INFILTRADAS EN UN CLUB SWINGER Un sector exclusivo para parejas, piscina climatizada, una sala donde “vale todo”, un sex shop, una disco y un sector nudista. Fuimos hasta el club swinger más famoso de Buenos Aires, donde todos los sentidos son parte de la experiencia. En su página web se jactan de ser el club swinger más importante de Sudamérica. “Anchorena es un club liberal, nadie está obligado a nada, ni nada garantiza nada…”. Con esa frase amplia y sugerente se presentan ante un público de lo más diverso, tanto si hablamos de lugares de procedencia como de gustos. ¿Cómo terminamos ahí con mi amiga? No, no somos pareja, ni nos van esas prácticas. Un amigo nos habló del lugar, y la curiosidad -como a tantos otros- nos llevó hasta allá un fin de semana largo en Buenos Aires. Nos daba no sé qué decirle al taxista la dirección exacta y que nos dejara en la puerta, así que optamos por mencionarle la esquina más próxima. Astuto y haciéndonos sentir más que nunca “del interior”, el joven -Maxi, 28- no tardó en preguntar si íbamos al club swinger y hasta llegó a “tirarse el lance” de auto-invitarse, siempre y cuando hiciéramos una “vaquita” para pagar su entrada. Maxi, claro, había estado antes en Anchorena. Pero la historia continuó sin él. Lo primero que hay que saber es que en el club swinger más famoso de Buenos Aires están prohibidos celulares y carteras. Y si bien no estás obligado, es recomendable dejar el abrigo también. Luego de depositar todo en el guardarropas y antes de ingresar, un guardia de seguridad corrobora con un detector que efectivamente te hayas despojado del móvil o cualquier aparato electrónico. Te preguntan si es tu primera vez… en el lugar. Entonces, una coordinadora te explica el funcionamiento del club y las reglas. Te repite una y otra vez que no estás obligado a nada y que si alguien te molesta podés “denunciarlo” con un guardia. ¡Ah! Y también que está terminantemente prohibido tener sexo en la piscina. Antes de dejarnos explorar por nuestra cuenta, la guía pide poner atención en la señalización que tiene cada sala o área, en español e inglés. Y es que no se puede ingresar a todos lados, los solos y solas -identificados con una pulserita- no pueden estar en el sector exclusivo para parejas, por ejemplo. Eso sí, pueden ser voyeurs de lo que allí sucede desde una especie de “palco preferencial”. Un sector solo para parejas, un área con piscina climatizada, una sala donde “vale todo”, un sex shop, una disco y un sector nudista al que solo se accede sin ropa y con invitación. El complejo de cinco pisos -originalmente un apart hotel- abarca todos estos espacios, además de habitaciones que se pueden alquilar. Con nuestras pupilas dilatadas por la oscuridad, nos dirigimos de un lugar a otro sin hacer esfuerzo alguno por retener esas imágenes. No hizo falta. Lo que vimos iba a quedar grabado en nuestra memoria aunque hubiésemos intentado olvidarlo. Tres chicas besándose y tocándose en la disco, un trío compuesto por una mujer y dos hombres teniendo sexo en la habitación del “vale todo”, una chica con la falda por la cintura “montando” a un chico en la sala para parejas. Besos de lengua, hombres con los pantalones bajos, mujeres practicando sexo oral… son las imágenes “normales” que se suceden en Anchorena. Porque de eso precisamente se trata. De mirar y buscar la oportunidad de involucrarte o sumarte en esa movida, de cumplir una fantasía o probar algo nuevo con tu pareja y hacerlo público, o simplemente de ceder ante la curiosidad de “lo que te contaron” y comprobarlo con tus propios ojos. A los habitués de un lugar como éste les gusta que los miren. Y les gusta mirar. Después estamos los turistas y curiosos, que no necesitamos repetir la visita. En el “mirador” de la sala exclusiva para parejas, junto a un gran grupo de “solos”, ávidos por observar algo de sexo “convencional, conocimos a Dani -36-, quien nos contó que ésta era la tercera vez que visitaba el club, y que “todavía” no se había puesto en acción, solo había tenido la oportunidad de mirar. En la sala “vale todo”, mientras dos parejas tenían sexo cada una por su lado , una quinta persona los observaba bien de cerca, sobre la “cama” común, esperando que una pareja lo incluyera. En el sex shop, accesorios, cotillón, juguetes, lencería, aromas y geles estimulantes, preservativos, chupetines “Pico Dulce” y cigarrillos son la gama de productos que ofrece cualquier tienda erótica. Quisimos saber qué compraba el público de Anchorena. Luego de charlar un rato con el vendedor, de hacernos pasar por clientas -interesadas en algunos productos- y de observar algunas transacciones, pudimos confirmar que los ítems de kiosco -los últimos tres mencionados- y la lencería erótica eran lo que más se llevaba la gente. Luego de ver “suficiente” emprendimos nuestra retirada no sin antes recibir un halago para nuestra autoestima. A la salida, el manager del lugar nos piropeó e invitó a quedarnos. Trató en vano de convencernos con la promesa de convidarnos cualquier cosa que quisiéramos tomar. Es que las mujeres solas, son un bien escaso en Anchorena, tal vez por eso entran gratis y reciben un trago free. Agradecimos con una sonrisa y nos tomamos un taxi en la puerta, ya sin pudor por lo que el conductor pudiera pensar. Estábamos en estado de shock. Si como a nosotras la curiosidad te mata y decidís visitar este u otro club swinger, no dejés de chequear antes la página web del lugar. En el caso de Anchorena hay noches “temáticas” y los precios de las entradas varían dependiendo del día y la hora. El lunes, por ejemplo, es la Noche Gay. Los miércoles de Fiesta Mixta se invita a “parejas, solas, solos, gays, traviesas y cross”… el resto de las noches son bienvenidas parejas, solas y solos. En el mismo sitio web se aclara que “los hombres solos deben recordar que concurren a un ambiente swinger que es netamente para parejas, más allá de las fantasías, son invitados a un espacio que no es de por sí para ellos, no por eso serán maltratados, y siempre y cuando sepan entender los límites, sean pacientes y observadores, podrán tener una excelente noche, por favor sigan las instrucciones de coordinadores y personal de control”. Y si hablamos de precios, los solos pagan de 200 a 350 pesos y las parejas de cero a 230 pesos, dependiendo del día y la hora. Las solas -ya lo dijimos-, son las “afortunadas” que entran gratis siempre. El hecho de haber sentido, conocido y presenciado lo que pasa en un club swinger no puede compararse ni siquiera a ver una película porno en grupo. Siempre respetando los códigos de convivencia, ves sexo en vivo y en directo -podés participar también, claro-. Y aquí no solo interviene la vista; los sonidos, los olores, el calor… son parte de una experiencia no apta para impresionables.
Así funciona un club swinger: Testimonio de una periodista
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