dio el fuego. Esto muestra el carácter dual del mito de Prometeo. El fuego no fue nunca descubierto , sino que existía desde su principio. Existía en la actividad sísmica de las edades primitivas; pues las erupciones volcánicas eran frecuentes y constantes en aquellos tiempos. En el supuesto de que una raza nueva de hombre aparezca en cualquier punto inhabitado del globo, exceptuando quizás el desierto de Sahara, no pasarían más de dos años sin que “descubrieran el fuego” por medio del rayo que quemase la yerba o cualquier otra cosa. Esta suposición de que el hombre primitivo vivió en la Tierra edades antes de conocer el fuego es una de las más ilógicas de todas. Pero el viejo Esquilo era un iniciado, y sabía bien lo que comunicaba. El mito de Prometeo llegó a Europa procedente de ry"varta, el norte de la India en la literatura sánscrita. Frédéric Baudry muestra, en Les Mythes du Feu et du Breuvage Céleste,uno de los aspectos de Prometeo y su origen de la India. Muestra al lector el supuesto proceso primitivo para obtener el fuego, hoy en uso todavía en la India para encender la llama del sacrificio. He aquí lo que dice: “Este proceso, tal como se halla minuciosamente descrito en los Sûtras Védicos, consiste en dar rápidamente vueltas a un palo dentro de un alvéolo hecho en el centro de un trozo de madera. La fricción desarrolla un calor intenso, terminando por encender las partículas de madera que están en contacto. El movimiento del palo no es una rotación continua, sino una serie de movimientos en sentido contrario, por medio de una cuerda fijada en el centro del palo; el operador tiene un extremo de la cuerda en cada mano, y de ellos tira alternativamente. Todo el proceso se designa en sánscrito con el verbo manth"mi, manthn"ni, que significa “frotar, agitar, sacudir y obtener por frotación”, y se aplica especialmente a la fricción rotatoria, como se prueba con su derivado mandala , que significa un círculo. Los pedazos de madera que sirven para producir el fuego tienen cada uno su nombre en sánscrito. El palo que da vueltas se llama pramantha; el disco que lo recibe es llamado arani y araní: “los dos aranis” designan el conjunto del instrumento“. Decharme parece tener una visión correcta de la verdad, pues inconscientemente corrobora todo lo que las ciencias ocultas enseñan respecto de los M"n"sa Devas, los devas rûpa o arûpa del mundo mental, que han dotado al hombre con la conciencia de su alma inmortal, esa conciencia que impide al hombre “prever la muerte”, y le hace saber que, de alguna manera, es inmortal. Pero, ¿cómo entró Prometeo en posesión de la chispa divina?”. Según parece: “Teniendo el fuego su mansión en el cielo, allí debió ir a buscarlo antes de que pudiera traerlo a los hombres; y, para acercarse a los dioses, tiene que haber sido él mismo un Dios“. En el ámbito de la mitología budista, el Reino de los Devas es uno de los Seis Reinos de Existencia por los cuales, según el budismo, deambula la conciencia, un nacimiento tras otro, en el ciclo conocido comosamsara. La palabra deva suele traducirse como dios. Pero, sin embargo, cabe señalar que los devas budistas, como los hinduistas, no son seres omniscientes ni todopoderosos, y ni siquiera son inmortales. Para los budistas, los devas son seres que habitan diferentes “cielos“, donde gozan de múltiples placeres en recompensa a sus buenas acciones anteriores, ya que aún no han superado los niveles kármicos y están sujetos a nuevos renacimientos. Los griegos creían que Prometeo era de Raza Divina y era un Deva. Puesto que el fuego celeste pertenecía en un principio sólo a los dioses; era un tesoro que reservaban para sí y que vigilaban celosamente. “El prudente hijo de Iapetus –dice Hesiodo– engañó a Júpiter robando y ocultando en el hueco de un narthex el fuego inmarcesible de fulgor resplandeciente”. Así, el