


Fotografía publicada en la revista British Strand en diciembre de1895, vuelta a publicar en el libro de W. G. Wood-Martin, Traces of the Elder Faiths of Ireland, en el que se menciona un gigante fosilizado que se encontró en una mina en County Antrim, Irlanda:
Estuvo este gigante fosilizado en los depósitos de la compañía ferroviaria London and North-Western Railway Company, en la calle Broad. La fotografía se hizo en ese depósito.
Se dice que el gigante fósil lo halló Mr. Dyer mientras buscaba minerales de hierro en County Antrim.
Las medidas del gigante eran de 12 pies 2 pulgadas de altura (3,70 m); circunferencia del pecho 6 pies 6 pulgadas (2 m); longitud de los brazos 4 pies 6 pulgadas (1,36 m). Tenía 6 dedos en el pie derecho.
Dyer, exhibió el gigante en Dublin, y luego fue a Inglaterra a exhibirlo, primero en Liverpool y luego en Manchester. Cobraba seis peniques la entrada.
No se sabe nada del paradero de este gigante fosilizado.


En febrero de 2002, James Snyder, un habitante de la región de Ramona, hizo un descubrimiento curioso durante un paseo en la selva nacional de Cleveland (Cleveland National Forest). Al buscar oro en el macizo de Gowers, salió de los senderos trillados y encontró una huella gigante de pie fosilizada en la roca granítica de lo que fue sin duda un río, hace mucho tiempo... mucho, mucho tiempo...

La huella mide casi 60 centímetros, lo cual significa que el gigante debía medir unos 4 metros de altura.
foto vemos el fémur de uno de esos antiguos gigantes, el cual tenía una altura de casi cinco metros.
A finales de los años 50, durante la construcción de una carretera al sureste de Homs, en el valle del Eufrates, sureste de Turquía, se encontraron algunas tumbas de gigantes. Esos gigantes tenían más de 4 metros de la altura. En el interior de dos de esas tumbas se encontraron huesos del muslo, concretamente del fémur, que medían cerca de 1 metro 20 cm. de la longitud. Se calcula que este gigante tenía más de 4 metros de altura y pies de 53 centímetros de largo. Uno de los huesos (foto abajo) se expone en el museo fósil de TM Blanco, en la ciudad de Crosbyton, Texas, U.S.A.


Las momias de Martindale

Las momias de Martindale pertenecieron al Dr. Larry Cartmell quien se las vendió a Ripley en febrero de 1998. La mujer medía 2,02 m.
La madre y el niño fueron halladas en el valle de Yosemite, California, en 1891 y fueron expuestas al público por primera vez en Scranton, Kansas en 1899.
El origen de las momias de Martindale es un misterio.

Huellas del Parque de Glen Rose
Huella gigante contemporánea con la de dinosaurios hallada en el parque Dinosaur Park en Glen Rose. Un estudio dice que se trata de una huella de mujer gigante de unos 3,05 m (10 pies) y 454 kg (1.000 libras).
La huella es 45 cm más larga que el pie humano.

En Glen Rose, Texas, en el lecho del río Paluxy, el Dr. C.N. Dougherty descubrió enormes pisadas humanas de 54,61 cm. de largo por 13,97 cm. de ancho; algunas de ellas pueden ser observadas por los turistas en el interior de ese parque nacional.
Huellas descubiertas en 1908, cerca de Glenn Rose ( Texas ), muestran huellas de homínidos gigantes de 4 metros de altura ( según los estándars modernos ), mezcladas con huellas de dinosaurios ( entre 120 y 130 millones de años ).

Gigantes de España

Huella fosilizada de la región de
los gigantes en España.

