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Dichos Populares y sus Significados (Parte 3)

Info9/8/2015


El que se fue a Sevilla, perdió su silla: Cuentan que durante el reinado en Castilla de Enrique IV de Trastámara, un sobrino de don Alonso de Fonseca -arzobispo de Sevilla- fue a su vez designado arzobispo de Compostela, pero suponiendo el tío que, a causa de las revueltas que agitaban Galicia, a su sobrino le costaría mucho tomar posesión de su cargo, se ofreció para adelantarse a Santiago para allanarle las dificultades, pero a cambio, le pidió a su sobrino que lo reemplazase en los negocios de su sede en Sevilla. Efectivamente, así se hizo y con el mejor resultado, de manera que una vez que don Alonso, concluida la gestión, regresó a Sevilla, se halló con la desagradable sorpresa de que su sobrino se resistía a abandonar la sede que regenteaba, alegando que el arreglo había sido permanente. Para reducirlo, se hizo necesaria la intervención del Papa y hasta la del propio rey Enrique. El joven, una vez que regresó a Santiago, terminó preso y sentenciado a cinco años de condena por otros delitos, pero su carrera continuó y llegó a ocupar los más altos cargos eclesiásticos, teniendo que ceder su arzobispado a su propio hijo. De aquel suceso, muy comentado en su tiempo, nació el dicho que seguramente en su origen debió ser el que se fue "de" Sevilla, perdió su silla y no como lo conocemos hoy, el que se fue "a" Sevilla, perdió su silla, porque en realidad, don Alonso no fue a Sevilla sino a Santiago de Compostela, para lo cual debió irse de Sevilla y... dejar su silla.

El tiempo de las vacas gordas: Según cuenta la Biblia (Génesis), cierta vez el faraón tuvo un sueño singular e inquietante: vio cómo siete vacas gordas eran devoradas por otras tantas vacas extremadamente flacas. Desconcertado por tal visión, convocó a los adivinos y agoreros más afamados del país, pero ninguno de ellos supo interpretar satisfactoriamente la pesadilla. Ante tal circunstancia, hizo comparecer ante sí a José, hijo de Jacob y Raquel, que se hallaba en prisión y éste le explicó que las siete vacas flacas simbolizaban "los siete próximos años, que serían de abundancia y prosperidad", mientras que las siete vacas flacas representaban la "escasez y penurias que harán que se olvide toda la abundancia de la tierra de Egipto durante otros siete años, y el hambre consumirá la tierra". Con el tiempo, la frase el tiempo de las vacas gordas adquirió el valor de aludir a cualquier período de prosperidad material, pero con la advertencia implícita de que a ese período habrá de sucederle otro de necesidades y apremios.

Entrar con el pie derecho: Esta es una expresión que desde hace mucho tiempo solemos utilizar para significar el comienzo favorable de una empresa, aunque comúnmente se sostiene que la locución es una forma residual de alguna práctica supersticiosa. Lo cierto es que tiene su origen en la rúbrica de los Misales donde, por motivos arcanos se prescribe que el celebrante, una vez comenzado el introito y al disponerse a subir las gradas del altar, debe iniciar su marcha con el pie derecho, esto es, entrar con el pie derecho. Curiosamente, esta costumbre se ha mantenido a pesar de su procedencia pagana. Por extensión, comenzó a aplicarse el dicho para referirse a la acción que prenuncia la buena suerte necesaria en la iniciación de una tarea y su culminación con éxito.

Estar a la cuarta pregunta: Antiguamente, en los interrogatorios judiciales, era de fórmula realizar cuatro preguntas al imputado: ¿tenemos salud?, ¿tenemos ingenio?, ¿tenemos amores? y la temida cuarta pregunta: ¿tenemos dinero? Aparentemente, los novatos iban contestando afirmativamente a todo, salvo cuando oían la cuarta pregunta. Cuando la indagación concernía a persona desheredada o indigente, ésta, naturalmente respondía siempre negativamente, declarándose pobre de solemnidad y si el juez, deseoso de aclarar la situación, insistía por ese lado, el interesado podía abstenerse o, mejor dicho, estar a la cuarta pregunta. La expresión, con el tiempo, vino a hacerse homóloga del estado de suma pobreza o indigencia de determinada persona.

Estar en Babia: Aunque al lector le parezca mentira, Babia existe y es una apartada comarca de la provincia de León, en España, poco fértil y bastante alejada de las zonas pobladas en cuyo territorio hoy se encuentran importantes pantanos de aprovechamiento hídrico. Durante la Edad Media, al parecer, abundaba la caza en ese lugar y los reyes de León lo eligieron como punto de reposo, particularmente para alejarse de los problemas de la corte, complicada con las intrigas palaciegas de los nobles, empeñados en instaurar un régimen feudal semejante al de la Europa septentrional. Además, los reyes aprovechaban las bondades del lugar para -como diríamos en nuestros días- "desenchufarse" de la tarea estresante, que no era poca. Estas ausencias del rey motivaban a menudo la inquietud de los súbditos a quienes, cuando preguntaban por él, se les respondía evasivamente que el rey estaba en Babia. La expresión se hizo coloquial y pasó al lenguaje común para significar toda disposición de ánimo desentendida, de propósito o involuntariamente, ante cualquier tarea apremiante. Hoy en día, nosotros la utilizamos específicamente para hacer referencia a toda persona distraída o que parece ausente en el momento en que más se necesita de su concentración.

Estar en la palmera: Este es un dicho que pertenece a los argentinos y está ligado con los tiempos en que eran habituales los garitos o lugares de juego prohibidos, uno de los cuales, alejado del centro de la ciudad, albergaba una orgullosa palmera que se erguía en los fondos de la casa. Como la palmera estaba alejada del lugar de reunión de los jugadores, los que perdían o no la venían llevando bien con los números, se sentaban en el cantero que circundaba la planta y meditaban sobre la esquiva fortuna. Con el tiempo, y una vez que el lugar se hizo más y más popular, la planta también acrecentó su fama y dio origen al nacimiento del dicho estar en la palmera, en directa alusión a los que se hallaban junto a la planta porque ya habían perdido todo su capital. Posteriormente, la expresión comenzó a utilizarse en otros ámbitos en los que se debía justificar que alguien estaba totalmente quebrado económicamente.

Estar erre que erre: Este es un modismo cuyo origen no está muy definido, aunque todo hace suponer que, como suele aplicarse para explicar la actitud porfiada y tenaz de una persona en la ejecución de determinada tarea, su procedencia tiene que ver con la dificultad propia de los niños -y particularmente de los extranjeros- para pronunciar la letra erre castellana. Debido a que eso se logra mediante una ejercitación fonética tenaz y perseverante, parece lógico suponer que el dicho estar erre que erre, por analogía, provenga de esa dificultad.

Esto es Jauja: Jauja es la capital de la provincia peruana de Junín, famosa desde la época de la colonia por la fertilidad de su suelo y por los privilegiados dones de salubridad que le atribuían. Durante los tiempos de la colonización, era un codiciado lugar de reposo, sobre todo para los enfermos del aparato respiratorio, por lo que su fama se hizo legendaria y llegó a España, traída por los peruleros o emigrantes enriquecidos en aquel país. El escritor Lope de Rueda, por su parte, influido por las noticias que de esa tierra traían los viajeros, dio el nombre de Jauja a una ciudad ficticia llamada "La tierra de Jauja", en la que describe el lugar como la isla del oro en la que los árboles dan buñuelos, los ríos, leche; las fuentes, manteca y las montañas, queso. Por supuesto, la fantasía popular terminó por identificar a la ciudad de Jauja con el Paraíso, de manera que las expresiones esto es Jauja y vivir en Jauja quedaron para siempre como equivalentes de pasar una vida sin sobresaltos y con el bienestar asegurado.




