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La moda mas estúpida de todos los tiempos

Info6/11/2016
El radio es un elemento químico de la tabla periódica descubierto en 1898 por Marie Skłodowska-Curie y su marido Pierre. El radio es extremadamente radiactivo, un millón de veces más que el uranio. Y, sin embargo, hubo una época, a principios del siglo XX, en que el radio se puso de moda, hasta el punto de que se usaba radio para todo. Pero ¿por qué? ¿por qué se puso de moda? Pues gracias a que la radiactividad del radio da lugar a luminiscencia, es decir, a una suave luz verde o azul, especialmente apreciable en la oscuridad. Podían verse promocionales desde maquillaje hasta agua radiactiva, que aseguraba la "buena salud de tu familia", slogan ampliamente utilizado durante esta letal fiebre. El reciente fenómeno, supuso un nuevo recurso que permitía a las empresas atraer a los curiosos, cuyos bolsillos no dudaban en vaciar, comprando una gran variedad productos radiactivos para “mejorar su salud”, según decía la maravillosa campaña de marketing empleada y apoyada por los medios de comunicación. Entre los artículos que contenían radio como parte de sus ingredientes, pueden mencionarse: jabones, jarabes para la tos, ungüentos, cremas, maquillajes, dentífricos, supositorios, agua, perfumes, gelatinas, entre otros. Todos estos productos podían adquirirse en farmacias y la publicidad que los acompañaban prometía que eran casi "milagrosos". Algunas marcas como Tho-Radia y Radium fabricaban y popularizaban esta clase de artículos, que la gente encantada, adquiría sin ser conscientes del peligro que albergaban. Por supuesto que estas falsas afirmaciones estaban avaladas por falsos estudios científicos que a los consumidores poco o nada les importaba mientras no se quedarán atrás en la adquisición de los “mejores” productos del momento. A continuación te muestro los artículos mas populares de aquel momento El Radio en los productos cosméticos prometía ser la bendición. En los glamourosos años 1930, las mujeres querían ser el centro de atención de todas las miradas. De la noche a la mañana, el mercado se llenó de bebedizos y cremas que contenían radio y que prometían aumentar la virilidad o impedir la caída del pelo (aunque se consiguiera el efecto contrario en tiempo record). Durante años, se utilizó el producto de manera inconsciente hasta que empezaron a morir los primeros afectados: trabajadores que morían en apenas unos meses o víctimas de sus propias invenciones a las que el cáncer devoraba los huesos. Para algunos, el descubrimiento de los letales efectos del radio llegó demasiado tarde. link: https://www.youtube.com/watch?v=cBoD_zRfz_4 Tho-Radia: Marca de belleza radioactiva que era anunciada como la creación de un tal Alfred Curie, inventado por la propia farmacéutica. Propone mujeres luminosas y labios refulgentes a base de cremas, lápices, coloretes, dentífricos y jabones bien nutridos de radio para que la hermosura brille en la oscuridad. Los fabricantes de este cosmético, compuesto a partes iguales de torio y radio, no solo prometían iluminar la cara de las damas, sino que anunciaban sus supuestos poderes “curativos”. Radithor: Comercializado entre 1918 y 1928, contenía una pequeña cantidad de agua destilada a la que se añadía una porción de radio. Se anunciaba como una “fuente de luz permanente” capaz de curar el cáncer, las enfermedades mentales y hasta la impotencia. El conocido empresario Eben Byers se convirtió en el más firme defensor de Radithor y se tomó tres botellas al día durante dos años. En 1930, tuvo que dejarlo tras comprobar que su mandíbula se caía literalmente a trozos por el efecto del radio sobre los huesos. Su muerte, en 1932, fue el primer aviso de que lo que estaban consumiendo miles de ciudadanos era una bomba de relojería. Pasta de dientes Doramad: Torio radiactivo para los dientes. Fue producida durante la Segunda Guerra Mundial por la casa Auergesellschaft de Berlín. Como reclamo publicitario, sus fabricantes aseguraban a los usuarios una sonrisa “radiante”. En el dorso del tubo dentífrico se podía leer lo siguiente: “la radioactividad incrementa las defensas