Gigantes de la Patagonia

Arriba a la izquierda Mapa de 1562 en el que se representan a los gigantes de la Patagonia.
En el centro la portada de un grabado del libro “A Voyage round the World, in his Majesty's ship the Dolphin, commanded by the Hon. Comm. Byron, 1767” en el que se lee: "Un marinero dándole a una mujer de Patagonia un trozo de pan para su bebé".
A la derecha de la imagen hay un detalle de otro grabado de la época que muestra a soldados desenterrando un esqueleto gigante y matando un gran león.
Los primeros europeos que navegaron las costas patagónicas fueron Fernando de Magallanes y su tripulación en 1520. Su primer encuentro con los aborígenes (los Tehuelches) fue registrado por Antonio Pigafetta, el cronista de la expedición, en un famoso pasaje:
"... alcanzamos a los 49 grados y 30 minutos de latitud Sur (aclaración: por la costa atlántica de Sudamérica, en la actual República Argentina), donde encontramos un buen puerto..."
"Transcurrieron dos meses antes de que avistásemos a ninguno de los habitantes del país (alrededor del 20 de abril). Un día en que menos lo esperábamos se nos presentó un hombre de estatura gigantesca. Estaba en la playa casi desnudo, cantando y danzando al mismo tiempo y echándose arena sobre la cabeza."
"El comandante envió a Tierra a uno de los marineros con orden de que hiciese las mismas demostraciones en señal de amistad y de paz: lo que fue tan bien comprendido que el gigante se dejó tranquilamente conducir a una pequeña isla donde se encontraba el comandante. Yo también con varios otros me hallaba ahí."
"Al vernos manifestó mucha admiración y levantando un dedo hacia lo alto quería sin duda significar que él pensaba que habíamos descendido del cielo."
"Este hombre era tan alto que con la cabeza apenas le llegábamos a la cintura. Era bien formado, con el rostro ancho y teñido de rojo, con los ojos circulados de amarillo, y con dos manchas en forma de corazón en las mejillas. Sus cabellos, que eran escasos, parecían blanqueados con algún polvo. Su vestido, o mejor dicho, su capa, era de pieles cosidas entres sí, de un animal que abunda en el país, según tuvimos ocasión de verlo después. Este animal tenía la cabeza y las orejas de mula, el cuerpo de camello, las piernas de ciervo y la cola de caballo, cuyo relincho imita."
"Este hombre tenía también una especie de calzado hecho de la misma piel. Llevaba en la mano izquierda un arco corto y macizo, cuya cuerda, un poco más gruesa que la de un laúd, había sido fabricada con tripa del mismo animal; y en la otra mano, flechas de cañas, cortas, en uno de cuyos extremos tenían plumas, como las que nosotros usamos, y en el otro, en lugar de hierro, la punta de una piedra de chispa, matizada de blanco y negro. De la misma especie de pedernal fabrican utensilios cortantes para trabajar la madera."
"El comandante en jefe mandó darle de comer y de beber, y entre otras chucherías, le hizo traer un gran espejo de acero. El gigante que no tenía la menor idea de este mueble y que sin duda por primera vez veía su figura, retrocedió tan espantado que arrojó por tierra a cuatro de los nuestros que se hallaban detrás de él".
"Las mujeres no son tan grandes como los hombres, pero en cambio son más gruesas. Sus pechos colgantes tienen más de un pie de largo. Se pintan y visten de la misma manera que sus maridos, pero usan una piel delgada que les cubre sus partes naturales. Y aunque a nuestros ojos distaban enormemente de ser bellas, sin embargo sus maridos parecían muy celosos."