Faltaría más: Es una locución de cortesía que se usa para rechazar amablemente una invitación o propuesta, sin ofender a nuestro interlocutor.

Favor con favor se paga: Cuando alguien recibe el favor de una persona, es probable que deba pagar de la misma forma, llegado el momento oportuno. Irónicamente, suele usarse la misma frase para devolver agravios y ofensas.

Fulano y Zutano: Para algunos autores, estos dos vocablos, que se usan para referirse a unas personas indeterminadas o imaginarias, derivan de la corrupción de Fabulano y Statano, que eran, entre los gentiles, dioses de los niños. El primero era invocado para que les enseñase a hablar, y el otro, a andar.

Fumar la pipa de la Paz: Tradicional hábito de los indios de Norteamérica, como señal inequívoca de tregua, que consistía en sentarse en el suelo junto a sus visitantes, formando una rueda cuyos integrantes pitaban una vez de la pipa y la iban pasando. En inglés, equivale a enterrar el hacha, otro signo de pacificación.




Gajes del oficio: Son las molestias, perjuicios o preocupaciones que se experimentan con motivo del empleo o profesión. Antiguamente, se llamaba gaje a la "paga que se percibía por un empleo determinado". Circula una deformación festiva que dice gajos del oficio, aplicado en broma a los productores de "cítricos".

Gastar pólvora en chimangos: Desperdiciar tiempo o esfuerzo inútilmente. El chimango es un ave de rapiña propia del Río de la Plata cuya carne no es aprovechable debido a su dureza y feo sabor.

Gastar saliva: Hablar inútilmente.

Gato con guantes no caza ratones: Es obvio que un felino calzado de guantes no podría lograr capturar ninguna presa. Aplicada en la vida cotidiana, la expresión advierte que debemos estar preparados adecuadamente para realizar determinada actividad y de no hacerlo así, fracasaremos en nuestro emprendimiento.

Gato encerrado: Los gatos eran bolsas para guardar el dinero que se llevaban encerradas, es decir, ocultas entre la ropa.

Genio y figura hasta la sepultura: No es fácil cambiar de modos de pensar, vivir y actuar. La persona que nace con ciertas características, difícilmente las altere a lo largo de su vida.




Ha corrido mucha agua bajo el puente: Significa que ha pasado mucho tiempo. Como el agua corre debajo de los puentes desde tiempo inmemorial, se compara el paso del tiempo con la cantidad de agua que ha corrido por ese lugar.

Hablando de Roma, el burro se asoma: Expresión que se aplica para justificar la coincidencia de la aparición de una persona, justo en el preciso momento en que se la estaba mencionando.

Hablando se entiende la gente: Frase que justifica el empleo persuasivo de la palabra para evitar que los conflictos lleguen a mayores.

Hablar a calzón quitado: Decir la verdad, sin eufemismos, como quien se desnuda (quitarse los calzones) ante otra persona, esperando la misma actitud de ella.

Hablar bien... no cuesta nada: Invitación a que las personas utilicen nuestro idioma como corresponde, tratando de evitar el uso de términos vulgares y soeces. A propósito de esto, en la Argentina circula la versión vulgar festiva hablar bien, no cuesta un carajo... y reporta un beneficio de la gran p...

Hablar hasta por los codos: Hablar demasiado, sin sentido, muchas veces sin saber lo que se dice. Lo de los codos se agrega porque esa persona, además, suele gesticular con sus manos mientras habla y habla...

Hablar por boca de ganso: Según Sebastián de Covarrubias, experto en frases proverbiales y refranes, con el vocablo ganso eran llamados, por alusión, "los pedagogos -o ayos- que crían algunos niños, porque cuando los sacan de casa para las escuelas, u otra parte, los llevan delante de sí, como hace el ganso a sus pollos cuando son chicos y los lleva a pacer al campo". Estos ayos o gansos ejercían una función a la par educativa y pedagógica, por lo general tan rígida como dogmática. No es pues de extrañar que obligaran a los niños a su cargo a que repitiesen las ideas y juicios que habían aprendido del preceptor. De ahí nació el dicho 'hablar por boca de ganso', con el que se suele apostrofar a quien repite lo que otro ha sugerido.

Hacer alarde: Hacer ostentación, ufanarse de algo. La expresión proviene del árabe al hard, equivalente de "revista de tropas". Antiguamente, en el ámbito militar, se utilizaba la palabra alarde para designar la parada o desfile militar en que se pasaba revista a los soldados y sus armas.

Hacer buenas migas: Fomentar la amistad y el buen trato entre dos o más personas. La comparación surge de la calidad homogénea que deben tener la miga de dos panes utilizados para preparar un plato llamado, precisamente, migas (pan picado, humedecido con agua y sal, rehogado en aceite muy frito y condimentado con ajo y pimentón).

Hacer causa común: Unirse a otra u otras personas para obtener un mismo fin.

Hacer el campo orégano: Facilitar las cosas, dejar el terreno liso para determinada actividad. No hay nada más prolijo que un campo florecido de orégano, debido a que esta planta -cuyo significado en griego es «adorno»- deja el campo hermoso, liso, suave y perfumado.

Hacer hincapié: Insistir en algo de lo que se afirma, recalcar una idea. La palabra hincapié, está formada por el verbo hincar ("apoyar una cosa en otra como para clavarla" y el vocablo pie, es decir que equivale a apoyar el pie.

Hacer la pata ancha: Podría provenir de la expresión porteña copar la parada, propia del juego de naipes, por la que se admite la posibilidad de responder por una apuesta; aplicada en la vida cotidiana, tiene un significado similar.

Hacer la pera: Incumplir, dejar a alguien esperando.

Hacer la vista gorda: Significa no querer ver algo, fingirse ciego, cuando en realidad uno ha observado todo perfectamente.

Hacer leña del árbol caído: Aprovecharse de la desgracia ajena para caer sobre alguien y agravar más aún el castigo recibido o la desgracia sufrida por esa persona.

Hacer oídos sordos: No querer escuchar, no prestar atención, sobre todo cuando se trata de quejas o reclamos de una persona.

Hacer pucheros: Es el típico gesto que hacen los niños antes de largarse a llorar. Aparentemente, la expresión proviene de la época de los romanos, en la que solían besar a los niños levantándolos por las orejas, igual que levantaban las ollas que contenían el puchero, tomándolas de las asas. Esta acción provocaba dolor y llanto en los pequeños, quienes lo expresaban con esa inconfundible mueca.

Hacer rancho aparte: Alejarse del resto una o más personas y permanecer aislados. El rancho es la comida que suele darse a los soldados y a los presos, por lo que la expresión alude a los soldados que preferían comer apartados de sus compañeros.

Hacerle la cama a alguien: Preparar una trampa para provocar que una persona caiga en ella. Según algunos, el término cama sería una interpretación de "sepulcro".

Hacerle morder el polvo a alguien: Vencer, derrotar física o espiritualmente a alguien, humillarlo. El modismo se basa en un antiguo rito de los caballeros del Medioevo quienes, cuando se sentían mortalmente heridos en batalla, tomaban un puñado de tierra y lo mordían simbólicamente, a la manera de un postrer beso a la madre Tierra.