don concedido a los hombres por Prometeo fue una conquista obtenida del cielo. Ahora bien, según las ideas griegas, esta posesión arrancada a Júpiter, esta violación humana de la propiedad de los dioses, tenía que ser expiada. Prometeo, además, pertenecía a esa raza de Titanes que se habían rebelado contra los dioses, y a quienes el señor del Olimpo había precipitado en el Tártaro. La idea moral del mito, tal como la presenta la Teogonía de Hesiodo, representa cierto papel en el concepto griego primitivo. El Titán es más que un ladrón del fuego celeste. Es la representación de la humanidad que desea alcanzar los poderes divinos. De aquí que la humanidad sea castigada en la persona de Prometeo. Pero para los griegos, Prometeo no es un criminal, salvo a los ojos de los Dioses. En su relación con la Tierra él es, por contra, un Dios amigo de la humanidad, a la que él ha elevado a la civilización e iniciado en el conocimiento de todas las artes; concepto que encontró su intérprete más poético en Esquilo. Pero para todas las demás culturas ¿quién es Prometeo? No es el Ángel caído, o Satán, que dice la Iglesia. Es simplemente la imagen de los efectos perniciosos y temibles del rayo. Es la representación de un genio cósmico del fuego. Como el fuego fue usado por el hombre, los arios deben de haber asignado el mismo origen al fuego celeste, y debieron de haber imaginado que un dios, armado con un pramantha divino, producía una fricción violenta en el seno de las nubes, que engendraba relámpagos y truenos. La idea se apoya en el hecho de que, según testimonio de Plutarco, los estoicos pensaban que el trueno era el resultado de la lucha de las nubes tormentosas, y el rayo una conflagración debida al rozamiento. Mientras que Aristóteles veía en el trueno solamente la acción de las nubes que chocaban unas con otras. Esta teoría era la interpretación científica de la producción del fuego por fricción. Todo nos hace creer que desde la más remota antigüedad y antes de la dispersión de los arios, se creía que el pramantha encendía el fuego en las nubes tormentosas. Decharne confiesa: “Esta idea del poder creador del fuego queda explicada por la antigua asimilación del alma humana a una chispa celeste“. El lenguaje primitivo y puramente espiritual de los Vedas, concebido muchas decenas de milenios antes que los relatos Puránicos, fue revestido de una expresión puramente humana para describir los sucesos que tuvieron lugar hace unos 5.000 años, fecha de la muerte de Krishna, desde cuyo día principió para la humanidad el Kali-iugá, o Edad Negra. Así como Aditi es llamado Sur"rani, la Matriz o “Madre” de los Suras o Dioses, de la misma manera Kunti, la madre de los P"ndavas, es llamada P"ndav"rani en el Mah"bh"rata. En la mitología hindú, Devakī es la esposa de Vasudeva y madre de Krisná y Balarama. Es hija de Devaka, el hermano menor del rey Ugrasena de Mathura. Según el Jari-vamsa, ella es una encarnación parcial de Áditi, la madre de los devás. El Matsya-purana también la identifica con la diosa Dakshaianí, la esposa del dios Sivá. El sabio Nárada Muni, que fue el encargado de desencadenar el advenimiento de Krisná, visitó al malvado rey Kamsa, durante el casamiento de su prima Devakí con Vasudeva, y le advirtió que sería asesinado por un hijo de ella. Entonces Kamsa encarceló a la pareja. Cuando estos tuvieron su primer hijo, Kamsa llegó a la mazmorra y lo asesinó. Entonces Vasudeva y Devaki comenzaron a tener un hijo tras otro, y Kamsa los fue matando. El séptimo, Balarama, escapó de la muerte al ser transferido desde el útero de Devakī al de Rójini, otra esposa de Vasudeva, que vivía en Gokula, mientras que una niña, encarnación deIoga Maia, fue transferida al útero de Iashodá, amiga de Rójini. Finalmente, cuando ya habían tenido 7 hijos, una medianoche se les apareció el dios Visnú