Salida del default
Las ofertas superaron en más de 300% el monto necesario y la nueva administración colocó US$16.500 millones. Para colocar todo en su justa perspectiva cabe aclarar que la intención de suscribir nuevos Bonos argentinos no fue una avalancha sino una estrategia de los inversores. La mayoría que tenía decidido invertir realizó diversas ofertas todas con diferentes tasas para asegurar la suscripción, lo cual generó la falsa impresión de una avalancha. Lo que realmente hubo fue una fuerte demanda controlada.
La operación resultó decididamente exitosa porque el país estuvo casi 15 años fuera de los mercados internacionales y se concretó con cuatro bonos a 3, 5, 10 y 30 años. La tasa promedio fue de 7,2%, de US$2.750 millones (tasa de 6,25%), US$4.500 millones (6,69%), US$6.500 millones (7,5%) y US$2.750 millones (7,62%) en el último tramo se emitió por debajo de la par con una TIR cercana a 8%.
Con eso y otras medidas no tan relevantes, se logró salir del default técnico y dejar resuelto casi el 98% del default de 2001.
Esto facilita a la Argentina a volver a los mercados de crédito en un momento en que las tasas de interés internacionales siguen siendo muy bajas. Después de esta venta de Bonos quedan por pagar US$2.600 millones y $220.000 millones de pesos, que en se financiarían localmente.
Como obtener el máximo provecho en lo inmediato por volver a los mercados internacionales es algo que dependerá de la política monetaria. En lo subjetivo es un paso adelante muy grande para la nueva administración porque genera confianza en un momento extremadamente delicado para la economía.
Salir del default es una condición necesaria para restablecer la confianza y la seguridad jurídica. Además, será determinante en la baja de la inflación que veremos en la segunda mitad del año, y también dará lugar a una reactivación de la actividad económica pero en el largo plazo.
Desde que el 13 de abril la cámara de apelaciones de Nueva York avaló los acuerdos de Argentina con los holdouts, ratificando la salida del default, el dólar cayó 50 centavos, el riesgo país 44 puntos y la bolsa subió 9%. Muy bueno pero a largo plazo y si se convalida la tendencia con una sana política monetaria.
Conseguir un acuerdo y una salida del default es percibido por la población como un éxito de alcances que no comprende pero alegra y ofrece al hombre común un difuso alivio que en lo inmediato no resuelve ninguno de los problemas concretos que diariamente debe sobrellevar y que claramente se han agravado desde que asumió la nueva administración. La población, la gente, vive hoy una situación claramente desmejorada respecto de su vida con la administración anterior.
Lo ejecutado por la nueva administración impacta favorablemente en lo inmediato a las empresas agropecuarias, a los exportadores industriales – que aun no han reaccionado – y a los intermediarios de las exportaciones del sector privado, sectores que no son en absoluto intensivos de mano de obra ni generan reactivación en el corto o mediano plazo en el nivel de empleo o la actividad industrial y de servicios que es de donde el 75% de la población obtiene sus ingresos.
Por el contrario, la población ha recibido un incremento del costo de vida enorme por la devaluación y por el comportamiento de los formadores de precios que no fueron controlados, contenidos ni se negoció con ellos nada y que ha llegado en tres meses a superar el 15%.
La imagen del gobierno no se ha deteriorado en la forma proporcional que hubiera correspondido a su pésima comunicación porque la población aun está bajo los efectos de la anestesia que le colocó la administración anterior que acostumbró a la gente a soportar lo insoportable, por el alivio de no tener las ominosas presiones diarias de la Presidencia y porque en buena medida se ha iniciado una novela judicial que atrapa a diario con supuestas revelaciones escandalosas.
La población no ha tomado nota que todo lo que hoy se dice estar en proceso de revelaciones judiciales es una porción muy pequeña, descartable, comparada con la tremenda mala praxis administrativa anterior que generó pérdidas y desequilibrios miles de veces mas perjudiciales que un variopinto grupo de ineptos estafadores correteando por todas partes con bolsos de dinero, desde Jujuy hasta Santa Cruz.
Hay un alto grado de desilusión, tanto en el gobierno como en la población.