Hacerse añicos: Literalmente, equivale a "quedar destrozado"; en sentido figurado, se aplica a la persona que está física o moralmente destruida. El término añicos proviene del árabe y designa los pequeños pedazos o piezas en que se divide una cosa que se rompe.

Hacerse el chancho rengo: Disimular, fingir un defecto que no se tiene, sobre todo, para eludir la responsabilidad de una tarea o trabajo encomendado.

Hacerse el remolón: Intentar evitar o dilatar la realización de una tarea que nos fue encomendada y que no es de nuestro agrado. La palabra remolón quiere decir "flojo, perezoso".

Hacerse el tonto: Disimular, tratar de pasar inadvertido.

Hacerse humo: Evadirse, escapar de una situación antes que enfrentarla; desaparecer como lo hace el humo en la atmósfera.

Hallarse en estado interesante: Es una forma elegante de decir que una mujer está embarazada.

Harina de otro costal: El costal es la bolsa en la que se guarda la harina antes de ser transportada al lugar de distribución para su venta. La expresión se usa, en la conversación, para diferenciar claramente un tema de otro.

Hasta aquí llegó mi amor: Frase terminante que se utiliza para expresar el enojo de alguien por una situación que se ha tornado insostenible. Con ella, quien la dice anticipa su propósito de abandonar un lugar, un emprendimiento, un trabajo.

Hasta que la muerte nos separe: Frase que establece la indisolubilidad del sacramento del matrimonio y que integra la fórmula del ritual que en la Iglesia Católica pronuncia el sacerdote y en otras, los propios contrayentes. La locución se basa en una frase bíblica (Mateos, 10, 9) que dice el celebrante: Que el hombre no separe lo que ha unido Dios.

Hasta que las velas no ardan: Hasta muy tarde. Todos sabemos que las velas suelen arder por muchas horas, incluso toda una noche, por eso, la locución quiere expresar la idea de una larga duración, como cuando se habla de reuniones festivas, de entretenimientos o jornadas de trabajo muy intensas.

Hay gato encerrado: Existir una causa o razón oculta o secreta, que permite sospechar la presencia de manejos espurios. El origen parece ser una costumbre de la Edad Media, por la que solían confeccionarse monederos hechos en cuero de gato, que se llevaban ocultos entre las ropas (de ahí, lo de encerrado).

Hay mentiras piadosas: Dicen que no hay nada más desagradable que la mentira; sin embargo, en algunos casos -enfermedades terminales, delicadas situaciones con niños- suele hacerse uso de lo que se llama «mentiras piadosas», o sea, mentiras que tienen una justificación.

Hay que comer para vivir y no vivir para comer: Viejo aforismo de la "Rethorica ad Herennium", de Cicerón, dedicado a quienes creen que en la vida sólo hay que pensar en comer y comer, en lugar de usar la comida como una forma de alimentar el organismo para seguir vivos.

Hay ropa tendida: Su origen es el argot carcelario y originariamente, cuando los reclusos estaban conversando sobre algún tema que era solamente de su incumbencia y no querían que los guardas se enterasen, al acercarse alguno de los vigilantes, decían ojo... hay ropa tendida, dando a entender que era el momento de cambiar de tema. Con el tiempo, el dicho pasó al uso popular y suele utilizárselo como llamada al silencio o a la discreción cuando, en medio de una reunión donde se hallan niños o personas de cierta sensibilidad, alguno de ellos pudieran escandalizarse por lo que podría ser dicho en ese momento.

Haz el bien sin mirar a quién: Las obras buenas deben hacerse desinteresadamente.

Hecha la ley, hecha la trampa: Así como casi todas las reglas tienen su excepción, las leyes padecen la existencia de un recurso que permite el incumplimiento de la norma legal. Por lo general, la frase se aplica para justificar la falta de ceñimiento a una disposición.

Hecho un cascajo: Estar físicamente impresentable, decrépito. Como la palabra cascajo define todo lo que resulta de la rotura o restos de cualquier elemento (piedras, ladrillos; cáscaras de frutas secas; vajilla; muebles viejos, etc.), la comparación es válida.

Hilar fino: Analizar con sumo cuidado, sin perder ningún detalle de lo que se está tratando, como si uno estuviera realmente hilando de esa manera.

Hogar, dulce hogar: Famosa frase traducida del inglés, tomada del estribillo de la canción compuesta por el autor neoyorquino Howard Payne, incluida en el musical La doncella de Milán.

Hombre prevenido vale por dos: La persona que obra con precaución lleva ventaja sobre la que no lo hace.

Hoy por ti; mañana por mí: Frase que se usa a manera de acuerdo espontáneo y por la cual el que solicita ayuda de alguien, promete retribuir el favor de la misma manera cuando le sea requerido.

Hueso duro de roer: A la manera de los animales que roen huesos para alimentarse, el hombre aplica este dicho para justificar lo difícil de una situación.

Hundirse el barco: Pasar por una situación muy delicada, como cuando realmente se hunde una nave.

Hablar por boca de ganso: Si usted, estimado lector, supone que este dicho tiene que ver con el animal que todo conocemos como ganso... se equivoca. Antiguamente, los hijos de los nobles y de los ricos eran formados y educados por una especie de monitor o ayo llamado, precisamente, ganso. Estos gansos o ayos ejercían una función educativa y pedagógica, por lo general rígida y dogmática, es decir, algo equivalente a lo que hoy llamamos "enseñanza enciclopedista". De manera que, los niños repetían casi memoriosa y literalmente lo que habían escuchado de boca del ganso, y como casualmente estos gansos solían caminar por los caminos de palacio seguidos por los niños en fila india -tal como marchan los gansos con sus crías- la tradición popular se encargó de acuñar la frase hablar por boca de ganso, para dar a entender que alguien repite lo que otro ha dicho, como si fuera propio, pero sin el correspondiente discernimiento. Otro factor que ayudó a confundir el "ganso-ayo" con el "ganso-animal" es el hecho de que el ganso es un animal que tiene fama de tonto, ya sea por su escasa inteligencia o por el sonido de su voz gutural, elementos que han dado origen a la expresión "la risa abunda en la boca de los gansos", generalmente aplicada a la persona que se ríe tonta y constantemente, sin motivo.

Hacer Capitán Araña: Hubo una época, en que la agitación emancipadora desencadenada en los territorios españoles de ultramar, obligó al gobierno a reclutar grandes cantidades de hombres de la Península, para hacer frente a aquellos movimientos de insurrección. Una de las figuras de ese reclutamiento iba a ser -sin duda- un tal Capitán Arana o Araña, personaje de origen oscuro, pero que llegó a desempeñar su tarea con diligencia y eficacia extraordinarias. Pero, sucedió que a la hora de embarcarse él mismo, desapareció como tragado por la tierra. El hecho despertó los más variados comentarios y, desde entonces, la expresión ser (o hacer de) Capitán Araña, que embarca a otros y él se escapa, se aplica para calificar la conducta de quien, tras inducir a otros a realizar una tarea dificultosa, personalmente se abstrae de participar del trabajo.

Hacerse agua la boca: Es por todos sabido que la presencia de un manjar apetitoso no sólo despierta el deseo de saborearlo, sino que activa de manera automática la secreción de las glándulas salivales, ubicadas en nuestra boca. Tanto es así, que a veces, la sola mención de un plato determinado es suficiente para producir ese efecto; y lo mismo sucede cuando estamos presenciando una película o un programa de televisión y en la pantalla se nos presenta un delicioso platillo: automáticamente, nuestras glándulas salivales comienzan a secretar su líquido. Este fenómeno que más de una vez hemos experimentado, da origen a la frase que metafóricamente utilizamos para aludir a algo que nos produce esa sensación de saborear cierto manjar. Pero, atención, la expresión hacerse agua la boca no se limita a la ingestión y saboreo de una comida, sino que se extiende al sentido figurado y suele aplicárselo en referencia a un hecho muy deseado y de inminente realización, aunque no tenga relación alguna con la comida.