Pigafetta deja entrever que la conducta de los Marinos fue lentamente decepcionando a los gigantes, quienes comenzaron rápidamente a dudar que en verdad se tratase de visitantes del cielo. A pesar del asombro por los atavíos, las naves, la incomprensible abundancia de alimentos de las naves, y, sobre todo, el terror reverencial que deben haberles infundido las armas de fuego, los gigantes aborígenes dieron muestras de perspicacia y rapidez de comprensión. Incluso entre ellos mismos deben haberse producido facciones opuestas respecto de los europeos. Pigafetta continúa:
"Seis días después, algunos de nuestros marineros vieron otro gigante... Este hombre era más grande y mejor conformado que los otros, poseías maneras más suaves y danzaba y saltaba tan alto y con tanta fuerza que sus pies se enterraban varias pulgadas en la arena (!)."
"Al día siguiente obsequió al capitán uno de esos grandes animales de que hemos hablado... ; pero desde ese día no le volvimos a ver y aún sospechamos que le hubiesen muerto sus camaradas por lo que se había ligado a los nuestros."
Los europeos se prepararon para secuestrar a algunos de los nativos para poder mostrarlos y asombrar a los aristócratas de Europa. Los gigantes sospechaban algo.
"Al cabo de quince días vimos venir hacia nosotros cuatro de estos hombres, y aunque se presentaron sin armas supimos enseguida por dos de ellos que apresamos, que las habían ocultado entre los matorrales. Todos estaban pintados pero de maneras diversas."
"Quiso el capitán retener a los dos más jóvenes y mejor formados para llevarlos con nosotros durante el viaje a España; pero viendo que era difícil apresarlos por la fuerza usó el artifico siguiente: dióles gran cantidad de cuchillos, espejos y cuentas de vidrio, de tal manera que tenían las dos manos llenas; enseguida les ofreció dos de esos anillos de hierro que sirven de prisiones (grilletes encadenados) y cuando vio que deseaban mucho poseerlos porque les gusta muchísimo el hierro, y que... no podían tomarlos con las manos, les propuso ponérselos en las piernas... consintieron... y entonces nuestros hombres les aplicaron las argollas de hierro cerrando los anillos de manera que se encontraron encadenados. Tan pronto como notaron la superchería se pusieron furiosos, aullando e invocando a Setebos, que es su demonio principal..."
"...habiendo nueve de nuestros hombres más fuertes bastado apenas para arrojarlos al suelo y atarlos (consideremos que los gigantes ya estaban engrilletados con cortas cadenas), aun así uno de ellos lograba desatarse en tanto que otro hacía tan violentos esfuerzos que nuestros hombres le hirieron en la cabeza... "
Los europeos procuran luego apoderarse también de algunas mujeres y niños, pero los gigantes se dan cuenta.
"...emprendieron todos la fuga, hombres, mujeres y niños... abandonando su cabaña y todo lo que contenía. Sin embargo... uno de los hombres... hirió en un muslo con una flecha envenenada a uno de los nuestros, que murió poco después. Aunque los nuestros hicieron fuego sobre los fugitivos, no lograron atraparlos, porque... marchaban tan ligero como un caballo a escape. Los nuestros quemaron la cabaña de estos salvajes y enterraron al muerto."