La nueva administración sobrevaloró el cambio de expectativas y nombres presumiendo que conseguiría resultados rápidos. Pero no fue así excepto por la decisiva salida del default que muy pronto dejará de ser la noticia del día en la mente de una población que vive tiempos (el bache) muy duros: una inflación de alimentos enorme, y mayores costos de infraestructura de vida que en poco tiempo más será motivo de luchas corporativas entre sindicatos y gobierno.
Cuando se corrigen los precios relativos claves (el tipo de cambio y las tarifas públicas), es inevitable soportar varios meses de alta inflación. Muy especialmente si se realizan en un contexto con inflación elevada, porque cuanto mayor es la inflación ¨vigente¨ al momento de una devaluación tanto más rápido es el traslado a precios, y cuando se reacomoda la macroeconomía inevitablemente cae la actividad.
Hubo entonces una primera etapa con dos dificultades insalvables que la nueva administración subestimó: la inflación y la caída del nivel de actividad sobre las que no supo como comunicarlas ni atenuarlas.
Todo análisis debe basarse en datos concretos, por eso es necesario dejar claro que la inflación ha superado el 15% desde que asumió la nueva administración, el nivel de actividad de toda la economía cayó mas de 7% en volúmenes de venta y todas las Cámaras que los agrupan, siendo los mas afectados los alimentos, los servicios básicos y la indumentaria. A esto debe agregarse que los combustibles se han convertido en una carga enorme para la población de menores recursos y muy incómoda para la clase media a quienes le ha comenzado a cambiar hábitos de vida. También se refleja en el hecho que las Pymes deben extender plazos de pago y cobro con una gran carga financiera.
Que son las LEBAC:
Son Letras del Banco Central, instrumentos de deuda (pagarés del estado) que el Banco Central utiliza para controlar la cantidad de dinero en la economía y tratar de bajar la inflación. En la coyuntura actual, el BCRA sale a vender Lebac con el objetivo de que la gente le entregue – por medio de los Bancos – sus pesos a cambio de recibir un interés a futuro.
Hoy en día están pagando un 38% anual si se suscribe una Lebac con un plazo de 35 días, algo que parece peligroso con una meta de inflación de 25% para el segundo semestre. Con eso se busca reducir la enorme masa de dinero que fue generada por las emisiones descontroladas de la administración anterior.
La utilización de las LEBAC se debe a la imprescindible política monetaria contractiva del Central, que debe contener la inflación y ayudar a morigerar presiones cambiarias sacando billetes del mercado. El stock de LEBAC trepó 70% desde el cambio de autoridades.
La cantidad de LEBAC crece por el pago de intereses: además de la cancelación del capital, las LEBACs pagan intereses al vencimiento por los cuales hay que colocar nuevas letras adicionales (por el capital más los intereses) si se desea evitar un aumento de los agregados monetarios, lo cual hace que se genere un efecto tipo bola de nieve que multiplica la carga de deuda.
Existen algunas políticas a implementar que podrían morigerar el creciente stock de LEBAC, aunque por el momento las autoridades no se han inclinada por ellas. Pueden aumentarse los encajes para el sistema financiero local. Esta medida permitiría esterilizar pesos sin abultar el stock de deuda del Central ni incurrir en pérdidas por el pago de intereses. Es un costo que bien deberían pagar los híper rentables bancos locales, inmovilizando dinero sin cobrar intereses.
Las diversas cámaras que agrupan Pymes y Cooperativas han publicado una severa reducción de sus operaciones en unidades tanto de bienes como de servicios que superan el 10% en los dos últimos meses.
Por otra parte, la política explícitamente monetarista aplicada desde el Banco Central para reducir la inflación inicialmente favorece al sistema financiero que ya venía operando con grandes utilidades, al quitarles riesgos de crédito y costos operativos cuando les colocan las LEBAC a tasas positivas respecto de la inflación. Esto – al 38% – resta capacidad de préstamos de los Bancos a los particulares, eleva las tasas de interés para operaciones de consumo individual (llegan a mas del 75% para tarjetas de crédito) y no ayuda a establecer un piso a la inflación.