Hay (o no hay) moros en la costa: La historia relata que, durante varios siglos el Levante español (la zona mediterránea que abarca Valencia y Murcia) fue objeto de frecuentes invasiones por parte de los piratas berberiscos (habitantes de la región noroeste de África, entre el Mediterráneo y el Sahara). Los pueblos que vivían en la ribera, a causa de ello, se encontraban en constante zozobra y para prevenir el peligro, se levantaron a lo largo de la costa numerosas atalayas de mampostería ciega, a las que se ascendía por medio de escalas de cuerda que luego eran retiradas. Desde lo alto de esas torres se vigilaba el ancho horizonte y, no bien se avizoraban las velas de las naves berberiscas, el centinela de turno comenzaba a gritar: "¡hay moros en la costa!". Sonaba entonces la campana, se encendían las hogueras de señal y la gente - alertada- se preparaba para la defensa. El sistema perduró hasta muchos años después, cuando se firmó la paz con los reyes de Berbería, pero el proverbial grito de ¡hay moros en la costa! pasó a ser expresión de uso familiar para advertir a alguien sobre la presencia de quien representa cierto peligro, o bien no conviene que escuche algo de lo que estamos diciendo. En sentido opuesto, se usa la expresión antónima no hay moros en la costa, para dar a entender que no existe peligro inminente para una persona que debe realizar determinada tarea.

Herrar o quitar el banco: Cuenta la leyenda (¿o la historia?) que un herrero obtuvo cierta vez, a través del pedido de un permiso especial a sus vecinos, el privilegio de instalar sus elementos de trabajo -potro, bramadero, etcétera- en medio de la calle. Pero después, por razones que se desconocen, aunque se supone que debido a la distracción que le causaba permanecer casi todo el día en medio de la calle, el buen hombre no ejercía su profesión, con lo cual, sin rendir ninguna utilidad a la sociedad, los pesados aparejos seguían entorpeciendo la circulación por la calle de la población. Por supuesto, esta actitud irritó a los vecinos quienes finalmente acabaron por conminar al artesano a herrar o quitar el banco, frase que se hizo proverbial para señalar cualquier disyuntiva en virtud de la cual una persona es obligada a cumplir con los deberes de un cargo o función, o bien, a renunciar a ello.




Ir de la Ceca a la Meca: Transitar de una parte hacia otra, de acá para allá. Los lugares que se mencionan son la Ceca, lugar donde se acuñaban monedas y la Meca, topónimo de la ciudad santuario de todos los musulmanes, ambos lugares que señalan -respectivamente- matices materiales y espirituales.

Ir de mal en peor: Pasar momentos de zozobra. Se podría comparar con la frase salir de Guatemala y caer en Guatepeor.

Ir por lana y volver trasquilado: Ser sorprendido con un resultado inesperado, opuesto al que uno esperaba. La comparación surge del acto de trasquilar -«cortar el pelo a algunos animales»- y, según cuenta la tradición, la frase original habría sido ir como el carnero encantado, que fue por lana y volvió trasquilado, en referencia a un carnero que se metió en un rebaño ajeno y tuvo que volver al suyo, trasquilado.

Irse a las manos: Lisa y llanamente, pelear, acudir al recurso de la agresión física, sin siquiera intentar la persuasión de la palabra, o luego de haber agotado esa instancia.

Irse cantando: Alude a la actitud de quien se retira de un lugar tratando de pasar inadvertido (por eso, lo de "silbando bajito" ya sea por haber cometido un grueso error ante otras personas o luego de haber recibido un reprimenda.

Irse con la música a otra parte: Emigrar, partir, irse a otra parte, como cuando el músico es despedido de un lugar porque molesta y debe dirigirse hacia otro destino.

Irse de picos pardos: Antiguamente la ley obligaba a las prostitutas a vestir un jubón con picos o ribetes de color pardo. LA CARAVINA DE AMBROSIO. Era un bandolero andaluz del siglo XIX, tan inofensivo que su carabina ni siquiera tenía pólvora. De ahí que originalmente la expresión irse de picos pardos significara irse con una mujer de la vida. Hoy, sin embargo, el modismo se usa como sinónimo de diversión y juerga, pero no necesariamente con mujeres de mala fama.

Ir de punta en blanco: Esta expresión, que en la actualidad solemos utilizar para elogiar la elegancia y pulcritud de la vestimenta de alguna persona, tiene su origen en los antiguos usos de la caballería. En ese tiempo, en cambio, el dicho se aplicaba a los caballeros que solían llevar todas las armas del arnés desnudas y listas para el combate y como estas eran de acero bruñido, centelleaban al sol con una blancura resplandeciente, es decir, los caballeros iban de punta en blanco. Esta expresión es la misma que da origen a la frase armas blancas, aludiendo a que son cortantes, en contraposición con las llamadas armas negras, que eran las que se utilizaban en la práctica de la esgrima y que no eran cortantes ni punzantes; asimismo, eran también llamadas armas negras las que permanecían envainadas. Por analogía, con el correr del tiempo, el modismo ir de punta en blanco vino a aplicarse también al acto de vestir suntuariamente -ya sea de uniforme o etiqueta- y con el máximo esmero, tal como lo hacen en la actualidad muchas personas.

Irse por los cerros de Úbeda: En la época de la Reconquista, Fernando III, el Santo, contó con la ayuda de un noble caballero para asistirle en la toma de Úbeda, hacia el año 1234. Parece ser que el noble se presentó después de efectuada la toma de la villa jienense, poniendo como disculpa que se había perdido por los cerros de Úbeda. Así surgió esta locución, que se usa para decir que alguien está extraviado o perdido.




Juego de manos, juego de villanos: Advertencia sobre los peligros de abusar del manoseo entre dos o más personas, por lo cual, se puede terminar a los golpes, a la manera de los villanos, en alusión a los primitivos habitantes de las villas.

Juntarse el hambre y las ganas de comer: Estar juntas dos personas de iguales defectos o características.

Juventud, divino tesoro: ... ya te vas para no volver, terminaba diciendo la frase nostálgica de Rubén Darío, extraída de un verso del poema "Canción de otoño en primavera".




La Biblia en verso: En el año 1839, nació en Igualada (Barcelona) un hombre llamado José María Carulla, que se destacó por ser abogado, servidor del papa Pío IX y fecundo versificador que, entre otras cosas, fue fundador y director del periódico "La civilización" y célebre polemista católico. La Santa Sede lo distinguió con la Cruz de Mérito, en reconocimiento a su ambicioso empeño en trasladar el texto en prosa de la Biblia (o parte de ella) a la forma en verso. Desafortunadamente, la ardua tarea de versificar tan magna obra fue mucho más dura para él, que evidentemente no había sido favorecido por Dios en el reparto de talentos, particularmente en el arte de la poesía. De manera que, el resultado del esfuerzo -concretado en setenta y tres gruesos volúmenes- terminó por ser un fárrago inaudito de rispideces que durante mucho tiempo fue motivo de broma en todos los cenáculos literarios y tanto fue así, que desde entonces, el dicho la Biblia en verso se usó como equivalente de todo aquello que, por su desprolijidad y confusión, resulta difícil de digerir.