de cuatro brazos, y les dijo que serían los padres de su encarnación como Krisná. Según la leyenda, Krisná no nació a partir de la conexión sexual entre Devakí y Vasudeva, sino que fue transferido desde el corazón de Vasudeva al útero de Devakí. El bebé apareció ante ellos mágicamente. Ese octavo hijo sólo estuvo un instante en la cárcel. Pero los guardias se durmieron, las puertas de la prisión se abrieron solas, y Vasudeva tomó en brazos al bebé y caminó hasta Gokula, a unas tres horas de camino. Para protegerlo de la lluvia, la serpiente Ananta Sesha, encarnación de Sankarshana, lo cubrió con sus mil caperuzas. Cuando Vasudeva se encontró con el río Iamuna, las aguas se abrieron para él. Eso demostraría que en la antigüedad Gokula se encontraba en la ribera izquierda del río Iamuna. En Gokula entró en la casa de Nanda y Iashodá, que se encontraban durmiendo, y dejó a Krisná en reemplazo de Maya, la hija recién nacida de Iashodá. Volvió a la cárcel en Mathura, se volvió a encerrar en la mazmorra, y Kamsa vino y tomó a la niña para asesinarla. Devakí le pidió por la vida de ella, indicando que la profecía se refería sólo a sus hijos varones. Pero Iogamaia se escapó de las manos del rey y se convirtió en la diosa de ocho brazos, armada hasta los dientes, que le espetó: «Estúpido, tu muerte ya ha nacido en este planeta». Y desapareció. Al darse cuenta de que Krisná había escapado vivo, Kamsa mandó matar a todos los bebés recién nacidos en toda la zona. Ello es similar al mito cristiano de la Matanza de los Inocentes. Devakī y Vasudeva siguieron presos hasta que Krisná los liberó 16 años más tarde, al matar al rey Kamsa. En total estuvieron presos unos 24 años. Según algún otro autor, Kamsa liberó a Devaki y Vasudeva, y ellos vivieron en Mathura. Luego de ser liberado, Vasudeva se juntó con su segunda esposa Rohini, con quien tuvo una hija, Subhadrā, quien se casaría con Árjuna, el amigo de Krisná, y fue la madre de Abhimaniu. Luego, tras los ataques del rey Yarásandha a Mathura y la incapacidad de Krisná para defender a sus habitantes, todos emigraron a Dwaraka, donde vivieron el resto de sus días. La historia de la evolución del Mito Satánico no sería completa si omitiésemos observar el carácter del misterioso Enoc. De su libro fue de donde los escritores cristianos primitivos tomaron sus primeras nociones de los Ángeles Caídos. El Libro de Enoc se ha declarado apócrifo. En realidad era un libro secreto, que pertenecía al catálogo de las bibliotecas de los templos bajo la guarda de los Hierofantes y Sacerdotes Iniciados, y que no fue destinado jamás al profano. Durante edades el Enoïchion, el Libro del Vidente, fue conservado en la “ciudad de las letras” y obras secretas, la antigua Kirjath-sepher, más tarde Debir, que designa el lugar más sagrado del Templo de Jerusalén, el “Santo de los Santos”. Algunos de los escritores interesados en el asunto, especialmente los masones, han tratado de identificar a Enoc con Thoth de Memfis, el Hermes griego, y hasta con el Mercurio latino. Como individuos, todos ellos son distintos. Todos pertenecen a la misma categoría de escritores sagrados, de iniciadores y de recopiladores de la Sabiduría Oculta y Antigua. Son los que en el Korán se llaman genéricamente los Edris, “Sabios”, o Iniciados, que llevaban en Egipto el nombre de Thoth, el inventor de las Artes y de las Ciencias, de la escritura y de las letras; de la Música y la astronomía. Entre los judíos, Edris se convirtió en “Enoc”, que, según Bar-Hebraeus, obispo católico de la Iglesia ortodoxa siria en el siglo XIII, “fue el primer inventor de la escritura”, de los libros, de las Artes y de las Ciencias, y el primero que ideó un sistema para el progreso de los planetas. En Grecia fue llamado Orfeo, cambiando así de nombre en cada nación. Estando el número siete relacionado con