El 27 de octubre 1962, durante la crisis de los misiles de
Cuba
, un grupo de once destructores de la armada de los Estados Unidos y y el portaviones USS Randolph atrapó al submarino B-59 soviético clase Foxtrot, con armas nucleares, cerca de
Cuba
y comenzaron a lanzar cargas de profundidad para forzar al submarino a emerger e identificarse.
Las cargas produjeron un apagón del sistema eléctrico del submarino (a excepción de las luces de emergencia). La temperatura comenzó a subir así como la concentración de CO2. Algunos marineros se desmayaron por ello. El capitán del submarino, Valentín Grigorievitch Savitsky, creyendo que la guerra ya habría empezado, quiso lanzar un torpedo nuclear, a pesar de que los soviéticos habían sido informados de que se estaban utilizando cargas de profundidad de prácticas, pues probablemente esa información no llegó al B-59.3
Los tres oficiales a bordo en el submarino (Savitsky, el oficial político Iván Semiónovich Máslennikov, y el segundo al mando Arkhipov) tenían autorización para lanzar el torpedo si acordaban hacerlo por unanimidad. pero fue Arkhipov el que conservó la cabeza fría y se negó a dar el permiso para su uso, tras una fuerte discusión, convenció a Savitsky de emerger y esperar órdenes; parece haberse dado cuenta de que los estadounidenses sabían perfectamente donde estaban y que estaban «fallando» a propósito.

Una vez en la superficie un destructor estadounidense se acercó para identificarlo pero ni hubo intento de abordaje a pesar del bloqueo naval decretado por los Estados Unidos ni nada parecido; el B-59 junto con sus otros tres compañeros de flotilla emprendió en regreso a Rusia tras este incidente sin que la cosa fuera a mayores…
Pero quién sabe lo que podría haber pasado en el caso de que Savitsky hubiera recibido autorización para usar el torpedo nuclear. Thomas Blanton, director del Archivo Nacional de Seguridad de los Estados Unidos, lo tiene claro, pues en 2002 declaraba que «un hombre llamado Vasili Arkhipov salvó el mundo».
Arkhipov siguió en servicio en la marina soviética tanto al mando se submarinos como más tarde de escuadrones de submarinos, llegando a dirigir la Academia Médico Militar S.M. Kirov; se retiró con el grado de vice almirante a mediados de los 80. Falleció el 19 de agosto de 1998 a causa de un cáncer de riñón probablemente relacionado con sus acciones que consiguieron salvar el submarino K-19 años antes del incidente en Cuba .

Años después del suceso del B-59 el teniente coronel Stanislav Petrov fue el que otra vez salvó a la humanidad de su autodestrucción cuando en la noche del 26 de septiembre de 1983 el sistema de alerta temprana de la URSS dio la alerta de que primero uno y luego hasta cinco misiles habían sido lanzados por los Estados Unidos contra el país.


La doctrina MAD exigía como respuesta un contraataque devastador contra los Estados Unidos, y sólo la presencia de ánimo de Petrov, a quien le resultó increíble que los Estados Unidos pudieran lanzar un ataque con sólo cinco misiles evitó esta respuesta y los millones de muertos que habría comportado.
Al final resultó que una combinación entre la posición del Sol, la Tierra, y los satélites OKO del sistema de alerta era la que había provocado la falsa alerta al confundir reflejos de la luz del Sol en las nubes más altas con esos lanzamientos que no se habían producido.
Y es que ya se sabe, hay que tener mucho cuidado con las armas, en especial si son nucleares, que las carga el diablo.
Las cargas produjeron un apagón del sistema eléctrico del submarino (a excepción de las luces de emergencia). La temperatura comenzó a subir así como la concentración de CO2. Algunos marineros se desmayaron por ello. El capitán del submarino, Valentín Grigorievitch Savitsky, creyendo que la guerra ya habría empezado, quiso lanzar un torpedo nuclear, a pesar de que los soviéticos habían sido informados de que se estaban utilizando cargas de profundidad de prácticas, pues probablemente esa información no llegó al B-59.3
Los tres oficiales a bordo en el submarino (Savitsky, el oficial político Iván Semiónovich Máslennikov, y el segundo al mando Arkhipov) tenían autorización para lanzar el torpedo si acordaban hacerlo por unanimidad. pero fue Arkhipov el que conservó la cabeza fría y se negó a dar el permiso para su uso, tras una fuerte discusión, convenció a Savitsky de emerger y esperar órdenes; parece haberse dado cuenta de que los estadounidenses sabían perfectamente donde estaban y que estaban «fallando» a propósito.

Una vez en la superficie un destructor estadounidense se acercó para identificarlo pero ni hubo intento de abordaje a pesar del bloqueo naval decretado por los Estados Unidos ni nada parecido; el B-59 junto con sus otros tres compañeros de flotilla emprendió en regreso a Rusia tras este incidente sin que la cosa fuera a mayores…
Pero quién sabe lo que podría haber pasado en el caso de que Savitsky hubiera recibido autorización para usar el torpedo nuclear. Thomas Blanton, director del Archivo Nacional de Seguridad de los Estados Unidos, lo tiene claro, pues en 2002 declaraba que «un hombre llamado Vasili Arkhipov salvó el mundo».
Arkhipov siguió en servicio en la marina soviética tanto al mando se submarinos como más tarde de escuadrones de submarinos, llegando a dirigir la Academia Médico Militar S.M. Kirov; se retiró con el grado de vice almirante a mediados de los 80. Falleció el 19 de agosto de 1998 a causa de un cáncer de riñón probablemente relacionado con sus acciones que consiguieron salvar el submarino K-19 años antes del incidente en Cuba .

Años después del suceso del B-59 el teniente coronel Stanislav Petrov fue el que otra vez salvó a la humanidad de su autodestrucción cuando en la noche del 26 de septiembre de 1983 el sistema de alerta temprana de la URSS dio la alerta de que primero uno y luego hasta cinco misiles habían sido lanzados por los Estados Unidos contra el país.


La doctrina MAD exigía como respuesta un contraataque devastador contra los Estados Unidos, y sólo la presencia de ánimo de Petrov, a quien le resultó increíble que los Estados Unidos pudieran lanzar un ataque con sólo cinco misiles evitó esta respuesta y los millones de muertos que habría comportado.
Al final resultó que una combinación entre la posición del Sol, la Tierra, y los satélites OKO del sistema de alerta era la que había provocado la falsa alerta al confundir reflejos de la luz del Sol en las nubes más altas con esos lanzamientos que no se habían producido.
Y es que ya se sabe, hay que tener mucho cuidado con las armas, en especial si son nucleares, que las carga el diablo.