La carabina de Ambrosio: Ser la carabina de Ambrosio significa no servir para nada. ¿Pero quién fue el tal Ambrosio del dicho proverbial? No se sabe.
Una leyenda poco fiable dice que Ambrosio era un mísero labriego que vivió a principios del siglo XIX. Debido a que las faenas agrícolas no le marchaban bien, el hombre decidió cambiar los aperos de labranza por una carabina y echarse al monte. En su nuevo oficio de bandolero y salteador de caminos tampoco consiguió fortuna. Ambrosio era un hombre menguado de carácter y tan bonachón que a cuantos caminantes detenía lo tomaban a broma. El pobre caco echaba la culpa de sus desdenes a la carabina que portaba, ya que no infundía respeto.

La caridad bien entendida empieza por casa: Lo natural es pensar en las necesidades propias antes que en las ajenas.

La casa invita: Frase que sirve para indicar que el dueño de casa se hace cargo de los gastos de una reunión o agasajo. La procedencia de esta expresión son los bares y pubs de Europa y Estados Unidos en donde sus propietarios invitan a los clientes con una ronda de bebidas.

La cuestión es pasar el rato: Frase que habría difundido el comediógrafo español Eusebio Blasco, con motivo de la respuesta de un señor llamado Sáinz Pardo, Sanz Pardo o Sáenz Pardo, a quien le preguntaban, precisamente, cuál era su nombre y habría respondido: Mire... Sáinz Pardo, Sanz Pardo o Sáenz Pardo da lo mismo... la cuestión es pasar el rato.

La cuadratura del círculo: Famoso problema irresoluble que, sin embargo, generó en el pasado abundante literatura.

La culpa no es del cerdo, sino del que le da de comer: No debemos culpar a ciertas personas por sus fallas; muchas veces, la responsabilidad no es de ellos, sino de quienes les dan las órdenes que ellos deben cumplir.

La curiosidad mató al gato: Frase usada para criticar la curiosidad humana y está basada en el hecho de que el gato doméstico suele ser víctima de trampas mortales, precisamente por ser tan curioso.

La espada de Damocles: Según cuentan Horacio en una de sus "Odas" y Cicerón, en sus "Tusculanas", Damocles era cortesano de Dionisio I, El Viejo (siglo IV, AC), tirano de Siracusa, a quien envidiaba por su vida aparentemente afortunada y cómoda. El rey, con el propósito de escarmentarlo, decidió que Damocles lo sustituyera durante un festín, pero para ello dispuso que sobre su cabeza pendiera una afilada espada desnuda suspendida de una crin de caballo. De esta manera, Damocles pudo comprender lo efímero e inestable de la prosperidad y del lujoso modo de vivir del monarca. La frase la espada de Damocles se utiliza desde hace mucho tiempo, para expresar la presencia de un peligro inminente o de una amenaza.

La excepción hace (o confirma) la regla: Casi todas las reglas -particularmente las de ortografía- tienen una excepción que sirve para confirmarlas.

La fe mueve montañas: Frase bíblica que sostiene que cuando alguien posee una fe inquebrantable, puede lograr lo que se propone, por más difícil que sea el emprendimiento, incluso movilizar una montaña.

La gota de agua orada la roca cayendo no dos veces, sino siempre: Es la frase que con mayor claridad simboliza la perseverancia, debido a que efectivamente, una gota de agua puede, con el correr de los siglos, llegar a modificar la roca. Lo mismo una persona que persiste en su actitud, puede alcanzar el fin perseguido.

La gota que colmó (o rebasó) el vaso: Se aplica para calificar lo que viene a colmar la medida de la paciencia y la comprensión. Cuando la persona usa esta expresión quiere decir que ya no soporta más una situación.

La imprudencia es la hija de la ignorancia: Una crítica a dos defectos del hombre, por la que se desprende que quien es ignorante, puede cometer -como lógica consecuencia- imprudencias irreparables. En inglés, equivale a los tontos se animan donde los ángeles no se aventuran.

La letra, con sangre entra: Dicho que se aplica cuando se le quiere hacer comprender una cosa a alguien, dando a entender que cualquier sacrificio es bueno para que esa persona entre en razones. Lo de "sangre", es metafórico aunque válido.

La ley es pareja para todos: No debe haber excepciones para nadie respecto del cumplimiento de la ley. Si todos cumplen con ella por igual, mejores serán los resultados obtenidos por la acción de la Justicia.

La mar en coche: Locución festiva utilizada luego de una enumeración en la que se ha incluido gran cantidad de elementos, muchas veces de carácter suntuario, para destacar las comodidades de que disfruta determinada persona. Nuestra investigación nos llevó a concluir que podría provenir de la expresión Lamarr en coche, en alusión a la célebre actriz de Hollywood Hedy Lamarr (nacida en Viena como Hedwig Kiessler) famosa por su vida suntuosa.

La mentira tiene patas cortas: Con la mentira no se puede llegar lejos. Siempre, tarde o temprano, se descubre la verdad.

La necesidad tiene cara de hereje: Cuando alguien padece necesidades, no conoce de leyes ni razonamientos y actúa por impulsos, ignorando las normas, como hace el hereje con las creencias religiosas.

La noche se hizo para dormir: Frase alusiva a la conveniencia de aprovechar las horas de la noche para descansar, para luego no andar durante el día padeciendo las consecuencias de haber trasnochado.

La ocasión hace al ladrón: No todas las personas practican el hurto, no todos son ladrones, pero esta frase afirma que en muchos casos, aun la persona que habitualmente no roba, si se le presenta la ocasión, puede ceder a la tentación.

La ocasión la pintan calva: Los romanos personificaban a la diosa Ocasión como una mujer hermosa y con alas, como símbolo de la fugacidad con que pasan ante el hombre las buenas ocasiones u oportunidades. Parada en puntas de pie sobre una rueda y con un cuchillo en la mano, la diosa Ocasión tenía una cabeza adornada por delante con abundante cabellera, mientras que por detrás, era totalmente calva. De manera que, al decir "tomar la ocasión por los pelos", se entendía que debía esperársela de frente, cuando ella venía hacia uno, donde se tendría la oportunidad de tomarla, ya que una vez que había pasado -y al no tener pelos por detrás- sería imposible agarrarla. Con el tiempo, la expresión perdió algo de su sentido original y comenzó a ser utilizada para dar a entender que una cosa se logra más por suerte que por capacidad. Respecto de la variante "(a) la ocasión la pintan calva", alude a la posibilidad inminente de alcanzar un logro y que por ninguna causa puede desperdiciarse la oportunidad.

La parte del león: Es una reminiscencia de la fábula de Esopo "El león y el onagro" (una especie de asno salvaje). Según cuenta el fabulista griego, los dos animales colaboraban en una jornada de caza hasta que cobraron una pieza y llegó el momento del reparto, en la que el león llevaba la voz cantante. Lo primero que hizo fue dividir el animal en tres partes y comenzó a efectuar el reparto: la primera parte era para él, por ser el rey; la segunda, también para él, en su condición de "socio a partes iguales" y, a llegar a la tercera, se detuvo, miró al onagro y le dijo: "Si no te vas de acá, la vas a pasar muy mal". Posteriormente, el modismo quedarse con la parte del león pasó a expresar el abuso de poder y la falta de equidad en el reparto, cuando uno se asocia con alguien más poderoso.