Se cree que el nombre de Patagones alude a los enormes pies de los Tehuelches.

Gigantes de la cueva de Lovelock
Existe un caso famoso sobre el tema y es el que ocurrió en 1911 se encontraron, en la cueva de Lovelock, cerca de Reno, Nevada, Estados Unidos, alrededor de 60 momias muy altas, entre 2 y 3 metros, con la característica, además de su inusual estatura, que tenían cabello rojo y rasgos muy peculiares.
Esta cueva Lovelock, situada a unas 70 millas al noreste de la ciudad de Reno, en el estado de Nevada (USA). En total, se hallaron unos 60 cuerpos, muchos de ellos momificados y gran cantidad de artefactos (esculturas de piedra, hueso y madera, realistas señuelos para cazar patos, todo tipo de cestería, etc.) que se consideran de los más antiguos encontrados en el Nuevo Mundo. Sorprende entre los hallazgos unos mocasines y sandalias excesivamente grandes.
La comunidad científica de la epoca, quizás sobrepasada por la magnitud del hallazgo, acabó por quitarle importancia a esos restos humanos, y muchos fueron enterrados incluso por los propios mineros locales. Sin embargo, los indios nativos de la zona, los Paiutes o Piutes, sí que conocían de la existencia de estos seres, a través de las leyendas transmitidas oralmente de generación en generación...
Cuando fueron consultados, los indios Paiutes narran que existen leyendas transmitidas desde tiempos inmemoriales sobre batallas que ellos tuvieron con unos gigantes blancos de pelo rojo que vivían en esa zona cuando la tribu de los Piutes llegaron por primera vez al territorio de Nevada. Los Paiutes llamaban a este pueblo de gigantes blancos “Si-Te-Cah”. Según ellos, estos hombres pelirrojos eran un pueblo guerrero y varias tribus indias se unieron para luchar juntos en una larga guerra contra ellos (se cuenta que pudo durar unos mil años). En esas leyendas se describe como en esas batallas los Paiutes y sus aliados emboscaron y lucharon contra los gigantes blancos hasta que casi mataron a todos, menos unos pocos a los que forzaron a refugiarse en una cueva (que no es otra que la cueva Lovelock). Según continua la leyenda de los Paiute, después de que hubieran rodeado a los supervivientes de los gigantes dentro de la cueva, ellos apilaron matorrales a la entrada de ella y la prendieron fuego. Los Paiute cuentan como mataron a todos los que intentaron salir de la cueva. Mantuvieron el fuego vivo hasta que todos los gigantes murieron asfixiados.
Los Paiutes cuentan que los Si-Te-Cah vivían literalmente en un lago sobre el que se situaba, dominando, la cueva. Vivían en este lago para evitar los hostigamientos de los Indios por lo que sus casas estaban emplazadas sobre balsas construidas con una planta fibrosa acuática llamada tule, una especie de cáñamo. Esta planta “tule” ya no se encuentra en la zona, por lo que se cree que fue introducida por estos gigantes. La denominación de Si-Te-Cah significa “comedores de tule”. Los Paiutes y los pelirrojos de largas piernas no se llevaban demasiado bien. Los indios acusaban a los Si-Te-Cah de ser caníbales y por eso guerrearon contra ellos.
Volviendo a los tiempos modernos, en 1911 una empresa, que trataba de explotar la cueva para recoger el guano de los murciélagos como abono y fertilizante, comenzó a extraer el guano que ocupaba un espesor de 4 a 6 pies (1 a 2 metros) dentro de la cueva. Cuando ya se había extraído guano hasta alcanzar alrededor de 1 metro de profundidad, comenzaron a encontrarse diversos artefactos y utensilios. Antes de que los arqueólogos llegaran a la zona, muchos de los hallazgos fueron dañados o descartados. Pero fue en ese momento cuando lo que encontraron les dejó atónitos.
Encontraron lo que las leyendas de los indios Paiute siempre habían contado: existía un estrato de material quemado y también encontraron unas flechas rotas que probablemente habían sido disparadas desde el exterior de la cueva. La sequedad de la cueva, más otros factores climáticos (sin olvidar el efecto del guano) hicieron que muchos de esos gigantes blancos se transformaran en restos momificados. Entre los muchos bellos artefactos y objetos encontrados, se encuentran una piedra con forma de donut que tiene 365 muescas en el borde exterior (que muy posiblemente podrían indicar los 365 días del año, algo sorprendente para la antigüedad de los restos) y 52 muescas en el borde interior (que quizás podrían ser las distintas fases lunares). Muchos de estos objetos se pueden contemplar en el museo de la ciudad de Winnemucca, Nevada.
En algunos textos que me he encontrado se afirma que en estudios posteriores han confirmado que estos restos tienen una edad de más de 4 mil años. Esta antigüedad descarta cualquier relación con posibles vikingos, como ya os comenté al principio.