Que podemos esperar en los próximos meses:
La vuelta a los mercados de capitales y la recuperación del crédito internacional abrió la puerta a inversiones en el mediano plazo y en el corto plazo habrá una mayor oferta de dólares en el mercado cambiario por la venta de la cosecha. No obstante en estos meses se hará más evidente la caída de la actividad.
La recesión no terminará en el segundo trimestre y queda por ver que tan rápido bajará la tasa de inflación: a partir de julio no debería ser más de dos por ciento mensual. Es algo incierto también, cuán rápido bajará el BCRA la tasa de interés y comenzará a facilitar el crédito. Será una pulseada entre el retorno del crédito y una mayor holgura cambiaria por un lado versus la dificultad inflacionaria y la recesión por el otro.
Los cortos plazos de colocación de los títulos del Central junto con la elevada tasa de interés (actualmente las letras de más corto plazo a 35 días tienen un rendimiento anual del 38%), han abultado en los últimos meses el pago de intereses. Si la necesidad de esterilización se achica al mínimo y la tasa de interés se ubica en línea con el aumento del PBI nominal, recién allí el stock de LEBAC dejará de crecer como una bola de nieve.
Existen algunas políticas a implementar que podrían morigerar el creciente stock de LEBAC, aunque por el momento las autoridades del BCRA no se han inclinada por ellas. Por un lado puede destacarse la suba de encajes para el sistema financiero local. Esta medida permite esterilizar pesos sin abultar el stock de deuda del Central ni incurrir en pérdidas por el pago de intereses (el costo lo pagarían los bancos locales, puesto que tendrían que inmovilizar dinero sin cobrar intereses).
Otra alternativa para bajar el costo de la esterilización es bajar las tasas de interés. Sin embargo, el BCRA se ha comprometido a mantener elevadas las tasas hasta que la inflación baje significativamente por lo que es muy posible una baja significativa de tasas recién a partir de la segunda mitad del año.
Para ese entonces, la apreciación cambiaria no va generar ahorros por el dólar futuro y, probablemente, la inflación volvería al 2% mensual.
Las ofertas superaron en más de 300% el monto necesario y la nueva administración colocó US$16.500 millones. Para colocar todo en su justa perspectiva cabe aclarar que la intención de suscribir nuevos Bonos argentinos no fue una avalancha sino una estrategia de los inversores. La mayoría que tenía decidido invertir realizó diversas ofertas todas con diferentes tasas para asegurar la suscripción, lo cual generó la falsa impresión de una avalancha. Lo que realmente hubo fue una fuerte demanda controlada.
La operación resultó decididamente exitosa porque el país estuvo casi 15 años fuera de los mercados internacionales y se concretó con cuatro bonos a 3, 5, 10 y 30 años. La tasa promedio fue de 7,2%, de US$2.750 millones (tasa de 6,25%), US$4.500 millones (6,69%), US$6.500 millones (7,5%) y US$2.750 millones (7,62%) en el último tramo se emitió por debajo de la par con una TIR cercana a 8%.
Con eso y otras medidas no tan relevantes, se logró salir del default técnico y dejar resuelto casi el 98% del default de 2001.
Esto facilita a la Argentina a volver a los mercados de crédito en un momento en que las tasas de interés internacionales siguen siendo muy bajas. Después de esta venta de Bonos quedan por pagar US$2.600 millones y $220.000 millones de pesos, que en se financiarían localmente.
Como obtener el máximo provecho en lo inmediato por volver a los mercados internacionales es algo que dependerá de la política monetaria. En lo subjetivo es un paso adelante muy grande para la nueva administración porque genera confianza en un momento extremadamente delicado para la economía.
Salir del default es una condición necesaria para restablecer la confianza y la seguridad jurídica. Además, será determinante en la baja de la inflación que veremos en la segunda mitad del año, y también dará lugar a una reactivación de la actividad económica pero en el largo plazo.
Desde que el 13 de abril la cámara de apelaciones de Nueva York avaló los acuerdos de Argentina con los holdouts, ratificando la salida del default, el dólar cayó 50 centavos, el riesgo país 44 puntos y la bolsa subió 9%. Muy bueno pero a largo plazo y si se convalida la tendencia con una sana política monetaria.