La procesión va por dentro: Habla de la aparente serenidad de alguien, aun cuando sabemos que íntimamente, esa persona está pasando un momento delicado. Por fuera, es una persona medida, serena e incluso puede aparecer divertida, pero por dentro, seguramente está seria -como se marcha en las procesiones- porque está sufriendo.

La renguera del perro: El perro es uno de los pocos animales que pueden fingir una renguera, cuando se ve comprometido. Por extensión, la frase se aplica a la persona que suele simular un malestar con tal de librarse de una responsabilidad.

La risa abunda en la boca de los gansos: El ganso es un ave ingenua cuyo sonido -el graznido- aparece como una «risa tonta». Hay personas que están continuamente riendo sin motivo aparente, por eso, el dicho compara esa risa superflua con la de los gansos y como entre nosotros, la palabra «ganso» tiene una connotación peyorativa...

La ropa sucia se lava en casa: Es una frase equivalente de sacar los trapitos al sol (ver), por la que se sugiere tratar de solucionar los problemas en la intimidad de la familia o empresa, sin necesidad de exponerlos públicamente. La locución pertenecería a Napoleón Bonaparte y habría estado dirigida al vizconde Lainé que criticó públicamente al gobierno de Napoleón.

La sartén por el mango: Tener el poder, manejar las decisiones. La frase es además, el título de una obra de teatro escrita por el destacado actor Javier Portales y el nombre de una canción de la genial compositora María Elena Walsh, cuya letra dice que hay quienes tienen la sartén por el mango... y el mango también. En inglés, equivale a estar sentado en el asiento del que maneja.

La suerte está echada: Frase tomada del latín alea jacta est, expresión que, según Suetonio, fue pronunciada por Julio César cuando se decidió a pasar el río Rubicón (hoy, Fiumicino). Se la emplea para referirse a una decisión extrema que se adopta luego de haber meditado sobre sus probables consecuencias.

La sopa boba: La que daban a los pobres en los conventos. Hoy, vivir de la sopa boba es llevar una vida a expensas de otros.

La tercera, era la vencida: Expresión de tono optimista que asegura que, luego de haber fracasado en dos intentos, la próxima vez se logrará lo propuesto, por lo que se exhorta a la persona a perseverar en su esfuerzo. El origen parece estar en el vocabulario de la lucha cuerpo a cuerpo (y en otras clases de enfrentamientos), en la que el luchador que derribaba tres veces a su adversario ganaba, aunque algunos sostienen que, primitivamente, se consideraba ganador al que mejor se desempeñaba en un total de tres juegos. Como vemos, siempre era el número tres el elegido. En el ámbito de la Justicia de los siglos XVI y XVII, en la práctica procesal del derecho penal, se establecía la muerte al tercer robo, con lo que para el reo, al igual que para el luchador, la tercera, era la vencida.

La unión hace la fuerza: Lema que figura en el escudo de armas de la República de Bélgica y expresa la idea del esfuerzo mancomunado, del que se realiza en forma colectiva, uniendo las individualidades en procura de un logro.

La vida comienza a los cuarenta: Vieja afirmación que adjudica al hombre de esa edad la madurez necesaria para -en base a su experiencia- comenzar a disfrutar de la vida.

Las águilas no cazan moscas: Proverbio de origen latino que solía ser utilizado desde la época de los romanos, para expresar que el hombre superior no debe perder tiempo en pequeñeces.

Las armas las carga el Diablo: Advertencia sobre el uso de armas de fuego. Existe una versión vulgar que la completa con la frase ... y las descargan los tontos, en directa alusión a las personas descuidadas que suelen provocar graves e irreparables accidentes.

Las apariencias engañan: En inglés, equivale a no juzgues un libro por su tapa y es la mejor definición para no caer en el error de juzgar equivocadamente a una persona a través de su apariencia.

Las cuentas claras conservan la amistad: Frase utilizada particularmente cuando hay una deuda o aclaración de cuentas de por medio. En ella, se asegura que los amigos han de mantener la relación en tanto y en cuanto no haya deudas de dinero pendientes.

Las cuentas del gran capitán: Indudablemente, el rey Fernando, el Católico, fue un monarca que, junto con su esposa Isabel, sentó las bases de la grandeza de España. Cuentan los cronistas de la época que, además de sus dotes de político eminente, el rey tenía cierta recelosa inclinación por el control de los gastos. Así, una vez le pidió a don Gonzalo Fernández de Córdoba, llamado el Gran Capitán, las cuentas detalladas de los gastos durante las victoriosas campañas de Italia que culminaron con la conquista del reino de Nápoles. Don Gonzalo, dueño de un gran sentido del humor pero al mismo tiempo, molesto por lo que consideraba una mezquindad después de haber conquistado un reino para su soberano, respondió al rey con las famosas "cuentas", exorbitantes e irónicas, que la leyenda se encargó de magnificar, en la que figuraban conceptos tan variados como extraños. De manera que, una vez llegado al país, don Gonzalo se encargó de confeccionar una lista semejante a esta: Por picos, palas y azadones, cien millones de ducados... por limosnas para que frailes y monjas rezasen por los españoles, ciento cincuenta mil ducados... por guantes perfumados para que los soldados no oliesen el hedor de la batalla, doscientos millones de ducados... por reponer las campanas averiadas a causa del continuo repicar a victoria, ciento setenta mil ducados... y, finalmente, por la paciencia de tener que descender a estas pequeñeces del rey a quien he regalado un reino, cien millones de ducados... Ciertas o no, estas cuentas del Gran Capitán corrieron de boca en boca y llegaron a nuestros días como expresión irónica de toda justificación de gastos desorbitados, incoherentes y arbitrarios.

Las cosas claras y chocolate espeso: Cuando desde América, el monje español fray Aguilar envió las primeras muestras de la planta de cacao a sus colegas de congregación al Monasterio de Piedra, para que la dieran a conocer, al principio no gustó, a causa de su sabor amargo, por lo que fue utilizado exclusivamente con fines medicinales. Posteriormente, cuando a unas monjas del convento de Guajaca se les ocurrió agregarle azúcar al preparado de cacao, ese nuevo producto causó furor, primero en España y luego en toda Europa. En esos tiempos, mientras la Iglesia se debatía sobre si esa bebida rompía o no el ayuno pascual, el pueblo discutía acerca de cuál era la mejor forma de tomarlo: espeso o claro. Para algunos, el chocolate se debía beber muy cargado de cacao, por lo que preferían el chocolate espeso, o sea, "a la española"; para otros, el gusto se inclinaba por la forma "a la francesa", esto es, más claro y diluido en leche. Los ganadores, finalmente, fueron los que se inclinaron por el chocolate cargado, por lo que la expresión las cosas claras y chocolate espeso se popularizó en el sentido de llamar a las cosas por su nombre. Entre nosotros, circulaba hace algunos años la variante las "cuentas" claras y el chocolate espeso, usada en relación con las deudas (sobre todo de dinero) que suelen mantener las personas.