cada uno de estos Iniciadores primitivos, esto identifica la misión, el carácter y el cargo sagrado de todos estos hombres, aunque ciertamente no sus personalidades. Enoc es el séptimo Patriarca; Orfeo es el poseedor del Phorminx, la lira de siete cuerdas, que es el séptuple misterio de la Iniciación. Thoth, con el Disco Solar de siete rayos sobre su cabeza, viaja en el Barco Solar. Finalmente, Thoth-Lunuses es el Dios septenario de los siete días. Esotérica y espiritualmente, Enoïchionsignifica el “Vidente del Ojo Abierto”. La historia acerca de Enoc, referida por Josefo, indicando que había ocultado sus preciosos rollos bajo los pilares de Mercurio o Seth, es la misma que se cuenta de Hermes, el “Padre de la Sabiduría”, que ocultó sus Libros de Sabiduría bajo una columna, y luego, descubriendo las dos columnas de piedra, encontró la Ciencia escrita en ellas. Sin embargo, Josefo, aunque atribuye esa Ciencia al Enoc judío, habla de estas columnas como existiendo todavía en su tiempo. Nos dice que fueron construidas por los “Hijos del Dios -Serpiente”, o “Hijos del Dragón”, nombre bajo el cual eran conocidos los Hierofantes de Egipto y Babilonia antes del Diluvio, como lo fueron sus antepasados, los Atlantes. Según la versión de Josefo, las dos famosas columnas estaban enteramente cubiertas de jeroglíficos, los cuales, después de su descubrimiento, fueron copiados y reproducidos en los lugares más recónditos de los templos secretos de Egipto, y se convirtieron así en la fuente de sabiduría y conocimientos excepcionales. Estas dos “columnas”, en todo caso, son los prototipos de las “dos tablas de piedra”, talladas por Moisés por orden del Señor. Los grandes adeptos y místicos de la antigüedad, tales como Orfeo, Hesiodo, Pitágoras y Platón, dijeron que obtuvieron los elementos de su teología de aquellos jeroglíficos. La Doctrina Secreta enseña que las Artes, las Ciencias, la Teología y especialmente la Filosofía de todas las naciones que precedieron al último Diluvio universalmente conocido, pero no universal, habrían sido registradas en los anales orales primitivos de la Cuarta Raza, la cual los había heredado de la primitiva Tercera Raza-Raíz, antes de su caída alegórica. Las columnas egipcias, las tablas, y hasta la “piedra blanca de pórfido oriental” de la leyenda masónica, que Enoc ocultó antes del Diluvio en las entrañas de la Tierra, temiendo que sus preciosos secretos se perdiesen, fuesen simplemente copias alegóricas de los anales primitivos. El Libro de Enoc sería una de tales copias. Como ya se ha dicho,Enoïchion significa en griego el “Ojo Interno” o el Vidente, en hebreo. Enoc es un título genérico. Y, además, su leyenda es la de otros varios profetas, judíos y paganos, con diferencias de detalles, siendo la forma fundamental siempre la misma. Otro ejemplo lo tenemos en el profeta Elías. El ministerio profético de Elías comienza en la época del reinado de Acab, hijo de Omrí, quien gobernó el Reino de Israel entre 874 a.C. y 853 a.C. Los autores de los Libros de Reyes citan como fuente de sus relatos otro libro hoy perdido, más conocido como “el libro de las crónicas de los Reyes de Israel“. Posiblemente de tal fuente u otra referida al profeta surge la narración sobre el enfrentamiento entre Elías y el rey Acab, “quien hizo el mal a los ojos de Yahvé, más que todos los que le habían precedido” y “tomó por mujer a una cananea, Jezabel, hija de Itobaal, rey de Sidón y se fue tras Baal y Asera, le sirvió y se prosternó ante él“. No solo el corazón de Acab se desvió de los preceptos de Yahvé, sino también todo el pueblo, lo que provocó la ejecución de la mayoría de los profetas de Israel y como consecuencia de la iniquidad, Yahvé hizo que sobreviniera una gran sequía en Samaria y por ende, una hambruna en la región. 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