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Creepypasta - Historia de la bruja y Boca campeon 1992

Paranormal4/3/2017
20 de diciembre de 1992

Creepypasta - Historia de la bruja y  Boca campeon 1992

Era la noche del 19 de diciembre, pero para Mariana no era una noche más. En cuestión de horas, el club de sus amores se iba a jugar una nueva chance de ser campeón: la tan ansiada vuelta a nivel local que se hacía esquiva durante once años. Claro que con sus treinta y cuatro abriles, ella se acordaba perfectamente de cómo ese pibe bajito llamado Diego Armando, la había hecho sentirse la mejor del país unos años antes. Pero pasaba el tiempo y no podía vivir esa sensación nuevamente. Crear otro recuerdo feliz, otro momento inolvidable. Y entonces decidió que tenía que hacer lo posible para que se concretara, y así tuviese que realizar cosas peligrosas o jurar promesas difíciles, estaba dispuesta a dar todo por una nueva estrella.

A sus oídos, había llegado el dato de que a tres cuadras de su casa vivía una bruja. Una especialista en temas espirituales y paranormales. ¿Y quién mejor que alguien así, para tratar temas de sequía deportiva? Al menos, eso pensó Mariana. Y entonces, luego de agarrar dinero y esquivar a sus padres con la excusa de ir a comprar al quiosco, partió hacia su cometido.

El hecho de que fuera tan tarde, no hizo más que incrementar sus nervios. Eran casi las once de la noche y en el barrio no había nadie. Apenas unos gatos se acurrucaban sobre el tejado de la casa del electricista, pero más allá de eso, no había un alma. Pero ella estaba decidida, había que hacer lo posible para concretar ese anhelo. Y por eso, a los minutos, ya se encontraba frente a la entrada principal. Una puerta antigua, entreabierta, que vigilaba el penumbroso pasillo donde vivía la bruja. Mariana se paró frente a la puerta y apenas atinó a golpearla que ya comenzó a abrirse lentamente. Asombrada, decidió apurar el paso y se adentró, casi entrecerrando los ojos. A unos cinco metros, otra puerta, que transmitía una tenue luz por debajo. Nuevamente, aceleró y se paró frente al picaporte. Decidió golpear y no hubo respuesta. Insistió y nada. Y cuando estaba dándose media vuelta, una voz resquebrajada preguntó: “¿Te parece molestarme a esta hora… por ese partidito?”. Mariana se quedó petrificada, y ni bien pudo reaccionar intentó escapar, hasta que recibió otras palabras: “¿A dónde vas? Ya viniste hasta acá. Ahora pasá…”

Mariana giró y decidió entrar. Se quedó parada, como esperando que hacer, hasta que la bruja le pidió que se sentara. Ella aceptó, como una forma de darse un respiro y tranquilizarse; y entonces señora entonces decidió comenzar. Le dijo que se llamaba Mercedes y que vivía allí desde hacía más de cincuenta años. Mariana apenas atinó a contarle quien era, pero la bruja la interrumpió: “Sos Mariana. Y me venís a pedir ayudar para que Boca salga campeón. Lo que seguro no te debés imaginar, es que yo soy hincha de River…”. Mariana se quedó asombrada y casi balbuceando le dijo que no lo podía creer, y que si es así, la disculpe por el pedido. La señora simplemente sonrió, con un dejo de ironía y agregó: “Te entiendo… pero esto que me pedís, tiene que tener un valor especial”. La joven comenzó a sacar la plata de sus bolsillos y la bruja le tomó el brazo. “Eso no. Dame tu camiseta. Esa que tenés puesta”. Mariana se miró a sí misma y recordó que tenía la camiseta ochentera con el número diez. La mítica, la preferida. Y entonces se negó rotundamente. A lo que la señora le dijo: “Entonces no hay trato. Si querés ganar, algo vas a tener que perder. Y sino te gusta mi oferta, hacete a la idea de que vas a tener que esperar décadas para volver a ver a tu equipito campeón”. Ella se quedó un momento pensando, y finalmente tomó la decisión: la camiseta de Maradona, con tal de que Boca de otra vuelta.

Entonces, se la sacó de un tirón y quedó tapándose solo con el chalequito de jean que te traía encima. La mujer sonrió nuevamente, agarró el manto sagrado y se fue hacia la cocina. Reapareció a los pocos segundos, con una botella de alcohol en la mano y una caja de fósforos.

edgar benetti

Mariana quedó pasmada y se dio cuenta que algo malo podía pasar. La señora roció la camiseta, y comenzó a quemarla delante de su cara. La joven comenzó a llorar, mientras la bruja se reía socarronamente. Pasaron los segundos, y de la camiseta solo quedaron retazos quemados. Los mismos, los depositó dentro de una urna negra y comenzó a pronunciar frases inentendibles… Mariana le preguntó por qué lo hizo, pero no obtuvo respuesta. Mercedes simplemente atinó a decir: “Mañana vas a tener una gran felicidad, pese a que tu equipo no se lo merezca. Andá a tu casa. Después del partido, me lo vas a querer agradecer”.

Mariana se levantó, y ante todo lo que había vivido, prefirió salir lo antes posible. Se fue sin despedirse y sin mirar atrás. Llegó a su hogar, intentó dormir, y tras varios intentos, lo consiguió. Al otro día, fue a la cancha con su papá y su hermano. Un partido dificilísimo, en el que ante cada momento de adversidad, venía a la cabeza de Mariana los recuerdos de la noche anterior.

Pero todo se transformó cuando un tal Benetti, decidió encarar por la derecha y tras esquivar a la defensa, metió un derechazo cruzado inatajable para el arquero de San Martín. Gol de Boca, conmoción en todo el estadio. Pasaron los minutos (muy lentamente) y se concretó: el Xeneize era nuevamente campeón argentino tras once años de espera. Una Mariana desbordada de emoción, abrazó a sus familiares hasta más no poder.

bruja

Pero la historia no podía terminar así. La joven quiso ser justa, y darle el agradecimiento correspondiente a doña Mercedes. Así fue que convenció a su padre y a su hermano, y les pidió que la acompañen hasta la casa de la bruja. Pero cuando papá Roberto vio la fachada, decidió adentrarse él primero. “¿Cómo dijiste que se llama la señora? Yo le agradezco en tu nombre. Ustedes espérenme acá”. Al minuto, el hombre salió extrañado y le confirmó a Mariana que ahí no vivía ninguna señora. Que la casa parecía estar abandonada hace muchos años. Ella no le creyó e ingresó. Llegó frente a la puerta y la notó distinta. Estaba tapada con unos tablones grandes, llena de polvo y con un estado bastante desmejorado. Igualmente, decidió golpear, pero nadie atendió. Insistió, y no obtuvo
respuesta. En eso, comenzó a notar que lo que decía su padre era cierto. La casa tenía un aspecto más antiguo y arruinado que en la noche anterior; como si hubiesen pasado muchísimos años. Mariana se quedó perpleja y después de unos segundos, comenzó a caminar bastante perturbada, pensando que quizás ayer no había visto bien la casa, y por eso no la reconocía tal cual estaba. ¿Pero cómo explicar además que nadie contestara? Fue entonces que decidió irse y terminar con tanta locura; pero a los pocos pasos sucedió algo increíble. La joven se quedó absolutamente paralizada cuando una voz resquebrajada, le susurró: “Por nada…”.
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