Las cuentas del Gran Capitán: Indudablemente, el rey Fernando, el Católico, fue un monarca que, junto con su esposa Isabel, sentó las bases de la grandeza de España. Cuentan los cronistas de la época que, además de sus dotes de político eminente, el rey tenía cierta recelosa inclinación por el control de los gastos. Así, una vez le pidió a don Gonzalo Fernández de Córdoba, llamado el Gran Capitán, las cuentas detalladas de los gastos durante las victoriosas campañas de Italia que culminaron con la conquista del reino de Nápoles. Don Gonzalo, dueño de un gran sentido del humor pero al mismo tiempo, molesto por lo que consideraba una mezquindad después de haber conquistado un reino para su soberano, respondió al rey con las famosas "cuentas", exorbitantes e irónicas, que la leyenda se encargó de magnificar, en la que figuraban conceptos tan variados como extraños. De manera que, una vez llegado al país, don Gonzalo se encargó de confeccionar una lista semejante a esta: Por picos, palas y azadones, cien millones de ducados... por limosnas para que frailes y monjas rezasen por los españoles, ciento cincuenta mil ducados... por guantes perfumados para que los soldados no oliesen el hedor de la batalla, doscientos millones de ducados... por reponer las campanas averiadas a causa del continuo repicar a victoria, ciento setenta mil ducados... y, finalmente, por la paciencia de tener que descender a estas pequeñeces del rey a quien he regalado un reino, cien millones de ducados... Ciertas o no, estas cuentas del Gran Capitán corrieron de boca en boca y llegaron a nuestros días como expresión irónica de toda justificación de gastos desorbitados, incoherentes y arbitrarios.

Las desgracias nunca vienen solas: Justifica la seguidilla de inconvenientes sufridos por una persona, como si el destino se hubiera ensañado con ella.

Las palabras se las lleva el viento: Proverbio que se basa en el concepto de que lo único seguro es lo que está escrito aplicado sobre todo a contratos y promesas de trabajo o algún tipo de bienes, dando a entender que lo que simplemente se promete por medio de las palabras puede no ser cumplido después.

Las paredes oyen: Es un modismo que procede de Francia, del tiempo de las persecuciones contra los hugonotes que culminó en la histórica "Noche de San Bartolomé" o "Noche de los cuchillos largos", episodio sangriento de las luchas religiosas que asolaron Francia en la segunda mitad del siglo XVI. El hecho fue promovido por Catalina de Médicis y el duque de Guisa quienes instigaron a los católicos a llevar a cabo una matanza de hugonotes (seguidores de Calvino), la noche del 24 de agosto de 1572. Según algunos historiadores, en aquellos tiempo, la reina Catalina de Médicis mandó construir, en las paredes de sus palacios, conductos acústicos secretos que permitieran oír lo que se hablaba en las distintas habitaciones, para así poder controlar cualquier conspiración en su contra. La frase las paredes oyen, con el tiempo, pasó a ser utilizada como señal de advertencia acerca de lo que se dice en determinado momento y lugar.

Las ratas son las primeras en abandonar el barco: Es una frase que expresa la realidad: cuando un barco zozobra, son las ratas las primeras que se arrojan al agua. Por eso, el proverbio, trasladado a la vida práctica, se aplica a las personas de bajos sentimientos que huyen ante la primera dificultad y no se enfrentan con el peligro y abandonan a quien deberían acompañar en momentos difíciles.

Le das la mano y se toma el brazo: Frase crítica que se aplica a la persona que comete exceso de confianza, sobrepasando los límites impuestos por el buen gusto y la discreción.

Leer entre líneas: Saber interpretar lo que se dice, aun cuando no esté explícitamente dicho en el texto. La expresión también suele usarse en referencia a lo que se manifiesta en forma oral.

Levantar cabeza: Recobrarse o reestablecerse luego de una enfermedad o de haber pasado un momento económico difícil. Salir de la pobreza.

Ley draconiana: Esta expresión se aplica a las leyes o circunstancias excesivamente severas. Su origen se encuentra en las leyes de Dracón, primer legislador ateniense que vivió a finales del siglo VIII a. de C.
Dracón, célebre por la crueldad de sus leyes, recibió el encargo del emperador de Grecia de redactar el código criminal ya entonces vigente sólo por la tradición. Es pues de suponer que la crueldad de Dracón, más que personal, fuera el fiel reflejo de la época bárbara e inhumana que le tocó vivir. La legislación draconiana castigaba casi todos los delitos con la pena de muerte. Popularmente se decía que las leyes de este legislador no estaban escritas con tinta, sino con sangre.

Liar los bártulos: Este modismo, que hace referencia a los preparativos necesarios para emprender un viaje, una mudanza u otra empresa, nace en la figura de Bártolo Sasso-Ferrato (1314-1357), jurisconsulto italiano y consejero del emperador Carlos IV. Sus obras, comprendidas en 13 volúmenes, sirvieron de base de estudio, durante 3 siglos, a los estudiantes de toda Europa.
Los estudiantes de Derecho de la Universidad de Salamanca tomaban sus notas de la obra del ilustre tratadista, y una vez concluida la clase, ataban los apuntes por medio de cintas o correas. Al conjunto de estas notas se la conocía familiarmente como bártulos. De aquí que en el argot estudiantil la tarea de reagruparlos y atarlos una vez utilizados viniera a llamarse liar los bártulos.

Lágrimas de cocodrilo: Por motivos que se ignoran o quizá porque la imagen del reptil ha estado siempre ligada a hechos misteriosos, muchas son las leyendas que se cuentan acerca de la conducta del cocodrilo, algunas de ellas relacionadas con su actitud ante sus presas. Desde tiempos remotos, se sostenía que el saurio, para atraer a sus víctimas emitía un extraño e insinuante gemido. Otros autores añadían que, una vez devorada la presa, el temible reptil lloraba sobre los despojos de su comida, quizás afligido porque el festín hubiese terminado tan de prisa y no falta quien asegura que suele comerse a sus propias crías, desconociendo en este caso que la hembra acomoda a los más pequeños dentro de sus fauces para llevarlos al río, donde luego los suelta para que comiencen a nadar por sus propios medios. Asimismo, se sabe que las famosas lágrimas de cocodrilo son una secreción acuosa que mantiene húmedos los ojos del animal, fuera del agua, pero no tienen nada que ver con el llanto, debido a que las glándulas salivales y las lacrimales de este animal están situadas muy cerca unas de las otras y por eso, se estimulan constantemente, lo que hace que al animal mientras llore mientras come. Todo esto, sumado a la fantasía popular sirvió para dar origen a la expresión lágrimas de cocodrilo, con la que se alude al dolor fingido de alguien ante cualquier suceso desgraciado, dolor que no es tomado en serio por ninguna de las personas que lo contemplan.

Llámale hache no saber ni jota: Hemos reunido dos dichos en una explicación, debido a que ambos tienen relación con letras de nuestro alfabeto. Hasta el siglo XVI, la letra "h" en nuestro idioma, tenía un valor fricativo laríngeo y se la pronunciaba casi como una jota, lo que hoy solemos decir una "hache aspirada". Pero, al hacerse átona por pérdida de ese sonido, cayó en menosprecio de la gente sencilla, de donde, como consecuencia nació el modismo llámale hache, como equivalente en el lenguaje familiar de es lo mismo, da lo mismo una cosa que otra, o sea, que da igual la presencia o ausencia de la letra hache. Entre nosotros, se la usa como expresión de justificación similar a la que dio origen al dicho. La letra "j" proviene de las lenguas primitivas del Medio Oriente, como el hebreo, el caldeo y el siríaco, y era la más pequeña de esos alfabetos, por lo que su nombre llegó hasta nosotros como equivalente de cosa pequeña o insignificante. En la escritura hebrea, por otra parte, la iod -o sea, la jota- participaba como rasgo inicial de todas las demás letras. De ahí que el modismo no saber ni jota alude a la extrema ignorancia de alguien en una cosa determinada y así es como lo utilizamos en la actualidad.