Inflación, recesión y desencanto inminente
Conseguir un acuerdo y una salida del default es percibido por la población como un éxito de alcances que no comprende pero alegra y ofrece al hombre común un difuso alivio que en lo inmediato no resuelve ninguno de los problemas concretos que diariamente debe sobrellevar y que claramente se han agravado desde que asumió la nueva administración. La población, la gente, vive hoy una situación claramente desmejorada respecto de su vida con la administración anterior.
Lo ejecutado por la nueva administración impacta favorablemente en lo inmediato a las empresas agropecuarias, a los exportadores industriales – que aun no han reaccionado – y a los intermediarios de las exportaciones del sector privado, sectores que no son en absoluto intensivos de mano de obra ni generan reactivación en el corto o mediano plazo en el nivel de empleo o la actividad industrial y de servicios que es de donde el 75% de la población obtiene sus ingresos.
Por el contrario, la población ha recibido un incremento del costo de vida enorme por la devaluación y por el comportamiento de los formadores de precios que no fueron controlados, contenidos ni se negoció con ellos nada y que ha llegado en tres meses a superar el 15%.
La imagen del gobierno no se ha deteriorado en la forma proporcional que hubiera correspondido a su pésima comunicación porque la población aun está bajo los efectos de la anestesia que le colocó la administración anterior que acostumbró a la gente a soportar lo insoportable, por el alivio de no tener las ominosas presiones diarias de la Presidencia y porque en buena medida se ha iniciado una novela judicial que atrapa a diario con supuestas revelaciones escandalosas.
La población no ha tomado nota que todo lo que hoy se dice estar en proceso de revelaciones judiciales es una porción muy pequeña, descartable, comparada con la tremenda mala praxis administrativa anterior que generó pérdidas y desequilibrios miles de veces mas perjudiciales que un variopinto grupo de ineptos estafadores correteando por todas partes con bolsos de dinero, desde Jujuy hasta Santa Cruz.
Hay un alto grado de desilusión, tanto en el gobierno como en la población.
La nueva administración sobrevaloró el cambio de expectativas y nombres presumiendo que conseguiría resultados rápidos. Pero no fue así excepto por la decisiva salida del default que muy pronto dejará de ser la noticia del día en la mente de una población que vive tiempos (el bache) muy duros: una inflación de alimentos enorme, y mayores costos de infraestructura de vida que en poco tiempo más será motivo de luchas corporativas entre sindicatos y gobierno.
Cuando se corrigen los precios relativos claves (el tipo de cambio y las tarifas públicas), es inevitable soportar varios meses de alta inflación. Muy especialmente si se realizan en un contexto con inflación elevada, porque cuanto mayor es la inflación ¨vigente¨ al momento de una devaluación tanto más rápido es el traslado a precios, y cuando se reacomoda la macroeconomía inevitablemente cae la actividad.
Hubo entonces una primera etapa con dos dificultades insalvables que la nueva administración subestimó: la inflación y la caída del nivel de actividad sobre las que no supo como comunicarlas ni atenuarlas.
Todo análisis debe basarse en datos concretos, por eso es necesario dejar claro que la inflación ha superado el 15% desde que asumió la nueva administración, el nivel de actividad de toda la economía cayó mas de 7% en volúmenes de venta y todas las Cámaras que los agrupan, siendo los mas afectados los alimentos, los servicios básicos y la indumentaria. A esto debe agregarse que los combustibles se han convertido en una carga enorme para la población de menores recursos y muy incómoda para la clase media a quienes le ha comenzado a cambiar hábitos de vida. También se refleja en el hecho que las Pymes deben extender plazos de pago y cobro con una gran carga financiera.
Que son las LEBAC:
Son Letras del Banco Central, instrumentos de deuda (pagarés del estado) que el Banco Central utiliza para controlar la cantidad de dinero en la economía y tratar de bajar la inflación. En la coyuntura actual, el BCRA sale a vender Lebac con el objetivo de que la gente le entregue – por medio de los Bancos – sus pesos a cambio de recibir un interés a futuro.
