Aunque parezca bastante difícil de creer, muchas de las creaciones artísticas que han ido sorprendiendo a la humanidad provienen de enfermos mentales, pues sus habilidades eran realmente extraordinarias. A lo largo de la historia, muchos genios y artistas que han marcado fuertemente a la humanidad han padecido trastornos mentales, como por ejemplo, el caso de Isaac Newton o Ludwig van Beethoven, quienes fueron diagnosticados con bipolaridad. Todo museo guarda y exhibe lo que es extraordinario, así que si usted suele visitar algún museo con frecuencia, probablemente conozco o haya visto algunas cosas extrañas...aunque no tanto como algunas pinturas perturbadoras que se pueden ver por ahí. Si le gustan las obras que mezclan lo terrorífico con lo llamativo, este es el artículo indicado para usted, puesto que la historia que se esconde detrás de uno de los cuadros más famosos del mundo es muy inquietante. Algunas pinturas muy famosas pueden esconder algún secretos entre sus imágenes, otras, simplemente, guardan otros debajo de las capas de pintura. De cualquier manera, todas las pinturas no explican algo importante que, con el paso del tiempo, no hemos sido capaces de ver o apreciar a simple vista. A continuación os contaremos la profunda historia del cuadro el Aquelarre de Goya. Goya realizó la pintura de “el Aquelarre” (1797-1798) para el palacio que los Duques de Osuna tenían en Madrid. Era un cuadro de tamaño pequeño (43x30cm), que formaba parte de una serie de 6, con unas medidas y temáticas similares, también existe otro cuadro de mayor formato llamado también Aquelarre o El Gran Cabrón (1829) que forma parte de las pinturas negras. Se piensa que Goya realizó estas pinturas sobre brujas influenciado por su amigo, el escritor Moratín, del que salvó del olvido el famoso escrito del Auto de Fe del Juicio contra las brujas de Zugarramurdi de 1610. Con todo eso, quería realizar una especie de crítica tanto a la iglesia como a la ignorancia y la superstición. En el año 1610, en Logroño, se realizó un Auto de Fe contra varias mujeres, además de algunos hombres, en el pueblo de Zugarramurdi, en Navarra. Después de torturarlos, se consiguieron algunas confesiones y delaciones. 10 mujeres ardieron en la plaza de Logroño, aunque algunas de ellas ya llegaron muertas desde prisión. El impresor Juan de Mongastón relató y publicó el Auto de Fe en el año 1611, y Goya, a través de Moratín, pudo tener acceso a este escrito. Si nos disponemos a observar el cuadro, podemos ver a un macho cabrío, el cual representa al diablo, iluminado por la luna, mientras tiende sus patas hacia dos brujas que le ofrecen unos niños. Las brujas representan a dos de las mujeres juzgadas en el auto, María Presoná y María Joanto, a las que hicieron confesar haber matado a sus hijos para tener contento al demonio. Los fragmentos son del relato de Juan de Mongastón a los que hace referencia la pintura de Goya. Lo que la inquisición consiguió que confesaran todos esos hombres y mujeres, a base de torturas e intimidación, fue realmente terrible. Goya pudo plasmarlo con total maestría en su pintura, consiguiendo provocar en el espectador una incomodidad cercana a la pesadilla. Si quieren ver el original de Goya, pueden encontrarlo en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid. ¿También le interesan los hechos históricos relacionados con la brujería? “Y María Presoná y María Joanto, hermanas, refieren que el demonio en el aquelarre les dijo que ya había mucho tiempo que hacían males (como acusándoles al descuido que en esto tenían), por lo cual, ambas se concertaron de matar un hijo de la una y una hija de la otra, que ambos eran de edad de ocho a nueve años...y que esto lo hicieron sólo por dar contento al demonio,”.
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