Llamarse Andana: Antiguamente, la persona que había cometido delito y alcanzaba a refugiarse en una iglesia (o antana como se la llamaba en germanía) quedaba fuera del alcance de la Justicia, siempre y cuando permaneciese en ese lugar. Asimismo, cuando a un malhechor se le preguntaba su nombre durante un interrogatorio, aludiendo al derecho de asilo, respondía: Me lamo Antana. Con el tiempo, por un proceso lógico del término, antana, vino a transformarse en andana, de donde la frase hecha llamarse Andana acabó por ser expresión de ese raro derecho de asilo, que la ley reconocía y admitía. Por afinidad, el modismo pasó posteriormente al lenguaje común como equivalente de eludir o excusarse de obligaciones o de cumplir castigos.

Llevar al huerto: Se dice desde que la Celestina consiguió llevar a Melibea al huerto en que esperaba Calixto.

Llover a cántaros: El cántaro es una vasija grande de barro o metal, por eso, las lluvias intensas son calificadas de esa manera, como si desde el cielo, alguien estuviera arrojando el contenido de millones y millones de cántaros.

Llora como mujer lo que no supiste defender como hombre: La expresión se utiliza para recriminar la falta de firmeza de un hombre en sus actitudes. La frase la pronunció la madre de Boabdil -último rey moro de España- cuando éste se detuvo llorando sobre un montículo (llamado desde entonces El suspiro del Moro), a contemplar por última vez la ciudad de Granada. Según fray Antonio de Guevara, la frase habría sido justa cosa es que el rey y los caballeros lloren como mujeres pues no pelearon como caballeros.

Llorar sobre la leche derramada: Cuando a alguien se le derrama leche que ya ha hervido, no tiene sentido lamentarse. Aplicado en la vida cotidiana, este proverbio aconseja no quejarse luego de sucedida la desgracia.

Lo barato sale caro: Muchas veces, pagamos muy poco por algo que nos es imprescindible, pero con el tiempo ese objeto nos demuestra que su calidad es realmente inferior al producto que nos hubiera resultado más caro.

Lo bueno, si breve, dos veces bueno: Clásico proverbio de Gracián, en el que se demuestra el valor de ser breve, conciso y, sobre todo, preciso en nuestras manifestaciones tanto orales cuanto escritas.

Lo conocen hasta los perros: El dicho alude a la figura de don Francisco de Chinchilla, alcalde de Madrid a fines del siglo XVIII. Este buen señor acostumbraba a presentarse en los mercados, acompañado de sus alguaciles y guardias, al menor signo de disputa o riña, logrando -con su sola presencia- calmar los ánimos de los presuntos contendientes, de manera que la calma volvía a reinar en el lugar. También se cuenta de don Chinchilla que, en cierta oportunidad, con el propósito de mejorar las condiciones de salud de los madrileños, dictó una ordenanza que autorizaba a los alguaciles a matar a pedradas a todos los perros abandonados y vagabundos. La orden fue cumplida al pie de la letra y muy pronto se pudo ver por las calles Madrid un gran número de lapidaciones de perros vagabundos. Y llegó a tal punto la cuestión, que la gente comenzó a decir que los animales realmente conocían a su verdugo, ya que con la sola presencia de don Chinchilla, los canes empezaban a aullar y salían corriendo. Con el tiempo, la expresión lo conocen hasta los perros se aplicó para dar a entender que alguien es muy popular.

Lo cortés no quita la valiente: Se puede ser atento y comprensivo con una persona, sin dejar de ser exigente con ella.

Lo mejor es enemigo de lo bueno: Cuando se pretende la excelencia, suele dejarse de lado la eficiencia, por eso el dicho que parece un contrasentido.

Lo mismo digo: Frase hecha que tuvo su origen en los velatorios, entierros y funerales de fines del siglo XVIII a la hora de expresar el pésame. Una vez que el primero de los asistentes expresaban su condolencia a los deudos del muerto, para no repetir conceptos, los que seguían en la fila pronunciaban esta frase.

Lo pasado pisado: Es una invitación a olvidar lo que sucedió hace tiempo, como si se sugiriera a la persona dar vuelta la página para no quedar atrapado por los recuerdos, no importa si buenos o malos.

Lo prometido es deuda: Es una invitación a cumplir con lo que se promete, debido a que muchas personas no le dan a su palabra el valor que corresponde. Se supone que la palabra de una persona debe valer tanto, que el solo hecho de prometer algo significa contraer una deuda. Aunque a alguno le parezca mentira, hubo una época en que esto se cumplía y no eran necesarios los contratos.

Lo que abunda no daña: Expresión familiar que prefiere el exceso de cosas buenas sobre la carencia de ellas. Entre nosotros, circula la forma mejor que sobre y no que falte, con idéntico valor.

Lo que cuesta, vale: Podría considerarse a esta frase el complemento de lo barato sale caro, ya que cuando una cosa es considerada cara por su valor monetario, debe reconocerse que en la misma medida, ese objeto debe tener más valor que otro.

Lo que es moda no incomoda: Frase que sirve para justificar el uso de cualquier prenda de vestir o adorno, debido a que cuando es «moda», es decir, lo usa la mayoría de las personas de determinado grupo social, a nadie le importa si es lindo o feo, si le queda bien o mal, etcétera.

Lo que Natura no da, Salamanca no presta: Frase con la que -supuestamente- los encargados de administrar los bienes de la célebre Universidad de Salamanca le negaron ayuda a Cristóbal Colón, quien luego la recibió de los reyes Fernando e Isabel. La expresión se aplicó posteriormente para justificar, en una persona, la carencia de algún talento, como si dijéramos que lo que no se trae de nacimiento, no se obtiene con la práctica.

Lo que se hereda no se hurta: Cuando una persona hereda algo de un familiar, se dice que le corresponde, que no lo robó. Esta frase se aplica, generalmente, para hacer referencia a algunas virtudes heredadas de un antecesor.

Lo que viene fácil, fácil se va: Es una crítica al poder, el éxito o la riqueza que se obtienen de una manera fácil, sin esfuerzo. De la misma forma que se lograron, se pueden perder

Loro viejo no aprende a hablar: Por más que una persona pretenda cambiar de hábitos a una edad avanzada, no va a lograr mayores progresos, debido a que por lo general, el ser humano adquiere a lo largo de su vida, hábitos y costumbres difíciles de erradicar.

Los amantes de Teruel: Leyenda del siglo XIII que narra el amor imposible entre Juan Diego Martínez de Marcilla e Isabel de Segura. Varios autores, como Tirso de Molina, la recogieron en sus obras. Se suele añadir la coletilla "tonta ella y tonto él".

Los amigos de mis amigos son mis amigos: Afirmación que aplica el carácter transitivo en las relaciones humanas. En realidad, la frase alude a la confianza que nos merecen nuestros verdaderos amigos en cuyas amistades confiamos como si fueran ellos mismos.

Los de afuera son de palo: Es una invitación al silencio y a abstenerse de intervenir, para las personas que son ajenas a una discusión, conflicto o juego, debido a que no tienen parte activa en la cuestión. Ser de palo (o su equivalente ser de madera, por lo inerte de este material) representa la idea de la marginación total de una o varias personas en un tema. Paradójicamente, la expresión ser "del" palo se difundió últimamente como equivalente de "pertenecer a la misma actividad, profesión, ideología política o preferencia deportiva".

Los últimos serán los primeros: Promesa de las Sagradas Escrituras (Mateo 20, 16) para quienes se sienten postergados en este mundo, por la cual se les asegura que dejarán de ocupar ese lugar cuando se encuentren ante la presencia del Creador.


Parte 1:

Parte 2:
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