Hoy en día están pagando un 38% anual si se suscribe una Lebac con un plazo de 35 días, algo que parece peligroso con una meta de inflación de 25% para el segundo semestre. Con eso se busca reducir la enorme masa de dinero que fue generada por las emisiones descontroladas de la administración anterior.
La utilización de las LEBAC se debe a la imprescindible política monetaria contractiva del Central, que debe contener la inflación y ayudar a morigerar presiones cambiarias sacando billetes del mercado. El stock de LEBAC trepó 70% desde el cambio de autoridades.
La cantidad de LEBAC crece por el pago de intereses: además de la cancelación del capital, las LEBACs pagan intereses al vencimiento por los cuales hay que colocar nuevas letras adicionales (por el capital más los intereses) si se desea evitar un aumento de los agregados monetarios, lo cual hace que se genere un efecto tipo bola de nieve que multiplica la carga de deuda.
Existen algunas políticas a implementar que podrían morigerar el creciente stock de LEBAC, aunque por el momento las autoridades no se han inclinada por ellas. Pueden aumentarse los encajes para el sistema financiero local. Esta medida permitiría esterilizar pesos sin abultar el stock de deuda del Central ni incurrir en pérdidas por el pago de intereses. Es un costo que bien deberían pagar los híper rentables bancos locales, inmovilizando dinero sin cobrar intereses.
Las diversas cámaras que agrupan Pymes y Cooperativas han publicado una severa reducción de sus operaciones en unidades tanto de bienes como de servicios que superan el 10% en los dos últimos meses.
Por otra parte, la política explícitamente monetarista aplicada desde el Banco Central para reducir la inflación inicialmente favorece al sistema financiero que ya venía operando con grandes utilidades, al quitarles riesgos de crédito y costos operativos cuando les colocan las LEBAC a tasas positivas respecto de la inflación. Esto – al 38% – resta capacidad de préstamos de los Bancos a los particulares, eleva las tasas de interés para operaciones de consumo individual (llegan a mas del 75% para tarjetas de crédito) y no ayuda a establecer un piso a la inflación.
Que podemos esperar en los próximos meses:
La vuelta a los mercados de capitales y la recuperación del crédito internacional abrió la puerta a inversiones en el mediano plazo y en el corto plazo habrá una mayor oferta de dólares en el mercado cambiario por la venta de la cosecha. No obstante en estos meses se hará más evidente la caída de la actividad.
La recesión no terminará en el segundo trimestre y queda por ver que tan rápido bajará la tasa de inflación: a partir de julio no debería ser más de dos por ciento mensual. Es algo incierto también, cuán rápido bajará el BCRA la tasa de interés y comenzará a facilitar el crédito. Será una pulseada entre el retorno del crédito y una mayor holgura cambiaria por un lado versus la dificultad inflacionaria y la recesión por el otro.
Los cortos plazos de colocación de los títulos del Central junto con la elevada tasa de interés (actualmente las letras de más corto plazo a 35 días tienen un rendimiento anual del 38%), han abultado en los últimos meses el pago de intereses. Si la necesidad de esterilización se achica al mínimo y la tasa de interés se ubica en línea con el aumento del PBI nominal, recién allí el stock de LEBAC dejará de crecer como una bola de nieve.
Existen algunas políticas a implementar que podrían morigerar el creciente stock de LEBAC, aunque por el momento las autoridades del BCRA no se han inclinada por ellas. Por un lado puede destacarse la suba de encajes para el sistema financiero local. Esta medida permite esterilizar pesos sin abultar el stock de deuda del Central ni incurrir en pérdidas por el pago de intereses (el costo lo pagarían los bancos locales, puesto que tendrían que inmovilizar dinero sin cobrar intereses).
Otra alternativa para bajar el costo de la esterilización es bajar las tasas de interés. Sin embargo, el BCRA se ha comprometido a mantener elevadas las tasas hasta que la inflación baje significativamente por lo que es muy posible una baja significativa de tasas recién a partir de la segunda mitad del año.
Para ese entonces, la apreciación cambiaria no va generar ahorros por el dólar futuro y, probablemente, la inflación volvería al 2% mensual.