Según el investigador Stan Nielsen, mientras buscaba una mina de oro perdida en Nevada para un documental que estaba realizando, él tuvo la oportunidad de explorar la cueva Lovelock y visitar el pequeño, pintoresco e interesante museo de la ciudad de Lovelock, Nevada. El conservador del museo le habló sobre el cráneo de uno de los gigantes que estaba en el museo de Winnemucca.
Después de un viaje posterior que Stan Nielsen realizó a la zona, pudo obtener un molde dental a tamaño real de un hombre adulto actual de un amigo suyo que era dentista. Este molde lo llevó en un posterior viaje que hizo al museo de Winnemucca y lo pudo comparar con la mandíbula del cráneo de uno de los gigantes de la colección del museo, previo permiso por parte del conservador del museo, Stan Nielsen pudo comprobar asombrado como su molde era mucho más pequeño que la mandíbula del cráneo del gigante. De hecho, los dientes de la mandíbula del cráneo eran casi el doble de tamaño que los del molde que trajo de una persona normal actual. También había otros detalles que lo diferenciaban de los humanos de ahora.
Es una suerte que sean los museos pequeños de los pueblos y poblaciones pequeñas donde se encuentran los restos arqueológicos más interesantes ya que siempre tienden a exponer todas las pocas cosas que tienen, no como en los grandes museos donde la mayoría de las objetos terminan guardados y acumulando polvo en sus sótanos y almacenes.
Algunos de estos restos humanos, incluyendo un cráneo de casi un pie (30 cm) de largo, se pueden encontrar en la Sociedad Histórica de Nevada, en la ciudad de Reno. Aquí podéis ver algunas fotos del cráneo y de la mandíbula con la que hizo pruebas Stan Nielsen. Y a Stan en la entrada de la cueva.

Las huellas de estos gigantes pelirrojos no acaban aquí. En 1931 se descubrieron unos esqueletos en el lecho del lago Humboldt, lago próximo a la ciudad de Lovelock. El primero de esos dos esqueletos medía 8 pies y medio de alto (unos 2 metros y medio) y parecía haber sido envuelto en una tejido como de goma similar a la manera egipcia. El segundo esqueleto medía 10 pies de alto (¡3 metros de altura!). Esta noticia aparecía en el diario local Review Miner el 19 de Junio de 1931.
Ocho años después, otro misterioso esqueleto se desenterró en el rancho Friedman, cerca de Lovelock. Medía 7 pies y 7 pulgadas (unos 2 metros y 30 cm.). Esta otra noticia apareció en el mismo diario local Review Miner el 29 de Septiembre de 1939.
En cada uno de esos casos, los esqueletos o momias eran excepcionalmente altos y parecían tener una conexión con esa extraña raza de pelirrojos.
Según los indios, los Si-Te-Cah construyeron una estructura piramidal de piedra en New York Canyon, algunas millas más allá en el condado de Churchill. Desafortunadamente, en la zona son frecuentes los terremotos y las ruinas de piedra han ido destruyéndose a lo largo de los años.
No ha quedado mucho de los Si-Te-Cah. Cuando las autoridades arqueológicas oficiales rechazaron tomar su existencia en serio, un número de pequeños museos privados surgieron para rellenar el vacío. Algunos de estos museos son los mencionados anteriormente en Lovelock y la Nevada State Historical Society. Como casi siempre suele ocurrir, un incendio en uno de estos museos destruyó una colección irreemplazable de huesos, restos momificados, objetos de cuero y conchas grabadas con misteriosos símbolos. De todas maneras, los responsables de estos museos declaran que estos restos no son más que otros restos indios.
Una de las personas que ayudaron a conservar parte de los restos fue un ingeniero de minas y arqueólogo aficionado llamado John T. Reid. En 1911, cuando se descubrieron estos restos, él inmediatamente dio parte del descubrimiento a numerosas instituciones e universidades, incluyendo la Universidad de Pensilvania y el Instituto Smithsonian. Ya que pasó más de un año hasta que la Universidad de California enviara un observador no profesional a la zona, él tomó interés en los restos de los Si-Te-Cah e hizo lo que pudo para documentar los hallazgos según iban siendo desenterrados. También entrevistó a muchos habitantes locales que habían tenido conocimiento del asunto. Sus memorias se pueden encontrar en los archivos de la biblioteca y museo Nevada Historical Society Archives, en el 1650 North Virginia Street, Reno, NV 89503.
Sarah Winnemucca Hopkins, hija del jefe Paiute Winnemucca, narra muchas historias sobre los Si-Te-Cah en su libro: “Life Among the Paiutes” (Vida entre los Paiutes) publicado en 1883.
En la página 75, ella narra: “Mi pueblo dice que la tribu que exterminamos tenía el pelo rojizo. Yo tengo algunos de esos cabellos, los cuales han ido pasando de mano a mano de padres a hijos durante generaciones. Yo tengo un vestido que ha pertenecido a nuestra familia durante muchísimo tiempo, decorado con ese cabello rojizo. Me lo pondré en algún momento cuando yo dé una conferencia. Se llama vestido del luto, y nadie más tiene un vestido como éste excepto mi familia”. En otra parte del libro explica que estos gigantes de pelo rojizo llegaron a este territorio por barco, al parecer cuando esta zona era parte de un mar interior. Eran en número unos 2600, su pueblo los llamaba Sai-i, eran de una raza diferente, hablaban una lengua diferente y mantuvieron una larga guerra con su pueblo.