de los dientes y las encías”. Radiendocrinator: Fabricado por los supuestos Laboratorios Endrocrinos Americanos, y recomendado para mejorar la salud de los varones. Según sus creadores, el artilugio debía colocarse sobre las glándulas endocrinas para producir sus beneficios. Recomendaban llevarlo en el bolsillo o colocarlo bajo el escroto durante la noche. Supositorios Vita Radium: producidos por una compañía de Denver, los supositorios garantizaban a los hombres “desanimados y débiles” una rápida recuperación gracias a los efectos del radio sobre las glándulas. Preservativos Nutex: Estos condones radiactivos, gracias al radio que contenían, mejoraba la potencia sexual del que los llevaba. Provaradior: Comercializado en Francia, se anunciaba como un poderoso revitalizante para los animales de granja, que crecerían más y más fuertes gracias a los efectos del radio. Tabletas de chocolate: Fabricadas por la casa Burk & Braun, se vendieron en Alemania entre 1931 y 1936 bajo el reclamo de sus poderes rejuvenecedores. Revigator, jarras para radiar el agua: fue una de las prácticas más comunes durante los años 20 y 30. Entre todos los sistemas, el Revigator fue el que alcanzó mayor popularidad: “Rellena la jarra de agua cada noche, los millones de rayos penetran en el agua para formar ese saludable elemento que es la RADIO-ACTIVIDAD. Al día siguiente, toda la familia dispone de seis litros de auténtica y saludable agua radioactiva. Bebe tranquilamente cada vez que tengas sed hasta completar una media de seis vasos al día”. Lana radioactiva para hacerle chambritas a su bebe. Juguetes radiactivos Pero no todo queda ahí, aunque el uso de la radiactividad en cosméticos y medicinas acabó sus días pronto, en otros productos como los juguetes seguía estando presente. Un ejemplo es este pequeño laboratorio que era uno de los más elaborados que se fabricaron. Estuvo a la venta hasta 1952, por su elevado coste (unos 35€) fue corto su periodo de vida. El juego contenía cuatro tipos de mineral de uranio, una fuente de beta-alfa (Pb-210), una fuente de beta puro (Ru-106), una fuente de rayos gamma (Zn-65), un espintariscopio, una cámara de niebla con su propia fuente alfa (Po-210), un electroscopio, un contador Geiger, un manual, un libro de historietas (Dagwood Divide el Atomo) y el manual “La prospección de uranio”. Era evidente que los compradores de tan peculiares productos, tarde o temprano, presentarían algún mal que no tardarían en relacionar con la radiactividad de los mismos. Los científicos ya sospechaban esto desde el comienzo, no obstante, no fue hasta 1930 que pudo establecerse una relación causa-efecto. Seguro te has topado con esos relojes de pulsera que brillan en la oscuridad, ¿Lindos no?, bueno, los primeros relojes que presentaban esta característica eran pintados con una tinta fabricada con radio, patentada por la empresa US Radium Corporation. La pintura, llamada “Undark”, era aplicada con un pincel sobre la carátula del reloj, lo que le permitía brillar en la oscuridad y así hacerle saber a su portador qué hora era exactamente en cualquier momento. El problema radicaba en que los empleados no contaban con ningún tipo de protección mientras desempeñaban su labor y, por supuesto, tampoco tenían información alguna del riesgo al que se exponían. Esta modalidad en los relojes, surgió de la necesidad que tenían los soldados para conocer la hora durante la noche (en determinadas situaciones), sin indicar su posición al utilizar alguna luz. Y en una fábrica dedicada a la elaboración de esta clase de instrumentación para el ejército de Estados Unidos, eran chicas jóvenes las que se encargaban de pintar dicho instrumental. Muchas de ellas acostumbraban “chupar “ el pincel para darle forma o, ya que la pintura brillaba, gustaban de pintar sus uñas y su rostro con ella. Se supo que de las 70 empleadas que laboraban en la fábrica, el 80% desarrolló algún tipo de cáncer, y la mayoría sufrieron de una malformación en su mandíbula inferior. La empresa tuvo que pagar una indemnización a las afectadas, conocidas desde ese entonces como “las chicas del radio”.
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