
No se va un grande. Ya quisiéramos. Se va el más grande. Cassius Marcellus Clay había sido diseñado con sangre de esclavo allá en el sur profundo de Louisville, Kentucky, y era un prodigio. Con 18 años, obtuvo en Roma la medalla olímpica de boxeo pero al volver a casa descubrió que seguía siendo un ciudadano de segunda clase en un país segregado.
La medalla de oro la terminó arrojando al río Onlentangy, en Columbus, y la furia le alcanzó para tumbar a Sonny Liston y proclamar su grandeza mundial sobre el ring.
De verdad flotaba como una mariposa y golpeaba como una avispa. De verdad tenía un juego de piernas prodigioso y parecía esquivar los golpes con la mirada. De verdad convocó a la prensa, con apenas 22 años, para anunciar que Cassius Clay había sido su nombre de esclavo, que él era un hombre libre y en tal condición se convertía al Islam y que asumía por fin se verdadera identidad, Muhammad Alí .
Negro, soltero y sin estudios, Alí era fijo para ir a la guerra de Vietnam y cuando lo quisieron llevar se negó argumentando razones morales y la fuerza de su nueva fe. Y se plantó frente al establishment para asombro del mundo. Y se siguió negando.
Y lo amenazaron con despojarlo de todos los títulos y él no se rindió, mientras la mitad del mundo aplaudía y la otra mitad entraba en shock. Un grande. Y un verdadero campeón en al lucha contra la guerra y el racismo.
La máquina de hacer dinero terminó extrañándolo. Alí volvió al ring más de cinco años después y cuando sus pelas con Bonavena, Frazer o Foreman ya eran televisadas en tiempo real.
Alí nunca bajó la guardia. Ya retirado y un grande en todo momento, Muhammad Alí fue eficaz intermediario en más de una negociación de rehenes en el Medio Oriente. Ni el mal de Parkinson pudo silenciar la justicia de su causa. Su última declaración la suscribió en diciembre pasado, cuando Donald Trump anunció restricciones contra los musulmanes.
Pero bien mirado, ese último jab del gran campeón podría haber estado también dirigido a los del ejercito islámico. “Nosotros como musulmanes tenemos que enfrentar a aquellos que usan el Islam para favorecer su propia agenda”. Gracias, ídolo y que Alá y los profetas se regocijen con tu presencia.
GRACIAS POR PASAR.