Gigantes de Australia


Huella gigante de un pie humano situada en el parque nacional de Kanangra (Australia)

Gigantes en la Biblia
Gén 6:4 Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos. Estos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de renombre.
Núm 13:33También vimos allí gigantes, hijos de Anac,
de los gigantes: y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos [también] a ellos.
Deu 1:28¿Adónde iremos? Nuestros hermanos nos dejaron sin aliento, cuando nos dijeron: 'Son gente más grande y más alta que nosotros; las ciudades son enormes y están provistas de murallas que se elevan hasta el cielo. Allí vimos también a los anaquitas'".
Deu 2:10Antiguamente habían estado allí los emíes, un pueblo fuerte, numeroso y de elevada estatura como los anaquitas.
Deu 2:11Tanto ellos como los anaquitas eran tenidos por gigantes, pero los moabitas los llaman emíes.
Deu 2:20También este era considerado un país de gigantes; habitaron en ella gigantes en otro tiempo, a los cuales los amonitas llamaban zomzomeos;
Deu 2:21Eran un pueblo fuerte, numeroso y de elevada estatura como los anaquitas; pero el Señor los destruyó por medio de los amonitas, que los desposeyeron y se establecieron en lugar de ellos.

La Biblia contiene abundantes referencias a una raza de gigantes que desapareció al principio de la historia humana. Los hebreos se referían a ellos como refaíms. "Allí nacieron los gigantes, los famosos desde la antigüedad, de alta estatura, diestros en la guerra. Pero no eligió Dios a éstos ni les dio a conocer el camino de la sabiduría, y así perecieron por falta de prudencia."
En el Libro Primero de Samuel (17,4), leemos: "Salió de las filas de los filisteos un hombre llamado Goliat, de Gat, que tenía de talla seis codos y un palmo. Cubría su cabeza con un casco de bronce y llevaba una coraza escamada, de bronce también, de cinco mil siclos de peso."
Si traducimos las unidades empleadas, su estatura alcanzaría los 3,20 metros. La coraza pesaría 72,5 kilogramos.
"Og, rey de Basán, era el único que de la raza de los refaím quedaba; como puede apreciarse por su sarcófago, que todavía se encuentra en Rabat de los hijos de Ammón, es un sarcófago de basalto de nueve codos de largo y de cuatro codos de ancho, codos humanos." Deuteronomio 3,11.
Según este texto, el último de los gigantes dormía en un duro lecho de 4,5 metros de largo por dos de ancho.

