TORTURAS Y ANTISEMITISMO EN
MALVINAS
Sergio Katz formaba parte del Regimiento de Infantería Mecanizada 3 (RIM 3) de la localidad bonaerense de La Tablada. Su testimonio del mal trato sufrido en Malvinas a manos del subteniente Eduardo Flores Ardoino ha sido el origen de numerosas denuncias de ex-conscriptos sobre torturas y castigos infundados.
También fue estaqueado vestido sólo con una camiseta y calzoncillos durante horas en temperaturas heladas, Ardoino obligó a sus compañeros a orinarle encima; En el “lago de los lamentos” que era un charco grande de agua casi congelada, con una capa de hielo arriba, cuando Ardoino decidía que alguno de sus subordinados había cometido una falta, los obligaba a sumergir las manos entre diez y veinte minutos, hasta que se les atrofiaran los dedos. Katz, por judío, tenía que poner también la cabeza, que se le acalambraba.
Golpizas a quienes se atrevían a salir de las trincheras para buscar comida, desnutrición, patadas en los testículos, enterramientos en fosas, congelamiento de extremidades por falta de abrigo. Las torturas no fueron exclusivamente contra judíos, sino también con todo aquel que no era "lo suficiente hombre" para soportar la ignominia de la guerra.
Mario Kalbitzky, quién no era judío, sufrió en manos propias el antisemitismo de manos del coronel Hidalgo Garzón, quien no creía que era católico debido a su apellido. “Me metía en el calabozo todos los días y me decía que yo era judío, y yo no soy judío. Me jodía con mi apellido. Empezó no bien llegó como segundo jefe del regimiento. Me llamaba y me decía: ‘Usted es judío, traidor, espía de los yanquis’. Eso de ‘espía de los yanquis’ me lo volvió a decir en Malvinas”, afirma en el testimonio que brindó para el libro Lágrimas de hielo, de Natasha Niebieskikwiat.
Sigrid Roberto Kogan, del Regimiento de Infantería 1 (RI 1) de Patricios, de Buenos Aires tras oír el testimonio de Katz se atrevió a contar sus vivencias. Junto con Omar Morales, uno de sus compañeros de armas, se escapaban a Puerto Argentino para comprar comida con el dinero enviado por sus padres. Un capitán se enteró e informó al Teniente Ricardo Ferrer.
“Cuando nos agarró, le dijo a su soldado asistente: ‘Tráigame los guantes que vamos a tener una sesión de boxeo’. Empezó a pegarme, y a Morales le dio dos cachetazos. A mí me hizo mierda por ser judío. Me caía y me pegaba, me levantaba y volvía a golpearme. Era todo con el judío que se escapó al pueblo, no con el católico –afirma Kogan–. Antes de cagarme a trompadas a mí, llamó a toda la compañía para que viera cómo me maltrataba. No quería dar un ejemplo de lo que le pasaría a un soldado si se portaba mal o se escapaba, sino demostrar lo que le estaba haciendo a un judío”.
“Quedé mal, no podía comer porque tenía la boca hecha pelota. Lo poco que nos daban no lo podía ingerir de lo golpeado que estaba. La nariz no se me curó nunca hasta el día de hoy" relata Kogan. “Aun en dolorosos momentos evité ir a la enfermería para eludir la repetida respuesta de mi jefe: ‘Judío de…’”, resalta en su diario personal, escrito tras su regreso de Malvinas.
En tanto, Daniel Kockziac –del Batallón Logístico 10, de la localidad bonaerense de Villa Martelli–, que se desempeñaba como médico en el Hospital de Puerto Argentino, debió padecer el ensañamiento de un cabo enfermero: “Empezó a hablarme mal de los judíos, de que habían matado a Cristo. Yo no le contestaba, por lo que empezó a enardecerse. Me dijo: ‘Agarre su cepillo de dientes y vaya a baldear con él el pasillo’”
Sergio Vainroj, del RIMec 3, quien debió padecer el odio del sargento Sarmiento desde que llegó a las islas. “Cada tanto me decían ‘judío de mierda’, y cuando no, me daban una sobrecarga de trabajo; por ejemplo, empezar a hacer un pozo de zorro y, después, taparlo y hacer otro. A los demás no se lo hacían hacer"
“Cuando los ataques estaban ya avanzados, en junio, recibí una encomienda y el sargento me ordenó: ‘Traiga para acá’. Se la quedó él y seguía diciéndome ‘judío de mierda, te traen encomiendas, ¿cómo puede ser que el sargento no reciba nada?’ –concluye–. Se ensañó conmigo y me gritó: ‘Venga acá, chúpeme la pija’. Se bajó la bragueta y me quería obligar, y yo me hice para un costado. En eso, entró Szpin (un compañero), vio la escena e intentó defenderme: le pisó el pie, lo empujó y se pegaron. Entonces, se lo llevó con el capitán a decirle que se había insubordinado y que solicitaba que lo mandaran al frente, a la primera línea del combate”. Finalmente, un superior intercedió y lo dejó en su posición. Eso le salvó la vida.
ACTA DE RECEPCIÓN DE UN SOLDADO
Clase 63. Instrucción, tercer año industrial. Lugar de procedencia, provincia de Córdoba. Unidad de combate, Regimiento de Infantería 25, el emblemático puesto de combate de Mohamed Alí Seineldín, una península pequeña, ubicada en la zona del aeropuerto de Puerto Argentino, a 5 kilómetros del pueblo dedicado a la protección del área costera. Sus funciones eran de apuntador de mortero 120, alistamiento y traslado de los equipos.
“En una oportunidad nos estaban haciendo hacer movimientos vivos por no llevar las municiones como ellos deseaban”, explicó sobre los ejercicios de salto de rana, cuerpo a tierra y demás, que se extendían durante horas, espetados por oficiales y suboficiales de las Fuerzas Armadas. “Eramos 12 soldados y cargábamos 40 cajones de municiones de 71 kilos cada uno. Cansado de hacer movimientos vivos, me caí cuando el sargento A. me pegó con el casco en la nuca. Al inclinarme me pegó una patada en los testículos. A raíz de esto tengo un quiste en el testículo izquierdo por el cual tengo que operarme. Luego de esto, el teniente 1 V. me ató las manos y las piernas a la espalda, y me puso cara al suelo en la arena mojada de la playa, desde las 9 de la mañana hasta las 17.30. Conmigo estaba el soldado C. Esto se repitió en otras dos oportunidades”.
Esta es una de las más de 700 Actas de Recepción que desclasificó el Ministerio de Defensa para reimpulsar las investigaciones de Malvinas como crímenes de lesa humanidad. Entre los documentos están los legajos de los militares que estuvieron las islas y cientos de actas que completaban los soldados cuando volvían al continente con respuestas sobre su estado físico y denuncias sobre la vulneración de derechos.
DOCUMENTOS QUE COMPRUEBAN LAS TORTURAS