Amanece en los fríos, gloriosos, cubiertos de smog, brillantes, racialmente segregados nuevos Estados Unidos de Donald Trump. Resulta difícil de creer que el presidente lleve sólo un año en la Casa Blanca. ¿Cuántas cosas ha podido hacer en un periodo tan breve de tiempo? Básicamente todas sus promesas electorales se han hecho realidad en este primer año triunfal, que comenzó por todo lo alto cuando, nada más tomar posesión en febrero, firmó su justa y unánimemente bien recibida Acta Trump Sobre la Libertad de Prensa. Todos le estamos agradecidos desde entonces.
Si somos sinceros, este era su destino manifiesto. El presidente que “si no eres capaz de hacerte rico tratando con políticos, entonces te pasa algo grave”. Fue sólo una de sus muchas frases que han acabado convirtiéndose en auténticas profecías, pues todos los grandes hombres de la historia han tenido el poder de moldear el mundo a su imagen y semejanza, en lugar de dejar que el mundo los moldeara a ellos. Los estilos capilares imperantes de cuatro décadas no han pasado por ese pelo, así como tampoco nociones tan pusilánimes como la corrección política o el mínimo respeto a sus rivales como seres humanos.
“¡Nuestro gran presidente afroamericano no ha tenido exactamente un impacto positivo en los delincuentes que tan feliz y tan abiertamente están destruyendo Baltimore!”, en el cargo, Barack Obama, a quien descubrió como un auténtico mentiroso incluso después de que este se viera obligado a presentar su certificado de nacimiento. Pero aún no ha nacido : “Un certificado de vida nacida no es lo mismo, ni echándole toda la imaginación del mundo, que un certificado de nacimiento”. Sabias e inteligibles palabras que zanjaron para siempre el importantísimo, vital debate sobre dónde había nacido nuestro anterior comandante en jefe.
Algunos argumentaron que Trump podía esconder algo de racismo oculto en sus ataques contra Obama, pero nuestro líder dejó clara su postura al respecto en : “La vagancia es un rasgo de los negros. ¡Hay negros contando mi dinero! Lo odio". Cuando su confidente hizo pública esa declaración en un libro, el presidente no sólo afirmó que probablemente fuera cierta (él no se deja intimidar tan fácilmente por hombres de menor categoría), sino que tuvo la delicadeza de expandir su visión sobre el asunto de la raza en Estados Unidos: “La única clase de gente que quiero que cuente mi dinero son tíos pequeños que lleven yamakas cada día”.
Todo eso nos lleva a la sociedad actual, donde los hombres blancos heterosexuales son todos ricos, los afroamericanos están obligados a tumbarse en el sofá durante un periodo no inferior a siete horas, las únicas manos a las que se le permite tocar el dinero del primer grupo social han de ser expertas en la cábala y todo el mundo se comporta según su estereotipo racial.
¿Pero qué hay de la política exterior? Nuestro presidente tuvo durante su campaña: “Vi un informe ayer. Hay tanto petróleo, por todo el mundo, que no saben dónde tirarlo. Y Arabia Saudí dice: Oh, hay mucho petróleo. ¿Creen que son nuestros amigos? No son nuestros amigos”. Un entendimiento tan profundo del escenario geopolítico y del mercado internacional del petróleo fue lo que nos llevó a invadir a esos falsos amigos a las tres semanas de tomar Trump posesión del cargo.
“Uno de los principales problemas de hoy día es que la política es una desgracia. La buena gente no llega al gobierno” --- .